
Roberto
está esperando a su hijo, después de su muerte Carlos desapareció. Se supone
que debieron cruzar al otro lado hace unos días, pero Carlos nunca llego al
cementerio y Roberto no va a cruzar sin él, va a esperar el tiempo que sea
necesario. La espera no se prolongó más.
—Hola
papá— Una voz dice a sus espaldas. Roberto se vuelve para ver a su hijo parado
a su lado.
—Carlos,
hijo, ¿dónde estabas? He estado esperando por ti, ya pasaron varios días—
El
padre de Carlos levanta sus manos y las pone sobre los hombros de su hijo.
—Yo
estaba en casa, quería ver a mamá— Su padre lo abraza, Carlos lo abraza
también.
—Oh Carlos, eso está mal, no se supone que fueras allí.
Tenías que estar aquí conmigo, dispuestos a cruzar —silencio— Bueno ni modo, ya
está hecho, ¿cómo está tu madre?
—Ella
todavía está muy triste, pero lo acepta— Carlos mira al cielo.
—Tu
madre es una mujer fuerte y ella siempre sabía que podíamos tener un accidente.
—Yo realmente la extraño. Papá, no quiero cruzar. Tengo
miedo de este lugar, tengo miedo de no volver a verla. Quiero quedarme con ella.
Fundidos
en un abrazo fraternal, padre e hijo recuerdan el último momento en el que los
dos estuvieron juntos con la madre de Carlos. Ese día fue similar al de hoy, un
cielo sin nubes, una suave brisa del océano, las olas casi ausente y el equipo
de pesca estaba listo en el barco. Como todos los días, la Sra. Pérez preparó
el desayuno para su esposo y su hijo. Curiosamente ese día preparo el desayuno
favorito de su hijo, huevos revueltos con jamón y papas fritas caseras
acompañadas de una taza de café recién colado al estilo de antaño, no con una
moderna máquina de café.
—Mamá,
este café esta delicioso. Puedo oler este aroma todo el día— Carlos respira
profundamente sobre la taza de café.
—Te
preparé un termo para que tú y tu padre puede beber mientras están pescando—
—Gracias
Lisa, tengo la sensación de que hoy va a ser un gran día de pesca. El clima es
fantástico— Dice Roberto.
—Van a tener un grandioso día. Aquí está el almuerzo para los dos— Lisa le pasa
a Roberto una bolsa con dos emparedados de cerdo. Carlos ya tiene el termo de
café en la mano.
Roberto
besa a Lisa y se despide, Carlos hace lo mismo y los dos salen de la humilde
casa. Lisa se da vuelta y comienza a limpiar la cocina. Padre e hijo caminan
hacia el puerto, tratando de decidir en qué área van a pescar. Aún oscuro, las
estrellas mostraban un cielo totalmente despejado. Sin viento y con un mar sin
olas finalmente deciden ir a un banco de arena sumergido que está muy retirado
de la costa. Es un lugar estupendo y muy productivo para la pesca pero por la
distancia no es visitado con frecuencia por los pescadores del pueblo. Sólo
unos pocos de ellos van allí y sólo en días muy tranquilos como este.
Es
pasado el mediodía y el día seguía perfecto. Vieron otros dos barcos de pesca
en los bancos pero ahora están fuera de la vista. El bote de Roberto es viejo,
como la mayoría de los barcos del pueblo pero a pesar de ser viejo, el barco
está en buenas condiciones y todavía muy fiable. Roberto siempre le está dando
el mejor mantenimiento que puede.
Roberto
y Carlos están sacando fuera del agua su red, arrastrando con ella un buen
número de peces, están muy contentos por ello y no se dieron cuenta de las
nubes negras en el horizonte. Unos minutos más tarde las olas comenzaron a
ondular de una manera más pesada. El viento comenzó a soplar con más fuerza, la
brisa fría y el olor de la lluvia anunciaron la proximidad de un mal tiempo.
—Papá,
se acerca una tormenta— Carlos ve las nubes negras en el cielo.
—Lo
sé, date prisa y terminar de sacar la red— Roberto comienza a revisar el motor.
Las
olas crecen rápido, golpean el lado del barco y el agua entra con fuerza al
interior. Con el viento en aumento, el barco se mueve estrepitosamente de lado
a lado y las olas lo hacen brincar de arriba a abajo. Gracias al mal tiempo la
extracción de la red es una tarea muy difícil de completar.
—Córtala—
Grita Roberto. Estaba empezando a preocuparse seriamente por el clima.
—Pero
papá, es nuestra única red.
—Ya
basta Carlos, tenemos que salir de aquí ahora. La tormenta se acerca, viene
directamente a nosotros y viene rápido.
—Casi
la logro sacar papá, apenas unos minutos más y tendré la red fuera.
—Carlos,
olvida la red, córtala ahora. ¡Ya basta de argumentos!
Carlos
tomo el machete y cortó la red la cual desapareció rápidamente en el agua,
Carlos miro con tristeza como su única forma de vida se desvaneció en las
enfurecidas aguas del mar, por lo menos parte de ella. Él empieza a pensar en
lo que pueden hacer con la parte que tienen en el interior del barco, por lo
menos pudo salvar más de la mitad de la red, ya se le ocurría alguna idea.
Roberto puede maniobrar la embarcación más fácilmente sin el pesaje de la red
empujándolos hacia abajo. Acelera más para tener una mejor manera de luchar con
las grandes olas. La tormenta ya está sobre ellos, pero el confía en estar
fuera del peligro en pocos minutos. Entre la lluvia y el viento, un tornado de
agua comienza a formarse a poca distancia. Una inmensa columna de agua que se
elevaba hasta las nubes, un cono majestuoso y bello que conecta el mar con el
cielo. Carlos puede sentir el agua salada del mar desafiando la ley de la
gravedad gracias a la succión del embudo que está tirando hacia arriba el agua
del mar, es una lluvia hacia arriba, una lluvia que va desde la superficie
hasta el firmamento, es un mortal pero bello fenómeno de la naturaleza. Cuando
un tornado se forma sobre el agua no dura mucho tiempo, pero esos pocos minutos
son muy peligrosos. La columna en espiral engulle el barco de pesca antes de
que Roberto y Carlos pudieran abandonar la zona. Ese día nunca regresaron al
pueblo y los grupo de búsqueda comenzaron la desesperada tarea de tratar de
encontrarlos. Fueron hallados dos días después por otro pescador. Sus cuerpos
estaban flotando cerca uno del otro, mezclados entre los escombros del
naufragio de su barco.
—Realmente
voy a extrañar su sonrisa, sus besos, sus abrazos, su tierna mirada y su café.
—Hijo,
yo también voy a extrañarla demasiado, ella nos va a hacer falta pero algún día
vamos a estar juntos de nuevo. Ahora es tiempo de marcharnos.
—Quiero
quedarme aquí papá, no quiero irme. Quiero quedarme con mamá. Quiero esperar
aquí por ella.
Se
abrazan de nuevo. Un grupo de gaviotas vuelan sobre ellos y una mujer camina
hacia la tumba. Roberto y Carlos no se dan cuenta de la solitaria figura que
camina en esa dirección. La mujer se detiene junto a ellos, el padre y el hijo
sienten una explosión de emociones cuando la ven. Vistiendo un vestido negro,
la Sra. Pérez está de pie al lado derecho de su hijo.
Ella
mira el sepulcro por unos pocos segundos. Sus ojos tristemente revelan su
dolor, sus lágrimas humedecen su rostro. Lisa coloca en el suelo una bolsa que
trae consigo. Da otra mirada a la inscripción en la lápida, abre la bolsa y
desde el interior saca un termo de café. Pone el termo en el suelo y busca de
nuevo en el interior de su bolso. Esta vez saca una taza de café, la taza de
Carlos. Padre e hijo la miran con ojos encantadores.
Ella
abre el termo y el aroma del café recién hecho inunda la atmósfera. Toma el
termo y la taza de café, poco a poco llena la taza. Cierra el termo y lo pone
de nuevo en el bolso. Lisa se mantiene silenciosa durante un par de minutos,
simplemente observando la taza con el café caliente sobre la tumba de su
familia.
—Carlos,
aquí está tu amado café. Esa tormenta salió de la nada y en un momento se llevó
a los dos, más tarde se inició la búsqueda, pero no necesitaba esperar por las
malas noticias, cuando ustedes dos no volvieron como de costumbre ya lo sabía.
Después de la ceremonia del entierro no pude volver aquí porque tenía un
profundo deseo de quedarse en la casa, el recuerdo de los dos, especialmente la
memoria tuya hijo mío me mantenía en esas cuatro paredes— Roberto mira a
Carlos. Carlos mira al suelo sin decir nada. —Pero ahora me siento mejor.
Carlos lo siento por no venir antes, ahora tengo la energía y el deseo de venir
aquí, a visitarte a ti y a tu padre. Voy a venir con frecuencia para traer tu
café y voy a hornear tu pastel favorito para tu cumpleaños, después de todo,
vas a tener dieciséis años en tres meses. Por favor, se paciente, voy a estar
con ustedes algún día. Vamos a estar juntos de nuevo. Mientras tanto espero que
tú Roberto lo cuides bien.
Lisa
toma la taza y drena el café en el suelo junto a la tumba. Ella coloca la taza
de nuevo dentro de la bolsa y se pone de pie. Se despide de su familia y se va.
Se siente en paz, con espíritu. No más tristeza, ella sabe que sólo tiene que
ser paciente también. Paciente hasta el día en que se reunirá con su hijo y su
marido en el otro lado.
—Estoy
listo para ir ahora papá. Ya no tengo más preocupaciones acerca de mamá, sé que
nunca nos va a olvidar y por fin entiendo que algún día vamos a estar juntos de
nuevo. La amo y te amo papá.
—Te
amo hijo, así como a tu madre. Juntos vamos a esperarla en el otro lado.
—Roberto pone su mano sobre el hombro de Carlos, el sol brillaba, no hay nubes
que cubran la inmensidad del infinitivo azul. Los pájaros cantan, las flores
están radiantes con sus colores mágicos y los dos espíritus desaparecen en la
belleza del día.
Una historia esotérica de los espíritus que transitan hacia el lugar designado. Conmovedora y bastante fuerte. Gracias por compartir de Choudens.
ResponderEliminarGracias Carlos, si es algo fuerte y profunda. Vemos como la madre pierde a sus seres queridos y como el espiritu de su hijo no desea separase de ella. Amor maternal e incondicional que supera a la muerte misma.
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