Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Queda temporalmente cerrada La Revista de Todos





La Revista de Todos y hasta nueva orden, queda cerrada.
Ha llegado la hora de pensar sólo en mi.


Os pido perdón por no ser mejor que nadie, salud y  suerte. 


Eva 



viernes, 30 de agosto de 2019

El regreso de Giselle. Capítulo IV. El amanecer.

Fueron sus labios los que de una manera suave acariciaron los míos, despertándome de una noche de pasión. Aunque me sentía completamente feliz, no dejaba de sentirme culpable. Desde que tuve a mi hijo, ni una sola mañana había amanecido lejos de él, y mucho menos con un hombre.

Ya ni recordaba la maravillosa sensación que era el despertar desnuda y al lado de un hombre después de haber hecho el amor.

Mis recuerdos eran muy distintos, más gélidos sin lugar a duda...

Había estado en las mejores suites de los más prestigiosos hoteles, con las mejores atenciones, con mi botella de Moët & Chandon, mis perfumes, todo lo que yo quisiera a mi disposición y sin embargo a excepción del tiempo que estuve con Musa, todos los trabajos eran iguales. Con educación, respeto y saber estar, pero desde luego que fríos, muy fríos.

Aunque bien es cierto que pocas veces eran las que llegaba a subir a la habitación, ya que mi presencia era más requerida como acompañante para asistir a comidas de empresa, fiestas, cócteles, photocalls, etc...

Me llegué a mover casi siempre con los mismos clientes. ¡Ay! Si yo hablase…

Tal vez algún día os llegue a contar el por qué tomé la decisión de dedicarme a ese mundo tan seductor como peligroso, tan emocionante como frío. La verdad es que me desenvolví bien. Y lo mejor sin duda fue conocer al padre de mí hijo, a Davinia y porque no decirlo a Roberto. Nunca me imaginé que fuese tan fogoso a la par que tierno en la intimidad. Le tenía como un hombre frío de negocios, y sin embargo cuando me besó por primera vez, mi cuerpo experimentó un temblor al que no estaba acostumbrada.

Y aunque he de confesar que tengo miedo, necesito saber a dónde me va a llevar esta sensación.

Cuando salí del baño, la señora de la limpieza ya había hecho la habitación y Roberto se había encargado de dejarme en la cama el desayuno. Ya me dijo la tarde anterior que tenía en el banco una reunión. Hacía mucho tiempo que no me sentía así, feliz, llena, pero con un ápice de temor a que tanta felicidad se fuese tan rápidamente como me pasó con Musa. Que ni tan siquiera pude decirle que estaba esperando un hijo suyo…

Tarde o temprano, Abrahán, conocería la verdad y entonces llegaría el momento de hacerle saber que tiene dos hermanos. 

Fue al levantarme de la cama y al ir a coger el móvil que había dejado en silencio desde la tarde anterior, cuando me di cuenta de que Roberto me había dejado una rosa con una nota. 

         
Giselle:
           
Nunca tengas miedo a ser feliz, nunca te arrepientas de haberte querido sentir viva. Porque si vives constantemente con miedo, huyendo de lo que tu corazón te dicta, cuando te quieras dar cuenta… ya apenas te quedará tiempo para vivir intensamente y entonces… te acordarás de estas palabas y de que el haber estado a la defensiva solamente te sirvió para hacerte daño a ti misma y de alejarte del camino de la felicidad.

Vive la vida como si no fuese haber un mañana.

No puedo prometerte un futuro, pero si puedo lograr que tu vida esté llena de momentos inolvidables…

Roberto


Leer esta pequeña nota hizo que mis ojos se humedecieran de felicidad. Ya sé que me repito mil veces, pensaréis, pero… hace tantísimo tiempo que no me sentía así.

Llamé a Davinia para poder hablar con mi hijo, echaba tanto en falta escuchar esa voz que durante siete años de mi vida me despertaba… y que hoy, al no escucharla, hizo que me sintiese completamente sorda.

—¡Mamá! ¿Estás bien?, es la primera vez que al despertar está mamá Davinia, pero tú no. ¿Me estás castigando por algo? ¿Hice algo mal? ¿Ya no me quieres? —.

—Mi amor… Cómo puedes decir algo así cuando eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Eres mi ilusión, mi motor, mi fuerza… Tenía que hacer unas cosas y no me daba tiempo a poder pasar la noche contigo y contarte el cuento como siempre, pero esta noche, si quieres, pedimos una pizza y vemos una película de Disney.

—¡Sí, mamá, sí! Además, tengo que contarte una cosa, ¿sabes?

—Dime, vida. ¿Qué tienes que contarme?

—Esta noche al no poderme quedar dormido, mamá Davinia y yo, hemos montado un puzzle. ¡Nos ha quedado muy bonito! ¿Lo puedo poner en la habitación, mamá?

—¡Pues claro!


Cuánto había cambiado mi vida con la llegada de mi hijo, hasta tal punto que estoy convencida de que, si decido publicar esta parte de mi vida, de mi historia, como hice la anterior vez, no venda tanto. Es una pena que la gente solo se haya quedado en las escenas eróticas. —¡Por nada del mundo cambiaría mi vida por la de antes! Mi hijo está por encima de todo—.

Después de finalizar la llamada, cogí una hoja y la pluma que Roberto había dejado en la mesa y le dejé una nota.


              
En contestación a tú nota tengo que decirte que jamás he tenido miedo a ser feliz, puesto que ya lo soy, Roberto. Mi hijo, es mi mayor felicidad.

Jamás me arrepentiré de lo que ha sucedo, aunque has de entender, que no soy esa Giselle que conociste hace años. Al no ser padre, te costará comprenderlo, pero si algún día lo eres, sabrás que un hijo es la mayor prioridad en tu vida.

En lo que si tengo que darte la razón es en que vivo con miedo. ¡Si! Roberto, cierto.

Pero cuando alcanzas la felicidad y la pierdes de una manera abrupta, concederte el privilegio de ser feliz, es algo que, aunque no quiera, me da miedo.

Quiero vivir la vida intensamente, pero con cabeza. Soy madre, no lo olvides.

Pero como todo en la vida, organizándote, es compatible. El amanecer en tus brazos me ha hecho ver la vida desde otro prisma.

No necesito que me ofrezcas un mañana, me basta con que me prometas que cada día que nos veamos, hagas de ese día, un día diferente a los que en el futuro nos podamos ver.

Esta noche cenaré con mi hijo. Espero tu llamada.

   Giselle            




Antes de ir a mi casa, me pasé por donde vivía Davinia para recoger a mi hijo.


Hay muchas mujeres que ambicionan tener en su cuello la mejor joya del mundo, la mismísima perla peregrina, y sin duda alguna, la mejor joya que yo tenía, en ocasiones, colgada de mi cuello, era ese abrazo de mi hijo Abrahán. Sus brazos rodeando mi cuello era mi mejor joya. 


Davinia y yo nos miramos con esa mirada cómplice de tantos años.


—¿Estas bien, Giselle?— Me preguntó con ternura.

—¡Sí, Davinia! Hace mucho tiempo que no me sentía así.


Me gustaría haberla podido contar todo lo que me había pasado. Todo lo que había sentido al lado de Roberto. Pero, sin querer, posiblemente la hiciese daño.

Nos despedimos de ella, y nos fuimos a nuestra casa.

Por fin, después de mucho tiempo tenía todo lo que tanto anhelaba. El amor de mi hijo, y lo que estaba empezando a ser un sentimiento de amor hacía un hombre…

Reconozco que me daba miedo y mucho. Pero estaba dispuesta a asumir todos los riesgos. Tal vez solamente sería una aventura, pero por una vez en la vida alguien quería estar a mi lado sin importarle mi pasado, mi profesión de escorts. 

Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que disfruté de un baño de espuma con mi hijo, pero era algo que me encantaba hacer. Mientras que chapoteábamos con la espuma, nuestras risas sin sentido hacían de ese momento, un momento mágico, único.

Cuando saqué a mi hijo de la bañera, para envolverle con su toalla, se abrazó a mi como hace mucho tiempo que no lo hacía. Y es que mi niño, estaba creciendo más rápido de lo que yo quería. Sé que era ley de vida, pero tan injusto…

El próximo veinte de septiembre, mi hijo, cumplirá 7 años. Y aunque fuese una locura me estaba apeteciendo ser madre de nuevo, darle un hermano/a mi hijo era un idea que con más fuerza que nunca quería materializarla. Lo que me recordaba que tenía que ir al ginecólogo. Llevaba años sin tomar ningún tipo de precaución, porque no lo había necesitado y después de haber estado con Roberto, mi visita, quizás tenía más sentido que nunca...


Carta de Rocío Ruiz a La Revista de Todos


         
Querida Eva María, cuando recibas esta carta será por un motivo estupendo, nada más y nada menos que el cumpleaños de tu “hija”. Siete añitos, tiene ya, la niña de tus ojos. Qué bonita edad, llena de simbología. La vida se rige por ciclos de siete años, así pues, tu nena acaba de finalizar su niñez, ahora tienes que seguir llenándola de atenciones para que continúe creciendo fuerte y feliz, y entre en el próximo septenio con fuerza y ganas de seguir creciendo. Así que vamos a contribuir entre todos a que entre en su nuevo ciclo con fuerza y vaticinar que complete con éxito otra etapa de su vida.

Es una niña afortunada con una madre que se preocupa mucho por ella, y con unos padrinos de nacimiento muy especiales que la cuidan y la miman. Aún así, es difícil el crecimiento; no es tarea fácil, pues muchas como ella, se disputan un lugar importante en este mundo de las letras que les ha tocado vivir.

         
Con tesón y con sus colaboradores que la alimentan, nutren y la dan a conocer más allá de las fronteras, se ha hecho una niña fuerte y conocida. Ojalá siga creciendo y continúe cumpliendo años, y nos de la posibilidad de seguir celebrándolos.

          
No todos hemos tenido la fortuna de asistir a su nacimiento. En mi caso solo la conozco hace siete meses y ya la he tomado mucho cariño, pues me ha dado mucho más de lo que me podía imaginar. Entró en mi vida con un “Maldito décimo de lotería”, que resultó estar premiado, pues me abrió las puertas a darme a conocer, con la fortuna de salir del anonimato. Después siempre me ha dejado que la llene de historias, abriéndome sus brazos y dejándome tatuarla con cientos de palabras, sin rechistar lo más mínimo, siempre complacida y respetuosa conmigo. Creo que ya no solo es tu hija, sino que es un poco la niña de todos los que con cada aportación la hacemos engordar cada día un poquito más. 
         
Por todo ello, también felicito a su mamá, porque sin tu tesón y ahínco, no habría sobrevivido. Has estado detrás de todos nosotros para que no nos olvidemos de hacer los comentarios, recordándonos las fechas de entrega, dándonos ánimos; a veces, las buenas noches o los buenos días. Hasta hemos reído contigo y otras, por desgracia, nos has hecho entristecer con tus penas. Por todo ello, hemos formado una peculiar familia virtual.
          
Solo me quedaba conocerte en persona, la lejanía no ayudaba mucho, pero al final el día llegó. Fue fantástico tener frente a mí, a la persona que ha confiado en mis escritos, que me ha abierto la puerta de su “casa”, de su Revista, que ya siento mía un poco…No me defraudaste en absoluto, pues pese a ser rubia, no eres ni un pelo de tonta, y rompes la regla del refrán.  Tú claridad y transparencia me fascinaron. Hablas sin tapujos, sin miedo. Eres tal cual imaginaba, y tal cual te muestras en tus escritos. Tienes un poco del mordisco de la manzana que hace de ti un ser diferente y algo ambiguo, con algún misterio que tus ojos azules no dejan desvendar. 
         
Nos acecha el fantasma de tu marcha cuando de nuevo retomes el mundo laboral, pero apiádate de nosotros, no nos desampares mamá, somos tus hijitos, como cariñosamente nos has llamado alguna vez. Si te tienes que ir, que sea solo para:” buscar el sol de la playa, con tu maleta de piel y tu bikini de rayas”, y como dice la archifamosa canción, que ya bailaba yo y tu no habías nacido; y vuelve pronto, con energía renovada, no nos dejes, como dice la canción: “Eva María se fue sin la menor indulgencia”, porque ¿Qué vamos a hacer si Eva María se fue?”
         
Deseando estoy que llegue el día de la presentación de la Antología para volver a charlar contigo, con rosa o sin rosa, y podamos conocernos mejor a través de los jirones de nuestra alma.

         ¡Muchas felicidades y a por otro septenio!

Mil gracias por todo y hasta pronto
Rocío Ruiz


Inusitado cursillo de verano



Te envío esta carta, como tantas otras veces lo he hecho desde Mindelo, pero esta vez a un destino diferente, a tu última morada.

He venido a la playa donde dejaste tu huella indeleble, para plasmar los recuerdos sobre el papel de los últimos meses que pasaste aquí conmigo. Darle gracias a Dios, aquí frente al mar, en este marco incomparable, testigo mudo de nuestros paseos al caer la tarde. Agradecerle por haber tenido la enorme fortuna de poder demostrarte aquí mi cariño.

Las gaviotas, tristes, no dejan de observarme. Aquellas gaviotas, que tú ensimismada admirabas, hoy no levantan el vuelo en señal de duelo; porque saben que no volverás.

Te fuiste casi sin decirme Adiós. La marea te arrastró hacia tu amor. Él se fue, cuando la pasada primavera despuntaba, la Parca con su guadaña se lo llevó. Y tú mamá, te entregaste en los brazos del dolor y echándole tanto de menos corriste a reunirte con él. Y yo mamá, tenía una deuda moral, tiempo atrás, contraída contigo, que me oprimía, atenazándome el alma, pero eras tan buena y comprensiva que no quisiste marchar, sin antes darme la oportunidad de poderla saldar.

Una deuda de cientos de besos, que, por la distancia, de mí te faltaron, miles de abrazos que te enviaba en cada carta y nunca te abrazaron, nunca te confortaron.

¡Qué generosa eras mamá! Regalándome tu tiempo me ayudaste a deshacer ese nudo anclado en mi garganta; esa deuda, cual asignatura pendiente; conversaciones suspensas años atrás, que iba dejando en el rincón del olvido, como a un viejo libro en el cual quedaban unos renglones por escribir, unas páginas por completar.

Cual alumna aplicada retomé en verano, junto a ti, los deberes semi-olvidados.
Practicamos juntas unas inusitadas matemáticas, sumando abrazos, restando reproches, multiplicando confidencias y dividiendo rencores, y como tarea para casa, el tierno beso de buenas noches.

Por todo ello, mi querida maestra, por la labor bien hecha, a finales de septiembre me concediste un sobresaliente.
Gracias por darme esa oportunidad. Gran lección de vida.
¡Qué ironía del destino: un cursillo de verano en el invierno de tu vida!
Vi orgullo y satisfacción en tus ojos cuando complacida me dijiste: —Hija, ha sido tardío pero intenso—.

En Azañón, junto a tu compañero de viaje, querías alcanzar el reposo eterno y lo has conseguido. Donde la tierra que te vio nacer; allí fue el escenario de tu boda, allí donde Cupido plantó su nido. Donde tu vientre fértil germinó tres veces. No existe lugar más entrañable para pasar el resto de tu existencia.

Esta carta no es un Adiós mamá, sino un “Hasta luego”, porque continúas estando presente entre nosotros. Ya has echado raíces, que con tu savia nueva inundarán cada rinconcito de nuestro querido patio, como mágica yedra. En ese patio donde toda la familia nos reuníamos en verano, durante las largas tardes de estío. Ahí retoñarás, multiplicando las ramas de tu querida parra o de la vieja higuera. Protegiéndonos, cobijándonos bajo sus hojas nuevas; porque eres, como canta el poeta, en el buen sentido de la palabra: Buena


Rocío Ruiz



Carta de El Perurena a La Revista de Todos


La Revista de Todos, escenario tibio y acogedor, lugar de delicados placeres y sutil mezcla de amor, pasiones y ternuras.

Donde leer es placer de los sentidos y despertar de pasiones, donde el relato, la novela y el devaneo poético encuentran cobijo y regocijo, donde soñar es más fácil y gozar es más sencillo...

Eres de todos, como lo es tu creadora Eva-Giselle, una mujer luchadora y fuerte que cada día retoma sus armas para luchar por ti, Revista de Todos... 

Una mujer que con su lucha consigue que tú, lector amable, disfrutes de la tranquilidad de hallar cada día el dulce remanso de la lectura.

Gracias, Eva. 
Gracias, amigos lectores. 
Gracias, autores... 
¡Gracias, Revista de Todos!


El Perurena


Panaché de verduras




Mañana de domingo: Calor, ducha, desayuno completo. Tú, con mi camiseta fresquita de manga corta. Yo, con bermudas, sin nada debajo. Preparo tostadas, con aceite del bueno, troceo sandía y lavo unas cerezas… Tú, Colacao. Yo café…

Al terminar, me tiro en plancha en la cama, aún deshecha, para leer en el móvil las noticias y los whatsapp, tú haces lo propio…

Todavía tenemos en la memoria las imágenes de anoche y sobre la mesilla los objetos de nuestro desatino, nos miramos y nos reímos… Tú me reprendes con la mirada y te llevas el dedo a los labios pidiéndome silencio, pero con esa mirada pícara de quien sabe que ha hecho algo prohibido…

—¿Hay algo prohibido en el amor…?—

Nos partimos de risa y nos besamos con ternura. Vuelvo a notar la suavidad lúbrica de tu piel, desde tus muslos a tu cuello, desde tus senos a tu seno…

Querría estar acariciándote hasta el final de los tiempos…

Y te sigo besando y me pides no sé qué, empujando suavemente mi cabeza hacia tu vientre…

Yo lo adivino y te complazco y te enloquezco y me entretengo donde sé que debo hacerlo y te muerdo despacito en cada pliegue y acaricio cada rincón, cada hueco, cada dulce recoveco…

Ahora me detienes, tomando entre tus manos el cabello de mis sienes que palpitan desbocadas, que no quisieran detenerse pero que saben hacerlo por complacerte…

Entonces te interrogo con una mirada y una pícara sonrisa, tú alargas la mano y recuperas los dos frutos anaranjados que anoche habíamos usado y me los das y, con la boca abierta de deseo, me miras y me dices un sí, señalando con tus ojos el lugar de su destino. Como un niño obediente, realizo mi trabajo con mi boca, con mis manos, con mi lengua, con mis dedos…

Como me pides más, te propongo otro elemento, aquel más verde y grueso al que anoche renunciamos dejándolo en el suelo…

Lo recupero y lo limpio, introduciéndolo en mi boca justo hasta donde puedo… y tú me dices que no con la cabeza, pero me muestras el sendero que debo recorrer muy despacio y con esmero…

Vas conduciendo mi mano y vas gimiendo suave y yo me muero…

Cual su naturaleza requiere, les hace falta riego y yo me ofrezco a bridárselo y los riego. Tú tiemblas en ese preciso momento, con todos los artefactos en el fondo de tu cuerpo, sintiéndote regada en tu piel, en tu boca y en tu pelo, húmeda la almohada y arrugada por la presión de tus manos al hacerlo…

Te relajas y te beso y sonríes y te quiero.


El Perurena


El toque de humor de Manolo Royo.








Viñeta de Manolo Royo















Carta de Manuel Barranco Roda para La Revista de Todos



Mi querida Eva:

Lo primero, es un orgullo colaborar con La Revista de Todos, porque a todos nos gusta ser leídos y llegar a más público, a nuevos lectores. La Revista de Todos me parece una idea valiente, práctica y divertida. El blog, porqué es una revista digital, es ameno, con una facilidad muy agradable de ojear, dónde te pierdes en la lectura de varios géneros literarios, entre la narrativa y el verso. Con la suerte de conocer a distintos tipos de escritores del mundo. Cosas que mejoraría para intentar abarcar a más lectores. Cómo bien es sabido; una de sus norma, es que, todos debemos de comentar lo de los demás compañeros. A mí, me parece una norma correcta, aunque a veces, con razón, me tengas que llamar la atención, para que lo haga. Yo lo haría extensible a compartir también en nuestros Facebook lo de los demás compañeros. Si todo es mucho, compartiría lo de tres personas, las tres publicaciones, que más te han gustado de esa entrega. Y así, sucesivamente dando oportunidad a todos los compañeros. El arte de compartir es la oportunidad de crecer y hacer crecer a La revista de Todos. También haría un concurso de relatos con el sello de La Revista de Todos, alguien externo a la Revista, pero de confianza, que los reciba los correos con seudónimo y plica y después lo publique en el Grupo de Facebook de la Revista de Todos, que decidan los lectores cual le gusta más. Esas son mis pequeñas ideas, aunque,  todavía tienen que ser mejoradas.

Ahora, me toca hablar de ti, Eva, como directora de la Revista de Todos, nos conocemos de cuándo éramos niños, hace ya algunos días. Siempre has sido una soñadora, atrevida, con ideas algo alocadas, pero en fin eso es la vida. A veces te pueden los sentimientos, pero a quién no. Y más siendo escritora, vivimos de ellos, porque para mí, la única forma de escribir es con sentimiento. Y me gusta como eres con tus virtudes y con tus defectos. Estas haciendo un gran trabajo en La Revista de Todos, trabajo que te quitas de tu tiempo y nos lo regalas a nosotros. Te considero una gran profesional, y amiga con mucho genio e ingenio.

¡¡¡Te Quiero!!!
Lolotónico


Posdata:
—No sé te olvide ser Feliz💜—.
















Manuel Barranco Roda