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viernes, 21 de diciembre de 2018

La Navidad siempre.


La Navidad siempre será una fecha especial e inolvidable dentro de mí.

Puede ser que con el paso de los años ese sentir parezca que haya cambiado...

El recorrido que hemos hecho en la vida, la inocencia perdida y sobre todo por el dolor de saber que alguno de nuestros seres más queridos ya no están presentes, hacen que todo sea distinto. Cuando me planteo si sigue en mí ese espíritu, esa magia, me paro a pensar, cierro los ojos... Siempre lo hago cuando quiero recordar algo.

Entonces veo de nuevo el color de las luces encendidas en el árbol, mirando por la ventana o recorriendo las calles. Veo las bolas de colores, los espumillones con los que nos hacíamos collares mientras decorábamos nuestra casa. Siento el olor a Navidad, porque sí, la Navidad tiene un aroma especial, a turrón, a comidas hechas en el horno, a bombones, a chocolate...


Y sin saber cómo me embargan esos valores propios de esas fechas, el de la bondad, la amistad, el amor, la felicidad y es en ese momento cuando la alegría que respiro es la que sentía entonces.

Escucho como si fuera ahora mismo, los villancicos que mi madre ponía en el tocadiscos para ambientar la casa, siempre lo hacía...
Y oigo cómo me dice...
            
—Venga hija, ponte el abrigo que vamos a la plaza —así le llamaba ella al mercado— que tenemos que hacer la compra para nochebuena, ¿qué os apetece que hagamos? Ya tengo el marisco encargado y el cordero, pero ¿queréis besugo al horno para cenar?

Y a mi padre...

—A mí con que me hagas bacalao con coliflor ya soy feliz, por lo demás, lo que queráis. —¡Jajajaja—, me río; sabía que para mi padre era una tradición desde pequeño pues en casa de sus padres, en estas fechas no faltaba el bacalao, y que para él es importante y no perdona.

Ese detalle, del cual me reía antes, cuando era aún una niña, ahora cobra sentido...

Él también sentía la Navidad a pesar de que ya nada era igual que antes, que su padre ya no estaba y que esos años quedaban en el recuerdo.

Sin embargo ahora era él el que quería que yo sintiera la Navidad como algo que queda grabado en el tiempo y dentro de nosotros para y por siempre.

Vienen a mi esos días de calor de hogar, de familia unida, de días de comidas especiales, de reuniones familiares, de AMOR.

Mamá, que preparaba todo con tanto cariño, también lo hacía con los regalos del día de Reyes.

Recuerdo a mi madre planchando un 5 de enero...

—Voy a plancharte este vestido para mañana, para que estés guapa el día de Reyes—. Y poniendo la tabla de la plancha en el salón empezó a hacerlo. Estábamos todos en el salón.
            
Estábamos en silencio papá y yo, con villancicos de fondo y observando como mi mamá pasaba la plancha de un lado a otro...
            
De repente se oyó un ruido en el pasillo.., extrañada les miré:
            
—¿No habéis oído eso?
            
Mamá contestó...
            
—No—Y miró a papá.
            
—Yo tampoco— respondió él.
            
Al ver que yo insistía mi madre respondió de nuevo, sin dejar la plancha:
            
—Vete y mira a ver, igual ha sido en otro piso— me dijo.
            
En ese momento me levanté del sofá y despacio y con miedo, porque era muy miedica, fui hacia la puerta del salón que salía directamente al pasillo.
            
Cogí la manilla de la puerta con la mano y abrí despacio, casi a cámara lenta...
            
—¡Venga, abre ya!— me dijo papá.
            
Tardé unos segundos, quizás hasta un minuto y abrí. Asomé la cabeza despacio y con miedo cuando de repente aparecieron en el pasillo regalos y más regalos ¡No me lo podía creer! —¡Una bicicleta grité! ¡Han venido los Reyes Magos! ¿Pero por dónde han entrado si estábamos todos en casa?—pensé...
            
Hoy en día sólo me imagino a mis padres organizando todo para que la sorpresa estuviera perfecta. Hoy, me imagino la ilusión con la que lo hicieron.
            
Ahora les estoy tan agradecida por hacer que todo fuera tan mágico, tan agradecida de que me transmitieran ese sentimiento. Agradecida por esa educación en valores, por el amor que me han dado.
            
Sólo espero haber conseguido lo mismo, que mis hijas cuando cierren los ojos y piensen en la Navidad, esa de cuando eran pequeñas, puedan sentirlas siempre y en su recuerdo poder transmitir, año tras año, lo mejor que tengan dentro de su corazón.

Por eso,
La Navidad siempre dentro de nosotros...
La Navidad siempre...
La Navidad...


Menchu Regueiro Iglesias.




martes, 22 de abril de 2014

Sentir, querer...






Sentir, querer,
Sensaciones que queman,
Miradas que no se olvidan...
No sabes por qué,
No lo entiendes,
Pero una fuerza te empuja,
Te arrastra...
Y vas, aunque no sepas a dónde.
No piensas, pero haces.
No planeas, pero todo pasa
y no buscas explicaciones.
Flotas...
Vuelas...
Brillas...
Te dejas llevar.
Todo tiene otro color,
Hay música a tu alrededor...
Eso es sentir,
Eso es querer...

(Menchu, 15/02/2014)

sábado, 21 de septiembre de 2013

Siento...


 
Siento tus caricias,
siento tus besos en mi mejilla,
esos susurros cerca de mi,
tus miradas...
y miro al mar...
mis recuerdos me llevan tan lejos,
tan cerca de ti...

Me envuelves en un sueño
lleno de ilusión, de pasión,
que me arrastra sin saber cómo...
y siento,
sigo sintiendo,
que estás aquí...

 
Menchu Regueiro Iglesias

jueves, 29 de agosto de 2013

Y sigo pensándote...


Y sigo aquí,
imaginando tu cara,
adivinando tus pensamientos.
Y sigo pensándote...
Y sigo queriéndote...
Ya no puedo vivir sin verte,
no puedo vivir sin tenerte...
Necesito abrazarte,
necesito besarte,
sentirte a mi lado,
necesito amarte.
Y sigo pensándote...
y sigo queriéndote...
imaginando tu cara
adivinando tus pensamientos...
No puedo vivir sin verte,
ya no puedo vivir si no es para tenerte...

De   Menchu Regueiro Iglesias.

martes, 21 de mayo de 2013

Aquí, sentada en la orilla…


 
Aquí, sentada en la orilla
con los pies descalzos
en la arena mojada,
aquí dónde las huellas desaparecen
siempre detrás de mí,
cierro los ojos
y siento el aroma del mar
cuando la brisa suavemente
acaricia mi piel.
Aquí, sentada en la orilla
con los pies descalzos
y con los ojos cerrados,
escucho su eterna melodía
que me envuelve y me deleita
al ritmo que se le antoja,
según la fuerza con la que quiera entrar en mi vida
y que siento como mía en lo más profundo de mi corazón.

Aquí, sentada en la orilla,
ahora mismo sé que todavía estoy viva.......
 
 
Menchu Regueiro Iglesias. 2013

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