martes, 23 de abril de 2019

Viñetas de Manolo Royo. Especial Sant Jordi.




















Manolo Royo



El poder de la mente


Este año Laura estaba un poco triste, se acercaba  Sant Jordi y su novio Marcos este año no podría estar cerca de ella, su jefe justo esos días lo había enviado una semana a Dinamarca, tenían varías reuniones previstas que no se podían dejar de lado. Sant Jordi era un día que le gustaba especialmente, sobre todo la alegría que impregnaban las calles de Barcelona llenas de libros y personal que se paseaba para ver las últimas novedades... Las colas para que firmaran los autores más emblemáticos del momento, el ambiente festivo, en fin era una fiesta que aunque no festiva, en Cataluña la gente desde la mañana hasta la tarde salía en tromba para comprar su libro favorito, y aunque Laura pensaba comprarle un libro a Marcos, seguro que se compraría uno para ella, y si no tenía la rosa, otro día sería.

Aquella tarde hacía un sol radiante, todo invitaba a salir de paseo, Laura quedó con sus amigas y se dirigió a Barcelona, era difícil pasear, porque la verdad es que parecía que habían soltado a todo el mundo de su casa, era increíble, valía la pena por ver las caras de felicidad de la gente, que parecía no importarles tener que esperar para ver su libro preferido, debido a la gran cantidad de personal que se acumulaba. Lo que importaba era que no te dominara la prisa y descubrir aquel título que deseabas tanto leer. Parecía mentira, cuando salió el libro electrónico se pensó que el papel tenía los días contados; pero por suerte no había sido así, al menos de momento, las dos cosas convivían,  sin embargo el papel  disponía de aquel encanto especial por su tacto y por su olor  propio de papel nuevo.

Laura empezó a subir por el Paseo de Gracia, donde se encontraban la mayoría de libreros, allí divisó a una amiga escritora, que toda ilusionada mostraba su libro en una caseta.  La saludó y le compró su libro, ya tenía lectura; aunque con la falta de tiempo de que disponía lo dejaría para más adelante, ahora buscaría uno para Marcos, la verdad es que a él no le gustaba mucho leer, seguramente le compraría un Betsseller, tardaría en encontrarlo porque no se veía nada, no le gustaba empujar, pero había gente que se quedaba muy anhelada mirando libros y no se apartaba ni a tiros.

Comenzaba a cansarse un poco, esto de la cultura también agotaba físicamente, ¿Quién dijo que no? Un poco de paciencia le hacía falta.

Ya sabía que libro comprarle, "Origen" de Dan Brown, a él le gustaban mucho los misterios, seguiría buscando, estaba claro que la gente era capaz de esperar en una cola enorme con tal de obtener el libro que buscaba. En algún momento tuvo que recurrir al empujón disimulado con tal de que alguno se moviera un poco y pudiéramos ver también los demás. Estaba descubriendo cantidad de libros de autoayuda, no pasaban de moda, cada año se encontraban con unos cuantos, precisamente uno le llamó la atención, se llamaba “Poder sin límites” para alcanzar una vida mejor. Vamos si fuera así, la mayoría no se conformarían con lo que tenían y seguirían su receta milagrosa. En fin se supone que más de uno caería, sino no tendrían tanto éxito. También le encantaban los cuentos ilustrados, cada vez eran más bonitos y originales, sobre todo sus ilustraciones, lástima que no existían sobrinos ni hijos a la vista. Siguió subiendo por el paseo, parecía que cada vez había más gente, aún era temprano, las cinco de la tarde, hacía un sol radiante, incluso diría que calor; pero a la gente parecía no importarle mucho. Ya estaba a punto de llegar al final del paseo y no encontraba el libro, puede que se hubiera agotado. De pronto desde lejos en la última caseta divisó la novela, se acercó corriendo para cogerla rápido antes que alguno se diera cuenta. Ya la tenía, sin embargo otra mano se posó sobre ella, y Laura sin mirar le dijo: - Oiga yo lo vi primero; pero al tocar aquella mano, su tacto, no podía ser, levantó su cabeza y ahí estaba él, Marcos, ¡imposible! La miró y le dio una rosa preciosa con lágrimas de purpurina y agua que resbalaban por sus pétalos y su rama, y un envoltorio plateado que la convertía en un enorme tesoro, ella casi sin mirar por la emoción, le regaló el libro.

Marcos le explicó que le dieron un día de permiso y que al día siguiente debía de regresar, pero no le importó, no se quería perder aquel espectáculo, y sabía que tarde o temprano la encontraría, adivinó su pensamiento y el libro que le quería comprar. Los dos se miraron, y en ese momento se dieron un largo y dulce beso en los labios, el mundo desapareció ante sus ojos, solo existían ellos dos, lo demás no importaba. Se cogieron de la mano y comenzaron a pasear, esta vez sin agobios, tranquilos disfrutando de aquel día tan espectacular que año tras año se repetía. Y quizás aquel libro del “Poder sin límites” había obrado el milagro.

Carmen Andújar Zorrilla


Rebuscando en el ayer



Yo no me considero antigua, ni tan siquiera mayor, ni mucho menos vieja, aunque si preguntará algún joven sería una abuela, una tarra, una carroza.

Ellos se piensan que ser joven es un derecho y sólo es una etapa.

Pero sí, me aproximo a los sesenta y puedo hablar de cosas de ayer, esas que se llaman antiguas por ejemplo del campo y mi niñez en él, de mi entorno más cercano, mi casa, mi calle, mi barrio, mi monte, en definitiva de mi querido y adorado pueblo.
            
Vivía en un pueblo pequeño, rodeado de campo y naturaleza, la calle era mi espacio, mi sitio, donde dejaba mis risas, mis palabras, mi carácter, mis maneras, en la calle empezaba a madurar al lado de mis amigos y vecinos sin necesidad de actividades jugando.
            
En el barrio se aprendían tantas cosas, pasaban tantas gentes, tanto que ver, que oler, que sentir, que las calles se convertían en un cuadro con mil colores y formas, un pequeño mundo al que simplemente debíamos observar y absorber.
            
El campo envolvía al núcleo urbano haciendo sus afueras verdes y preciosas unas afueras muy cercanas, por cierto el pueblo no era grande y el verde dominaba sin lugar a dudas, saludaba de cerca a la plaza.
            
Por las mañanas el olor a carbón y a leña se metía por todas partes, era lo que había y era un olor auténtico, cotidiano.
            
Había una vaquería chiquita en el camino del monte y su leche se vendía en la plaza, en la lechería de ¡La Matilde!

En muchas casas tenían gallineros y veías cómo se incubaban los huevos y nacían los pollitos, mirabas asombrada casi sin creértelo, cómo de ese cascarón salía ese pajarito tan perfecto.
            
En otras casas lucían las cuadras con caballos, cerdos, mulas, pavos, conejos y perros, todo eso nos empapaba de vida, metiéndonos dentro la sensibilidad y el amor por los animales y el ¡querer!se aprendía extendiéndolo a todo y a todos, un valor que se nos regalaba: Amar la vida
            
En las huertas de lombardas los morados y azulados dejaban ver un trozo de mar, un trocito de sueño, al lado las lechugas verdes hacían contraste y daban paso a la bañera llena de ese color vivo y naranja de las zanahorias.
            
En la era, sus espigas doradas nos servían de escondite en nuestras correrías y al soplar el viento se mecían con sus olas doradas.
            
Todo eran vivencias y aprendizajes.

En verano, llegaba el colchonero con su vara y en su gran taller, la calle, descosía los colchones de lana, no eran de madeja de lana —¿eh?— Eran como trocitos del pelo de la oveja.
           
Vareaba esa lana que se apelmazaba del uso, haciendo que estuviera esponjosa y suelta, al final, metía todo de nuevo en la funda que formaba el colchón y lo volvía a coser, a veces paraba y se limpiaba la frente y resoplaba ¡Qué calor! Y allí estaba enseguida alguien con un frío vaso de agua que refrescaba su garganta.
           
También volvía en otoño el mielero con sus alforjas con miel y queso, la miel rubia y dulce que todas las madres te daban cuando te acatarrabas.
            
A mí me encantaba el paragüero, te arreglaba un paraguas hecho unos zorros, en un plis plas, era un artista.
           
Nada se tiraba, todo se arreglaba, las sillas de anea donde las mujeres salían al fresco, los sofás y sillones se tapizaban y seguían dando su juego.
            
Pero sin duda el que más nos gustaba era el afilador, llegaba con su motillo y su piedra de afilar tocando su chiflo "tiruuu ri ru riiii"

¡El AFILADOR!

            
Como un mago se oía el chuflo y al momento la calle se llenaba de chavales para verle afilar, era como el flautista de Hamelin aducía.
           
Y así vivíamos cada momento, bebiéndonos los instantes, guardando en la retina todo lo que veíamos, éramos de pueblo, de campo, sencillos, llanos y empáticos.
           
La naturaleza nos enseñaba a compartir, a soñar, valorar y a respetar.
           
Las vecinas se juntaban en las puertas y contaban de sus casas, de sus cosas, de sus problemas, otras veces reían y reían y era su terapia, su psicólogo, su desahogo.
         
En la alacena siempre había tomates de aquél, huevos del otro, higos, uvas y muchas cosas que se compartían y si alguien caía enfermo o un niño llegaba al mundo, su casa era un trasiego de vecinos con caldo, naranjas, dulces y sobre todo afecto.
           
Así que creo, que tuve mucha suerte de crecer en un pueblo de campo porque me hizo ser feliz, respetar a la naturaleza y me enseñó a valorar y tener dignidad.
           
Ahora hay menos campo y más ciudades, es hasta lógico somos más, aunque lo primordial, lo que importa no es haber perdido los campos y su forma de vida, todo cambia y evoluciona, lo doloroso es haber olvidado los valores, los principios, la sencillez, la humildad, la solidaridad, todo eso que tienen las gentes de campo.
            
Y es que yo creo firmemente que sin naturaleza nos desnaturalizamos.

¡Gracias Pozuelo!


Teresa Silvestre Puñal

viernes, 12 de abril de 2019

Especial Sant Jordi. ¡Te esperamos!



            La Revista de Todos, os presenta las publicaciones para el próximo 23 de abril.

            Esta edición esta cargada, una vez más, de diferentes apuestas literarias, 
pero todas ellas están escritas con un mismo objetivo, la ilusión 
y las ganas de haceros soñar.

Como siempre deseamos que os guste.
¡Gracias!


Presentación de los títulos que se van a publicar:

  1. Rebuscando en el ayer. Teresa Silvestre.
  2. El poder de la mente. Carmen Andújar Zorrilla.
  3. Céfiro. Rocío Ruíz.
  4. La protectora. Manuel Barranco Roda.
  5. Viñetas. Manolo Royo
  6. La Familia Helviana. Las despedidas. Carlos Molina.
  7. Se fue marchitando. Rocío Ruiz.
  8. Un viaje en el tiempo. Hollman Barrero.
  9. Primavera por Tito. Jacinto Castro de Francisco.
  10. Mujer. Trina Lee de Hidalgo.
  11. Presión en el metro. El Perurena
  12. No busquéis más a Federico, no le busquéis. Ferran Garrido.
  13. Mirar tus ojos. Poema de Fernando Alonso Barahona.
  14. Escritores, amigos y ahora… ¡A quién le importa lo que sean ahora! Eva Mª Maisanava Trobo.
  15. Giselle, permítame hacerla el amor. Eva Mª Maisanava Trobo





La próxima publicación será el 16 de junio del 2019
Quien quiera participar, lo puede hacer enviando su aportación antes del 1de junio al siguiente correo electrónico: larevistadetodos@hotmail.es o el_rincon_de_eva@hotmail.com

En el asunto tendréis que poner: "Colaboración revista"
Cada texto tendrá que ir acompañado de una ilustración.
¡Cuento con vosotros! ¡Gracias!



jueves, 14 de marzo de 2019

Reseña de Escorts,una semana en París. Por Rocío Ruiz


Así es Rocío quería que conocieses a Giselle, porque solamente conociendo su vida se puede llegar a entender la continuación de su historia.

En cuanto al Sr. Rodríguez se refiere y si este le hará sentir lo que en estos instantes ella anhela todavía ni tan siquiera yo como escritora de su vida lo sé. Si el capítulo lo escribiera hoy te aseguro que sería demasiado triste y ella más que nadie merece ser feliz.

Así que dejaremos que transcurra el tiempo para que otra vez y de nuevo me meta en la piel de Giselle para sentir, vivir, comportarme y actuar como ella lo haría.

Volveré de nuevo a confundir la realidad con la ficción, a no saber si ella escribe mi vida o yo la de ella. —¡Qué más da!—, ¿no crees?.

Gracias por tu reseña y ya veremos si el Sr. Rodríguez tiene a bien contestar el mail que Giselle le envío o por el contrario hay otra profesional que ha hecho que se olvide de ella.


Reseña de Escorts, una semana en París.


Quería conocer a Giselle, desde que tuve conocimiento de su existencia en el blog literario que dirige su creadora, y ésta me la envió sin dudarlo.

Atravesó la frontera llegando a Portugal. Se me presentó ligera de equipaje, casi desnuda, como dice Machado, y entre su bagaje traía una cariñosa dedicatoria.

Entre el rumor suave del mar, y el sol que acaricia nuestros cuerpos, Giselle Bayma se ha desnudado de cuerpo y alma, para contarme sus más inconfesables secretos, sus avatares, sus amores, sus decisiones, a veces, difíciles de entender.

Ahora la conozco, no la he juzgado, tan solo la he dicho: —nunca digas de esta agua no beberé—. Ella me ha confesado que quiere volver a la vida de antes, pero no por dinero, sino para volver a sentirse viva. Ansiosa me quedo en esta playa, con la incertidumbre de si el Sr. Rodríguez, será capaz de hacerla sentir lo que ella más desea…y retando, desde este momento, a Eva María Maisanava, para que no demore demasiado tiempo en desvendarnos los últimos acontecimientos, que tan magistralmente sabe narrar.


Rocío Ruiz


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