Escribir es algo que siempre me ha dado mucho respeto, y
más cuando se trata de hablar sobre la presentación de un libro, —que no solo
está escrito por un amigo—, sino que también está escrito por un escritor de
los que en mi modesta opinión, la palabra ESCRITOR,
se puede escribir en mayúsculas y no a modo de "grito", sino porque
su trayectoria profesional es merecedora de escribirlo de esa manera, e incluyo
subrayado y en negrita.
Ya sabéis
que no me considero escritora, —pese a que necesite escribir para sentirme
viva—, pero siempre he pensado que todo lo que sale del corazón, es digno de
ser respetado. Por lo que este reportaje, crónica, o como queráis llamarlo,
aspira a ser merecedor de vuestro respeto.
El acto
tenía lugar en la Casa del Libro, en la Gran Vía, 29, a las 19:30.
Esta "apasionada" de la literatura, durante unos
instantes y por motivos que no da a lugar ser mencionados, dudó en ir; es más, mando
un correo al autor, disculpándose porque no se sentía bien para acudir.
Pero una
vez más, me vi en la tesitura de "el deber y el querer", como si de
un miembro de la Casa Real, se tratara, que han de acudir con su mejor sonrisa,
sin mostrar, que por dentro la tristeza les inunda.
Después de
haber mantenido unas palabras con Fernando Alonso Barahona, —que era el
encargado de presentar el libro de José—, terminé por decidirme a ir a la
presentación, en la que me habían invitado, y en la que quisiera creer que no
solo por ser una mujer que defiende la literatura, sino también por esa
relación de amistad entre el autor que presentaba su obra y servidora.
Sobre las
18:30 ya estaba en la Casa del Libro, había quedado previamente con Fernando, —para
conocer más al escritor—, e intercambiar unas palabras sobre este mundo, del
que por momentos y cada vez más, me seduce sobremanera.
Tuve el
honor de disfrutar de una de esas conversaciones en las que sientes la
necesidad de que el tiempo se pare y absorber la experiencia de los que llevan más
tiempo en el mundo de la literatura.
Cuando nos
quisimos dar cuenta, quedaban 10 minutos para que la presentación de "El
Homo Transcendente", comenzara.
Al llegar a la tercera planta de la Casa del Libro a lo lejos pude ver la mirada
de un autor, que aún con toda la experiencia en su mochila particular, tenía el
típico brillo que tanto me gusta y que solo se ve en las personas auténticas y
sin ambages.
Si ya me
sentía feliz, cuando Fernando, me regaló un ejemplar de un libro suyo; esta
felicidad, se duplicó cuando José Membrive, hizo lo mismo.
Pido
disculpas si entretuve al presentador, —me sentí morir— cuando al llegar
parecía que nos estaban esperando.
Os aseguro
que me ha costado mucho transcribir lo que ayer se vivió en la Casa del Libro,
puesto que en ocasiones, —los sentimientos—, hacen que a ésta indómita
reportera, le cueste ser parcial, ecuánime y profesional; y más cuando de una
manera involuntaria y gracias a su nombre, EVA (Espiritualidad, Verdad, Amor),
se sintiera como la madre de todos los que han de cambiar su vida, para lograr
un mundo mejor.
Más fotos:
Hasta el próximo reportaje.
Salud y suerte.
Eva Mª Maisanava Trobo
(Directora de La Revista de Todos)
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