Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

A la deriva

          Abrió los ojos. Una fuerte luz le hizo volver a cerrarlos de golpe. Se sentía mareado. No sabía dónde estaba. No recordaba cómo había llegado hasta allí. Mientras esa luz, filtrada por sus párpados, calibraba el tamaño de sus pupilas, intentó olfatear algo familiar. Nada, no olía nada. No es que no reconociera alguna fragancia, simplemente aquel lugar no tenía olor.         

          Poco a poco fue abriendo sus ojos y pudo enfocar los grandes ventanales, medio cerrados los postigos, por los que entraban algunos rayos de sol. Al otro lado del grueso cristal se adivinaba el piar de los pájaros que revoloteaban con su singular orden caótico, aterrizando, algunos, en el alféizar, para picotear los pequeños brotes de las plantas que lo adornaban.         

          Paseó su mirada por el resto de la estancia. Era un dormitorio bonito y original, demasiado moderno, quizás. La mesita de noche era roja, igual que el armario, un xifonier y las cortinas. Todo el mobiliario contrastaba con el techo aguamarina y las paredes de color verde primavera, salpicadas con pinturas naifs.         

          Se incorporó con mucho trabajo y se encaminó hacia la puerta. Le reconfortaba ese lugar, pero el miedo a lo desconocido, a no saber cómo había llegado allí, fue apoderándose de él, y su caminar se hizo más lento. ¿Estaría encerrado en aquel dormitorio? ¿Por qué? Dio otro paso y otro y otro más, a él le parecieron cientos. Llegó a la puerta, agarró el pomo con firmeza... Cedió. 

          Se asomó al nuevo espacio. Era un largo y estrecho pasillo, muy blanco, blanco sólo manchado por el gris de los interruptores y el colorido de las puertas situadas a derecha e izquierda, ninguna igual a otra. Continuó su indeciso andar hasta el final del sendero inmaculado donde le esperaba una doble puerta, y al correr las hojas...         

          ¡Azul! Entró en un mundo donde el azul, en diversos tonos, y la luz lo cubrían todo. Paredes turquesa perforadas por ojos de buey, uno de ellos, el más grande, rodeado por un timón. Mástiles a modo de vigas; velas haciendo las veces de cortinas; instrumentos de navegación colgados de cada nudo de los cabos fijados a los tabiques; estrellas y la luna incrustadas en el techo, y en el centro de este, una inmensa brújula transparente permitía la entrada de la luz del sol, iluminando cada rincón. Un ancla se adivinaba en el suelo de parqué bajo los muebles, todos ellos simulando la sala de navegación de cualquier barco.

          Entonces lo oyó. Caminó hacia uno de los cristales, el que estaba entreabierto, y lo vio. ¡El mar! Se hizo la luz, pero esta vez dentro de su cerebro. ¡Era su casa!         

― ¡Papá!― sonó una voz femenina― ¿Por qué no me has llamado? Te hubiera ayudado a levantarte.

― Hija, me pasó algo raro, no sabía dónde estaba, no conocía nada, estaba asustado.

― Ya pasó. ¿Estás mejor ahora?

― Si... Además, algo bueno he sacado de este susto, he vuelto a conocer mi casa. ¡Qué bello lugar! Parece que hubiéramos contratado a un marinero para que decorase nuestro hogar.

― No fue un marinero, fue un capitán, como dice la canción.

― Hija, no sé muy bien qué me pasa, quizás no dormí relajado, o algo me ha sentado mal, pero... ¡No recuerdo cómo te llamas!

― Alicia fue el precioso nombre que me regalasteis mamá y tú. Ahora, como todos los días, te voy a contar una preciosa historia. Eras capitán de barco, como en las novelas. Llegaste a un puerto lejano y conociste a Elsa, mi madre. Os enamorasteis y tuvisteis dos niños, Salvador y yo. En uno de tus viajes anclaste en este pueblo, compraste esta casa y cada vez que tenías vacaciones venías a trabajar en ella, a decorarla como sólo tú podías hacerlo, a convertirla poco a poco en tu hogar. Tu mayor ilusión era vivir con tus hijos y nietos, dejarles un legado de ilusión. Querías enseñarnos a recordar, qué paradoja, a no olvidar lo bueno y lo malo de este mundo. Aprendimos a valorar esta vida maravillosa, nos llenaste de recuerdos y de buenos momentos... De vida, esa será nuestra gran herencia, nuestro tesoro, saber vivir cada día, cada instante. Poco después de cumplir los cincuenta, decidiste poner fin a tus viajes, tiraste el ancla por última vez y nos trasladamos todos aquí. Vivimos años maravillosos. Salvador se casó, y al poco tiempo lo hice yo, y vinieron nuestros hijos. Seguimos disfrutando junto a los pequeños de este rincón. Los niños escuchaban, entusiasmados, las historias de tus viajes. Paseábamos por la playa poco después de amanecer, hasta llegar a la subasta del pescado en la lonja. Intentaré no olvidar nunca mi primer día de pesca, en ese bote salvavidas que jubilaron y que tú convertiste en nuestro pequeño barco de faenar. “Recuerdos” lo bautizaste, rompiendo una botella de cava y parte de su casco, aquel día. Recuerdos y vida, gran patrimonio, quizás, lo mejor que un hombre puede legar... ¿Te gustó la historia? 

— ¿Qué historia? ¡Déjame de historias y vete a buscar ese producto que quita el olor! ¡Tíralo a la basura y que no entre más en esta casa! ¡Quiero oler el mar!— y bajando bruscamente la voz, casi susurrando, terminó— Como antes. No lo huelo... Quiero olerlo

― No hueles por el Alzheimer.

― Pues no uses más “elalzheimer” y déjame oler.

― Te quiero papá...

 
Carlos Valdés Cervantes.

13 comentarios:

  1. No sólo trata un doloroso tema, sino que lo hace uniendo mi amor por el mar y por los barcos. Maravilloso.

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  2. Gracias Juan. Me alegra que mis letras te hayan tocado un poquito el corazón. Un abrazo.

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  3. Increiblemente buen aporte que narra con diálogo incluido la triste realidad de los enfermos de Alzheimer.

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  4. Absolutamente Genial. Es auténtica magia poder crear tanta ternura alrededor de una enfermedad tan dolorosa. Felicidades Carlos.

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  5. Me gustó el título y la narración. Quizás la enfermedad podría sugerirse en lugar de nombrarse directamente. Solo una perspectiva. Gracias.

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  6. Manuel MEJÍA SÁNCHEZ-CAMBRONERO22 de noviembre de 2012, 20:41

    Amigo Carlos: Me ha tocado la fibra tu relato, no ya por la soltura que veo en tu pluma, sino por el tema y de la forma que lo tratas, con esas pinceladas de ambiente, que te dan la mano para seguir hasta el final.
    Y dado que tengo encima de mi mesa pendiente de pasar al archivo, este triptico que hice para el día de esta enfermedad, me tomo la libertad de incluirlo, para que veas mi formas de pensar al respecto...

    Si ellos tú no les
    ya no te olvides
    recuerdan










    ALZHEIMER
    I
    Se le conoce como enfermedad
    que roe en los veneros de la mente,
    aduerme la fluidez en la corriente
    y en ésta aflora cierta turbiedad.

    Los síntomas se asocian con la edad,
    no siendo algo que brota de repente,
    va abriéndose camino muy silente
    hasta que da la cara de verdad.

    Una vez que se asoma al escenario
    este síntoma audaz y temerario
    se le debe tratar en su medida.

    Es una enfermedad muy complicada
    y por tanto ha de estar muy controlada
    para que no nos gane la partida.






    …///…



    ...///...
    II

    Se le debe prestar gran atención
    ya que esta enfermedad bien lo requiere,
    un detalle por mínimo que fuere
    le sirve a la cadena de eslabón.

    Nos debemos cargar de comprensión
    y a base de ésta, lograr que coopere
    el enfermo; y aun tiempo que no altere
    el enfoque frontal de su visión.

    Todo será distinto si sabemos
    alisar bien por donde nos movemos,
    a base de cariño y más cariño.

    Pues el enfermo que este mal padece,
    el amor y el afecto lo agradece
    con la misma ilusión que lo hace un niño.
    III
    Con un buen trato haremos que el paciente
    resuelva sus problemas cotidianos,
    seamos, pues, su cabeza, pies y manos;
    y sigamos sus pasos lentamente.

    Sembremos alegría en el ambiente,
    limemos las aristas de los planos,
    si hacemos los caminos todos llanos;
    por ellos andarán más fácilmente

    aquellos que padecen este mal.
    En su entorno no hagamos un charcal
    donde puedan caer sin darse cuenta.

    De nosotros depende su vivir,
    seamos el corazón y su latir
    y la estrella fugaz que los orienta.

    PENSEMOS QUE NOSOTROS TAL VEZ LUEGO
    NECESITAR PODAMOS DE ESTE APEGO...
    Manuel MEJÍA SÁNCHEZ-CAMBRONERO
    A TODOS LOS AFECTADOS POR ESTA ENFERMEDAD Y ALAS PERSONAS QUE LOS ATIENDEN, BIEN SEAN FAMILIARES O PROFESIONALES.-

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  7. Manuel MEJÍA SÁNCHEZ-CAMBRONERO22 de noviembre de 2012, 20:51

    VA DE NUEVO EL COMENTARIO, PORQUE AL PASARLO ME HE DADO CUENTA QUE NO HABIA SALIDO BIEN (PERDÓN)

    Amigo Carlos: Me ha tocado la fibra tu relato, no ya por la soltura que veo en tu pluma, sino por el tema y de la forma que lo tratas, con esas pinceladas de ambiente, que te dan la mano para seguir hasta el final.
    Y dado que tengo encima de mi mesa pendiente de pasar al archivo, este triptico que hice para el día de esta enfermedad, me tomo la libertad de incluirlo, para que veas mi formas de pensar al respecto...


    SI ELLOS NO TE RECUERDAN
    TÚ NO LES OLVIDES.











    ALZHEIMER
    I
    Se le conoce como enfermedad
    que roe en los veneros de la mente,
    aduerme la fluidez en la corriente
    y en ésta aflora cierta turbiedad.

    Los síntomas se asocian con la edad,
    no siendo algo que brota de repente,
    va abriéndose camino muy silente
    hasta que da la cara de verdad.

    Una vez que se asoma al escenario
    este síntoma audaz y temerario
    se le debe tratar en su medida.

    Es una enfermedad muy complicada
    y por tanto ha de estar muy controlada
    para que no nos gane la partida.

    II

    Se le debe prestar gran atención
    ya que esta enfermedad bien lo requiere,
    un detalle por mínimo que fuere
    le sirve a la cadena de eslabón.

    Nos debemos cargar de comprensión
    y a base de ésta, lograr que coopere
    el enfermo; y aun tiempo que no altere
    el enfoque frontal de su visión.

    Todo será distinto si sabemos
    alisar bien por donde nos movemos,
    a base de cariño y más cariño.

    Pues el enfermo que este mal padece,
    el amor y el afecto lo agradece
    con la misma ilusión que lo hace un niño.

    III

    Con un buen trato haremos que el paciente
    resuelva sus problemas cotidianos,
    seamos, pues, su cabeza, pies y manos;
    y sigamos sus pasos lentamente.

    Sembremos alegría en el ambiente,
    limemos las aristas de los planos,
    si hacemos los caminos todos llanos;
    por ellos andarán más fácilmente

    aquellos que padecen este mal.
    En su entorno no hagamos un charcal
    donde puedan caer sin darse cuenta.

    De nosotros depende su vivir,
    seamos el corazón y su latir
    y la estrella fugaz que los orienta.

    PENSEMOS QUE NOSOTROS TAL VEZ LUEGO
    NECESITAR PODAMOS DE ESTE APEGO...
    Manuel MEJÍA SÁNCHEZ-CAMBRONERO
    A TODOS LOS AFECTADOS POR ESTA ENFERMEDAD Y ALAS PERSONAS QUE LOS ATIENDEN, BIEN SEAN FAMILIARES O PROFESIONALES.-



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  8. Angel de cristal muy agradecido con tu comentario y el detalle del dialogo. muchas gracias desde el centro del pecho.

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  9. Diana... Mi angel de la guarda... ¡GRACIAS SIEMPRE!

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  10. Manuel ¿Qué forma tan bella de pedir ayuda para ellos que mañana seremos nosotros. Con una poesía, la más bella, la más grande. Felicidades Manuel y me alegra mucho que mi relato guste a un poeta como tú. Gracias

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  11. El Alzheimer es una dolencia muy seria que no sólo destruye al enfermo sino a quienes velan por él. Tu historia le da un giro diferente y fresco, aquel que a veces se requiere para darle un enfoque menos serio a lo que sucede. Muy buen relato, gracias por compartirlo.

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  12. este es un tema que siempre me llega, pero independientemente a la emotividad que surge a partir de él, la ternura del relato destaca como un recurso literario exquisitamente usado.

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  13. Gracias Carlos, lo entendiste y eso me llena. Caliope demasiado grande ese elogio para este aprendiz, aún así lo agradezco muchisimo con humildad.

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