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jueves, 14 de febrero de 2019

Carta a un futuro amante


A nuestro futuro amante;

Aún no sabemos quién eres, aún no sabemos cómo eres, ni siquiera sabemos de qué sexo eres, solo sabemos que estas en nuestras fantasías, en nuestros pensamientos, en nuestros sueños, en nuestros deseos. Puede que seas nuestro vecino, un compañero de trabajo, un amigo o simplemente un desconocido, el tiempo dirá. Solo sabemos que estarás en nuestro futuro complementando nuestra pasión, haciendo realidades nuestras fantasías. Esas fantasías de deseos eróticos que muchas veces nos consumen y que no nos atrevemos a realizar por el miedo a la opinión de otras personas, pero quienes son ellos para opinar cuando muy seguramente, ellos también sienten los mismos deseos de romper las reglas de la sociedad y embarcarse en aventuras de placer y erotismo como conquistadores de tierras desconocidas y misteriosas. La diferencia es que nosotros estamos dispuestos a romper con esos esquemas y ellos se quedan escondidos bajo el hipócrita velo de la sociedad.

Perdamos esos miedos y embriaguémonos de sexo pues tú también sientes los deseos de romper con la monotonía de lo cotidiano, del sexo normal y agotado, por eso te unes al tabú de nuestros juegos. No dejes que las dudas te consuman, no impongas excusas si estas en compañía, tal vez tienes a tu pareja y al igual que nosotros están en busca de satisfacer la lujuria y vivir sin complejos.

Futuro amante, ven y completa este trío y si por cosas del destino no estás solo y tu pareja está contigo, pues también es bienvenido o bienvenida, dependiendo del caso que sea. Vengan, que entre risas y vinos, y sin ropa para cubrirnos disfrutaremos los cuatro como fraternales amigos. Compartiéremos mucho más que solo conversaciones banales que donde unos solo se aburren con chistes sin sentido, nosotros crearemos un concierto de pasión con nuestros gemidos que hasta los antiguos romanos estaría sorprendidos. 

Futuro amante, acompáñanos en esta aventura y no seamos más esclavos de los ojos del vecino, no seamos prisioneros de la religión o de la moral y vivamos libres y felices como amantes y como amigos. Mira a mis ojos o mira a los de mi pareja, ellos te dirán que eres bienvenido. Vivamos con pasión, hagamos el amor, deja que toquemos tu cuerpo. Acaricia los nuestros. Crucemos el umbral de lo prohibido, perdamos el temor, que no sea difícil el poder encontrarnos contigo.

Amante desconocido, amante deseado, si tal vez, si solo tal vez aparecieras en nuestras vidas en un mañana cercano.

Una pareja común, pero sin temor


Efraín Nadal De Choudens


viernes, 21 de diciembre de 2018

La primera Navidad lejos de casa

Mi pequeña mesa redonda está decorada con un mantel rojo en conmemoración del periodo navideño. Un recipiente de vidrio lleno de nueces sirve como pieza central. Mi cena, un pedido de comida china y una lata de refresco. Es deprimente pasar las fiestas en soledad, especialmente cuando se trata de la primera Navidad que paso solo, alejado de mi familia y sin amigos con quien compartir. Peor aún, cuando tienes vecinos en el piso superior que cada vez que tienen relaciones sexuales, es como si quisieran cruzar mi techo, con unos gemidos que parece que están haciéndolo en la habitación de mi departamento. En el poco tiempo que llevo viviendo aquí, he tenido varias fantasías con Maribel, la vecina ruidosa del piso superior, es una dama hermosa, obviamente mayor que yo, en sus treinta, es de tez bronceada y posee una larga cabellera negra, con unos pechos de diosa griega y un culo que levanta la imaginación de cualquiera. Solo de escucharla gemir mientras estoy acostado en mi cama es suficiente para despertar una excitación inmensa en mi ser. El ruido de su cama golpeando mi techo, exactamente sobre mi y al ritmo de sus gemidos, es una impresión maravillosa. Tanto que en esos momentos me desnudo y me masturbo mientras imagino lo que sucede en el piso de arriba.        

En más de una ocasión he alcanzado mi orgasmo en el mismo momento que mi habitación se ha llenado con el largo y placentero gemido de Maribel, el cual anuncia de igual manera la llegada de su clímax. Lo que sigue después son los rápidos martilleos de la cama brincando ante las fuertes y rápidas embestidas del acompañante de Maribel en su faena de alcanzar él también su orgasmo. Yo espero paciente ese momento mientras continúo frotando mi entrepierna, una vez la acción termina, tomo una ducha y me acuesto a dormir.  

Por ser un día festivo especial, de seguro que esas actividades que ocurren en el piso superior me acompañarán esta solitaria noche. Me recordarán los días de Noche Buena, que antes de participar de la obligada cena familiar con la familia de mi entonces novia Rosa, nos escapábamos en el coche que mi padre me prestaba.  Buscábamos algún lugar solitario en donde dejábamos escapar nuestra lujuria y nos enfrascábamos en un sexo incómodo pero apasionado en el asiento posterior del auto. Rosa estudiaba en otra Universidad pero podíamos vernos una vez al mes cuando ambos regresábamos a nuestros hogares en el mismo pueblo. Las cosas cambiaron. Yo acabo de aceptar una oportunidad de trabajo al otro extremo del país, y ella se fue a continuar estudios postgrado en el extranjero. Entendimos que iba a ser extremadamente difícil vernos, así que decidimos terminar nuestra relación.

Este año, por ser el empleado más nuevo de la empresa, tengo que cubrir las operaciones durante los días festivos. Ni siquiera puedo ver a mis padres esta navidad.

A pesar de ser una hora temprana, ya está oscuro. El cielo ha estado gris todo el día, muy nublado y la nieve ha comenzado a caer moderadamente, con un pronóstico que aumentará en los próximos minutos. Tome la decisión correcta de comprar comida temprano, ya hablé con mis padres y seguramente, muy pronto comenzará la actividad en el apartamento superior. Esta noche me masturbaré nuevamente pensando en la hermosa Maribel.

Termino de colocar la comida en el microondas para calentarla cuando alguien toca a la puerta. Estoy sorprendido, no espero a nadie. Desconcertado camino a la entrada del apartamento y lentamente abro la puerta pensando en que alguien se ha equivocado de apartamento. Quedé mudo, helado como un témpano de hielo.

Maribel, qué sorpresa finalmente pude decir.

Delante de mí estaba mi preciosa vecina, con un abrigo negro que la cubre hasta las rodillas y tacones igualmente negros.  En su mano una botella de vino tinto. Me pregunta si puede pasar, despertándome de mi letargo. Me hice a un lado y con mi mano le indico que pase. Cuando camina frente a mí, la sigo con mi mirada de asombro. Cierro la puerta.

Disculpe, no la esperaba, no esperaba a nadie. Estoy sorprendido y aún más que de que estés aquí. Me imagino que tu novio vendrá pronto, digo, ira a tu apartamento.

Michael no es mi novio, solo somos buenos amigos 

Me dice mientras se vuelve a mirarme.

Pero he podido ver que su relación va más allá de una amistad y supongo que un día como hoy vendrá a pasarlo contigo y vendrá a traerte tu regalo de navidad.

En eso tienes razón, estamos muy unidos y nuestra amistad incluye beneficios adicionales. Por lo del regalo, digamos que ya me lo ha dado, o mejor dicho, él me lo está dando.

¿Qué te lo está dando? ¿Significa que te lo dio? pregunto intrigado.

Más o menos, mi regalo eres tú. Le dije a Michael que quería estar contigo y él me obsequiando el tiempo para hacerlo.

Maribel se abre lentamente el abrigo mostrando como su esbelto cuerpo está cubierto solo por una diminuta y transparente lencería de color rojo. Fácilmente se puede ver el color marrón claro de sus pezones, el color que marca la culminación de sus pechos grandes y redondos. Me excité instantáneamente mientras un frío de miedo recorrió mi cuerpo al mismo tiempo. Su abrigo cae al suelo y comienza a caminar lentamente hacia mí con sus tacones altos aún puestos

Qué ingenuo eres, ¿pensaste que mis gemidos y la brusquedad de mi cama moviéndose ruidosamente cuando Michael me hace el amor era solo una casualidad. No... querido, cada gemido, cada orgasmo, estaba exponencialmente exagerado para llamar tu atención.

Aún perplejo, Maribel me besa y toma mi mano. Camina a mi habitación sin soltarla. Lo que pensé que sería una Navidad triste y aburrida fuera de casa, promete ser la mejor Navidad que he tenido. Definitivamente que los milagros y la magia de la Navidad si existen.

Mi cena quedó olvidada dentro del microondas.

















E. N. De Choudens


miércoles, 21 de mayo de 2014

Es Tiempo de Marcharnos




La brisa salada y refrescante del océano sopla suavemente sobre el pequeño pueblo de pescadores, trae consigo la sensación de paz de un mar armónico. Una paz mezclada con la tranquilidad del inmenso cielo azul. El olor a peces, cangrejos y langostas es transportado por el viento delicadamente, viajando desde el puerto hasta los terrenos del cementerio donde muchos pescadores yacen enterrados en el sagrado lugar, donde un hombre solitario está mirando con tristeza la tumba que esta frente a él. Una tumba con los nombres de Roberto Pérez y Carlos Pérez grabado en la lápida de mármol que está sobre ella. Esos son su propio nombre y el nombre de su hijo.

Roberto está esperando a su hijo, después de su muerte Carlos desapareció. Se supone que debieron cruzar al otro lado hace unos días, pero Carlos nunca llego al cementerio y Roberto no va a cruzar sin él, va a esperar el tiempo que sea necesario. La espera no se prolongó más.

—Hola papá— Una voz dice a sus espaldas. Roberto se vuelve para ver a su hijo parado a su lado.

—Carlos, hijo, ¿dónde estabas? He estado esperando por ti, ya pasaron varios días— 

El padre de Carlos levanta sus manos y las pone sobre los hombros de su hijo.

—Yo estaba en casa, quería ver a mamá— Su padre lo abraza, Carlos lo abraza también.

—Oh Carlos, eso está mal, no se supone que fueras allí. Tenías que estar aquí conmigo, dispuestos a cruzar —silencio— Bueno ni modo, ya está hecho, ¿cómo está tu madre?

—Ella todavía está muy triste, pero lo acepta— Carlos mira al cielo.


—Tu madre es una mujer fuerte y ella siempre sabía que podíamos tener un accidente.

—Yo realmente la extraño. Papá, no quiero cruzar. Tengo miedo de este lugar, tengo miedo de no volver a verla. Quiero quedarme con ella.

Fundidos en un abrazo fraternal, padre e hijo recuerdan el último momento en el que los dos estuvieron juntos con la madre de Carlos. Ese día fue similar al de hoy, un cielo sin nubes, una suave brisa del océano, las olas casi ausente y el equipo de pesca estaba listo en el barco. Como todos los días, la Sra. Pérez preparó el desayuno para su esposo y su hijo. Curiosamente ese día preparo el desayuno favorito de su hijo, huevos revueltos con jamón y papas fritas caseras acompañadas de una taza de café recién colado al estilo de antaño, no con una moderna máquina de café.

—Mamá, este café esta delicioso. Puedo oler este aroma todo el día— Carlos respira profundamente sobre la taza de café.

—Te preparé un termo para que tú y tu padre puede beber mientras están pescando—

—Gracias Lisa, tengo la sensación de que hoy va a ser un gran día de pesca. El clima es fantástico— Dice Roberto.

—Van a tener un grandioso día. Aquí está el almuerzo para los dos— Lisa le pasa a Roberto una bolsa con dos emparedados de cerdo. Carlos ya tiene el termo de café en la mano.

Roberto besa a Lisa y se despide, Carlos hace lo mismo y los dos salen de la humilde casa. Lisa se da vuelta y comienza a limpiar la cocina. Padre e hijo caminan hacia el puerto, tratando de decidir en qué área van a pescar. Aún oscuro, las estrellas mostraban un cielo totalmente despejado. Sin viento y con un mar sin olas finalmente deciden ir a un banco de arena sumergido que está muy retirado de la costa. Es un lugar estupendo y muy productivo para la pesca pero por la distancia no es visitado con frecuencia por los pescadores del pueblo. Sólo unos pocos de ellos van allí y sólo en días muy tranquilos como este.

Es pasado el mediodía y el día seguía perfecto. Vieron otros dos barcos de pesca en los bancos pero ahora están fuera de la vista. El bote de Roberto es viejo, como la mayoría de los barcos del pueblo pero a pesar de ser viejo, el barco está en buenas condiciones y todavía muy fiable. Roberto siempre le está dando el mejor mantenimiento que puede.

Roberto y Carlos están sacando fuera del agua su red, arrastrando con ella un buen número de peces, están muy contentos por ello y no se dieron cuenta de las nubes negras en el horizonte. Unos minutos más tarde las olas comenzaron a ondular de una manera más pesada. El viento comenzó a soplar con más fuerza, la brisa fría y el olor de la lluvia anunciaron la proximidad de un mal tiempo.

—Papá, se acerca una tormenta— Carlos ve las nubes negras en el cielo.

—Lo sé, date prisa y terminar de sacar la red— Roberto comienza a revisar el motor.

Las olas crecen rápido, golpean el lado del barco y el agua entra con fuerza al interior. Con el viento en aumento, el barco se mueve estrepitosamente de lado a lado y las olas lo hacen brincar de arriba a abajo. Gracias al mal tiempo la extracción de la red es una tarea muy difícil de completar.

—Córtala— Grita Roberto. Estaba empezando a preocuparse seriamente por el clima.

—Pero papá, es nuestra única red.

—Ya basta Carlos, tenemos que salir de aquí ahora. La tormenta se acerca, viene directamente a nosotros y viene rápido.

—Casi la logro sacar papá, apenas unos minutos más y tendré la red fuera.

—Carlos, olvida la red, córtala ahora. ¡Ya basta de argumentos!

Carlos tomo el machete y cortó la red la cual desapareció rápidamente en el agua, Carlos miro con tristeza como su única forma de vida se desvaneció en las enfurecidas aguas del mar, por lo menos parte de ella. Él empieza a pensar en lo que pueden hacer con la parte que tienen en el interior del barco, por lo menos pudo salvar más de la mitad de la red, ya se le ocurría alguna idea. Roberto puede maniobrar la embarcación más fácilmente sin el pesaje de la red empujándolos hacia abajo. Acelera más para tener una mejor manera de luchar con las grandes olas. La tormenta ya está sobre ellos, pero el confía en estar fuera del peligro en pocos minutos. Entre la lluvia y el viento, un tornado de agua comienza a formarse a poca distancia. Una inmensa columna de agua que se elevaba hasta las nubes, un cono majestuoso y bello que conecta el mar con el cielo. Carlos puede sentir el agua salada del mar desafiando la ley de la gravedad gracias a la succión del embudo que está tirando hacia arriba el agua del mar, es una lluvia hacia arriba, una lluvia que va desde la superficie hasta el firmamento, es un mortal pero bello fenómeno de la naturaleza. Cuando un tornado se forma sobre el agua no dura mucho tiempo, pero esos pocos minutos son muy peligrosos. La columna en espiral engulle el barco de pesca antes de que Roberto y Carlos pudieran abandonar la zona. Ese día nunca regresaron al pueblo y los grupo de búsqueda comenzaron la desesperada tarea de tratar de encontrarlos. Fueron hallados dos días después por otro pescador. Sus cuerpos estaban flotando cerca uno del otro, mezclados entre los escombros del naufragio de su barco.

—Realmente voy a extrañar su sonrisa, sus besos, sus abrazos, su tierna mirada y su café.

—Hijo, yo también voy a extrañarla demasiado, ella nos va a hacer falta pero algún día vamos a estar juntos de nuevo. Ahora es tiempo de marcharnos.

—Quiero quedarme aquí papá, no quiero irme. Quiero quedarme con mamá. Quiero esperar aquí por ella.

Se abrazan de nuevo. Un grupo de gaviotas vuelan sobre ellos y una mujer camina hacia la tumba. Roberto y Carlos no se dan cuenta de la solitaria figura que camina en esa dirección. La mujer se detiene junto a ellos, el padre y el hijo sienten una explosión de emociones cuando la ven. Vistiendo un vestido negro, la Sra. Pérez está de pie al lado derecho de su hijo.

Ella mira el sepulcro por unos pocos segundos. Sus ojos tristemente revelan su dolor, sus lágrimas humedecen su rostro. Lisa coloca en el suelo una bolsa que trae consigo. Da otra mirada a la inscripción en la lápida, abre la bolsa y desde el interior saca un termo de café. Pone el termo en el suelo y busca de nuevo en el interior de su bolso. Esta vez saca una taza de café, la taza de Carlos. Padre e hijo la miran con ojos encantadores.

Ella abre el termo y el aroma del café recién hecho inunda la atmósfera. Toma el termo y la taza de café, poco a poco llena la taza. Cierra el termo y lo pone de nuevo en el bolso. Lisa se mantiene silenciosa durante un par de minutos, simplemente observando la taza con el café caliente sobre la tumba de su familia.

—Carlos, aquí está tu amado café. Esa tormenta salió de la nada y en un momento se llevó a los dos, más tarde se inició la búsqueda, pero no necesitaba esperar por las malas noticias, cuando ustedes dos no volvieron como de costumbre ya lo sabía. Después de la ceremonia del entierro no pude volver aquí porque tenía un profundo deseo de quedarse en la casa, el recuerdo de los dos, especialmente la memoria tuya hijo mío me mantenía en esas cuatro paredes— Roberto mira a Carlos. Carlos mira al suelo sin decir nada. —Pero ahora me siento mejor. Carlos lo siento por no venir antes, ahora tengo la energía y el deseo de venir aquí, a visitarte a ti y a tu padre. Voy a venir con frecuencia para traer tu café y voy a hornear tu pastel favorito para tu cumpleaños, después de todo, vas a tener dieciséis años en tres meses. Por favor, se paciente, voy a estar con ustedes algún día. Vamos a estar juntos de nuevo. Mientras tanto espero que tú Roberto lo cuides bien.

Lisa toma la taza y drena el café en el suelo junto a la tumba. Ella coloca la taza de nuevo dentro de la bolsa y se pone de pie. Se despide de su familia y se va. Se siente en paz, con espíritu. No más tristeza, ella sabe que sólo tiene que ser paciente también. Paciente hasta el día en que se reunirá con su hijo y su marido en el otro lado.

—Estoy listo para ir ahora papá. Ya no tengo más preocupaciones acerca de mamá, sé que nunca nos va a olvidar y por fin entiendo que algún día vamos a estar juntos de nuevo. La amo y te amo papá.

—Te amo hijo, así como a tu madre. Juntos vamos a esperarla en el otro lado.

—Roberto pone su mano sobre el hombro de Carlos, el sol brillaba, no hay nubes que cubran la inmensidad del infinitivo azul. Los pájaros cantan, las flores están radiantes con sus colores mágicos y los dos espíritus desaparecen en la belleza del día.



martes, 22 de abril de 2014

Una rosa para la vagabunda.



Juan siente como sus piernas son consumidas por el dolor que las recorren, el estar un tiempo prolongado en cuclillas sobre el duro suelo del cementerio no es una tarea fácil a su edad. Él está frente a la tumba de Julia, quien fue su esposa por cincuenta y cinco años hasta que unos meses atrás el llamado de la muerte toco su alma.

Una rosa intensamente roja adorna la lápida de concreto que encierra el cuerpo de Julia. Juan tiene su cansada vista fija sobre los pétalos de la flor mientras lágrimas recorren su arrugado rostro. Las lágrimas caen una a una sobre la sencilla lápida sucumbiendo ante los rayos del sol quien las evapora para que suban hasta el cielo y se acerquen a su esposa.

Juan cambia la dirección de su mirada cuando siente que una sombra lo cubre. Mira a su lado, ve a una  joven y alta mujer parada a su izquierda. Su rostro está sucio reflejando la ausencia de higiene, sus ropas son abundantes pero completamente viejas y rasgadas. Su pelo es negro intenso, largo y enredado, el cual le cubre parte de su rostro pero no lo suficiente para ocultar la mirada afligida que sus ojos muestran. A pesar de todo, la joven causa en Juan una sensación de paz interior que no había sentido en varios meses. Sin decir nada, Juan toma la rosa que le había traído a Julia y se la obsequia a la vagabunda.

—No puedo aceptarla, esa rosa no es para mí.

—La rosa es símbolo de amor, afecto, de que alguien se acuerde de ti. Julia no necesita una rosa para saber que ella siempre está conmigo, Julia sabe muy bien que la amo, que siempre estaré a su lado y que nunca la olvidare.

Juan se levanta con dificultad, le toma la mano a la vagabunda y tiernamente coloca la rosa en ella.  

—Tú, como cualquier ser humano merece recibir el aprecio y amor de otra persona.

La vagabunda mira la rosa y con una leve sonrisa lo mira a él. De entre sus ropas viejas ella saca un pequeño libro maltratado por el tiempo y se lo obsequia. Juan la mira con cierta incertidumbre y antes de que el pudiera decir alguna palabra, ella se le adelanta.

—Me parece que es tradición que le obsequie un libro.
—No tiene que hacerlo. Posiblemente es su única posesión. El gesto es suficiente para mí.
—Es mi más atesorada posesión.
—Con más razón debo rechazar tan generoso obsequio.
—Usted es un hombre noble. Le dejare el libro para que se adentre en su mundo. 

Luego volveré a este lugar por él.

La vagabunda da media vuelta y continua caminando entre las tumbas del cementerio. Juan la ve alejarse en silencio mientras sostiene el libro en sus manos. Mirándolo con curiosidad decide abrirlo. Solamente toma un segundo para que Juan quede maravillado y atrapado con su contenido. Sin poder explicar lo que estaba leyendo, Juan comienza a recrear su vida desde que conoció a Julia. Página tras página el libro resume sus buenos y no tan buenos momentos, sus éxitos y fracasos, sus sueños y frustraciones. Juan continúa pasando las páginas mientras el día sigue su curso. Se acerca al final, lee cuando llega al cementerio, lee sobre la vagabunda y la rosa, lee que está leyendo y lee que una mujer se acerca a él. Lee como la mujer le tiende la mano para ayudarlo a levantarse y darse cuenta que esa mujer es Julia. Lee como él coloca el libro sobre la tumba y comienza a caminar tomado de la mano de Julia hasta desaparecer en la distancia.

La vagabunda regresa como la había indicado. Se acerca a la desolada tumba y toma delicadamente el libro que esta sobre la misma, lo abre en la última página y lee como Juan y Julia caminan juntos por toda la eternidad. Cierra el libro y lentamente se adentra en una niebla brillante que se forma delante de ella. Entre sus ropas viejas lleva el libro que ahora posee dos nuevas almas enamoradas las cuales estarán juntas hasta el fin de los tiempos expresando su amor y felicidad.



jueves, 13 de febrero de 2014

Aniversario











La luna llena brilla en un cielo de noche clara y apacible. Es una gigantesca esfera que se refleja sobre las aguas del mar. Su brillo crea la ilusión de formar un camino de plata celestial que se pierde en la distancia. En uno de los numerosos bungalós de la laguna, Martín esta con su gran amor, la que es su esposa desde hace cinco años. Ellos están tristemente esperando que el majestuoso Sol vierta sobre el Océano Pacífico los radiantes rayos de luz que anunciarán la llegada de un nuevo día y el fin de su estadía.

Mirando con nostalgia las aguas mágica que rodean Tahití, con el monte Otemanu levantándose como un mudo testigo de su inmenso amor. Ellos sienten la proximidad de la amarga espera que pronto volverá a comenzar.

Martín e Iris vienen todos los años durante el período de luna llena más próximo al día de San Valentín, el día de su aniversario. Martín siempre alquila el mismo bungaló, es uno de los que se encuentran más retirados de la orilla y que está asentado en dirección del centro de la laguna, el mismo que utilizaron para casarse, el mismo donde se conocieron cuando ella nadaba bajo sus pilares, retorciendo mágicamente su cuerpo entre las piernas de madera que sostienen la estructura, mezclándose con los peces que la acompañaban aquella noche de luna llena. Martín quedo instantáneamente hechizado con su belleza, con su hermoso color bronceado que comparten muchos de los habitantes de las Polinesias.  En aquellos días Martín se encontraba en la isla realizando un reportaje sobre destinos exóticos. Sumergido en su trabajo él no esperaba encontrar el amor en ese lugar, un amor extraño y único.

"Me encanta estar aquí contigo." La voz de Iris se funde con la melodía de las suaves olas que se mueven lentamente en la superficie.
"Es un lugar hermoso, deseo que podamos hacerlo más de una vez al año."
"Yo también lo deseo, pero sabes que es imposible. Es muy difícil para mí estar fuera del palacio, incluso por estos pocos días."
"Sí, lo sé. Tienes muchas responsabilidades. Eres la heredera al trono y tienes una enorme cantidad de deberes que cumplir. Además, también sabes cómo se pone tu padre cada vez que vienes a verme. Se enfurece mucho. No le agrada que estés conmigo."
"Eso es cierto, pero de todos modos él siempre está enojado, es su naturaleza, por lo menos te ha aceptado. Bueno, más o menos."
"Olvídate de tu padre y vamos a disfrutar de este último momento. Esta es la última noche con una luna llena resplandeciendo en el firmamento y pronto tendrás que volver al palacio."
"No me lo recuerdes." Iris pone su cabeza sobre el hombro de Martín.

Martín toma una copa de vino y se la pasa a Iris, ella la recibe gustosamente.  Él toma la otra copa y brindan por su felicidad. Beben las últimas gotas mientras la luz naranja del sol comienza a aparecer en el horizonte.

"Cada año esta vista me parece increíble, pero también me produce tristeza."
"A mí también, porque es hora de que partas." 
"Ya es hora. Espero que algún día mi padre te permita vivir en el palacio conmigo."
“Tu padre nunca permitirá que eso ocurra.”
“Tengo esperanzas de que cambie de parecer tan pronto vea a su nieto.”

Martín la mira sorprendido.
“Sí mi amor, vamos a tener un hijo. Puedo sentirlo, es uno de mis dones.”

Se besan. Largo y apasionado. Se despiden con lágrimas en los ojos. Iris se lanza del bungaló y desaparece en las aguas cristalinas del profundo mar, siguiendo la ruta trazada por la luz de la luna, la cual ya comienza a sucumbir ante la llegada del amanecer.

"Hasta el próximo año, mi amor."


E. N. de Choudens


martes, 21 de enero de 2014

Un postre inesperado


Ayer por la noche, de la misma manera que habíamos hecho en tantas ocasiones anteriormente, Jenny y yo estábamos en un restaurante con nuestra amiga Laura. Ella y mi esposa se conocen desde la infancia. Yo la conocí cuando empecé a salir con Jenny, eso fue hace alrededor de seis años y ahora los tres formamos un grupo bastante unido. Ellas dos son como hermanas y pasan mucho tiempo juntas, son básicamente inseparables. Laura es una chica muy hermosa, no puedo negar ese hecho. Por supuesto, yo nunca le he comentado a Jenny sobre mis pensamientos hacia Laura, no estoy tan loco como para hacer ese tipo de confesión. Cuando Jenny me pregunta solo me limito a comentar que Laura es una chica muy bonita al igual que ella, pero estoy seguro de que Jenny sabe que Laura siempre ha capturado mi atención.

Es normal que algunas veces Laura se quede en nuestra casa a pasar la noche o nos vamos a la playa los tres juntos y cada vez que la veo en su ropa de dormir o en un traje de baño, mi imaginación vuela alto. Jenny sabe que yo no voy a hacer ningún movimiento inapropiado hacia Laura, pero una simple broma cambiara para siempre nuestra actual relación.

Durante la cena, todo transcurrió normal. La misma conversación informal con los mismos chistes ocasionales, hasta que en algún momento de la noche, nuestro encuentro tomó otro giro. Cuando terminamos con nuestros postres procedimos a pedir unas cervezas. El restaurante no necesitaba la mesa. No había demasiada gente y nosotros no teníamos prisa. Antes de que la camarera trajera nuestras bebidas, Laura se puso de pie. Su vestido de color azul, seductivamente ajustado, dibujaba perfectamente las curvas de su cuerpo. No llevaba sujetador y pude fácilmente ver cómo sus pechos medianos se movían libremente dentro de sus telas.

"Vuelvo en un minuto." Ella nos dijo mientras graciosamente señalaba al baño.

"¿Quieres compañía?" Jenny le preguntó mientras ella comenzaba a ponerse de pie.

"De ninguna manera mujer, estoy bien, sólo necesito un momento. Quédate aquí con Frank y hagan algo loco mientras están solos." Ella sonrió y nos dijo adiós con la mano.

Se dio vuelta y comenzó a caminar en dirección del baño. Jenny tomó asiento de nuevo. No dejé de mirar a Laura. Sus nalgas estaban haciendo un movimiento provocativo y natural, se movían hacia arriba y abajo con cada paso de su pequeño cuerpo. Ella llevaba un tanga. No tenía duda de ello, la forma en que su parte trasera se movía no daba señales de estar restringida por una pieza de ropa interior más grande y para ser más sensual, el vestido sólo cubría la mitad de sus muslos, mostrando gran parte de sus hermosas piernas. De pronto, sentí un poco de dolor en mi brazo.

"Basta." Jenny me susurró.

"¿Qué?" Cuando alguien le trae de nuevo a la realidad desde un mundo de fantasía, especialmente si es tu esposa, "qué" es la cosa más estúpida que puedes decir.

"¿Qué? No seas tan inocente, estás desnudando a Laura con tus ojos."

En ese momento, la camarera llegó con nuestras bebidas. Justo a tiempo pensé. Ella nos preguntó si preferimos la botella o un vaso. Dijimos la botella. No nos gusta usar vasos con las cervezas. La camarera me pasó una Corona, paso una Castle Rock a Jenny y dejó otra Castle Rock en el lugar de Laura. En cuanto a la camarera se retiró, Jenny tomó su botella pero también tomó la mía.

"Bueno, espero que Laura te haya calentado lo suficiente porque estas dos están muy ansiosas." Jenny puso mi cerveza entre sus maravillosos senos de tamaño 36 C. Llevaba una blusa ajustada pero con un gran escote que dejaban al descubierto la mitad de esas dos tentadoras maravillas, y como Laura, ella no llevaba sujetador. Se frotó la botella en el medio de su pecho, por debajo de la blusa, frotando la botella entre ellos, dejando que por unos segundos la botella le hiciera el amor en esa parte de su hermoso cuerpo. El movimiento casi sacó de la blusa uno de sus redondos senos y yo estaba muy emocionado por ello. Yo estaba esperando ver al menos uno de sus pezones escapar de esas telas que lo aprisionaban, pero nada salió a la vista.

"Esto es lo que el amigo que llevas entre las piernas va a estar haciendo pronto." Jenny remueve la botella de entre medio de sus senos y me la entrega.

La marca húmeda que dejo la cerveza en su blusa y las gotas de agua que humedecieron su pecho me estaban invitando a sentir el dulce sabor de su piel. Jenny tenía una sonrisa sexy en su boca. Se acercó a mí y sentí su mano presionar mi polla, la cual se tornó completamente dura casi instantáneamente.

"Vamos a hacer el amor toda la noche y voy a dejar que piensa en Laura, que dejes correr tu fantasía hacia ella". Me dijo sin quitar la mano de mi entrepierna.

"Ahumm". Laura aclaró su garganta. "Chicos ya estoy de vuelta."

La miramos y nos reímos. Laura comenzó a mostrar una sonrisa diabólica en su rostro. Yo estaba seguro de que ella escucho lo que Jenny dijo o iba a decir algo para avergonzarnos por encontrar la mano de Jenny en la parte más despierta de mi cuerpo. Estaba equivocado. Laura no tomó asiento, se quedó de pie mirándonos y lentamente levantó su brazo derecho, un pequeño trozo de tela cayó sobre la mesa. En completo asombro, abrí ampliamente mis ojos y mi boca. Miré a Laura, ella estaba en “shock” también. Había una tanga de color negra al lado de nuestras cervezas. Laura se había quitado sus bragas y la tiró en frente de nosotros. Jenny no dijo nada, se puso de pie y caminó en dirección al baño. La vi alejarse mientras mi preocupación crecía.

"¿Estás loca, en que estás pensando?" Le dije a Laura tan pronto Jenny abandonó la mesa.

"Relájate hombre, sólo estoy jugando con ustedes."

"¿Jugando? ¿No vistes su cara? ella está realmente molesta. ¿Cómo pudiste quitarte las bragas y tirarlas en la mesa?" Jenny se echó a reír.

"¿Qué es tan gracioso? No sabemos lo que Jenny está haciendo. Creo que es mejor que vayas a ver. De todos modos voy a ser yo el que va a sufrir las consecuencias de tu broma." Yo estaba más nervioso que enojado y frustrado también, la fantasía que tenía planificada con Jenny había terminado antes de comenzar.

"Oh, Frank, ella está bien, no te preocupes. Jenny estará de regreso en cualquier momento y cálmate ya, no me he quitado las bragas, que tonto eres. Esa que está en la mesa la traía en el bolso, mira." Laura presionó su vestido en el área de su cintura. Una delgada línea se formó a su alrededor. Me eché a reír también. Después de todo Laura realmente no se había quitado su ropa interior. Cogemos nuestras cervezas esperando por Jenny. Tenía la esperanza de que Jenny tomase con calma la broma que Laura nos jugo.

En pocos minutos Jenny ya estaba de regreso, se detuvo entre Laura y yo, miro primero a Laura y luego a mí. Sin sentarse y permaneciendo con el rostro serio tiró sus bragas sobre la mesa. Laura la miró y sorpresivamente Jenny se movió con rapidez hacia su rostro. Jenny comenzó a besar a su amiga en la boca. Laura se quedó inmóvil y yo me quedé asombrado.

Los labios de Jenny estaban tratando de mover los labios de Laura mientras su lengua estaba buscando una manera de ganar acceso al interior de la boca de nuestra amiga. No saliendo del asombro, Laura abrió los ojos tan grandes como dos bolas de billar, pero unos pocos segundos después, ella los cierra y lentamente abrió la boca para aceptar el sorpresivo beso. En total incredulidad vi sus lenguas jugar entre sí, vi cómo el vestido de Laura comenzó a mostrar dos pequeña marca en su pecho. Sus pezones se endurecieron, estaban totalmente erectos, daban la impresión de que en cualquier momento podrían romper su ajustado vestido. Lentamente Jenny deslizó un brazo sobre el pecho de su amiga y la escondió debajo del vestido, justo encima de su seno derecha. Jenny comenzó a dar unas dulces caricias al hermoso pecho de Laura, quien sintiendo el erótico masaje, tomó una respiración profunda y un gemido se escapó de su boca. Mi erección era tan fuerte que tuve que usar mi mano para acomodar mi excitado miembro.

Miré a mí alrededor y el resto de las personas en el interior del restaurante estaban mirando hacia nuestra mesa. Me sentí un poco avergonzado. Algunos de ellos se reían y, probablemente, estaban excitados también, otros mostraban una cara de desacuerdo. Volví mis ojos hacia las chicas, tratando de escapar de todos esos ojos extraños que nos miraban.

Jenny removió su boca de la boca de Laura poniendo un alto al apasionado beso, removió su mano del pecho de Laura y se paró detrás de nuestra sorprendida y ahora excitada amiga. Coloco sus manos sobre los hombros de Laura y dijo las mejores palabras que he escuchado en mi vida.

"Chicos, vámonos ya, creo que es hora de que disfrutemos de un mejor postre." Me guiñó un ojo en forma juguetona. Pedí la cuenta y rápidamente nos fuimos de ese lugar dejando una jugosa propina.

Ahora, después de una noche de un evento inimaginable e intenso pero sumamente agradable y excitante, despertar con dos hermosas chicas es una experiencia inolvidable. Mirando esos dos cuerpos desnudos sobre la cama, me doy cuenta de que este es el final de nuestra antigua amistad, pero sabiendo que ha nacido una nueva y candente relación entre nosotros tres que de seguro producirá nuevas y emocionantes aventuras.

“Deja de mirarnos y ven a desayunar”.

E. N. De Choudens

sábado, 21 de diciembre de 2013

Navidad Eterna

          Desde la sala de mi apartamento, a través de la ventana, puedo ver el millar de luces que alumbran esta ciudad desconocida y he vivido en ella el mayor tiempo de mi vida. Sesenta y cinco años he pasado aquí, mezclando mi ser con esta cultura extraña y seca que a pesar de sus adornos navideños, la música sin sentido, las luces multicolores en todas las esquinas, los árboles de navidad decorando vitrinas y parques, la figura del señor de rojo en todos los lugares, es y será una cultura seca y fría; fría como este viento ártico que congela hasta el alma misma. Llegué aquí con tan solo dieciocho años para realizar mi carrera universitaria, dejando atrás ese pequeño pedazo de tierra en el mar caribe que llamo hogar. La Navidad es lo más que extraño de mi patria.

          Cuando era niño recuerdo que el día de Navidad, después de abrir los regalos, mi familia iba a la casa de mi abuela, era el lugar de reunión familiar. Éramos una familia mediana, mis dos tíos y mis dos tías con sus respectivas esposas y esposos. Los niños éramos nueve en total, mis siete primos, mi hermano y yo. Pasábamos todo el día allí. Por lo general, cuando llegábamos a la casa de la abuela, ya uno de mis tíos estaba preparando el cerdo. El centro de la reunión, todo giraba alrededor de ese animal ensartado desde su trasero hasta su boca, el cual giraba lentamente sobre los trozos calientes de madera seca. Recuerdo que tan pronto salía del coche, podía oler el humo de las brasas, podía escuchar la música y la risas, observaba a mis primos correr y jugar por el abundante campo lleno de árboles.

          Mi padre, al igual que mis tíos se turnaban para girar el cerdo, mientras que mi madre y mis tías estaban en la cocina con mi abuela haciendo el arroz con frijoles, la ensalada de papas, la ensalada verde, y diversos tipos de aperitivos y postres como galletas, budines y flanes. En ocasiones a los adultos nos permitían girar el cerdo mientras ellos nos supervisaban, todo el mundo tenía gran diversión. Las palomas siempre volaban alrededor y de vez en cuando, un halcón se detenía en una de las ramas más altas para espiarnos. No puedo olvidar como dos o tres buitres volaban en círculo sobre nosotros, llamados por el aroma del animal muerto, deseosos de participar del asado. La vida en el campo era tan simple.

          Mientras esperábamos por la cena, mi abuela nos daba algunas de las galletas recién horneadas, de las que se pueden oler a varios kilómetros de distancia. Después de varias horas, cuando el cerdo empezaba a adquirir un color bronceado y el olor a carne cocida llenaba el aire; la lucha entre nosotros —los niños— comenzaba. Siempre estábamos luchando para tomar la cola de cerdo. Todos nosotros queríamos comerla, y cada año era la misma historia, una sola cola y nueve niños deseándola. Pienso en eso y ahora lo encuentro realmente divertido.

          Mientras los adultos cortaban el cerdo, mi abuela y mis tías, junto a mi madre, comenzaban a preparar la mesa con el resto de la comida. Unos minutos más tarde todo estaba listo. La celebración duraba hasta muy tarde en la noche y algunos nos quedábamos hasta el día siguiente.
 
          Ahora, todo esta en un pasado muy lejano y aunque regrese a la isla en varias ocasiones, ya no era lo mismo. Mi abuela murió, luego algunos de mis tíos, varios de mis primos y mi hermano, al igual que yo, vinieron a estudiar a la Gran Nación. Pero no solo mi familia sufrió el ataque feroz del tiempo y de la seductora influencia de la Gran Nación, el hambre del pueblo por lo moderno, los sectores cerrados por control de acceso, leyes de ruido, desbandamiento de la familia gracias al internet y a la televisión por cable, los llamados teléfonos inteligentes que solo hacen embrutecer a la gente manteniéndolos hipnotizados con su diminuta pantalla ignorando todo lo que sucede a su alrededor, y otras modernas invenciones han hecho que  esa tradición casi haya desaparecido, todo eso y mas, poco a poco a ido matando la tradición Navideña. En mi vagar por el paso, sentado aquí en mi apartamento, viendo los rascacielos dominar el panorama, siento el cansancio del tiempo y lentamente cierro mis ojos, olvidándome de esta ciudad patética. Estoy escuchando la voz de mi madre llamarme, escucho a mi padre hablar de deportes con mis tíos, escucho la alegre risa de mis primos, mi madre me llama nuevamente y yo, completamente feliz, camino hacia ella para finalmente disfrutar de una Navidad Eterna, dejando para siempre la degradación de esta Gran Nación.
 
E. N. De Choudens

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