Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

viernes, 17 de mayo de 2019

Firma de María José Prieto en Literania.


Buenas tardes a todos los lectores de La Revista de Todos. Hoy es el día de mi cumpleaños y aún así no dejo de trabajar en lo que más me gusta.

Conforme más la gente quiere que esté presente en los eventos literarios os lo juro que me siento más pequeña y sin entender el por qué requieren mi presencia, cuando no soy nadie. Solamente soy alguien que ama este loco mundo de las letras.

A las 7:30 de la mañana ya estaba sonando mi despertador. Todavía quedaba media hora para mi cumpleaños, ya que hasta las 8:00 de la mañana no salí de las entrañas de mi madre. 

Recogí la casa, me arreglé, desayuné en el bar y estuve en la academia… intentando concentrarme pese a los mensajes que no cesaban de llegarme. Aún así los dos exámenes de hoy, los he aprobado. Cuando se dieron la 13:00 abandoné la academia y me fui andando a Literania (Gran Vía 13), donde había quedado con Silvia de Esstudioediciones. La verdad es que es una mujer que aunque es la tercera vez que la veo me transmite lo que más me gusta en las personas: verdad.
Me presentó a María José Prieto, que es la autora que estaba firmando en ese momento. Me pareció una señora muy tierna y aunque quiera vender su seguridad, no la tiene. Pero aún así… me encantó conocerla. No sé si este reportaje lo llegarás a leer, pero… si lo llegas a ver, decirte que la sencillez y la espontaneidad venden más. Y cuando subiste a presentar tu libro, solo en ese instante me convenciste más que en todo el anterior rato que estuvimos departiendo. Y aunque soy una inexperta, permíteme estas palabras: —La sencillez impacta siempre mucho más—. Sin lugar a dudas tus dos obras: Nostalgia y espiritualidad y Retazos de Intriga y misterio. Son dos obras aunque completamente diferentes la una de la otra, tienen un nexo en común. Una autora que en la “atalaya” de su vida quizás sea en este mundo de letras donde encuentre su verdadera identidad.
            


Entiendo que demandéis la presencia de La Revista de Todos, pero también espero que vosotros comprendáis… que ya no puedo estirar más el tiempo, de lo que en ocasiones lo estiro.

Gracias Silvia de Esstudioediciones por tu amabilidad, amabilidad que te pido que traslades a tu marido.

Espero que este reportaje diferente os haya gustado.







Hasta el 8 de junio que el padrino de La Revista de Todos (Luis Anguita Juega), nos deleite con su presencia en la Feria del libro de Madrid, esta indómita reportera ya no volverá a cubrir ningún reportaje. El día 16 de junio que será cuando la revista haga su especial de verano está a la vuelta de la esquina y habéis de perdonarme, pero mi Revista, es mi prioridad junto con mi novela.


Como siempre y una vez más, salud y suerte.

Eva Mª Maisanava Trobo











jueves, 16 de mayo de 2019

Reportaje de firmas de Manuel Barranco Roda (Lolotónico) el pasado 12 de mayo en la Feria del Libro de Pozuelo de Alarcón.


Jueves 16/05/2019

Sé que es tarde, muy tarde, pero como diría mi sobrino en épocas de exámenes… no me da la vida para más.

Me hubiese gustado escribir este reportaje en caliente, como una buena reseña, pero soy humana, respiro, como, duermo, estudio, trabajo en la revista, llevo la casa, quedo con amigos, eventos literarios, etc. Y no dispongo de tanto tiempo libre como en verdad me gustaría. Es más creo que a este paso mi novela será como “La sagrada familia”, porque no sé como estirar más el tiempo para escribir y eso que es lo único que en verdad me llena y me hace feliz.

Pero ya se me cae la cara de vergüenza, porque si este reportaje estuviera dedicado a un escritor, que no me importa, no me sentiría como ahora me siento, pero cuando estamos hablando de que el escritor es amigo desde la infancia, compañero de La Revista de Todos, y sobre todo “un corazón con piernas”, me duele enormemente no haber tenido tiempo para poderlo escribir antes.

Esta mañana al venir de la academia pasé por la Avenida de Europa y los recuerdos se hicieron presentes. El pasado domingo 12 de mayo después de hacer la paella, comer con mi marido e intentar estar “visible”, de nuevo, me vestí de reportera y me fui a cubrir el reportaje de la firma de Manuel Barrando Roda (Lolotónico) que comenzaba a las 17:00 de la tarde. Mientras iba caminando por el bulevar y ya acercándome a la feria escuche por megafonía que anunciaban su nombre y la caseta donde iba a estar firmando. Evidentemente ya sabía que iba a estar en la caseta de autores locales, donde yo estuve hace ya unos añitos. —¿Sabéis lo que es sentir orgullo, alegría y lágrimas de felicidad?— Pues todo eso es lo que yo sentí cuando lo escuché. Y es que es verdaderamente complicado encontrar un escritor con corazón,  buena pluma y humanidad… porque mi amigo, es una persona que lo da todo por hacer sonreír a los demás, un amigo que está no solo para tomar un café, sino cuando estás triste y necesitas hablar.
            
No suelo hablar de mi vida personal, salvo por encima, de lo que quiero y a quién quiero, pero en esta ocasión más que tenga la obligación de hacerlo, es que siento que debo hacerlo.
            
Hace muchos años yo estuve saliendo con un chico que también fue compañero de colegio de Manuel, cuando alguna vez hablamos de él, me dijo: Mira este flipado de la vida, escribiendo poemas, siendo un camarero y encima se creerá alguien.
            
—¡Qué pena— que quién me lo dijo puede llegar a salvar vidas porque es su profesión y sin embargo, su cerebro y su corazón deberían de ser trasplantados por alguien que al igual que mi amigo Barranco sabe comprender porque tiene cerebro y enamorar con sus palabras, porque tiene corazón.
          
Y es que la diplomatura, no te hace ni mejor persona, ni más importante que ningún otra persona que tenga menos estudios que tú…
            
¡No escribiré más! Recordar estas palabras me hicieron llorar… No sé como pude salir con alguien así. En fin, hay que follarse a muchos sapos antes de dar con el príncipe adecuado.
            
Espero que este reportaje un poco diferente os haya gustado. Por lo menos a mí me ha servido para darme cuenta de lo necia y ciega que estuve hace un tiempo.

            
Como siempre y una vez más, salud y suerte.
           
            Eva Mª Maisanava Trobo



lunes, 13 de mayo de 2019

Reportaje de firmas de Luis Anguita Juega en Alicante. 11/05/2019


Madrid 13 de mayo del 2019

Luis Anguita Juega y mi tata. Mis pilares.
Como ya sabréis La Revista de Todos, gracias, a mi tata María del Carmen García Sales que se trasladó el pasado 11 de mayo a la librería 80 mundo de Alicante, para realizar estas fotos, hoy podemos publicar el reportaje. Pero la complejidad viene cuando yo, la directora, no ha estado para saber que se vivió en realidad. Así que una vez más haré el reportaje fuera de la profesionalidad, dejando a un lado la razón para escribir solamente como yo sé con el corazón y con la ayuda de un gorrión que ha sido mis ojos y mis oídos ese día.

Como todos sabéis mi “padrino” Luis es un escritor entrañable, asequible, sencillo, y por encima de todo muy humano, sin dejar de atender a todos lo que estaban presentes uno por uno y contestando a todas las preguntas que le realizaban.

Como bien dice él, se menciona a sí mismo no como un escritor, —que son palabras mayores— sino más bien como un narrador de historias: de historias sencillas, con personajes de la misma manera que él lo es: transparente, claro y sin ambages. Logrando que cada una de sus historia en ocasiones sean tan reales como la vida misma.
Luis Anguita Juega con un ejemplar de Te Quise Ayer.
            
En su última novela “Te quise ayer” aparecen personajes de sus otros libros en momentos puntuales y que sin duda alguna como siempre nos sorprenderán…

Una señora le llegó a preguntar el por qué no escribía poemas, y sin embargo ya ha escrito uno y bastante bueno que ha servido sin duda de antesala, por lo que tengo ni la menor duda que algún día saque un poemario.

Hace tiempo me dijo que él no se atrevería a escribir erotismo… ¡Jajaja! Y resulta que aquí mi “amigo” nos puso a todas bastantes… tontorronas y por qué no escribirlo “cachondas”
            
Estoy convencida de que también será capaz de susurrarnos al oído y enamorarnos con un poemario suyo y sino al tiempo…
           
Espero que este reportaje os haya gustado.
            
Como siempre y una vez más, salud y suerte.

Eva Mª Maisanava Trobo


















viernes, 10 de mayo de 2019

Reportarte en la Feria del Libro en Pozuelo de Alarcón de "La madrina" de La Revista de Todos.



Hace mucho tiempo que La Revista de Todos no salía a la calle para cubrir un evento literario. Ya sabéis que por temas personales estuve bastante tiempo alejada del mundo literario, mi mundo, y el de muchas personas con las que comparto esta pasión.

Hay muchas escritoras en España, pero La Revista de Todos tiene a una gran escritora por bandera y por madrina. —¡Y cómo no íbamos a cubrir su reportaje!—. Para muchos de sus seguidores es María del Carmen Aranda, pero para mí… siempre será “mi madrina”, como para muchos de vosotros/as sé que soy más la directora de La Revista de Todos, que Evita; que no es sino esta mujer que desde la humildad siempre ha estado para ayudar a la gente que vale la pena, y ¡ojo! que al igual que yo, ofrezcan su verdad.
            
Podría escribir este reportaje como una profesional, pero quiero hacerlo desde otro prisma, desde esa mujer que siempre ha tenido cariño a la madrina. Permitirme entonces que el reportaje lo haga de mujer a mujer y no de escritora (Directora de La Revista de Todos) a escritora ya más que consagrada.
            
María del Carmen Aranda. "Nuestra madrina"
Hace ya unos días había quedado con la “madrina” para ir a verla en Literania en Gran Vía 13, donde estará el próximo 17 de mayo y donde os esperará como siempre para firmaros ejemplares y para charlar como siempre hace; pero al enterarme que firmaba en Pozuelo que es donde vive esta indómita reportera no podía perderme tal ocasión, primero por verla… porque aunque no la vea a menudo la quiero con locura, y segundo aunque no menos importante porque echaba de menos esas cosquillas que siento cuando me meto en el papel de reportera y con el móvil en la mano intento captar la mejores fotos y acompañarlas con unas sencillas letras para poder contaros lo maravilloso que es moverse de nuevo en mi mundo, en el mundo de las letras.

Como todas las mañanas me levanté para ir a la academia y he de confesar que nerviosa, porque tenía muchas ganas de verla. Llegué a casa, hice la comida, comí con mi marido y ya entonces dejé a la “ama de casa”, nunca mejor dicho en casa, para ser de nuevo esta loca reportera que en ocasiones no sabe que es la “vergüenza” para daros a todos lo que de mí siempre tendréis: verdad.

Cuando llegué a la caseta de Esstudioediciones pregunté por ella y al ver que no estaba hice un poco de tiempo hasta que viniera. —¡Tantos años sin verla!—, que esperarla un poco más no me iba a suponer nada. Hubo un momento en el que se me acercó Silvia de Esstudio ediciones y qué gracioso que me conociera por La Revista de Todos y no por mi nombre, pero eso me llena de orgullo, porque no es sino el resultado de casi siete años de entrega trabajando para el blog y ayudando a promocionar a muchos escritores ofreciéndoles un escaparate en el que a día de hoy nos siguen abalando más de 1000 visitas en una semana.

Al rato vino y esa sensación no sé como describírosla… Nervios, felicidad, lágrimas contenidas. Tantos sentimientos han aflorado en un solo instante.

Y es cierto madrina lo que hemos hablado de que muchas veces no necesitas ver a las personas constantemente para apreciarlas. Y tú te sabes hacer querer y yo… para qué negarlo, también. Sabes que La Revista de Todos y yo, somos un poco Guadiana, pero cuando tenemos que estar, estamos. Y aunque no se me oiga, no se sepa de mí, siempre estoy pendiente de las personas a las que quiero, y a ti… “Te quiero”.

Con el libro de "Susurros al aire" de María del Carmen Aranda
Es un verdadero placer cubrir el reportaje de la escritora María del Carmen Aranda, autora de “La quinta Clave. Encuentra lo que siempre has buscado”, “Flores entre escombros”, “Ventanas al mundo” y “Susurros al aire”, pero sobre todo y habéis de perdonarme sus lectores, es un auténtico lujo cubrir el reportaje de la “madrina” de La Revista de Todos. 
            
El lunes haré el vídeo con el resto de las fotos que he tomado, espero que las fotos os gusten. Pero al igual que una buena reseña se ha de escribir en caliente, cuando los sentimiento están a flor de piel, este reportaje lo tenía que hacer ahora, cuando todavía el corazón me late rápidamente.

Ha sido maravilloso estar haciendo las veces de reportera. —¡Cuánto lo echaba de menos!—. 




Desde ya os anuncio que el próximo 11 de mayo La Revista de Todos cubrirá el reportaje de la firma de ejemplares de Luis Anguita Juega —el padrino de la revista—.

¡Os esperamos el próximo 11 de mayo, de 11 a 12 horas, en la librería "80 Mundos", en Alicante, con "Te quise ayer"

¡No nos falléis!



jueves, 25 de abril de 2019

La Revista de Todos. Especial Verano.


Aunque sé que todavía queda mucho tiempo prefiero ir anunciando ya cuando será el siguiente especial que La Revista de Todos hará, que será el próximo 16 de junio.


Quien quiera participar, lo puede hacer enviando su aportación antes del 1 de junio a cualquiera de las siguientes direcciones de correo electrónico:

larevistadetodos@hotmail.es 
el_rincon_de_eva@hotmail.com

En el asunto tendréis que poner: 
"Colaboración revista".

Cada texto tendrá que ir acompañado de una ilustración.

¡Cuento con vosotros! ¡Gracias!

Como siempre y una vez más, salud y suerte.
















Eva Mª Maisanava Trobo


martes, 23 de abril de 2019

Escorts: Giselle, permitame hacerla el amor.



Eran las ocho de la mañana y me encontraba en la cocina preparando el desayuno a mi hijo, hoy le había dado el día libre a la asistenta. Abrahán había pasado mala noche, y no quería que fuera al colegio encontrándose mal. —¡Cómo me dolía cada vez que enfermaba!—. Aunque realmente desde que salió de mis entrañas ya no he vuelto a saber qué es vivir tranquila, y mucho menos a dormir de un tirón. Con cada suspiro me desvelo, incluso a veces me despierto sólo para verle. Jamás pensé que se podría llegar a querer tanto a alguien como le quiero a él. Y es que gracias a la maternidad me he dado cuenta de que solo él es el amor de mi vida, y todos los demás meros sucedáneos.

Aunque Davinia y yo habíamos dejado la relación, era tanto el afecto que mi hijo sentía por ella, que hasta decía que era su segunda mamá y para no hacerle daño al niño habíamos establecido un régimen de visitas. Y hoy le tocaba a ella estar con Abrahán. Sentía un nudo en el estómago, mi hijo, crecía por días y yo sin querer me imaginaba mi vida el día de mañana sin él, y estar sola es algo que no me gustaba. —Era la primera vez en mi vida que sentía miedo. ¡Sí!, la soledad me da miedo—.

Acababa de terminar de hacer el desayuno, cuando Davinia llamó al telefonillo.

Seguía siendo esa mujer espectacular que me cautivó desde el día en que me formó para ser una de las mejores y más cotizadas profesionales de Madrid. Su pelo moreno, sus ojos verdes, sus pechos, todo en ella me seguía seduciendo. Todavía la deseaba, aunque nuestra forma de ser era la que se había encargado de que tomásemos la decisión de dejar la relación, pero… qué no hubiera dado por besarla de nuevo.

—Davinia, ¿por qué no has abierto con las llaves?—la dije mientras que nos dábamos un par de besos.

—He cambiado de bolso y me las he dejado en el otro. ¿Qué tal Abrahán? ¿Cómo se encuentra?

—Mejor. La cena de ayer no le sentó bien, pero ya está mucho mejor. Espera que subo avisarle.

—Giselle, espera, yo…

Cuando me quise dar cuenta los labios de Davinia estaban posados sobre los míos. Nos empezamos a besar como si fuera lo último que fuésemos hacer en la vida. Me indicó que me sentase en la mesa de la cocina y una vez allí, se encargó de levantarme el camisón que llevaba dejando mis senos al descubierto. De nuevo volví a sentir la maravillosa sensación de sentir sus labios sobre mis pezones y su lengua traviesa haciendo que me excitase cada vez más… Nadie, ni Musa, ni ningún cliente, eran capaces de con tan solo excitar mis pezones llevarme al clímax. —¡Cuánto la deseaba!—.

En ese instante sonó la voz de mi hijo.

—¡Mamá! ¿Ha venido ya Davinia?

El tener un hijo de siete años es lo que tiene, que cuando menos te lo esperas escuchas esa vocecilla que hace que vuelvas a la realidad. Davinia y yo nos miramos cómplices y soltando una carcajada a la vez. Me bajé de la mesa, me puse el camisón rápidamente y subí a por él a la habitación.

Cuando los vi montarse en el coche y ver como se alejaban, el vacío y la soledad se apoderan otra vez de mí. Los años pasaban tan rápido que desearía tener el poder de parar el tiempo para que mi hijo siempre estuviese a mi lado, pero era y es ley de vida verle crecer y con el tiempo… alejarse de mi lado.

Todavía no había recibido contestación al mail que le mandé al Sr. Rodríguez y a estas alturas ya estaba convencida de que ni tan siquiera lo habría leído.

Aproveché las escasas horas en que iba a estar sola porque me venían muy bien para pensar… Decidí tomar un baño de sales que tanto me relajaba. Cuando me desnudé y me observé ante el espejo comencé a llorar. La maternidad había hecho mella en mi cuerpo, mis pechos ya no estaban tan firmes, ni eran tan tersos y mi vientre estaba lleno de estrías. Nada quedaba de esa belleza insultante y arrolladora que tenía hace siete años. Pero cuando recordaba la sonrisa de mi hijo, nada de eso me importaba. Ahora con casi cuarenta y tres años me sentía más segura y más mujer que nunca, pese a no tener la belleza que antes tenía.
        
Todavía aún sentía en mis pezones la sensación de los pequeños mordiscos que Davinia me
produjo antes de que mi hijo llamase con su voz nuestra atención. Llevaba tanto tiempo sin sentir verdaderamente placer desde que fui madre que cualquier caricia por superficial que fuese me hacía estremecer. Era tanta la necesidad de sentirme viva, de gemir como solo entre los brazos de ella lo conseguía, que no pude evitar acariciar mi clítoris sintiendo como se endurecía, mientras que las pulsaciones se me iban acelerando y con ellas mi respiración entrecortando. Necesita de nuevo sentir el temblor de mis piernas, y la sensación de morir para después renacer sintiendo de nuevo el placer. Cada vez iba aumentando la velocidad del movimiento de mis dedos, curvándolos lo suficiente para tocar mi zona más placentera y en ese instante el flujo de mi interior se mezcló con el agua tibia de la bañera y así me quedé un buen rato, convulsionando sin poder controlar el temblor de mis piernas. Morir, para después renacer… 
           
Al salir del baño. Me dirigí al estudio, de nuevo necesitaba escribir en mi diario, cuando en ese instante un sonido que procedía de mi ordenador me llamó la atención.
          
Había recibido un mail del Sr. Rodríguez:

Apreciada Giselle;

Cierto es como bien dice que han transcurrido muchos años desde que supe que se fue de la agencia, al igual que también es cierto que durante mucho tiempo estuve preguntando por usted. Es complicado, casi imposible diría yo, encontrar a una profesional como usted, pues lo reúne todo. Me siento halagado a la par que sorprendido al no llegar a comprender el por qué ahora quiere verme, sinceramente no llego a entenderlo. Claro que sabe que la deseo Giselle, ¡qué hombre no la desea!

Usted sabe que en la vida hay situaciones en las que uno tiene sed y necesita dar un trago rápido sin apenas saborear lo bebido, pero… Giselle, usted sabe que es algo más que un sorbo rápido, a usted hay que saborearla lentamente y despacio.

Comprenda que ha irrumpido en mi vida después de tantos años y que ya tenía agendada reuniones interminables pero beneficiosas para mi empresa que no puedo eludir.

Giselle, permítame hacerla el amor aunque sea una sola vez en la vida.

El próximo dieciséis de junio estaré en Madrid. Me pondré en contacto de nuevo con usted una semana antes para indicarle donde nos reuniremos.
          
Hasta ese día soñaré despierto con sentir su respiración al compás de la mía.
         

          Siempre suyo,
          Roberto


Escrito por:
Eva Mª Maisanava Trobo


Escritores, amigos y ahora… ¡A quién le importa lo que sean ahora!



Todavía recuerdo cómo se conocieron. Fue en la presentación del libro de un amigo en común. Ella siempre había sido bastante escéptica y nunca había creído que de un evento literario al que asistía como invitada para cubrir el reportaje para el blog de literatura que dirigía, podría conocer a un hombre especial, único y diferente. Y cuando digo diferente —hacerme caso que podéis creeros a pies juntillas esa expresión—, porque sin duda alguna él es el hombre más especial que haya podido conocer en toda su vida.

Instantes antes de que la presentación comenzase, Roberto y ella se encontraban en un bar tomando un refresco. Se habían citado para hablar de literatura, un nexo en común y que siempre había sido el eje principal de sus conversaciones, en un principio por mensajes, más tarde por mail y aquel día cara a cara —mirándose a los ojos—. No sabría deciros por qué pero pude observar que ella sintió que lo conocía de toda la vida, llevaban bastante tiempo hablando y casi se acercaba la hora en la que se tenían que ir para que él presentase a Jorge, mi amigo; que seguramente ya a esas horas estaría nervioso al ver que no estaban ya en la Casa del Libro.

Han transcurrido casi seis años de aquel evento y sin embargo lo tengo tan latente que cada vez que paso por la cafetería ubicada en la Gran Vía de Madrid mi corazón se acelera, al recordar como hablaban de esa manera tan cómplice como si se conociesen de toda la vida. Él estaba casado pero aún así ella se sentía atraída, pero no quería tener problemas y más cuando su nombre se empezaba a reconocer en el mundo literario como algo más que el de una “simple bloguera”. Al terminar la presentación se despidió de Jorge dándole la enhorabuena y recibiendo consumo agrado un ejemplar que le había regalado. Había perdido de vista a Roberto, pero al instante vi que se dirigía a los ascensores para irse a su casa. Me dio la sensación de que a ella le daba impotencia por no haberse podido despedir de él, pero algo me decía que se volverían a ver tarde o temprano. Ella se encaminaba hacia donde estaban los ascensores, cuando justo vi que Roberto salía del interior de uno de ellos —todavía sigo sin saber el motivo que le hizo subir de nuevo— al salir del ascensor y al verla, decidió repentinamente entrar de nuevo y bajar con ella rumbo a la calle.

Vi como la acompañó a la boca del metro de Callao, y allí se despidieron con un par de besos y les perdí de vista. Ambos tenían una extraña sensación, no se querían ir, se hubiesen quedado más
tiempo, pero a él le esperaba su mujer y su hijo en casa, y ella tenía que regresar a casa donde vivía con sus padres para conectarse al ordenador y ponerse a trabajar en el reportaje. Durante unos meses fueron varias las ocasiones que fueron a otras presentaciones, siempre con la excusa de verse y poder estar juntos, pero sin querer ni reconocer, ni poner nombre a lo que sin saber ni cómo ni por qué les había unido. Por aquél entonces ella ya se sacaba un buen dinero haciendo vídeos promocionales de las novelas de los escritores y él le pidió también que le hiciera uno. Después del vídeo, vino un relato en común y seguían sin saber el porqué les gustaba estar juntos. Fueron varias las veces que quedaron para comer y siempre sin parar de hablar, algo que en él no era habitual, ya que era un hombre bastante tímido.

Después de unos meses en el paro, al final ella encontró trabajo y tuvo que cerrar la revista, porque comenzó a trabajar, y aunar su vida personal y profesional cada vez le resultaba más complicado. Se había distanciado de muchas personas de ese mundo, pero no tanto de él, que por una extraña razón siempre le enviaba WhatsApp con poemas que él había escrito y con todas sus novedades literarias. A ella le encantaba que lo hiciera, sé que era y es ese apoyo que tal vez su mujer no le daba y él por su parte también lo era y es para ella, ya que ni su familia, ni por aquél entonces su novio, lo entendían. Su trabajo en el departamento de recobros para una entidad bancaría la tenían completamente absorbida como para sacar tiempo para el verdadero amor de su vida, que no era otro que la literatura.

Pero llegó por fin su gran día, al final consiguió que una editorial quisiera publicar su primera novela y como no podía ser de otra manera, él fue el encargado de hacer el prólogo y como no, de presentarla. Sin duda fue el día más bonito de toda su vida. Quizás para muchas mujeres sea el verse de blanco, pero para ella, fue ese su día, el más importante de toda su vida. — ¿Tal vez porque él estaba a su lado? ¡Qué importa eso ya!—.

En ese tiempo de ausencia del mundo literario, conoció al que hoy es su marido y poco a poco se fue alejando de Roberto, pero sin poder jamás arrancarle de su pensamiento.

Pasaron muchos años sin verse hasta que una vez fue a verla al trabajo,  y allí en un parque que había frente a la oficina donde ella trabajaba, sus labios se unieron por primera vez. De sus labios jamás salió un te quiero o un te amo, pero no importaba, por fin se estaban besando. Apenas llevaba unos meses saliendo con el que entonces era su novio, pero no había ni una sombra de arrepentimiento, le quería, no podía negarlo, pese a todo, lo seguía amando.

Todos los que la conocen siempre han dicho de ella que les recuerda al Guadiana, porque a veces se la ve, otras no, pero… siempre está. Y eso es lo que la sucede cuando realmente se enamora, que por protegerse, desaparece…
          
Pasó más de un año hasta que un día ella se puso en contacto con él para ir a verle —se había cogido un día de asuntos propios—. Desayunaron juntos y de nuevo esa sensación de no querer irse… se hacía presente ante ellos.
          
Llego el día en que el que ella se casó con la intención de formar una familia y de alguna manera extirpar de su pensamiento a Roberto, pero por más que lo intentaba, todo intento era en vano, no podía, lo amaba en silencio.
          
Seguía sabiendo de él porque le seguía mandando mensajes suyos con sus poemas recitados y sus novedades literarias, de los que el gran porcentaje de las veces ni respondía. Pero que de alguna manera le venía a decir, que ni él la olvidaba, ni ella lo podía olvidar.
          
La comunicaron en su trabajo que el proyecto se acababa y su vida se resquebrajó, pese a que su amigo —el que la había recomendado y habló para trabajar en la empresa y en el proyecto que él dirigía— había contado con ella para no perder a “esa profesional” que como él decía era difícil de encontrar; tenía la decisión más que tomada. Necesitaba por una vez en su vida ser egoísta y pensar en ella, pero sobre todo en su salud.
          
Casi más de dos años sin verle y ahora más que nunca le extrañaba. Así que de nuevo se puso en contacto con él, y quedaron en verse cuando ella ya hubiese dejado de trabajar. Se vieron un día para desayunar, a la semana siguiente para comer y de nuevo desapareció de su vida porque verle hizo encender en ella todas esas brasas que creía tener controladas, pero que en contra de su voluntad se convirtieron en llamas al volverle a ver.
          
Roberto aún con todas sus idas y venidas que no sé si alcanzaba a comprender, la seguía mandando esos mensajes que tan feliz la hacían, un mensaje donde se ocultaba un: —¡Hola! Sigo aquí…—.
          
Esta vez solo pasaron unos meses cuando de nuevo le mandó un mensaje: —¿Te viene bien quedar un día para comer y charlar?—. Mensaje que obtuvo respuesta en menos de un minuto: —Buscamos día y comemos por aquí—.
          
Desde entonces y pese a que desconozco el desenlace de esta historia que empezó hace casi seis años, han decidido no huir más.
          
Quizás cuando hayas terminado de leer esta historia Roberto y ella se hayan encerrado en la habitación de un hotel con la firme decisión de por una vez en la vida no frenar, o tal vez sea que este relato esté escrito por dos personas o quizás sea el resumen de la vida personal de dos escritores, amigos y ahora…¡A quién le importa lo que sean ahora!

          
Lo único seguro es que seguirán siendo amigos, confidentes y sobre todas las cosas “escritores”.  ¡Feliz Sant Jordi!

Eva Mª Maisanava Trobo


Mirar tus ojos





Tus ojos sonríen versos
y escriben poemas en mi cuerpo
esclavo de ti.
Pero no puedo mirar tus ojos. 

Tus labios muerden palabras y besos
de fuego y caricias.
Tus labios son lenguas de fuego
que abrasan
mi piel desnuda y mi alma blanca.

Pero no puedo sentir la mirada
dulce
de tus ojos.

Mis ojos 
miran tus labios rojos
y tiemblan al sentir
la dulce prisión húmeda que los cautiva
y captura.


Tus ojos se cierran 
cuando tus labios muerden
sangre y pasión derramada.
Y yo quiero acariciar tu cuerpo
que se desvanece 
como el aire, como el alma
si te vas.

Tus ojos se ocultan y no puedo mirar.
No puedo vivir sin esa mirada
oculto misterio,
que desaparece en cada suspiro.

Vuelve a mirar mujer de cielo,
abre tus labios frescos
y despierta el pulso yermo
de mi corazón sonámbulo.

Ojos, labios, vida, sangre herida.

No puedo vivir sin mirar.



Poema de Fernando Alonso Barahona

https://fernandoalonsobarahona.blogspot.com/





















No busquéis más a Federico, no le busquéis.




Que lo encontramos hace mucho en la memoria
de los versos y los verbos de la historia,
cuando el viento se llevó sus algodones
y en el cielo florecieron sus poemas por jirones.

No busquéis más a Federico, no le busquéis.

Que sus ojos me acompañan desde siempre
en el aliento de la mirada de su voz
escrita en lienzos blancos de dolor
con tintas de cariño y palabras de amor.

No busquéis más a Federico, no le busquéis.

Sin su cuerpo en una caja su vida sigue viva,
latiendo en cada lágrima que se derrama,
en cada suspiro por su ausencia,
en cada ahogo del sinfín de mi alma yerma.

No busquéis más a Federico, no le busquéis.

Dejadle en las esquinas del recuerdo,
mientras mis ojos queman las lecturas de sus versos,
en la esperanza opaca de un sueño eterno.
Convertid su alma en un puñado de tierra y estoy muerto.

No busquéis más a Federico, no le busquéis.
Dejadle vivo en mis recuerdos.




Del Poemario inédito de Ferran Garrido

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