
Ella nació en un lugar alejado de la urbanidad
donde las costumbres ancestrales permanecen intactas.
Desde que naces se marca
tu destino, como el hierro caliente sobre la piel de la bestia; donde el nombre
que te otorgan será la medida de la fuerza de tu espíritu… allí donde la milpa
crece erguida mientras que la mujer agacha la cabeza.
Ella creció sin preguntar jamás porque debía
comer todos los días lo mismo. Alguien del pueblo cercano llevó una brigada de
salud, les pincharon el brazo y como dolió; pero más dolían los golpes del tata
cuando no quería madrugar porque el cansancio no le permitía abrir los ojos. Un
practicante de medicina les platicó como debían balancear los alimentos y como
lavarse los dientes; pero ¿cómo balancear frijoles, tortilla y algunos frutos
como tomate para la salsa? El mejor maíz se los llevaban los comerciantes
intermediarios para vendérselos a las empresas que exportan el maíz; los
güeritos tendrán un producto de primera calidad, pero ellos sólo lo mermado
llevan a sus platos.
Había algo que nadie podía someter…la libertad de
pensamiento. Ella soñaba con muchas cosas, quería ser como la maestra que le
enseñó castilla. Quería también proteger a los infantes y a esas madres que
desnutridas procreaban hijos con leporino o quizás sería médico, como esas
personas tan buenas que les daban dulces. Nunca sería como aquellas que les han
quitado la tierra o acaparan el maíz. Y así día tras día, soñaba y soñaba… fue
creciendo, floreciendo como mujer; su padre le buscó marido, hizo un buen trato
con el prometido, pagaría lo suficiente para ser el dueño de ella.
La maestra le aconsejó huyera, le veía muchas
posibilidades para cumplir sus sueños; pero cuando lo iba hacer, un hombre,
quien ingirió bebidas embriagantes, abusó de ella. Su madre la descubrió tirada
en un charco de sangre y la llevó a casa, solo la milpa fue testigo del brutal
acto. Sin embargo; la boda se llevó acabo, todos afuera esperaron que el novio
avisara que había poseído a una virgen, o que rompiera la cazuela de barro que
colgaba en la puerta, anunciando así que no fue digna de portar el traje que
significa pureza. El novio furioso la sacó de la choza de guano, y los
familiares y amigos la golpearon... Allí quedaron sus sueños... en colores
blanco, rojo y negro.
“Tú mestizo que tienes un Dios que te protege, a
mí, que tengo tantos, ¿Por qué soy carne de sacrifico?, ya no en un cenote
sagrado como mis ancestros... ahora mi muerte es más lenta. Tú mestizo que
sueñas y luchas por tus sueños, que tú dios te ha dado libre albedrío para
fracasar o triunfar, mira aquí, chiquita, entre mi milpa amada, donde el dios
viento anuncia mi muerte, no te quejes de tu destino, el que tú elegiste... yo
no puedo elegir el mío, dile a tu dios devuelva labios a mis niños y libertad a
mi gente.”
Elizabeth Larrañaga
Elizabeth,
ResponderEliminarTu historia me ha llegado profundamente al alma. Una historia como tantas que se repiten en donde la mujer es vista como un instrumento, ya sea para fundar un matrimonio o para satisfacer las necesidades de cualquier hombre con la fuerza y el corazón negro para destrozar un cuerpo y cientos de sueños.
Una historia dura, detestable, falta de humanidad, crítica. Y muchos interrogantes que deberían estar resueltos, pero el ser humano puede ser tan inhumano como se plantgea en este texto; desgraciadamente, lo es.
ResponderEliminarSegún lo cuenta el autor, es como asomarse a la ventana de muchos lugares de la tierra donde la vida se hace piedra y el hombre el ejecutor de lo bello; lo que no sabe apreciar porque es bestia, a punto de convertirse en la maldición de los valles fértiles del amacer a lo infinito: un ser finito sin alma.
Sólo un consejo: cuida un poco la gramática y la ortografía.