Hay historias verdaderamente de amor. ¿Cómo pueden
ocurrir? No lo sabemos, simplemente ocurren; los sentimientos se desbordan y
fluyen.

Ante
tanta dulzura y brillo el pequeño árbol fue sintiendo una gran atracción por
ella, quería llegar hasta su lado y entregarle sus bonitas y frescas flores,
pero aún era demasiado pequeño, tenía que crecer mucho para alcanzarla.
Así un
día tras otro, la estrella aparecía y el árbol maravillado la contemplaba
meciendo sus hojas al compás de su ya también amigo el viento. Tengo que
alcanzarla, y a través de sus propias lágrimas el árbol crecía y crecía pero
cada vez que pensaba que lo conseguiría, una mano desconocida le cortaba sus
ramas, podaban su vida. Así crecerás más fuerte -le decían.
Y cuándo
la poda no hacían y el árbol no podía más, sus ramas del peso tronchadas caían,
era demasiado esfuerzo. -Nunca podré llegar hasta ella, se repetía.
Una noche
el viento, al ver la tristeza que de la estrella y del árbol se desprendían, se
compadeció.
Pensad en
algo que deseéis y cumpliré vuestro deseo. -Murmuró el viento.
La
estrella dijo: -Quiero ser mujer para así estar a su lado, cuidar de sus hojas,
de sus frutos, de él.
¿Y tú,
árbol? ¿Cuál es tu deseo?
–Quiero
ser un ave. –Le dijo al viento y tú me ayudarás y yo volaré hasta ella y nunca
la dejaré.
Sus
deseos finalmente se vieron cumplidos y una noche la estrella no volvió a
aparecer; se hizo mujer y en busca de su amado árbol fue, pero el árbol ya no
estaba, se había convertido en un bonito Guácharo que emprendió su vuelo al
anochecer.
Él,
atormentado todas las noches la buscaba pero su luz en el cielo no podía ver.
Cuentan
que en las silenciosas noches de primavera se oye el cántico del viento
acompañando la sombra de una bella mujer; dicen que deambula por los bosques,
que camina por los senderos en busca de su amado, que por él se hizo mujer.
Hablan
que en la Cueva de San Andrés vive un Guácharo que llora y llora, que abandona
su cueva por la noche y sale en busca de su amada estrella hasta que la luz de
la madrugada le ciega y no le deja ver.
Rumorean
que siguen buscándose y que murmura el viento que se arrepiente, que nunca más
en una historia de amor, por muy conmovido que se sienta, se volverá a meter.
“Dejemos que las cosas
sigan su curso, lo que tenga que ser será y lo que no, es mejor no forzar”.
Por:
María del Carmen Aranda
Un relato muy poético y triste a la vez.
ResponderEliminarSi Nuria, así es el amor para muchos. Un abrazo y gracias por tu comentario.
EliminarGracias Nuria,
ResponderEliminarEl amor debe ser libre y que sientas que te lleve. Cuando se fuerza se puede romper.
Un beso amiga.
Qué lindo, me trasladó a mi infancia cuando aprendiamos en la escuela las leyendas indígenas.
ResponderEliminarEn ello me inspire Gontxu. Un fuerte abrazo!
EliminarBonito relato. No todas las historias de amor acaban bien. Es más realista así. Enhorabuena María del Carmen, muy bonito.
ResponderEliminarGracias Faustino,
EliminarUna cosa es lo que nuestro corazón y mente desean y otra la realidad que impera y nos rodea. Pero siempre y para cada uno de nosotros hay un amor en algun lugar que nos esta esperando. ¿Verdad?
Un abrazo!
La verdad siempre es más complicada de lo que uno cree María. A veces cambiar es bueno, a veces puede ser todo lo contrario. La necesidad del ser humano de hacer más con su vida nos lleva a sacrificar lo que queremos. Por esto este relato está como hecho a la medida, y me imagino que es de la tradición oral de nuestro continente.
ResponderEliminarEstoy totalmente de acuerdo contigo Carlos, la verdad a veces resulta difícil de aceptar y nos sumergimos en nuestros propios sueños e ideales.Pienso, que mientras uno sea feliz ¿porque no seguir soñando? Quizás algún día al despertar encontremos la verdad que siempre quisimos tener.
EliminarUn abrazo y gracias por tu comentario.
Es muy bueno, Mari Carmen. Triste, pero muy bueno. Te felicito por ello, aunque espero algo más alegre la próxima vez, jeje. Un besazo.
ResponderEliminarMira que lo intento, pero...
EliminarA la próxima... Un beso Juan.
ah que relato, si que se queda uno pensativo! Saludos!
ResponderEliminarGracias Juan...
ResponderEliminarLa reflexión, la reflexión ... Un saludo