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miércoles, 23 de abril de 2025

WolfWE. Helena I. Toma y daca.

Fertility Insititute of San Diego, La Jolla
San Diego, Califormia.
EE. UU.


¿Qué habrá retrasado a Aldus? Él nunca viene tarde a una cita.

Esos y muchos otros pensamientos invadían la mente de la mujer que esperaba de pie en el salón de espera. Ella era alta, de cabello negro, alta y su figura era imponente. Vestía pantalón y saco de vestir, con una blusa blanca que discretamente ocultaba su busto y que destacaba el porta identificadores que llevaba colgado en el cuello con un collar. Pero lo que más se notaba de ella no era su piel color canela, ni su largo cabello negro, ni sus labios carnosos. Porque a pesar de usar traje, o debido a ello, se notaba que era musculosa y estaba notablemente tonificada.

Ya la mente de la mujer iba a volver a rotar las mismas preguntas cuando por el corredor un enorme hombre se acercó con un paso firme y seguro. Él vestía informal, con una camiseta, un pantalón de mezclilla y tenis sin medias, usaba una gorra de béisbol para cubrir su cabello y mantenía la vista baja para no ser observado. Pero lo que volvía de cabeza a algunos que lo observaban es que a pesar de ser tan alto no era mal parecido y su musculatura estaba balanceada con su altura.

Ella esperó a que él se acercara, cuando ambos estuvieron al alcance él bajó la cabeza y ambos se besaron en la mejilla, eso lo tranquilizó. En silencio ella lo tomó de la mano y con una seña a la recepcionista ambos desaparecieron de la sala de espera e ingresaron a uno de las oficinas de atención médica que convenientemente estaba vacía.

—Buenas. Llegas tarde, Aldus— reclamó la mujer mientras tomaba asiento frente a él en el puesto de atención médica.

—Buenos días, Helena. Mira, lo siento. Tenía que encontrar a alguien que cuidara a Nela. Por dicha Berly se va a quedar un rato por la ciudad, así que se ofreció. Tenía que llevarla a su apartamento antes de venir acá, tráfico.

—Fuiste tú el que me llamaste a mi— reclamó la mujer con autoridad. —Deberías ser más consciente, mi tiempo es muy limitado. 

—Te recuerdo que fuiste tú la que sugirió la clínica. El campo de tiro está más cerca.

Helena bufó de enojo, esperó a que se sentara y comentó.

—Ya estamos aquí. Dime, ¿qué es tan urgente que me llamaste con tan poca anticipación? ¿Y qué no podíamos tratar por teléfono?

—Amatista regresó dos días antes de la fecha del intercambio de custodia.

Ella guardó silencio, extrajo su teléfono, con sus dedos buscó información en él y suspiró.

—Amatista Fernanda Leiton y Rodríguez de la Piedra. La menor de todas las Hermanas de la Piedra. Según la Agencia ha estado en conversaciones con varios carteles a lo largo y ancho de California en el último par de meses. Es algo descuidada, pero por la forma en que conversa es difícil sacarle evidencia, pero es muy fácil de rastrear. Te recomendaría que te alejaras de ella lo antes posible, pero si estás aquí es porque ella ocupa algo y por ende tú ocupas algo.

—¡Si!— reclamó Aldus entre dientes. —Anoche ella y Berly se conocieron.

     —Supongo que “La Armenia” le pegó una bofetada en cuanto la conoció.

—¿Cómo lo supiste?

—Ya te dije, Amatista deja muchas pistas. En las redes sociales aparece super enojada y subió fotos del moretón en el cachete. ¿Ya la puso en la lista de muerte de la familia?

—La amenazó con ponerla…

—¿Y no te da miedo dejar a tu hija con un blanco de las Hermanas de la Piedra?

—No— exclamó Aldus algo nervioso. —Ningún golpe se puede dar sin la aprobación de la Señora Esmeralda.

—Si, Mamá Piedra debe dar la orden. Entonces, ¿me vas a pedir protección para Berly?

—¡No!

—¿Entonces qué hago yo aquí?

—Amatista ocupa regresar a México, ¡ya!

—¡Oh, cielos!— exclamó la mujer mientras se dejaba caer en la silla. —¿Al menos te comentó que estupidez hizo ahora?

—Me dijo que “retocó” unos libros y qué tiene el “mandado” en unas llaves encriptadas. 

—¡Criptomonedas!— exclamó Helena, se llevó la mano a la cabeza y negó lentamente. Ella sabía el significado de lo que había dicho Aldus, sabía lo que pasaría después. Pero en ese momento Aldus reclamó nervioso.

—Helena, ¡eres de Seguridad Nacional! Tiene que haber algo que puedas hacer.

—En lo personal no puedo hacer nada— reclamó la mujer mientras revisaba su teléfono. —Si todo el rastro de las personas con la que se reunió es cierto, ella se hizo de enemigo a la mitad de los carteles de Costa Oeste en menos de un trimestre. O se cree muy lista o es muy estúpida para no darse cuenta.

—¡Ambos! ¿Qué es lo que recomiendas?

—¡Qué la dejes morir! Eso es lo que se merece. Esa es mi recomendación.

—¡No puedo hacer eso! Si ella se muere, La Señora Esmeralda me va a arrancar los huevos para dárselos de comer a sus perros, antes de matarme.

—¡Ok! Déjame pensar.

Ella se puso a revisar su teléfono mientras Aldus bajaba la cabeza y la ponía entre sus manos, se veía muy nervioso. De pronto, ella abrió los ojos y reparó en un detalle.

—Aldus, ¿estás trabajando para la CLAA, verdad?

—Si, ¿por qué?

—Eso quiere decir que tienes que ir a México, ¿en dos semanas?

—¡Si! Tengo que asistir a un evento en la capital estatal, me lo confirman en tres días. Además, debo asistir a las grabaciones para el próximo trimestre. Voy a permanecer dos semanas ahí.

—Ok, adelanta tu viaje y llévate a Amatista contigo. Ellos buscan a una mujer, no a un grupo. Hay varias casas seguras en las inmediaciones, te enviaré la información al correo. Usa la ruta terrestre para pasar la frontera. Voy a hablar con el supervisor, creo que te podemos dar tres días de gracia para salir del país, sin preguntas y sin problemas.

—¿Tres días? Eso no me da tiempo para encontrar a alguien que cuide a mi hija.

—Invita a “La Armenia”, que ella cuide a Nela y se van todos juntos a México. Entre más sean, mejor.

—Nela va a alegrarse mucho cuando sepa que va a volver a ver a la abuela. ¿Pero, no se si Berly va a aceptar?

—Ella es actriz, está de “vacaciones”, lo que significa que no tiene proyectos ni empleo hasta que le den luz verde a la siguiente temporada de la serie en que trabaja, si es que se la dan. Te garantizo que irá contigo, con gusto. Solo mantengan el perfil bajo hasta que lleguen a destino.

—Muchas gracias, Helena. No sabes cuanto te agradezco lo que estás haciendo. Me salvaste.

Cuando Aldus se levantó para darle la mano pero Helena negó con la mano. Por esto, él suspiró y volvió a tomar asiento.

—¿Vas a pedir algo a cambio?

—Por supuesto, Aldus. Yo no hago favores gratis, menos de este calibre. Está bien que seas mi informante estrella, pero esto que me pides es mucho. ¡Tienes que darme algo a cambio!

Para sorpresa de Aldus, la mujer registró la gaveta del escritorio donde se encontraba, tomó un frasco y lo puso frente a él.

—¿Y el frasco es para?

—Verás… —reclamó Helena con pena. —Mónica se fue de vacaciones con su familia, varias de sus hermanas y primas le mostraron sus hijos. Parece que todas dieron a luz al mismo tiempo. ¿Sabes qué sucede cuando una mujer con pareja está en contacto con muchos niños? ¿Y es como Mónica?

—¡Un momento! Monique te convenció de tener hijos. Esa no la veía venir.

—Deja de reír, idiota.

Helena no pudo ocultar su malhumor cuando Aldus estalló en carcajadas al enterarse de la situación. Ella bufó en silencio, esperó a que él se calmara y que con una sonrisa mordaz comentara.

—Sabes que para tener bebes se ocupa del varón, ¿verdad?

—¡Si, lo sé!— reclamó Helena entre dientes.

Helena se puso roja de la cólera al ver que él continuaba riendo. Pero antes de que estallara en gritos, Aldus puso su mano al frente y aceptó con la cabeza.

—Está bien, Helena. Tenemos cuanto, ¿dos, tres años de conocernos? Desde que me volví tu topo me has salvado de muchas a mi y a mi hija. Esto no paga lo mucho que te debemos.

Helena se calmó, observó como Aldus tomó el frasco y lo sujetó entre sus enormes manos. Por eso ella bajó la cabeza y respondió con humildad.

—No conocemos muchos “varones”, Aldus; eres uno de los pocos que no le importa lo que Mónica y yo compartimos. Así que si lo haces, da por seguro que te lo agradeceremos mucho.

—Muy bien, entonces saliendo del cuarto voy al mostrador, entro al cuarto, hago lo mío y entregó el frasco. ¿Alguna otra cosa más?

—Avísame cuando salgas del país. ¡Y por cierto…


Aldus escuchó su teléfono sonar varias veces. Cuando lo sacó para confirmar, no pudo creer lo que veía. Había frente a él al menos una docena de fotos y un video donde Helena y Mónica hacían el amor apasionadamente, solas o en compañía, sus cuerpos se fundian en un apasionado y sensual areebato de pasion, cada vez mas candente. Visiblemente sorprendido y sonrojado, este reclamó.

—¿Helena, por qué me envías esto? ¡Sabes qué es sexting! No hay necesidad.

—Mónica es “estricta” con respecto a estas cosas, ella cree que el aprendizaje está en todas las fases, desde la gestación hasta la vejez. Así que fue muy clara, si vas a hacerlo tenemos que estar presentes de alguna forma.

—Mónica siempre ha estado como quiere, es una belleza que quita el aliento. Pero tú eres muy hermosa Helena, incluyendo los músculos. ¡Nos vemos!

La mujer se sonrojó con su despedida. Él guardó su teléfono, se levantó del asiento, le dio la mano como despedida y salió por la puerta. Al hacerlo, Helena ocultó su cara con las manos y comenzó a gritar de vergüenza por lo que había hecho y le había dicho.




viernes, 14 de febrero de 2025

Sombras de Córdoba - Un beso de San Valentín





El centro de datos del crucero Mari no Kiseki no presumía de ser un faro de sabiduría en medio del mar de ignorancia, lo era sin querer. Como su homónimo fue la nave insignia de la almirante Dao-Ming Sima, la información de dicha nave residía en su interior. Por esa razón, una oficial y una decena de cadetes irezumis ingresaban y salían constantemente de la granja de servidores, algo que el personal de mantenimiento no agradecía pero comprendía, porque su objetivo era investigativo y pedagógico. Para la oficial en cuestión estaba en juego un jugoso ascenso, para las cadetes ganar créditos necesarios para graduarse en Comunicaciones y para las encargadas conocer más acerca de la vida de la polémica almirante.

Una de las cadetes más pequeñas tomó un asiento y se paró sobre él para tocar con una barra el centro de contacto con el servidor. Tuvo que ponerse de puntillas, por lo que puso atención a la descarga hasta que se completó, se bajó de la silla y la colocó en su lugar. Luego, con la barra ella tomó asiento en una mesa y desplegó la lista de los documentos que había recogido del servidor en el dispositivo holográfico que tenía asignada.

—¿Qué es lo que estás revisando, Iara?

Ella no puso más atención, salió de su asiento y saludó formalmente. La cadete que hizo la pregunta; que era muy joven, alta, de cabello negro y ojos grandes ligeramente rasgados; regreso el saludo y acomodó el uniforme en su cintura.

—¡Descansa Iara! Hemos pasado por mucho para que me saludes formalmente entre permisos.

—No puedo evitarlo.

—Sabes mi nombre, llamame Masako. Por cierto, ¿los documentos de quién estás revisando?

—Estoy revisando toda la documentación relacionada con la oficial Ayaka Toya, específicamente todo el segundo periodo de la Guerra del Borde Interno. Futaoka se está encargando del primer periodo.

—¿Y qué han encontrado?

—Bueno… Hasta ahora la confirmación de que ella estaba en una relación de hermanas con la comandante Noriko Asai, que se vio afectada por la sentencia de doscientas horas de servicio comunitario en el planeta Tara y que la entonces contralmirante Dao-Ming Sima la ascendió a navegante en jefe del puente de la Mari no Kiseki cuando la almirante Chibi Asada se llevó a su hermana mayor para servir en su crucero.

—Que conveniente, shimai-kan no kizuna. Que suerte tienen las que encuentran a una oficial para que las patrocine.

—¿Shimai no kizuna?— repitio Iara mientras esperaba que el codificador neural le mostrara la traducción directamente en sus ojos. —¿Lazo entre hermanas? ¿Qué significa eso?

—Es una costumbre en el comando irezumi. Cuando una oficial veterana ve a una oficial prometedora, ambas pueden iniciar ese tipo de relación. La veterana patrocina a la novata, vela por la novata, defiende a la novata, guía a la novata. A veces la relación es de asistencia, de aprendizaje y de cariño filial. A veces la relación pasa a ser algo más romántica o formal. Pero ambas partes deben estar seguras porque un error podría ser el final de la carrera de ambas.

—Desearía que usted tuviera una relación más formal con mi madre.

—Un momento, ¿Miranda le comentó sobre mi propuesta?

—Por supuesto. Cuando al fin me reconoció como su hija le pedí que nunca me ocultara nada. Suele no hacerlo.

La oficial no mencionó palabra, se sentó a un lado y tomó sus manos. —Entonces sabe que es lo que siento por ella.

—Si. Pero si no hace algo drástico no va a poder lograr nada con mi madre. El estúpido Natanjely esta clavado como una estaca en su corazón.

—¿¡Natanjely?!

—El Capitán Benjamin Natanjely, segundo marqués de Al’Temair. Jefe de Inteligencia en la Liga del Norte, un espía y un alcahuete de Andalus, nuestro planeta de origen. Si fuera un animal sería una mangosta escurridiza. Para él todo es un juego, él pone las reglas y gana siempre. La única persona ha podido llevarle el ritmo a su juego es mi madre, por eso la mantenía cerca. Hasta que nos exiliamos.

—¿Y el Capitán Natanjely ama a su madre?

—Si la ama. Él la invitó a un retiro en la playa aunque está mutilada, la encamó a pesar de todas las manchas grises que tiene ahora en el cuerpo por las sustituciones. Lo hizo al menos dos veces, una de ellas el día antes de irnos de Andalus.

—Entonces no tengo esperanza.

Masako se restregó los ojos porque algo le incomodaba, lloraba. Para su sorpresa, Iara apretó la mano que no había usado con firmeza.

—Por favor, no se rinda. Mamá no lo admite, pero no hay noche en que no piense en él. No duerme bien. Usted podría usar sus poderes para desviar su atención…

—No, ¡no es opción!

—¿Cómo que no es opción? Yo he visto como domestico a todos los trabajadores humanos en la estación. Mi madre y yo somos humanas. Puede hacer lo mismo con mi madre.

—Es diferente. Con ellos no tengo contacto constante, con Miranda si. Eso me expone  a un efecto que no conoces de mi poder, se llama reflujo simpático. Es como si tuvieras que escoger entre tu helado favorito…

—¡Menta!

—Es como si tuvieras que escoger entre el helado menta y el que menos te gusta. Si yo uso mi poder, podrías comer el helado que más te desagrada, incluso podrías comer excremento y pensar que es el helado que te gusta. Pero eso no va a alejar el mal sabor de tu boca. Así que tu cuerpo y tu mente van a generar resistencia, va a llegar un momento en que cuando use mi poder vas a resistirte, en ese momento ese deseo se me va a regresar a mi con el doble de intensidad. Voy a ser yo la que termine comiendo lo que no te gusta, y me va a gustar.

—Entonces… Si usas tu poder sobre mi madre, ella podría hacerte caso un tiempo. Pero va a saber que algo está mal, se va a resistir y se te regresaría ese gusto.

—Así es. Por eso no lo intento.

—Es por eso que te agradezco tanto que nunca lo hayas intentado, Masako.

Las dos muchachas se pusieron rojas cuando a su lado apareció una oficial de cabello rojo, grande, voluptuosa y ataviada en uniforme, con un gran parecido a Iara. Ellas se pusieron de pie y saludaron formalmente, con todos los colores subidos al rostro. Su superior, con una sonrisa, regresó el saludo. —Descansen cadetes.

—Mama, ¿hace cuánto estás aquí?

Iara y Miranda
Miranda e Iarameilia Castellanos.
Arte por Bekwo. https://www.facebook.com/BekwoIlustraciones/

—Lo suficiente para decirte que no te debes preocupar por mi vida amorosa, Iara. Ahora, por favor, siéntense.

Las cadetes obedecieron a la mujer. Con los hombros tensos y sus caras recogidas, las dos esperaron a que tomara la palabra.

—Masako… Eres tan joven, pero tienes tantas cualidades que desearía haber tenido a tu edad. Eres valiente, eres decisiva, luchas por lo que quieres, no tienes miedo de tomar decisiones. De haber tenido la mitad de tu carácter hubiera luchado para no perderme los primeros diez años de la vida de Iara. Agradezco mucho tu confesión, pero no puedo dejar de pensar en él. No es justo para ti que no pueda concentrar mi atención, mi cariño y mi amor en corresponderte…

—Pero yo quiero estar con usted. No me importa…

—No digas eso. Ni la distancia ni la incomunicación ayudan. Yo me conozco muy bien. No serías ni la primera ni la última persona que dejaría botada con tal de volver con él si se presenta la oportunidad. Lo he hecho tantas veces...

—¡Yo haría lo que fuera, lo que usted diga! Sólo quiero que nos demos una oportunidad.

Miranda negó levemente, bajó la cabeza y tomó un tiempo para pensar. Era difícil para ella tomar una decisión que no lastimara a la muchacha. Pero de repente, Iara las interrumpió.

—¿Y por qué no se hacen hermanas?

—¿Cómo?

—Si mamá, hermanas. Masako me lo acaba de explicar, una oficial experimentada toma a otra de menor grado bajo su ala para guiarla y enseñarle sus trucos. Es como el Ala de San Valentin, el grupo de caballeros que peleaban siempre a la izquierda, que en pares prometían morir juntos en combate por la fé, por el honor, los de las epopeyas románticas.






Las dos se callaron por un momento para sopesar sus palabras. La primera que reaccionó fue Miranda, que con su mano sacudió el cabello de su hija y sonrió. —Recuerdo que Kazuya a veces se refería a la Reina como su hermana mayor, cuando la conocí resultó evidente que no lo eran. ¿Eso que explicó Iara funciona igual en el Reino?

—Sí señora. Es un evento para forjar un lazo de amistad verdadera entre una oficial experimentada y una novata, donde ambas pueden compartir sus experiencias y sus anhelos.

—¿No habrá problema por mi rango? ¿Ni por mi origen?

—En absoluto. La Almirante de Flota es humana y fue la primera hermana menor de la Reina. Ella a su vez ha tenido un par de hermanas menores irezumis, ha promovido sus carreras. Además, se rumora que para cuando usted obtenga su ascenso la van a integrar a Inteligencia con el rango interino de capitana. Si para ese momento hubiese terminado mis estudios de grado, sería alférez. Si usted me toma como su hermana ahora, aumentaría sus posibilidades de asegurar ese rango y me permitiría expresar libremente lo que siento por usted, sin compromisos. Le prometo que no se arrepentirá.

—¡Me convencieron! No se diga más. ¿Qué tengo que hacer?

—Sólo tiene que preguntarme si quiero ser su hermana, yo respondo y a la vista de un testigo sellamos el pacto.

—Bueno, a la vista de la cadete Iaraemilia Castellanos como testigo, cadete Masako Umezu, ¿quisiera usted ser mi hermana?

—Por supuesto, claro que sí. ¡Acepto!

Miranda se alegró por la euforia que le produjo a la muchacha la respuesta, pero lo que siguió la sorprendió. Masako no ocultó su emoción y la besó. Fue cuando se juntaron que de alguna forma descubrió que para sellar el pacto se requería contacto físico. Conforme a Iara se le subían los colores, se tapaba picaramente los ojos y sonreía, ella sintió los labios de la cadete sobre los suyos y el candor de su abrazo. Por un momento pensó en separarla, pero se negó a ese impulso, le regresó el abrazo y se permitió disfrutar de ese detalle, vendrían muchos más por el tiempo que durará su nueva responsabilidad.


Masako y Miranda divirtiéndose durante una misión, seis años después.
Ilustracion por Bekwo. https://www.facebook.com/BekwoIlustraciones/

Carlos Molina

domingo, 22 de diciembre de 2024

Las Sombras de Córdoba - Gestación y Navidad


—Señor, salimos de hiperespacio. La Estación Himawari aparecerá frente a la pantalla en quince segundos.


En el puente del crucero de combate Sobre el Lago Chud, todas las terminales bullían de actividad conforme iniciaban su aproximación final a la Colonia Irezumi. La sombra literal del planeta que servía como guía para la aproximación final a la estación fue desapareciendo hasta que a la vista se mostro una hermosa estructura en forma de girasol, con quince pétalos perfectamente definidos y sujetos a una estructura cilíndrica que fungía como estigma. Quien hubiese imaginado la estación de esta forma no había escatimado ni en gastos ni en prodigios arquitectónicos para su construcción. Pero a diferencia de otras veces, un enjambre de más de cien naves orbitaba en torno a la colonia mientras que dos de las naves más grandes, un crucero de la Guerra del Borden Interno y la forma cilíndrica típica de un Expreso Genético permanecían fuertemente enlazadas a la estructura.

—Ver la estación siempre me quita el aliento. Comuníqueme con el puente.

—Si, señor.


En el asiento de capitán, un hombre relativamente joven ocupaba el puesto con las manos cruzadas apoyando su cara. Él se concentraba en la vista de la estación mientras en su mente cruzaba el itinerario suyo y de sus tropas en su despliegue en la estación.

—Señor, tenemos comunicación con el puente.

—Enlace.


La imagen apareció en la pantalla principal y al ver a la encargada de la estación comprendió que las cosas no iban a ser como lo había planeado. Porque nunca había visto la cara de la mujer que ocupaba el puesto en el puente en ese momento.

—Buenas. Con quien tengo el gusto.

—Capitana de Vuelo Romie Yamada para servirle, señor.

—Mucho gusto, capitana. ¿Y dónde está la almirante Xiaoping?

—La almirante Xiaoping espera con el grupo de recepción en Pétalo 7. Enviare las coordenadas de acceso para que pueda acoplarse cuanto antes, señor.

—Muchas gracias, Yamada. Lago Chud fuera.


El capitán se levantó de su puesto y señaló a la oficial de comunicaciones para que lo siguiera. Mientras salía, repuso. 


—Número uno, es su puente ahora. Encarguense de acoplar la nave. Voy a sección de acoplamiento, tengo que hablar directamente con la almirante Xiaoping. Cindy, vienes conmigo, tenemos que repasar el plan de acción.

—Si, señor.

El oficial ignoró que alguien más tomaba su asiento en el crucero, se concentró mas en su compañera. En cuanto entraron a los turboelevadores ella se dió la libertad para hablar.

—Bueno, parece que las cosas se están viniendo abajo desde el principio, Lisuarte…

—¡No me llames así! ¡Nunca!

—Está bien, ¡Luis! Se suponía que hablarías primero con su “prima” irezumi para suavizar las cosas, pero ella esta esperándolo en la zona de acoplamiento. Eso quiere decir que ella quiere tener contacto intimo con usted. Según lo que me dijo, era clave que pudiera convencer a su prima de suavizar la recepción, ahora no sabemos que es lo que debemos esperar de recepción.

—¿No vas a creer que nos van a recibir hordas de mujeres semidesnudas?

La mujer no contestó, molesta alzó el dispositivo en sus manos y desplegó ante ellos el estado de situación mientras salían del elevador y se dirigían al área de acoplamiento.

—Por ahora vamos a apegarnos al plan. Tenemos al menos diez mil obreros que se encargaran de las labores necesarias para poner en orden la estación. Las irezumis nos garantizan espacios habitacionales completos en Pétalo 7. Todos los que desciendan a la colonia se moverán en grupos de cuatro, con una mujer y al menos un hombre casado por grupo. En ninguna circunstancia se entablarán conversaciones ajenas a las labores de reparación con ninguna irezumi.

—Estoy de acuerdo. ¿Quiénes seremos los cuatro en salir primero?

—Usted, yo, el jefe técnico Sviatoslav y Dani.

—Bien. Manda a llamarlos. Me adelantare a la puerta de acople.



El oficial se separó de su oficial de comunicaciones, caminó por el enorme hangar donde una multitud de técnicos y oficiales esperaban impacientes o comenzaban a acomodarse para adoptar la configuración sugerida con la oficial de comunicaciones. En cuanto llego al frente de la enorme puerta de metal, este esperó con paciencia, tras unos minutos las tres personas que lo iban a acompañar tomaban su lugar a su lado y juntos esperaron a que se abrieran los sellos de acoplamiento.

Le tomo un momento a los sellos levantarse y equiparar las atmosferas entre el modulo en que se habían estacionado y el crucero de combate. Conforme se abrían las enormes puertas de protección, el oficial suspiró, en cuanto vió la luz dio un paso adelante con su equipo. Para su sorpresa, nada de lo que había previsto lo había preparado para lo que lo recibió del otro lado. Porque en lugar de una recepción con oficiales armados hasta los dientes, o mujeres relamiéndose los labios y lenguas lujuriosas de deseo; quienes los recibieron eran niñas, vestidas de forma casual con el tercer uniforme irezumi. Pero lo más extraño es que la combinación era verde y roja, típica de la temporada.

—Buenas tardes, señor. Me da gusto de recibirlo en la Estación Himawari. Soy la Cadete Masako Umezu, estaré a cargo de la recepción y coordinación del personal de reparación durante el tiempo que dure su despliegue.

—Mucho gusto, cadete. Soy el comandante Luis de Tolly, a sus servicios. Ella es la capitana Cinthia Fourcad, el Jefe Tecnico Usk Sviatoslav y el teniente Dani Danilovoch. Pero ¿ustedes no son muy jóvenes para recibir u orientar al personal...?

—No, señor. No lo somos.


La encantadora sonrisa de la cadete derritió cualquier barrera de defensa y destruyó cualquier vestigio de voluntad que les quedaba. Él respondió con una sonrisa y le permitió a la cadete continuar.

—Su grupo utilizara las estaciones de la Sección 1 de la Cubierta 5. Habitaciones 70501, 70502, 70503 y 70504. Es el área de oficiales del módulo. La almirante Xiaoping será quien los guie. Que tengan un buen día.

—Igualmente.

—El que sigue, por favor.


El grupo no dijo ni reclamó absolutamente nada. Como corderos todos siguieron a la almirante, que en silencio los llevo a los turboelevadores, los guio a sus diferentes habitaciones y los dejo en su interior sin mediar una sola palabra. Pero el último fue Luis. Cuando estuvieron frente a la puerta de la habitación 70501, ella deslizó el identificador, lo hizo entrar dócilmente y cerro la puerta tras de ellos. Fue en ese momento que el estupor que se poso sobre su mente se comenzó a disipar y encontró que a pesar de todo había sido puesto en una posición comprometida.

—Luis, siéntate, por favor.

—¿Qué diablos me hizo esa niña, Feng?

—Masako es alguien muy especial que descubrimos durante la crisis de la Llamarada. Es la mejor empata que existe en la colonia. Lo más peligroso es que no actúa solo con la mente, sino con las feromonas que emite su cuerpo. Por ahora lo único que está haciendo es suavizando las relaciones para que todo salga como debe.

—¿Y que hago yo aquí contigo?

—Ella decidió que eras el más receptivo.


La almirante tomó asiento al lado del oficial en la cama. Mientras le tocaba su oreja con los dedos, reclamó.


—Feng, sabes que lo que estás haciendo es ilegal. Por ley de la Federación no debemos hacerlo con irezumis.

—No estoy haciendo nada, “primo”, que tú no desees.

—No sabes como lamento haberte convencido de tomar ese examen genético durante la tregua de La Ranura. Desde ese día no he dejado de pensar en lo incestuoso que fue nuestro revolcón.

—Por favor. Tú eres la quinta generación del general de Tolly, yo soy descendiente directa. No tenemos casi nada en común.


La almirante se quito la chaqueta del uniforme de forma sugerente. Esto puso visiblemente nervioso al comandante, que se fue haciendo cada vez mas un puño conforme ella se separaba de la prenda y seguía con los botones de la camisa.


—Feng, por favor. Basta.


Ella se detuvo, suspiró y se sentó al lado de su contraparte.

—Yo tampoco estoy dispuesta a iniciar un incidente internacional, Lusiarte. Sólo te estaba molestando. La verdad es que lo único que quiero es hacerte un regalo. Después de todo, es Navidad para más del cuarenta por ciento de los humanos. Es un tiempo de reflexión, paz y buena voluntad.

—Sabes que odio que me llamen así, Feng.

—Por eso mismo te llamo así, Lusiarte. La verdad es que quería notificarte que descubrí cual fue mi segundo donante genético.

—¿Ya averiguaste quien fue? ¿La que corrió? ¿O la que se estampo contra la pared?


Luis no retuvo su lenga, eso molestó visiblemente a la almirante. Pero esta no se dejó amedrentar, lo obligó a sacar su dispositivo y a juntarlo con el suyo.

—Puedes verlo tú mismo.

—¿Qué es esto, Feng?

—Es mi regalo de Navidad, una grabación sináptica. La encontró una oficial postulante para ascenso entre los documentos legales de la Mari no Kiseki. ¿Quieres verlo?

—Quisiera decir que no, pero tengo curiosidad. ¿Qué es lo que voy a ver?

—Reprodúcela y te darás cuenta.


Luis dudo por un momento, pero la curiosidad pudo más. El apretó el botón de Reproducir en la pantalla principal de la habitación y lo primero que pudo ver fue una habitación de oficiales en un crucero. Pudo notar grilletes que colgaban en la pared, un uniforme de presidiaria colgado en un perchero. La cama se encontraba en el centro, las sábanas mostraban un enorme bulto que se movía constantemente, de donde salían piernas y brazos de vez en cuando. La vista cambio al tocador y pudo notar la chaqueta con el rango de almirante tirada allí.

Al instante la imagen se volteó hacia la cama. Como una erupción de entre las sábanas salto una mujer muy parecida a Feng, que con un grito de placer se revolvió como nunca lo había visto en su vida. La mujer estaba desnuda, mal cubierta por las sábanas. Sentada a horcajadas sobre unas piernas peludas, ella gimió de nuevo mientras unas hábiles manos le brindaban masaje a sus senos y a su clítoris. Ella volvió a gemir, movió sus caderas en forma circular, su piel se comenzó a tornar roja debido a la excitación y al deseo. Aunque no se veía su rostro, su amante sin duda era un hombre, que emitió un grito gutural que duro hasta que se detuvo en un jadeo constante.

—Es mi regalo de Navidad. El momento en que fui gestada.

—Entonces… Desciendes de Dao-Ming…

Ella tapo con su dedo la boca de Luis, lo miró profundamente a los ojos y lo besó apasionadamente. A partir de ese momento los amantes no prestaron atención al juego de los amantes en el video, estaban muy ocupados en su propio juego. Uno que no terminaría pronto.









Carlos Molina

viernes, 30 de agosto de 2019

Carta de Carlos Molina para la Revista de Todos

San José, Costa Rica

Querida Eva:

¿Qué puedo decir sobre la oportunidad brindada además de un sincero agradecimiento y un enorme abrazo? No creo que más, pero sigo intentando. Cuando nos conocimos por primera vez hace siete años, yo trataba de colocar mis textos en Amazon (proyecto que se deberá transformar en otra cosa) y te aproximaste a mi con la idea de participar en la revista. A pesar de que mi estilo no concuerda con los objetivos de la revista, has aceptado lo que he escrito sin muchos contratiempos y por eso estoy agradecido.

La Revista de Todos es de cada uno de los que realiza aportes en ella, esto es lo que la hace especial. Sin embargo, conforme la tecnología se mueve de nuevo hacia una percepción más gráfica de las cosas, leer se vuelve un reto para las nuevas generaciones. Así que, si no es molestia hacer la sugerencia, dada la enorme habilidad que posees para llevar a cabo presentaciones de video se podría añadir un par de vídeos estilo "audible" para un par de historias, con una animación menor; para aumentar la cantidad de público curioso e invitarlos a leer el contenido.

Bueno, al menos voy a hacerte caso. A partir de esta entrega voy a entregar algo más relacionado a tiempos modernos. A diferencia de los extractos de la Guerra del Borde Interno y de la Familia Helviana (el cual espero retomar en algún momento) no poseerá elementos fantásticos excesivos, pero que se puede decir, todos nuestros trabajos son de ficción.

Sinceramente espero que la Revista de Todos corra su turno por muchos años más, así como pueda servir de plataforma para los proyectos de todos. Y de nuevo gracias.

Se despide:




















Carlos A. Molina Velázquez


WolfWE. Aldus I. El reencuentro en Islands Restaurant.

Islands Restaurant, La Jolla.
San Diego, California.
EE. UU.
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Ella dijo que venía a las ocho de la noche. ¿Por qué todavía no ha llegado?
En una esquina del restaurante, en una mesa para dos personas, un hombre esperaba con impaciencia mientras quebraba las tiras de pan que le dieron una por una. El televisor frente a él daba la hora, eran veinte minutos por encima de las ocho. Él trataba de mantener la calma, pero la impaciencia lo consumía. Siempre se ponía nervioso en estas situaciones.
-¿Desea ordenar, señor?
-No. En cuanto llegue mi cita ordenaremos.
-Muy bien, señor. Sin embargo le recuerdo que cerramos la cocina en una hora, señor.
Él se sorprendió, volvió a ver el televisor y confirmó que eran las ocho treinta.
-Esta bien. Quiero una hamburguesa Hula y unas papas fritas con queso cheddar.
-Y para mi una ensalada de pollo a la plancha y un fresco de limonada con yerbabuena.
-Muy bien, traeré sus órdenes cuanto antes. Buenas noches, señores.
-Gracias a usted, señorita.
Su cita no le dio tiempo siquiera de pararse para recibirla, tomó asiento frente a él y calmó su respiración.
-Casi no llegas, Berly.
-El estúpido que me trajo se perdió. ¿Cómo es que en esta era de teléfonos inteligentes, localización por satélite y servicio en línea, alguien se pueda perder?
-Puede pasar.
-Estamos en una esquina, Aldus. Dio vueltas por la esquina equivocada cinco minutos.
-Cálmate, Berly. Ya llegaste. No pasa nada.
Ella le hizo caso, tomó un largo respiro y lo terminó con una sonrisa.
-¿Desde hace cuanto no nos vemos, Aldus?
-Tenemos tres años de no vernos. Desde esa Navidad hace tres años.
-Serían tres años y medio, más o menos. ¿Dime Aldus, qué has hecho en estos años?
-Bueno, después de que nos despedimos me llamaron de NOAH (Pro Wrestling NOAH). Así que como lo había perdido todo, pensé que lo mejor era cambiar de ambiente y pasé dos años en Japón.
-¿Y qué pasó con la RoC (Ring of Champions Wrestling Entertainment)?
-Me ofrecieron una suma ridícula para volver, lo han hecho desde que me fui, pero no voy a volver.
-¿Por qué no? Pensé que te gustaba trabajar con esa empresa.
-Volvieron a contratar a Zek ese enero.

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La sonrisa de la mujer desapareció al escuchar ese nombre. Como en ese momento llegaron las papas fritas, ella tomó el tenedor de su puesto y comenzó a devorarlas con evidentes nervios.
-Berly, son mis papas.
-¡Perdón!
-Es broma, toma las que quieras.
Ambos guardaron silencio. Pero cuando terminaron sus diferentes platos, Aldus consideró que era hora de que ambos enfrentaran ese asunto.
-Todavía te pone los nervios de punta su nombre.
-Ese maldito se puede ir al infierno. Que lo perdone Dios, porque no lo voy a perdonar, nunca.
-Zek tiene muchas cosas malas, Berly. Pero la verdad, creo que le estás dando demasiada importancia.
-Sólo una cosa buena salió de mi maldita relación con ese estúpido. ¡Tú!
De nuevo ambos guardaron silencio y evitaron mirarse. Estaban visiblemente apenados por la confesión de la muchacha. Pero de nuevo la camarera interrumpió el incómodo momento al hacer su trabajo.
-Puedo retirar los platos. ¿Van a pedir postres?
-Claro. ¿Cuáles son los postres en el menú?
-Sólo nos queda pastel de queso con frambuesas, flan de coco, helado de vainilla y tiramizú
-¿Quiero un tiramizu?
-¿Me puede dar el pastel de queso con frambuesas caliente con helados encima?
-Claro, señor.
-¿Siempre te ha gustado comer, no es así Aldus?
-No puedo evitarlo. Conoces muy bien mi empleo. No te preocupes, hago pesas una hora y aeróbicos otra para mantenerme en forma, así que no me pasará nada. Pero no me has dicho aún que has hecho todo este tiempo.
-Bueno... -exclamó ella con mucha pena. -La gira mundial del Gran Samarkand fue un éxito, estuve un año con el equipo y fue maravilloso. Pero, lamentablemente las cosas buenas llegan a su fin. Cuando nos preparábamos para la segunda temporada él decidió retirarse del escenario y todos nos quedamos sin trabajo. Pasé una temporada en Europa, hasta que uno de los productores de la gira me trajo de regreso a California. He tenido dos papeles menores en películas de bajo presupuesto y acabo de terminar el rodaje de la primera temporada de una serie de ciencia ficción.
-¡En serio! Es fantástico. Te ha ido muy bien.
-No tanto. Sólo aparezco como en dos capítulos de la serie. Ni siquiera soy un personaje importante. Sólo me contrataron porque era alta.
-Eso es mejor que nada. Mucha gente daría lo que fuera por ser parte de Hollywood. Es un gran primer paso.
-¡Espero! La serie va a salir al aire en el último cuarto. Son trece episodios.
-¿Y cómo se llama para verla?
-No estoy segura...
-¿Trabajas en una serie de televisión y no sabes su nombre?
-Te dije que era un papel pequeño. Era tan pequeño que no lo recuerdo, pero si recuerdo el pago.
Conforme llegaron los postres, ambos comieron mientras continuaban su conversación.
-¿Y continúas luchando en Japón?
-No. Cuando expiró mi contrato de dos años, me pasé a la CLAA (Consejo de Lucha, Asistencia y Asesoría).
-Un momento. ¿Eso es en México, verdad?
-Si, esa promoción de lucha es mexicana.
-¿Eso quiere decir que te están dejando ver a tu hija?
-¡Correcto!
-Me encantaría verla. Debe estar enorme.
-Ya tiene cinco años. Por cierto, tengo la custodia por esta semana. Está en el apartamento.
-En serio. ¿Puedo verla?
-Claro. Estamos a veinte minutos caminando. Debe estar jugando.
-¿No la dejaste sola, verdad?
-¡No! La está cuidando una amiga en el apartamento contiguo.
-¿Quién? ¿La conozco?
-Claro que si. Keiko la está cuidando.
Berly respiró tranquila al escuchar el nombre. Aldus aprovechó la pausa para pedir la cuenta.
-¿Cómo estuvo todo, señores?
-Estuvo delicioso, señorita.
-¿Todo en una misma cuenta?
-¡Cuentas separadas!
-Entonces, pueden pagar en la caja. Pasen una feliz noche.
Ambos pagaron por separado y dejaron una generosa propina a la camarera por sus servicios. Como la noche era fresca y seca, Aldus tomó de la mano a Berly y ella se dejó guiar por él.
-Cinco años. Ya tiene cinco años. ¿Y pudieron decidir el nombre?
-Si. Ahora se llama Sirena Espinela Rodríguez de la Piedra en México, y Sirene Sunden en EE. UU.
-Me alegra. Sirene es muy bonito nombre. ¿Y cómo te ha ido a ti? ¿Tienes pareja?
-No, nada formal. Sigo soltero.
Ella se alegró al escuchar esa noticia, sujetó su mano con firmeza y la acarició con su dedo pulgar .
-Yo tampoco he tenido nada formal en estos años. ¿Todavía recuerdas la noche de Navidad en que nos despedimos?
-Todas los días...
A Berly se le subieron los colores al rostro, eso le provocó a Aldus una leve carcajada. Ambos guardaron un incómodo silencio por el resto de su caminata. Pero tal como lo dijo, en veinte minutos llegaron a la Villa La Joya Palms, un conjunto de edificios de apartamentos que también funcionaban como casas. Ellos entraron a uno de los edificios, él sacó la tarjeta, activó el elevador y ambos ingresaron. Cuando se confirmó que era el último piso, él la tomó de las manos y la acorraló contra la pared del elevador.

Berly: ¿Todavía recuerdas la noche de Navidad que nos despedimos?
Aldus: Todos los días... y todas las noches.
-... y todas las noches.
Aldus se atrevió a besarla, ella no lo rechazó. Tres años de sentimientos reprimdos, tres años de deseo se liberaron todos en ese beso. Ambos se abrazaron, sus brazos no se detuvieron y exploraron cada uno de sus cuerpos. Conforme intentaban con torpeza de liberarse de la ropa que los separaba, ellos exploraron a profundidad cada parte que podían liberar. Ella acarició su pecho bien formado, él mordió su cuello levemente, ella deslizó sus manos hacia su cinturón, él liberó el seguro de su sostén y acarició sus senos.
En cuanto se abrió la puerta del elevador, ambos agradecieron no ver a nadie a la vista. Conforme ella deslizaba sus manos hacia su trasero, él pellizcó uno de sus pezones, ella liberó un delicioso gemido que lo excitó. Conforme ella perdía sus manos entre sus piernas, él sacó la tarjeta de su apartamento y a duras penas abrió la puerta. Pero en el instante en que sus pantalones cayeron al suelo, una voz femenina e infantil lo recibió desde el interior.
-Buenas noches, Aldus. No pensé que estarías ocupado, pillín.
La piel se le erizó a Aldus. Ambos se detuvieron, volvieron la vista y notaron a la chiquilla vestida de lolita gótica, que con su pesado maquillaje sonrió maliciosa por el efecto esperado que su voz produjo en los amantes.


Carlos A. Molina Velázquez

domingo, 16 de junio de 2019

Fran Tallerman - Escape del Het'Mandje

La Colonia I de Lespk tiene ese nombre porque era la primera del arreglo entre sus pares. No sólo era una de las más grandes, su generador de microondas a partir de energía solar alimentaban al resto de las colonias que están bajo su “sombra”. Debido a su posición fue la elegida por la infantería del general Lillith Tallerman para acuartelarse durante su escape de territorio oreliano. Ahora que no se encuentran, los carteles de reclutamiento en todas partes recordaban a todos que la guerra continuaba, aunque no quisieran admitirlo.

Esto es especialmente ominoso para los que se encontraban en edad de recluta. Los muchachos y los jóvenes adultos estaban conscientes de que pronto comenzaría la lotería; ni el sexo ni la posición social serían disculpas para ninguno, porque la guerra amenazaba con destruirlo todo y no había otra opción más que pelear.

Ante la revelación de que pronto perderían su libertad y si no tenían suerte su vida, miles de muchachos se aproximaron a la única ciudad de la colonia, Li’Chestea; ya fuese para reclutarse o para divertirse. No era casualidad que los centros de reclutamiento se encontraran en la misma calle que Los Dos Klics de la Perdición; la concentración más grande de bares, clubes nocturnos y salones de baile de toda la colonia.

Para Fran Tallerman esto era la norma. El hacinamiento era la norma. Calles infinitas llenas de bares eran la norma. Como una niña de bien ella no debía acercarse a esos antros de perdición. Pero su padre no estaba, como tampoco estaba la madre de sus compañeros de travesuras. Estaban bajo la supervisión del tío ausente de los muchachos. Esto era una invitación a las travesuras y el descarrió. Esa noche decidieron jugar a adultos, salir a una discoteca en esa calle, sin permiso por supuesto. Por eso se vistieron de forma estrafalaria; ella de rosa, Jean de negro y Pierre con un vestido rojo de su madre. Por su mente pasaban muchas cosas, culpa por hacerle caso a los gemelos, remordimiento por sedar a su hermana para dejarla en la casa, miedo por lo que fuese a pasar en ese sitio sólo para adultos.

–Esto es una mala idea.

–Opino lo mismo Pierre, esto es una mala idea.

–No me arruinen la diversión, chicos– contestó el muchacho mientras se acomodaba la falda. –Además, te dije que el Het’Mandje tiene tres pistas de baile geniales. ¿O ahora ya no quieres bailar? Buhh… Buhh…

Fran odiaba ser tan transparente. Realmente le incomodaba la diminuta camiseta rosa que mostraba su vientre, temía que se notara su pierna sustituta con la falda que usaba. Pero quería bailar, así que con una aspiración guardó silencio hasta que llegaron a la puerta de metal de un edificio clásico de tres pisos. Phillipe fue quien se adelantó y tocó tres veces. Una hendija se abrió en la puerta, este pasó un tiquete y tras una bulliciosa secuencia de ruidos incómodos la puerta se abrió y los dejó pasar.


Allí fue donde ella se maravilló. Era cierto lo que le había dicho, el lugar tenía tres plantas, con inmensas salas de baile interpuestas una encima de otra. En la primera planta bailaban los travestidos, lo hacían con una gracia y naturalidad que la sonrojaban. En los otros dos pisos había comensales bebiendo o bailando, fuesen hombres o mujeres, en parejas o solos, pasaban un buen rato dentro del local.

–Jean, vamos a bailar.

–No, Fran… Ve tú.

–Pero…

Ella quiso continuar, pero sabía que Jean estaba realmente apenado y no se sentía en la capacidad de complacerla. Tras un suspiro, ella subió al segundo piso y bailó en la pista al ritmo de la música. Tenía tanto tiempo de no hacerla que se dejó llevar por el ambiente. Ella apenas se dio cuenta cuando tuvo pareja, lo aceptó de buena gana y ambos bailaron con todas sus fuerzas. Hasta que en una vuelta de pronto se tropezó con una figura alta de negro. Por un momento sintió real temor, hasta que logró identificarlo.

¡Jean!

Ella enlazó su corazón con el de su pareja y ambos bailaron hasta perderse. Ninguno se percató de que tocaban una pieza suave. Conforme seguía la música ella se abandonó en sus brazos y permitió que el ambiente la envolviera. Mientras moría la canción, su compañero usó la mano para subir su rostro. Sus ojos se fijaron entre sí en un momento que le pareció eterno.

Vamos, Jean... Bésala... Tú puedes hacerlo, hermano.

Fran no pudo contener la carcajada. Él la acompañó. Ambos conservaron su sonrisa por un instante, ella cerró los ojos, apretó la boca y esperó el beso prometido. Pero en ese momento la luz hirió sus ojos cerrados.

–Jean… Es una redada… Saca a Francisca por el baño de hombres… No permitas que los atrapen o su padre nos mata...

Sabía que era una mala idea. Ella tomó de la mano a Jean y se dejó guiar. Ante las luces parpadeantes y los sonidos estridentes, lograron llegar al baño pero la puerta de emergencias estaba cerrada con un candado. Podía sentir la desesperación de Jean al ver la puerta, por lo que con un suave gesto lo apartó.

–Cúbrete.

El sistema controlador de su pierna izquierda calculó la fuerza necesaria, su patada hizo pedazos el cerrojo. Ella lo tomó de nuevo de la mano, salió por la puerta y activó la habilidad de percibir los pensamientos en toda su capacidad. Con ella pudo sortear a los oficiales que estaban esperando en la salida de emergencia al subir unas escaleras, salieron por el segundo piso de un apartamento a un callejón. Recorrieron el callejón por un largo rato hasta que su mente dejó de percibir a las autoridades. Con la calle principal a la vista, ambos repusieron su aliento contra una pared, cuando lo recuperó tuvo a la vista a su pareja y recibió sus impresiones mentales de golpe. Él no solo la deseaba, la adoraba, su corazón la amaba locamente, pero no tenía la capacidad de decírselo. Muchas cosas pasaban por su mente, pero su mayor temor era que no lo correspondiera.


No lo pensó dos veces. Ella lo abrazó con pasión y lo besó atropelladamente. Ella también lo amaba. Adoraba su amabilidad, el cariño con su familia las había recibido a ella y a su hermana. Pero lo amaba a él, a su timidez y a su forma de decir las cosas en silencio. En ese momento Jean se abrió y ambos expresaron el enorme cariño que sentían el uno por el otro.

Jean dio el siguiente paso. Sus manos bajaron a sus caderas, pudo sentir que estaba emocionado por todo lo que estaba pasando, esto la asustó. Por eso puso su mano sobre su pecho y apartó su beso con delicadeza. Lo que la sorprendió fue que él también lo hizo.

–Paraste… ¿Por qué?

–Phillipe… Mi hermano me ha explicado el idioma de las manos. Si la mujer pone la palma sobre tu pecho quiere distancia. Debes dársela.

–Tú hermano es especial. Tiene ese don para comprender las cosas. Es una lástima que tu madre nunca vaya a pagar por su sueño debido a su formación moral.

–Nunca te hemos dicho eso.

Fran sintió como un balde de agua fría caía sobre su cuerpo. Sabía que había metido la pata, su padre se lo había advertido claramente. No todos verían de la misma forma que ella descendía de una irezumi, muchos la odiarían si la descubrieran. Pero su pareja acarició su cabello y esbozo una sonrisa pícara.

–Lo supe desde el día que te conocí en el hospital de campaña. El doctor mencionó que tu pierna era un modelo reciente, exclusivo de las irezumis. Se los dije a mi madre y a Phillipe ese mismo día.

–¡No sabes que fisgonear es una mala costumbre!

–También escuché cuando le confirmaste al doctor que tu madre probablemente era de esa especie. La pregunta es, ¿por qué lo ocultaste?

–Nuestros padres nos advirtieron nunca revelar que poseemos estos dones. Creía que mi madre era una clase de experimento, mis poderes y los de mi hermana eran heredados. Pero cuando perdí la pierna en el nodo 350, las irezumis me hicieron un examen y resultó que mi madre era una exiliada de esa especie... Eso es lo que me produce más temor. Las irezumis son monstruos sin moral. Yo también seré un monstruo ajeno de moral…

–No he visto a una irezumi que sea fea. ¡Serás un monstruo hermoso!

Un codazo bien colocado en el brazo fue su única respuesta. Pero su molestia se cambió a risa cuando él no pudo evitar las carcajadas. Ambos rieron por un rato, tras lo que repuso.

–Invitame a algo dulce y te perdono.

–Trato hecho.

Ella permitió que la tomara de la mano y ambos salieron a la calle, a buscar un lugar donde comer, donde conversar y donde pasar tiempo de calidad. Pero ambos sabían que sea lo que fuese a pasar, habían dado el primer paso en un camino que recorrerían juntos.


Carlos A. Molina Velázquez

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