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martes, 22 de abril de 2014

El sabio





Hablaba de todos los temas y sobre todo en algunos pensaba que era un auténtico maestro. Muchos lo reverenciaban por esos conocimientos y escuchaban con suma atención sus largas disertaciones, que solo muy pocos se atrevían a rebatir. Cuando esto ocurría, su rostro adquiría un matiz rosáceo y sus pequeños ojos, escondidos tras unas potentes lentes, se tornaban fríos, tanto como su alma que despreciaba a cuantos carecían de una vasta cultura.
De familia bien acomodada, vivía de la herencia de sus padres y nunca conoció lo que era un trabajo, ya que, según sus propias palabras, sus ansias por saber eran inagotables y no le permitían dedicarse a nada más.
Era un hombre arrogante y altivo, que no despertaba simpatías. Acudía a cuantos actos culturales tenían lugar en la pequeña ciudad donde vivía, en los que se pavoneaba de su sapiencia.
No faltaba a la reunión que los sábados por la mañana había en el café Central entre varios próceres de la localidad, quienes lo acogían, pese a su petulancia, por sus conocimientos.
El último sábado uno de los contertulios llevó a su hija de siete años, quien, para asombro de su padre, permaneció quieta y callada durante las dos horas que duró la tertulia. Al finalizar, la niña se dirigió al que se creía sabio:
—Señor, ¿eres amigo de mi papá?
—Bueno, pequeña, sólo nos juntamos aquí—le respondió con gesto benevolente.
—Entonces no sois amigos— replicó ella convencida— ¿Quiénes son tus amigos?
Él se quedó pensativo y miró a su alrededor; se dio cuenta en aquel instante de que todos le resultaban completamente desconocidos: nunca se había preocupado de hablar con ellos sobre cuestiones personales; con su nombre y profesión había tenido bastante.

—Están por ahí— contestó eludiendo la pregunta.

La niña le observaba atentamente con sus grandes ojos y él no comprendía por qué aquella mirada inocente le causaba inquietud.

—Señor— le llamó
—Dime, guapa— le respondió con cierto nerviosismo.
—¿Trabajas con mi papá?— preguntó de forma natural.
—No— contestó secamente.
—¿En qué trabajas?— continuó la niña intrigada.
—Bueno… hago varias cosas.
—¿En el insti?
—No.
—¿En dónde entonces?
—En mi casa, guapa— sonrió molesto y cogió su abrigo para encaminarse a la puerta.

Doce ojos lo miraban con una satisfacción contenida, incluso dos de los tertulianos tapaban con disimulo sus bocas para disimular su risa. Nada había sido con lo que todos oyeron a continuación:
—¡Papá, papá!—alzó la voz la niña sorprendida—. Ese señor es un vago como mi hermano, ¿a qué sí?
Todos estallaron en carcajadas y el hombre altanero y orgulloso salió a toda prisa del establecimiento.

Carmen Novo Colldefors

sábado, 21 de diciembre de 2013

Otra Navidad.


Victoria está encantada: llega la Navidad y su casa se llenará de gente. Faltan solo tres días para que comiencen a llegar: primero, su hija con su marido y sus tres encantadoras nietas, de siete, cinco y cuatro años, tres angelitos que dan alegría al pacífico hogar junto a sus otros cuatro nietos, hijos de su hijo, con sus carreras por el pasillo, sus juguetes colocados para que en el momento menos pensado tropiece alguno y se estampe contra cualquier esquina y con sus estrepitosos gritos. Por cierto, tiene que ir al trastero y coger los sacos de dormir para los niños, que se imaginan acampados en el salón durante la noche. Ellos, felices y sus padres también, de los que empieza a sospechar que están aquejados de una grave sordera, porque no se levantan ni de broma, al contrario que las niñas, quienes gozan de un oído muy fino y lloran como condenadas, asustadas por sus primos. Su hija duerme a pierna suelta aprovechando que su mamá, o sea, ella, está atenta a todo lo que pasa, porque su yerno, ¡pobrecito!, debe descansar sus, al menos, ocho horas, ya que sufre de los nervios y los tapones son un buen invento para no enterarse de nada.

          Victoria piensa tomárselo con calma, que para eso estuvo pagando al psicólogo un mes y no están los tiempos para tirar el dinero. No es para tanto; el trabajo es compensado por la alegría de reunirse todos a comer como animales.

          Pues sí, hoy irá tranquilamente al supermercado a comprar todo lo necesario, que no falte de nada es imprescindible para poder estar relajada; así que ya tiene una libreta de veinticinco hojas llena de anotaciones. ¿Tendrá además que sacarse el permiso de conducir para manejar los diez carritos que calcula llenar?

          Como es muy previsora, se levantó a las siete de la mañana, después de haberse acostado a las cuatro: el árbol, el belén y los adornos ya los había ido colocando poco a poco días antes, pero faltaban algunos detalles de los que no se puede prescindir en estas fechas: un Papa Noel que escala por la ventana y que la dejó sin aire de tanto soplar para inflarlo; dibujos de nieve en los cristales con la ayuda de una plantilla, que parecía tener vida propia,…

          Cada vez se siente más animada. Cuando llegue de la tienda, al cabo de unas tres horas, meterá la comida en el frigorífico, congelador, armarios, cajones y el suelo, en donde ya ha situado unas cajas de cartón en lugares estratégicos de la cocina, para poder moverse como una bailarina de ballet apoyada en la punta de los pies y así poder guisar cómodamente durante siete días y siete noches. Esto le recuerda que también debe bajar del trastero las tablas para colocar encima de las mesas y disponer, de esta forma, de una mesa grande y larga. El problema es que hace frío y, para que quepa, tendrá que abrir el balcón.     Resuelto: pondrá un calefactor debajo y los más calurosos que coman y cenen al aire libre. No sabe cómo estirar más su piso.

          También ella debe aparecer resplandeciente. Es impensable que la anfitriona presente signos de cansancio o desánimo, así que el día anterior a la llegada irá a la peluquería y después se levantará antes para maquillarse y vestirse para recibirlos.

          Hacerlo todo sola le da una sensación de independencia y valía; seguramente sus hijos quieren que aprecie por sí misma todo lo que vale, pues a ninguno se le ha ocurrido ofrecerse para echar una mano, además de que viven fuera, en otra ciudad, y, claro, invitarla a ella y a su padre a alguna de las dos casas hubiese sido una faena, por eso de que los viajes agotan. Muy considerados.

          Tal vez Humberto, su marido, sienta lo mismo al pasarse en la oficina desde la mañana hasta la noche, haciendo horas extras para sufragar todos los gastos que se les echan encima.

          Victoria mira el reloj de pulsera que tiene en su muñeca desde que se casó y se da cuenta de que ha perdido mucho tiempo pensando: ahora tiene que ir a las carreras para que le dé tiempo a todo; pero… una luz, la luz de la Navidad, se cuela en su cerebro. Esboza una sonrisa, se pone la gabardina y unas botas y en diez minutos está delante del despacho de su marido, que la mira asombrado con sus ojos cansados.

          —¿Ha pasado algo?—le pregunta asustado.

          —Tranquilízate—le contesta con dulzura—. Todo va a ir muy bien.

          —Tienes mala cara— Observa él.

          —Y tú—apostilla ella.

          Los dos se miran en silencio durante unos minutos, hasta que Humberto reacciona:

          —¿Qué estamos haciendo, Victoria?

          —Dejarnos la piel por una reunión sin más significado que comer y regalar.

          Él asiente con un aire de tristeza. Ella lo abraza y le dice con decisión:

          —Vámonos, cariño. Celebraremos estas fiestas los dos solos.

          —Pero, ¿qué pasará cuando lleguen y no nos encuentren?

          —Les he dejado una nota.

          “Os dejamos la casa para vosotros; solo tenéis que comprar lo que os apetezca, pero con vuestro dinero, porque papá y yo nos vamos a un hotel a descansar y a celebrar la Navidad cómo nos gusta. Felices fiestas y próspero año nuevo”.

 

Carmen Novo Colldefors
 

jueves, 29 de agosto de 2013

Enfrentándose al miedo.

             Estoy contenta con mi decisión: nada de dormir en la casa de mis padres. Con mis cuarenta y ocho años me da hasta vergüenza decir que no puedo quedarme sola en casa por la noche cuando Fernando, mi marido, sale de viaje. Es un miedo irracional y ya es hora de que me enfrente a él. No puedo evitar cierto nerviosismo, lo confieso; pero es algo ridículo que debo superar.
          Meto la llave en la cerradura y me dirijo a la cocina. Me prepararé cualquier cosa para cenar y me llevaré una bandeja a salita de la tele. Es algo que me gusta hacer: cenar viendo una película o cualquier programa, sentada en el sofá, y cuando está Fernando no puedo, porque él quiere cena de plato. Un rollo.
          ¡Vaya!, esto que sale parece de terror. No, no. Cambio de canal. Está buenísimo el sándwich. Es una lástima no saber disfrutar de la soledad; aprenderé, porque una cosa es esa soledad impuesta, tan deprimente y mala, y otra, la que se presenta de vez en cuando y que se puede aprovechar para uno mismo.
          Me da rabia estar nerviosa, incluso oigo los más mínimos ruidos. Creo que son de arriba, porque estos pisos no están bien insonorizados. No pasa nada, todo está bien. Me centraré mejor en la televisión. La verdad es que me aburre lo que hay y por eso no me concentro. Creo que será mejor leer en la cama. También me agrada mucho y con Fernando tampoco es posible, porque le molesta la luz y madruga bastante. Es lo que tiene la convivencia: hay que ceder; pero bueno, él también hace cosas por mí. Nos llevamos bien y es lo importante. Se va a llevar una sorpresa cuando se entere de que me he quedado en casa; le gustará.          
          Llevo la bandeja a la cocina de nuevo y recojo. Compruebo que la puerta esté bien cerrada. No puedo evitar poner el ojo en la mirilla: no hay nadie, todo tranquilo.
          ¡Ay!, he oído una especie de carraspeo. Mi corazón se acelera. No puede ser, son tonterías mías. Respiro profundamente y abro la puerta de mi dormitorio. Ni me he cambiado al llegar, así que voy al cuarto de baño, me desmaquillo y me pongo el camisón. Me paro. Otra mala pasada: me ha parecido oír un pequeño golpe muy cercano. Estoy paranoica.
          Esto es un fracaso y siento ganas de llorar. ¿Por qué me pasa esto? Me enfado conmigo misma, por cobarde, por tonta.
          Creo que una tila o una infusión para dormir o las dos me vendrán bien. Sí, las dos mezcladas. Al fin y al cabo no saben tan mal.
          Pienso en vestirme e irme con mis padres. Es una gran tentación: allí estaría tranquila, cómoda, sin miedo. ¿Voy? No debo y me sentiría mal al día siguiente por haber claudicado. Tarareo una canción, como cuando era niña; me servía para alejar los temores. Me callo de golpe. Sigo oyendo ruidos, no son seguidos, pero… El reloj de cuco acaba de producirme un sobresalto, prueba inequívoca de que estoy en estado de alerta.
          ¡Ya está bien! Déjate de tonterías, bebe esas pócimas y a la cama. Antes compruebo por última vez, a través de la mirilla, que no hay nadie fuera. ¡Venga, a leer!
          Me meto en la cama con un libro que estoy leyendo. ¡Qué calor tengo! Es la ansiedad, respira, relájate.
          Si viniese alguien, podría hacerme la muerta. ¡No digas tonterías!, no va a venir nadie. Paso las hojas casi sin enterarme. Parece que estoy algo mejor. Voy a intentar dormir. Apago la luz de la mesilla. Tanta oscuridad no me gusta mucho. Así no controlo nada y es que nada tengo que controlar: mi casa es segura, la puerta está blindada.
          No paro de dar vueltas y es que a ratos es como si oyese respirar. Soy yo, es mi respiración que está agitada.
          Otro ruido. No puedo más, me consumo. No me atrevo ni a alargar la mano para encender la lamparita, porque me asusta pensar en encontrarme a un desconocido al lado de mi cama.
          No aguanto. Lo siento, pero me voy a meter debajo de la cama. Allá voy.
          ¡Huy! ¿Qué hay aquí? He tropezado con algo y reprimo un grito, mordiendo mis dedos. Noto que alguien sale del escondite. Pero, ¿qué es esto? Queda otra persona a mi lado, que repta para salir también. No lo pienso y la agarro. Es una pierna. Me empuja para escapar. No le dejo.
—¿Quién eres y qué quieres?—le pregunto, sorprendiéndome a mí misma.
No dice nada.
—Voy a salir de aquí, pero a ti no se te ocurra moverte—le digo, sin creer lo que está ocurriendo.
Enciendo la luz y una mujer despeinada y a medio vestir aparece ante mis ojos. ¡La secretaria de Fernando! ¿Le habrá dejado las llaves por seguridad y la muy fresca se ha metido en mi casa con su novio? Es absurdo. Sin embargo, el llavero de Fernando está sobre la cómoda. ¿Se lo habrá robado?
—Vístete y explícame cómo has entrad—le ordeno, indignada— ¿O prefieres que llame a la Policía?
Su acompañante tiene que estar todavía en casa, me he asegurado de cerrar bien la puerta y no pudo salir.
La descarada secretaria me lanza una sonrisa irónica. Empiezo a comprender.
—Fernando, ven inmediatamente o llamo a la Policía.
 
 
Carmen Novo Colldefors

lunes, 22 de abril de 2013

La trampa.

          Después de haber pasado la noche en vela, Alicia seguía esperando noticias sobre su hija. Desde aquella llamada de la tarde, en la que una voz confusa le comunicaba su secuestro, sufría sola la angustia, la desesperación y el miedo.
 
          Sonó el teléfono y se lanzó sobre él, temblando. La voz le exigía un rescate y le anunciaba una próxima llamada, con la misma amenaza de no ver más a su querida Paula, si contaba algo.

          Su marido estaba de viaje y maldijo la hora en que ella misma le animó a embarcarse con sus amigos en una aventura por él tan deseada desde hacía tiempo, que lo mantendría incomunicado durante varios días. No podía ponerse en contacto con quien podría compartir la tragedia ni disponía de la cantidad reclamada, ya que su esposo era quien se encargaba de los negocios y ella no sabía cómo conseguirla.

          Pasaron dos horas, durante las cuales Alicia no sabía qué hacer. No se atrevía a avisar a la Policía por temor a que se cumpliese la amenaza: solo pensarlo la estremecía. Nunca se había sentido tan sola y tan vulnerable. Paseaba por su casa, de habitación en habitación, intentando encontrar una solución que no llegaba. Lo único que podía hacer era tratar de explicar la situación a los secuestradores; pero pensaba, al mismo tiempo, que contrariar a personas como aquellas, sin escrúpulos para hacer lo que estaban haciendo, podía ser muy peligroso para su hija. Engañarlos y simular que llevaba el dinero a donde le ordenasen le parecía muy arriesgado, porque, sin duda, antes de liberar a Paula, comprobarían que ella había cumplido su parte del trato. Solo podía decir la verdad: era lo único que tenía.

          Se produjo la nueva llamada. Alicia se armó de valor e impuso saber que su hija estaba viva, pero el secuestrador era implacable y le respondió con “un lo toma o lo deja”. La respuesta aumentó su indignación. Controló su rabia y relató lo que ocurría. Oyó una especie de murmullo, después del cual la voz dijo secamente que se pondría en contacto nuevamente con ella y colgó.

          Le extrañó esta reacción, pues esperaba una contestación airada y desafiante. Se dio cuenta de que el sonido era más claro, como si el secuestrador hubiera olvidado fingir aquella afonía que hacía difícil entender las palabras. Entonces pensó en la posibilidad de que no fuesen profesionales; pero si no lo eran, ¿qué podía hacer? Se encontraba de nuevo como al principio.  

          Se sentó en la cama de Paula y tomó su retrato, que descansaba, con un marco, encima de su mesa de estudio. Los recuerdos acudieron a su mente y avivaron su dolor. Era una jovencita de diecisiete años bastante rebelde y últimamente estaba nerviosa e irritable. Ante sus ojos enrojecidos por el llanto y el cansancio, apareció su diario y lo apretó contra su pecho. Por un impulso inexplicable intentó abrirlo, pero sus secretos estaban allí escondidos bajo un pequeño candado. Siguiendo ese impulso, acudió a la cocina y con un cuchillo lo forzó: comenzó a leerlo. Se quedó paralizada.

“Día 4: el plan sigue en pie, todo está bien calculado, tendremos el dinero”.
“Día 8: llegó el día, estoy nerviosa, pero saldrá bien. Podré al fin vivir con Nacho.”.

          La libreta se cayó de sus manos en el preciso momento en que el teléfono volvió a sonar. La amenaza salió esta vez de la boca de Alicia:

          -Nacho, quiero a ver a Paula inmediatamente en casa o te verás en problemas.

          A los quince minutos estaban juntas. Lo que pasó después ya es otra historia.


 
 
 
 
 
 
 
Escrito por: Carmen Novo Colldefors.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Reseña de la novela "La marca del meridiano", de Lorenzo Silva

 

         Premio Planeta 2012. Novela policíaca actual que se desarrolla en Cataluña y que constituye la séptima entrega de la saga del autor sobre las investigaciones de los guardias civiles Rubén Bevilacqua y Violeta Chamorro.
 
         Un compañero del Cuerpo, ya jubilado, aparece asesinado en extrañas circunstancias y la pareja de investigadores se encarga del caso. Así van descubriendo la corrupción y la delincuencia organizada que gira alrededor del crimen.
 
         En palabras de Lorenzo Silva, la novela puede verse como "una metáfora de la historia de aquellos hombres que cruzaron una raya que nunca debieron haber cruzado, hombres que aceptaron un código de honor y que en un momento dado olvidaron ese código" y, en cierto modo, es también la narración de "las equivocaciones éticas y sus consecuencias".
 
         Presenta la novela un sólido retrato del ser humano ante la duda moral, el combate interior y las decisiones equivocadas.
 
Escrito por:
Carmen Novo Colldefors

Reseña de la novela "En el país de la Nube Blanca" de Sarah Lark


Helen y Gwyneira se embarcan desde Londres en una aventura insólita: ambas viajan hasta Nueva Zelanda para casarse con dos hombres que no conocen, si bien sus motivos son diferentes. En el barco que las transportará a esas lejanas tierras, Helen se hace cargo de varias niñas huérfanas  con el mismo destino, aunque con otra finalidad. En él, las dos protagonistas se conocen y traban una amistad que seguirá cultivándose y que las mantendrá unidas, pese a las distancias de los lugares en los que van a vivir. Los dos hombres que las esperan son muy distintos y marcarán, sin saberlo, la forma de vida de las dos, que – al igual que en Inglaterra- serán las propias de las distintas clases sociales a las que pertenecen. Una serie de sucesos imprevisibles mantiene la atención durante toda la novela.

 

Escrita por:
Carmen Novo Colldefors

Reseña de la novela "El vals lento de las tortugas" de Katherine Pancol


Aunque pueden leerse de forma independiente, esta novela es la continuación de “Los ojos amarillos de los cocodrilos”, igual de amena y quizás con más acción todavía. Josephine ya no tiene problemas económicos, gracias a la disparatada idea de su hermana Iris, que aquella acabó aceptando resignada, pero su hija Hortense reivindica públicamente la autoría de su madre. Iris es ingresada en una clínica psiquiátrica, mientras que Philippe, su atractivo marido, se traslada con el hijo de ambos a Londres, con la convicción de finalizar su matrimonio. También a Londres se van Hortense, para realizar sus estudios, y Shirley con su hijo Gary, teniendo una relación los dos jóvenes de profunda amistad. Mientras, Josephine y Zoe se cambian de piso a uno en el centro de París, en un edificio de personas con bastante nivel social, pero allí Josephine se encontrará con nuevos problemas: dudas sobre si su ex marido Antoin realmente falleció devorado por un cocodrilo; un ataque en un parque que pudo haber acabado con su vida; la sucesión de muertes de mujeres atacadas de la misma forma; el alejamiento de Luca; nuevas emociones; el conocimiento de nuevos y extraños vecinos; la adolescencia de Zoe; la visita de su madre, que pretende vengarse de su marido Marcel, cada vez más enamorado de Josiane; el alojamiento en su casa, una vez que salió de la clínica, de Iris, que se lamenta por la pérdida de su esposo, pero que no deja de coquetear, … Una serie de sucesos, en resumen, sorprendentes que entretienen tanto, o más, como la primera novela de esta serie.
 
Escrita por:
Carmen Novo Colldefors 

Reseña de la novela "Los ojos amarillos de los cocodrilos" de Katherine Pancol.


Título: Los ojos amarillos de los cocodrilos

Título original: Les yeux jaunes des crocodiles.

Editorial: La esfera de los Libros


Año de Edición: 2010 (en España) y 2008 (en Francia)

Traductor: Juan Carlos Durán Romero

Género: Narrativa intimista

ISBN: 978-84-9734-923-9

Páginas: 551

 

Argumento: Josephine creció a la sombra de su bella hermana Iris, quien recibe todas las atenciones de su madre, la perversa Henriette. Ya son mayores y cada una funda una familia, pero mantienen el contacto, que resalta las diferencias entre las dos: sus caracteres, sus gustos, sus actitudes,… Josephine es abandonada por su marido, que se va con su amante a cuidar cocodrilos a África, y debe sacar adelante a sus dos hijas pequeñas, Hortense y Zoe, bajo el desprecio de la primera, que se avergüenza de su madre, y haciendo frente a numerosos gastos, precisamente en esos momentos en que siente la soledad y su autoestima está bajo mínimos, debido a todas sus vivencias y a los acontecimientos que van sucediendo en su vida. A su alrededor aparecen personajes variados, como Marcel Gorsz, el marido millonario de su madre; su vecina Shirley; Philippe, el marido de Iris; el misterioso hombre de la biblioteca que tanto le atrae,… Iris tiene una idea disparatada: publicar un libro con su nombre, pero que lo escriba su hermana, la cual es reacia; pero acaba cediendo y su libro alcance un gran éxito. Los que conocen bien a Iris no se acaban de creer que ella sea la autora.

Opinión personal: Es una novela entretenida, que engancha por la trama de toda la familia y sus personalidades dispares. Una novela dinámica, con múltiples sucesos, con la que se pasan momentos agradables, y de fácil lectura.

Opinión de Carmen Novo Colldefors

Reseña de la novela "1Q84" de Haruki Murakami


Tokio, 1984 (que se puede leer justamente como 1Q84, pues el 9, en japonés, se pronuncia con el mismo sonido que la q, kyu): la vida de Aomame, una bella asesina, monitora de un gimnasio, y la de Tengo, un profesor de matemáticas con una gran afición a escribir, discurren a la par, aunque por derroteros diferentes. En esta novela de Murakami aparecen malos tratos, sectas religiosas, recuerdos, momentos de soledad y de sexo, amor, fraude y todo un conjunto de experiencias y sentimientos que dan lugar a una obra dinámica, activa, en la que lo real y lo irreal no tienen una línea divisoria definida. 1984 marca un tránsito en la vida de dos personajes que confluyen de forma sistemática y lógica por un laberinto de realidad y fantasía.
 

Escrita por:
Carmen Novo Colldefors

Reseña de la novela "Riña de gatos" de Eduardo Mendoza


Con esta novela, ganadora del Premio Planeta 2010, Eduardo Mendoza nos traslada a una España inmediatamente anterior a la Guerra Civil, cuyas intrigas vamos conociendo a través del protagonista, un crítico de arte inglés, que se ve envuelto, sin buscarlo, en un laberinto amoroso, político y criminal bastante sorprendente, con apariciones de personajes reales de la época. Una novela entretenida y bien llevada, como es propio de su autor.
 

 

Escrita por
Carmen Novo Colldefors

Reseña de la novela "El tiempo entre costuras" de María Dueñas


Una novela muy agradable de leer, que narra en primera persona la ajetreada vida de Sira Quiroga, la joven hija de una modista que crece en el taller donde trabaja su madre. Esta experiencia le marcará para un futuro complejo en el que se mezclan el amor y el desamor, la lucha por la supervivencia en Tetuán y un mundo de intrigas inesperadas en el que la protagonista demuestra su talento y su fuerza, precisamente, a través de la costura

 

Escrita por
Carmen Novo Colldefors

Reseña de la novela "Los enamoramientos" de Javier Marías


 
 
         María Dolz veía todas las mañanas en la cafetería próxima a su trabajo a una pareja de la que nada sabía, pero su complicidad, sus risas, sus gestos,… le alegraban el día. Si alguna vez faltaban, ya nada era igual, mas pronto volvían hasta que dejaron de hacerlo. Se enteró por los periódicos de la causa de su ausencia: él, cuyo nombre era Miguel Desvern, había sido asesinado por un mendigo. Todo indicaba que se trataba de una confusión. Así llegó a conocer a la mujer que siempre iba con él, su esposa, que sorpresivamente la invitó a su casa.
 
        Esa visita supondrá para María un gran cambio.
 
        La trama va acompañada de digresiones del autor, considerado uno de los mejores escritores contemporáneos, acerca del amor y del olvido, de la posibilidad de llegar a la verdad incluso de nuestros propios pensamientos, sobre la conciencia, la amistad, el interés y la impunidad, entre otros temas.
 
* Esta obra obtuvo el premio Nacional de Narrativa, rechazado por Javier Marías.
 
Escrita por
Carmen Novo Colldefors

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