13 de noviembre de 2012
El presente artículo
no pretende ser un alegato contra la clase política, sería demasiado fácil e
injusto generalizar y demonizar a todos. Se trata de una advertencia, para
aquellos de nuestros representantes, que parecen haber adquirido un rango
superior, olvidado cuáles son sus principales obligaciones y deberes. Y, sobre
todo, al servicio de quién están.

Un día, Jordi Planas y un servidor disfrutábamos de
nuestras prerrogativas de veteranos. Un par de novatos andaban barriendo y haciendo
los catres. Cuando llegaron a nuestra altura uno de ellos se dispuso a retirar
y airear las mantas. El otro se acercó a su compañero y en tono temeroso pero
divertido, dijo: “No esas no, que todavía tienen bicho dentro”. Dicho eso se
alejaron sin hacer ruido. Jordi y yo nos miramos y estallamos en risas.
Pues bien, en nuestro país ha sucedido algo parecido. Sólo
que en vez de “malditos” se trata de los oportunistas de turno. Nuestra joven
democracia quiso dotar a nuestros políticos de las prebendas y salarios que les
correspondían. Esa aureola de casi héroes que les otorgamos, les concedía
nuestra admiración y respeto: luchaban por nuestros derechos y eran nuestra
voz; la voz del Pueblo. Así les consentimos que recurrieran a protocolos
franquistas, a despachos con olor a rancio, a coche oficial y a guardaespaldas
y chofer; todo con cargo del erario público. Y de generosos sueldos, con un
argumento realista y claro: sus esfuerzos tienen que estar bien remunerados
para evitar tentaciones.
La contrapartida estaba, y está clara: la clase política
debe adelantarse a las situaciones de riesgo, sean políticas, financieras o de
derechos, y atajarlas antes de que conviertan en peligro o desastre social.
No se puede argumentar que nos ha sorprendido la crisis,
que nuestros bancos son los más seguros del mundo, que el estado del bienestar
está a salvo o que la reforma laboral traerá más empleo, cuando no se tiene
idea real de lo que está sucediendo. En este caso, o se trata de una cuestión
de ignorancia o de mala fe, no hay otra.
Los políticos deben saber adelantarse a los
acontecimientos y proteger a la ciudadanía que representan. Uno de los ejemplos
más sangrantes es la situación de los préstamos hipotecarios. Se permitió que
la banca, insaciable, insolidaria y cagona lanzara contratos hipotecarios
falaces y abusivos. Nuestros gobiernos, corrieron veloces a salvar a las
entidades financieras, a sus productos basura y a las cuentas de Suiza de sus
directivos; en eso, incluso muchos políticos les imitaron. Y no me reten a dar
nombres. En cambio son extremadamente lentos, ineficaces y por ello culpables,
de los 400.000 desahucios que se llevan practicados en España.
Hay una nueva estirpe de tiralevitas, distantes y
engolados, a quienes no les bastan los buenos sueldos, ni tienen el nivel
humano para ostentar el cargo sin petulancias. Tal vez para algunos, herederos
de burguesías, alineaciones místicas y ancestros golpistas, eso es lo más
normal. Sin embargo, nuestros primeros parlamentos, fueron una mayoría surgida
de las urnas con gentes corrientes, trabajadoras y entusiastas, con todo lo
hermoso que encierran estos adjetivos. ¡Tanto hemos cambiado!
Durante décadas, cuando un coche con banderita oficial
pasaba por delante de nosotros tratábamos de ver al personaje que dormitaba en
los asientos traseros. “Mira, nos decíamos, es el subsecretario de tal y cual o
es el director general de esto o de lo otro, estará agotado el pobre”.
Pero nos relajamos y poco apoco, como en la novela de
Orwell, algunos de los supuestamente sufridos animales se iban pareciendo más a
los granjeros explotadores. Especularon, prevaricaron, confundieron, mintieron,
engañaron, defraudaron en todos los sentidos y nos hicieron esperar en los
antedespachos como en los tiempos de Larra. Insisto en que, probablemente, les
esté hablando de una minoría, pero es que los culpables suenan tan fuerte que
apagan las voces de los más justos. Pero no las del Pueblo.
Ahora cuando el automóvil blindado del banderín oficial,
se pone a nuestra altura, miramos indiferentes si lleva bicho dentro y
comprobamos que siguen dormitando, sin buscar soluciones a los problemas,
incapaces de hacer su labor; soñando con cargos bien remunerados y en facilitar
las cosas a sus amigos; olvidando su razón de ser.
Por eso, uno aplaude la medida de ir retirando los coches
oficiales y los guardaespaldas de los políticos. No lo hacen convencidos, lo
hacen por problemas económicos. Pero que quieren que les diga, a mí me encanta
que vuelvan a coger el metro, se mezclen con la gente, vayan al médico del
ambulatorio que les toque y sufran la misma inseguridad que cualquier otro
ciudadano: la de un policía, un minero, un pescador, un peón de albañil; la de
un parado para sobrevivir, o la de un ama de casa al cambiar la botella de
butano. No quiero anatemizar, pero, después de lo que hemos visto y siempre
considerando las excepciones, ¿creen de veras que son mejores que los
ciudadanos de a pie? ¿Es de recibo que se prolongue tanto una acción para
evitar los desahucios? ¿Qué orden de prioridades tienen gobierno y oposición?
Por lo menos estamos ante una verdad palpable: el ahorro
de un millón de euros. Y ante un hecho significativo: no hacía falta tal
despliegue de recursos. Los servidores públicos deben ser los primeros en dar
ejemplo, en despertar por la mañana y acudir a sus remodelados despachos para
ver si sacamos el tema adelante. Y regresar a sus casas tomando el bus o el
metro, después de compartir una caña con sus amigos y pagar a escote. Volvamos
al huevo, al inicio, a los principios filosóficos en todas sus acepciones.
No sería bonito ni nada bueno, pasar por las Cortes y preguntar
temerosos pero divertidos a los policías de la entrada: ¿Perdone, hay todavía
bichos dentro?
Jordi Siracusa
No tengo mucho que decir, dada la profunda admiración que siento por este señor. Como siempre, ácido y puntilloso, nada temeroso de la polémica. No cambies nunca, amigo Jordi.
ResponderEliminarSolo puedo decir "bien dicho"...a más s un parlamentrio lo ponía yo a coger cada mañana el metro o el bus, esperar en un ambulatorio que te toque tu turno que se suponía que era a tal hora y resulta que era más de una hora...y así susecivamente...solo entonces cuando bajarán hasta el primer peldaño de la escalera se pondrían en el lugar del ciudadano, lo que fuerón ellos en su día y que ya olvidaron con tanto protocolo y coches blindados con banderita. Si quitaran todos esos servicios que se le presta a los politicos creo que se llenarían de nuevo las arcas publicas, dinero no falta, solo falta para los necesitados.
ResponderEliminarUn gran artículo. Un grato saludo al Sr.Jordi Siracusa.
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ResponderEliminarPufff !!!
ResponderEliminarYo soy de las personas que opinan que si los políticos pasarán las mismas penurias que el pueblo otro gallo cantaría.
435.000 politicos en España. Creo que no hay que decir nada más.
ResponderEliminarSiempre he creído que existen ciclos para la administración de las naciones. Democracia, dictadura y monarquía se turnan constantemente durante la historia sin que se den cuenta. Estamos en una encrucijada fuerte, similar a la de los años 30. Es bueno recordar con las palabras que ahora el gobierno debe ser austero y evitar los excesos de los carros. Porque en aquellos tiempos, los extremos mediaron y destruyeron Europa. Aunque soy de allende al mar, espero que no vuelva a suceder.
ResponderEliminarEs a todas luces claro que Jordi ya en su introducción deja transparente el contenido de su artículo, con la gran soltura de su pluma, por lo que con poco más de corrido en su lectura, se llega a la conclusión entendible, a la que un país puede llegar con una nefasta administración, de la que uno de los ejemplos que pone son los coches oficiales, que resalta en el titulo de su obra.
ResponderEliminarASÍ NO HAY QUIEN AGUANTE
Está a todas luces claro
que tanto despilfarrar
nos conduciría a estar
con esta tasa de paro.
Mas con tanto coche caro
y de consumo muy alto,
se llegaría a estar falto
de plata para el sustento
de esos monstruos; y el momento
perdido no se quedó,
sino que al final llegó
repartiendo sufrimiento...
Manuel MEJÍA SÁMCHEZ-CAMBRONERO
Gracias a tod@s por vuestros comentarios. Es importante que nos involucremos, que opinemos y que desintamos de lo que nos parece injusto. Lo contrario sería ser víctimas de nuestros propios defectos.
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