
Los momentos que definen nuestra vida no se
planean, simplemente llegan y nos atrapan, si no te gustan alíate con ellos sin
confrontaciones para luego escapar sigilosamente y perseguir tu verdadero
sueño.
Los recuerdos de gentes, lugares, actividades que
hacemos o de las emociones que sentimos se reflejan en nuestros sueños; suele
ser de manera tan fragmentaría que no podemos predecir como aparecerán, pero
están allí, la mayoría de ellos son olvidados cuando despiertas pero hay otros
que se recuerdan y te acompañan mientras vives.
Hay veces que despertamos en ellos y podemos
manipularlos, dirigirlos hasta conseguir un final que nos haga feliz.
Nuestra vida cotidiana es el semillero de ellos.
Un semillero donde sueños se entremezclan con realidades sin saber discernir
muchas veces dónde nos encontramos, qué decisiones tomar, y cuando por fin las
hemos tomado, nos preguntamos si fue ésa la decisión correcta. Sueños que a
diferencia de la realidad nos reflejan la verdad de lo que somos sin
maquillajes.
María del Carmen Aranda
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