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lunes, 22 de abril de 2013

El pensamiento fantasma.


 
 
“Ni tus peores enemigos te pueden hacer tanto daño como tus propios pensamientos”
Buda
 
          Hay un pensamiento, detrás del pensamiento, alimentado por una creencia que es la que, en el fondo, es el motor real de nuestras acciones, malas o buenas. Encontrar esa cavilación fantasmal facilita la tarea de sanarse y acabar con el sufrimiento.
 
          Cuando nos preguntan: ¿qué es lo que te agobia o te molesta?, o ¿por qué has hecho esto o lo otro?, respondemos con el primer pensamiento que traemos en la mente, con el que está “enfrente”, con el que no es la causa verdadera y última, sino con el que encabeza la lista de pensamientos que nos llevan a hacer cosas. Lo que hacemos proviene de lo que creemos y pensamos, pero no siempre identificamos el pensamiento original, que es un dogma, profundamente arraigado, que nos ha acompañado desde siempre. Y si aceptamos como válida la primera respuesta que se nos ocurra (es decir como la auténtica causa de lo que hacemos y de lo que nos ocurre) caeremos en el equívoco de juzgar que por ese pensamiento fue que sucedió lo que sucedió.
 
          Me explico con un ejemplo cotidiano: El marido llega a la casa, abre la puerta y se enfurece porque los niños están jugando y gritando, lo que es una situación perfectamente normal en los chiquillos. La esposa le pregunta que si qué le pasa y lo más seguro es que el marido responda con más enojo, y discuta que los hijos están mal educados, que son muy traviesos o desobedientes o lo que sea… Y que por eso está enojado. La mujer se hace de palabras con su marido, él castiga a los chicos y todo aquello termina en una mini tragedia que pudo haberse evitado. Si pudiésemos escarbar en la mente de ese hombre, podríamos encontrar que la raíz de su enojo viene de un pensamiento detrás del pensamiento, de una creencia que está a la zaga de la molestia de los juegos y estridencias de sus hijos. En un intento de hacerle de psicólogo, quizás lo que sucede es que el personaje tiene la necesidad de vigilarlo todo y que ello provenga de su niñez, de un papá que fue como él pretende ser: un controlador. Asimismo, podría ser que en su trabajo no haya podido dominar los sucesos ajenos a él y entonces su frustración aumenta porque no puede controlar el comportamiento de sus criaturas.
 
          ¿Cuál es el pensamiento fantasma?, ¿el que está detrás de lo que él dijo al principio? No es que los pequeños estén mal educados, sino que él cree – pues así lo aprendió con su padre – que debe haber orden y silencio, y que los niños no deben jugar ni gritar dentro de la casa. Su pensamiento, detrás del pensamiento, es que las personas deben de ser de “cierto” modo, o si no hay que enojarse, lo que le causa inseguridad; es algo que choca contra los paradigmas de su línea paterna, y le genera inquietud tener una nueva familia que sea diferente.
 
          Conocer el pensamiento fantasma puede ayudar (claro, con la humildad y predisposición necesarias para el caso) a enfrentarse y cuestionar si esa idea paradigmática sigue siendo operante en sus circunstancias actuales. Específicamente, la pregunta es: ¿si ese fantasma debe seguir presente? pues, siendo realistas, le produce más dolor que felicidad. Seguramente su ego se rebelará diciéndole que no debe ceder, pues traicionaría sus añejos códigos familiares. Recordemos que para el ego no existe el tiempo - ni le conviene - pues quiere seguir alimentándose, como parásito, de esas creencias fantasmales e inoperantes, pero que en la mente las hace muy vívidas y gobernantes.
 
          Este ejemplo familiar lo podemos llevar, con los ajustes del caso, a cualquier asunto del orden empresarial, político, deportivo o religioso pues la esencia humana (el ego, pues) es muy similar en todos los humanos, nada más cambian los personajes y la obra teatral en turno.
 
          La invitación es a que estemos alertas de lo que pensamos, de lo que decimos a los demás y, más aún, a nosotros mismos. No nada más contamos mentiras a los demás, también nos las decimos a nosotros, y eso es más grave. Si no descubrimos esa verdad, ese pensamiento fantasmal, no daremos con el origen de ciertos males que nos aquejan y que podrían trocarse en bienestar y felicidad.     
 
 
El pensamiento detrás del pensamiento es la clave para sanarse.
 
 
Correo: manuelsanudog@hotmail.com
Blog: www.entusiastika.blogspot.mx
D. R. © Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción sin el permiso del autor.   

jueves, 21 de marzo de 2013

Luz y Oscuridad

Manuel Sañudo  

“Cada uno elige dónde enfocar la mirada; sólo ven la oscuridad aquellos que están enfocados hacia el drama, el dolor y la injusticia”

Sai Baba
 
Aquí, allá y en el Mundo entero parece que vivimos una locura total: contaminando, peleando por los recursos, asesinando y otras barbaries que hacen pensar que vivimos en una época de mayor oscuridad que antes.

No es que sirva de consuelo, pero la barbarie ha existido desde que el mundo es mundo, habitado por el hombre. Es cosa de leer un poco de Historia y comprobar que la brutalidad ha sido una constante universal, peleando unos con otros, desde los tiempos tribales hasta los imperios modernos. La diferencia está en los modos y las armas sofisticadas que ahora se utilizan. De la piedra y el garrote hemos “avanzado” a las armas nucleares… ¡perverso avance!

Atrocidades ocurridas desde la crucifixión de Jesús el Nazareno hasta las actuales monstruosidades de asesinos en serie. Sea por conflictos religiosos, negocios ilícitos, políticos voraces o guerras estúpidas; por tráfico de seres humanos, venta de órganos vitales y un largo y entristecedor etcétera. Tal pareciera que no hemos salido de la era de las cavernas. Hay un dato trágico: nada más en el siglo XX más de 100 millones de personas fueron aniquiladas en guerras y asesinatos masivos, gracias al poderío de las armas de alta tecnología.

Imaginemos un mundo mejor: sin armas de ninguna especie. Los malvados serían menos peligrosos y prepotentes; y aunque las peleas no acabarían, serían más parejas y menos destructivas… ¿A bofetadas, acaso? Obvio que a los fabricantes de armas no les conviene.

El panorama pareciera tenebroso y desconsolador. Sin embargo, deseo compartir el optimismo de muchos grandes personajes que afirman que “se ve más la Oscuridad porque hay más Luz”. Porque, aunque no se note, y muchos medios de comunicación no ayuden para nada, somos más los buenos - imperfectos, obviamente - que los malosos. Pero sucede que los grupos de poder y comunicaciones quieren dirigir la mirada colectiva hacia lo oscuro, y no hacia la luminosidad.

Pero detrás de cada asesino, depravado, corrupto o delincuente hay cientos de miles de personas bondadosas, trabajadoras y decentes. Lo que pasa es que no se ven, ni los medios les dan el espacio que merecen. Recordemos la frase, del argot periodístico, que dice que “el amarillismo vende”. Es decir, que las notas amarillas y rojas venden más que las blancas. Así, pareciera que hay más penumbra que luminosidad.

Sai Baba (1926 -2011), que fue un líder espiritual de la India afirmó: “Que está habiendo un incremento de la luz… Este incremento es intensificado por la conciencia de todos los seres humanos. Cada pensamiento, cada emoción, cada nuevo despertar de alguien a la conciencia de Dios eleva la luminosidad del planeta. Esto te puede parecer una paradoja, puesto que la mayoría ve a su alrededor más odio y miseria, sin embargo no es así.”

Siendo realistas tenemos mucho estrés, miedo, angustia y emociones negativas acumuladas que debemos limpiar para no caer en depresión, por un horizonte que en apariencia es sombrío y luce como generalizado en todo el Planeta.

Un camino de solución: si somos más los buenos que los malos debemos hacer valer nuestro peso específico como mayoría. 

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética... Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”
Martin Luther King
 
Correo: manuelsanudog@hotmail.com

DR. © Derechos reservados. Rubén Manuel Sañudo Gastélum. Se prohíbe la reproducción, total o parcial, sin el permiso del autor.

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