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viernes, 30 de agosto de 2019

Carta de Pilar Alonso de Pedro a La Revista de Todos.


Llevó poco tiempo conociendo “La revista de todos “. La conocí a través de Eva Maria Maisanava Trobo, la directora de la revista. He podido comprobar que es una revista llena de humanidad, ilusión, dinamismo y sobre todo con muchas ganas de compartir. Pedí permiso a Eva para poder participar en el VII Aniversario de esa gran revista, quiero poder poner mi pequeño granito de ilusión. Gracias por dejar expresar mi relato.

¿Cómo es Eva?

Nuestra relación surgió por casualidad, ella llevaba unos días siguiendo mi página de Mpili escritora, pero no le había dado mucha importancia, era cierto que daba a me gusta, nunca me hacía ningún comentario, solo se limitaba a observarme. Un buen día yo estaba anunciándome para la feria de Literanía y ella me confirmo ese día que quería conocerme. Desde el minuto uno que la vi hubo entre nosotras mucha química y un respeto mutuo por nuestras letras.
Me encantó lo dicharachera que es, lo fresca en palabras. Lo fácil de entendimiento. Es directa sin tapujos, luchadora, merece que todos sus sueños se logren, me pidió participar en su gran aventura y por supuesto que lo haré, siempre que ella esté de acuerdo con mis letras.
Eva todo lo que esté en mi mano para poder ayudarte cuenta conmigo. Gracias por empezar a estar en mi vida.


https://www.facebook.com/Mpili-escritora-1847709172145309/





















Pilar Alonso de Pedro

El susto


Al llegar a mí casa y precisamente en el momento de abrir la puerta, me vi salir. Intrigado, decidí seguirme.

Era raro la forma que baje aquellos cuatro escalones, mis pies parecían que flotaban en lugar de caminar.

Nunca quise bajar en aquel maldito ascensor que la mitad de las veces no funcionaba, siempre pensé hacer un poco de ejercicio bajando las escaleras, decían que eso alargaba la vida.

Luego ya una vez que me encontré en el umbral del portal quise observarme en aquel inmenso espejo que los vecinos habíamos colocado hace ya unos años.

Me resultó extraño, mi cuerpo no aparecía reflejado en aquel cristal, empecé a saltar, a gesticular con las manos, a sacar la lengua. Como siempre haciendo las payasadas habituales en mí y todo esto me alarmó mucho más, seguía sin verme. De repente observe que alguien bajaba por el ascensor y al girarme contemplé que allí enfrente de mí estaba mi vecino Andrés, eso me agradó, él me sacaría de aquella duda existencial que estaba teniendo en ese mismo momento.

Quise chocar las manos en forma de saludo, como era costumbre entre nosotros cada vez que nos veíamos. Fue imposible, ni siquiera hizo el gesto de saludarme, parecía ir embelesado.

Mira que le grite, pero él abrió la puerta de la calle y desapareció. 


Entonces decidí volver de nuevo al punto de partida, mi hogar. Ella, mi mujer me diría que estaba ocurriendo.

Ahora me encontraba acostado al otro lado de la habitación escuché como alguien me sacudía el hombro diciéndome:

—¡Cariño, cariño! ¿Qué te pasa?

Abrí los ojos y mire, mi cara estaba llena de lágrimas, ella me agarro muy fuerte.

—¿Estás bien?

Yo entonces no quise despegarme de su lado, de mis labios escuché un hilo de voz:

—¡Estoy vivo!—



 © Mpili escritora. 



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