sábado, 21 de diciembre de 2013

La triste historia de amor entre un hombre maduro y una joven mentirosa.



                                                                                                                         
         Érase una vez, no hace aún mucho tiempo de ello, que existía un hombre de edad madura y sensata que vivía en las tierras del Este, aquellas que bordeaban el océano del titán llamado Atlas.
         Después de tantos años de lucha y sufrimiento su vida resultaba ser ya pacífica y sin sobresaltos, fruto lógico de una historia plagada de vivencias difíciles que habían provocado finalmente en su cuerpo trazas evidentes de profundo cansancio y en su alma, arrugas manifiestas de puro agotamiento.
          El hombre maduro y tranquilo vivía en exclusividad por y para la escritura, pues era su única gloria y deseo. Leía mil libros seguidos y mil líneas escribía sin descanso, todo ello frente a la misma ventana de doble cristal pulido de su hogar, aquella por la que entraba la luz más pura y serena de toda la casa, la más confiada en sus infinitas posibilidades.
          Él, seducido por la claridad reinante pensaba, imaginaba y trasladaba al papel todo lo que en su interior bullía y acontecía. Gran parte de las cosas que vertía en las hojas las había vivido en su propia carne, otras muchas, por el contrario, las adivinaba, pero todas, absolutamente todas, tenían el mismo origen, idéntico nacimiento y coincidente punto de partida, pues en su conjunto surgían de su maduro corazón pausado y tranquilo en igualdad de partes.
           En la quietud de su casa dejaba transcurrir las horas y los días persiguiendo con la vista el pausado transitar de las nubes blancas y algodonosas que asomaban a su ventana, masas condensadas de agua que parecían saludarle con especial cariño a su paso.
           Él, a su vez, sonreía con disimulo, pues no quería que ellas pensaran que su gesto pudiese hacerles entrever que en su interior desaprobaba tal viaje, tan solo porque a él le hubiese invadido la total certeza de que nada de eso iba ya con él y ningún otro asunto podría motivarle en nada en esta vida terrenal, nada que no fuera la literatura y el sonido de la música que escuchaba cuando escribía, ese inmenso poder que siempre acompaña a ambas y el inmenso atractivo que ejercían sobre su persona las palabras escritas y las notas musicales.
             Pero cuan equivocado se hallaba el hombre maduro y reposado al respecto, qué error el suyo pensar que la vida se halla por momentos quieta y apagada para aquellos seres que se hallan confiados y que no le hierve la traviesa sangre en su interior en un intento claro por cogerles desprevenidos y a la par, desarmados.
             Una mañana de pleno verano, mientras observaba la supuesta inmovilidad de un cirro a todas luces lejano, vio que una paloma se posaba suavemente en el alféizar de la ventana. Pero ésta no era una paloma urbana a las que tanto estamos acostumbrados últimamente. Esta paloma era esbelta y liviana, con el buche poderoso de quien hace mucho ejercicio y de quien vuela ligera y veloz, aplicando concienzudamente sus alas para llegar con prontitud a su destino.
             La calidad especialísima de aquella paloma no se hallaba solo en su aspecto externo, ni tampoco en su soberbio porte altivo, se manifestaba sobre todo en su mirada inteligente y también en su pata izquierda, allí dónde se hallaba anclado y preso un trozo de papel enrollado, sujeto a un pequeño anillo de cobre que lo rodeaba.
            Profundamente intrigado, el hombre maduro abrió lentamente la hoja de la ventana para no asustar al ave, más ésta mantuvo en todo momento las formas y el aguante y no movió una sola pluma cuando la mano del hombre maduro e intrigado, inició el acercamiento a su cuerpo.
              Con especial cuidado manipuló el cuerpo de la paloma y desprendió el papel ceñido a su pata. Una vez en su poder el minúsculo papel, devolvió a la paloma a su lugar en el alféizar, esperando que ésta levantara el vuelo en cuanto sintiera la laxitud de la mano que la aprisionaba, más ni uno solo de sus músculos movió tampoco entonces, quizá se hallaba esperando una respuesta del hombre maduro y extrañado con la que regresar al lugar del que provenía.
             El hombre maduro y pausado leyó el mensaje que contenía el pequeño papel que sujetaba entre sus manos y cuan inmensa no fue su sorpresa al descubrir entre sus líneas, un breve mensaje de amor en el que se le invitaba a participar de él.
             Tuvo que releer el texto varias veces para llegar a comprender realmente el alcance del contenido que allí se le presentaba. No daba crédito a lo que sus ojos leían, él, un hombre abandonado a una existencia tranquila y relajada, tentado nuevamente por las mieles del apasionado amor brindado por una desconocida.
             Su sangre hirvió de nuevo y se sorprendió a sí mismo pensando en la excitante aventura que ello le supondría por acceder a la invitación formulada.
Cogió la hoja sobre la que se encontraba escribiendo un poema exquisito lleno de historias inventadas y personajes ficticios y decidió darse un respiro, otorgarse una oportunidad que quizá fuese ya la última que se le presentase en su vida.
            Escribió una contestación escueta pero sobre todo, directa al grano. Habló con cierta brevedad sobre sus sueños inmediatos y también sobre la realidad de su vida y formuló sobre el papel tan solo un par de preguntas, interesándose a cambio por unas cuantas cosas que resultaban ser muchas para tratarse del primer mensaje que enviaba.
            A continuación, ató el pequeño papel impreso a la pata de la paloma y ciñó de nuevo el aro de cobre para que no cayese durante el vuelo. Luego cogió al ave entre sus manos y la impulsó hacia el cielo. La paloma enderezó el vuelo y puso rumbo hacia Occidente, tenía que atravesar de inmediato el océano del titán Atlas para llevar un mensaje ilusionado e ilusionante.








            No tardó mucho tiempo en presentarse otra paloma en el alféizar de la ventana. El hombre maduro y reposado que tampoco la esperaba, sintió como el pulso se le disparaba en las venas pues nunca creyó ser portador de tanta buena suerte.
            El mensaje repetía las palabras de amor que aparecieron en la primera misiva y añadía algunas otras más. El texto mencionaba el ofrecimiento de un idilio apasionado con una joven muchacha golpeada por la vida y por la mala fortuna, aunque completamente segura de ser capaz de hacerle inmensamente feliz, ofrecía su amor eterno y su pasión más arrolladora al hombre maduro y desenfadado que había logrado enamorarla perdidamente, con sus palabras sinceras y hermosas y la enorme pasión oculta entre las francas líneas de su mensaje.
           El hombre que aún no daba crédito a lo que leía, devolvió el mensaje y pidió una imagen suya para adorarla a cada momento. Le advirtió entre poema y poema que él se hallaba en la línea opuesta de la vida a la que se encontraba ella, que mientras ella todavía iba él ya se encontraba de vuelta. Le conminó a preguntarse si entendía que hubiera futuro en una historia de amor en la que las diferencias eran tan evidentes y la razón tan en contra.
            Devolvió la paloma a su hábitat y esperó con nerviosismo la respuesta. Ésta no se hizo esperar, ni tampoco las siguientes. Durante unos días que parecieron meses las palomas cruzaron sus rutas y sus vuelos y frecuentaron el cielo del gran océano del titán Atlas.
            Las palabras de amor subieron un tono y se convirtieron en radicalmente apasionadas y sensuales, llegando a lograr hacerse el amor físico a través de sus mensajes.
            La joven muchacha le habló también de sus penas y sus dificultades pasadas, de sus desengaños y de las tragedias familiares sufridas, de la manifiesta soledad en la que se encontraba. Él sufrió y lloró por ello y maldijo su mala fortuna. Ella le prometió amor eterno, una vida distinta y maravillosa junto a ella, a través de un viaje de ida hacia la pasión más inconfesable y hacia la felicidad más absoluta.
          Le mostró su nombre, le hizo partícipe de sus sueños y le regalo una multitud de imágenes en las que ella aparecía radiante, plena de belleza y sensualidad. Le prometió la luna y las estrellas, le auguró mil placeres prohibidos y le brindo un motivo irrenunciable por el que seguir viviendo. Él, le devolvió la promesa, le entregó su alma y la razón, le regaló su persona y su vida.
           Ella finalmente decidió un buen día de manera unilateral que cruzaría el océano de Atlas para vivir en el lugar dónde vivía él, dónde el sol sale antes que en la tierra dónde ella habitaba. Y él la esperó confiado y feliz, contando los días que restaban para el inminente encuentro.
            Cada día que pasaba, el hombre maduro y nervioso esperaba impaciente cada mañana la llegada de la paloma y día tras día llegaba ésta con noticias de su amada, de la deseada mujer de sus sueños. Y cada vez que lo hacía el hombre maduro e intrigado se sentía inmensamente feliz. Cada vez que la paloma posaba sus patas y arañaba el cristal de su ventana con el pico llamando su atención, él se sentía transportado a su nirvana particular, a su cielo inmediato.
             Pero hubo un día en el que la paloma no se presentó a su cita diaria. Hubo una mañana en la que el hombre maduro y extrañado la ocupó en su totalidad pegada su nariz a la ventana, observando con extremo dolor el cielo gris y encapotado que le acechaba, en una clara premonición de ausencia y desesperanza.
             Compró sus propias palomas y envió una tras otra con mensajes cada vez más desesperados en su contenido, pidiendo primero información, para ante la persistente ausencia de noticias del otro comenzar a rogar, a suplicar una respuesta que nunca se produjo.
              Pasados unos días de cruel angustia y de dolor desbordado, el hombre maduro y derrotado declinó completamente seguir intentándolo. Pasó a entregarse a la firme desesperanza y decidió regresar a la que fue su vida anterior, aunque con el alma y el ánimo ennegrecidos por el humo de la tristeza.
              Transcurrieron las numerosas horas posteriores entre lentas y pesadas, los días fueron sucediéndose monótonos y grises. El Otoño entró de improviso por el cristal de la ventana y las ramas de los árboles, otrora floridas y radiantes, mudaban sus floreadas superficies y se convertían en palos secos y ajados, con las yemas de las hojas ocultas en su interior esperando tiempos mejores.
               La Navidad se echaba encima a pasos agigantados, los niños y sus caras de felicidad contenida delataban la inminencia de su llegada. Las calles comenzaban a llenarse de puestos repletos de figuras de belén y de gorros rojos y blancas barbas postizas.
              Las radios callejeras teñían de villancicos y mensajes de amor solidario los aires de la ciudad. Tanto amor concentrado en tan pocos días no tenía ningún sentido y el hombre maduro y defenestrado, se aislaba de tanto jolgorio insoportable.
             Antes del primer copo de nieve caído, previo al cúmulo de celebraciones familiares y empalagosas que se avecinaban, el hombre maduro y absorto contempló desde lo lejos el raudo vuelo de una paloma que se acercaba con vuelo decidido hacia su ventana, como tantas y tantas veces lo hicieran algunas de sus congéneres. El ave detuvo su aleteo en el alféizar de la ventana y mantuvo como siempre lo hacían todas rígido el cuerpo.
              Él sacó la mano a la intemperie del exterior y sujetó dulcemente el cuerpo del ave, sacó de entre sus patas un mensaje de papel enrollado y lleno de confusión comenzó a leer. Solo había impreso un texto corto, “cerca de ti” decía, y entonces su extrañeza acabó por ofuscarle aún más.
              Devolvió la paloma a su vuelo habitual sin mensaje alguno, no sabía qué pensar sobre lo ocurrido y después de mucho reflexionar sobre ello decidió a los pocos días enviar él una misiva de urgencia porque necesitaba saber el por qué del último mensaje recibido y la razón de su huida anterior sin dejar noticias.
              Pero la paloma nunca regresó. Ni ella ni ninguna otra. No supo jamás la razón de su abandono, no conoció la causa de la soledad a la que fue condenado.
              La joven mentirosa y fría no dio la cara en ningún momento, dejó pasar el tiempo y la emisión de noticias, abandonó el mundo del hombre maduro y angustiado y no sintió ningún remordimiento al respecto, no manifestó su personal decisión a quién tanto lo esperaba, ni pretendió saber más del asunto.
              El hombre maduro y sensato dejó de serlo por una pequeña porción de tiempo en la que fue feliz, pero las palomas sin rostro a menudo traen y llevan noticias que a veces confunden y otras muchas te mienten.
              Ahora, ya nunca escribe palabras que no pueda controlar su corazón, no construye frases que se le vuelvan en contra. En este momento, el hombre maduro y entregado, solo escribe lo que la cabeza le dicta, nunca lo que le suplica el corazón.

   copyright faustino cuadrado


                                                                                                           


 

Una despedida de Navidad

Han pasado dos años. Dos años desde que murió. La vida no había sido buena con Berly la Navidad de hace dos años. Porque ella integro la estadística del 1% de muertes en el útero que ronda en los países civilizados. Ella había perdido a su criatura en el vientre y había quedado devastada. Como su amigo, Aldus consideró que tenía que estar allí para apoyarla. Por eso no solamente pago su estancia en el hospital, sino que para animarla le propuso que le ayudara a cuidar a su propia hija. Nacida por cesárea, todavía prematura y pequeña, la madre sin hijos y la niña despreciada por su madre hicieron una pareja ideal desde el principio.

Aldus la llevó a vivir con él. Con él compartió todo durante esos dos años. El principio fue su remolque, una casa rodante diminuta preparada para una persona, pero que difícilmente podía recibirlos a ambos. Pero cuando se convirtió en el Campeón de Pesos Pesados de la promoción de Artes Marciales Mixtas, las lesiones de varias figuras y un escándalo de esteroides obligaron a los promotores a concentrar los esfuerzos de la promoción en su figura. Él tampoco era inocente, el cuerpo definido que poseía no lo había conseguido gratis. Pero había usado las drogas como un arrancón cuando comenzó su carrera y tenía años de no consumirlas, por lo que resultó limpio en las pruebas de laboratorio. Gracias al consejo de Berly, él pudo renegociar exitosamente su contrato, ganarse al público y lograr una titularidad constante en un negocio muy duro como la lucha.

Ella tampoco había permanecido quieta. Luego de recuperarse de su propio embarazo, participó en cuanta audición para coristas o actrices pudo encontrar. Mandó su currículo y participo en numerosas audiciones. Pero su estado como madre le cerró las puertas. Luego de insistir mucho, ella se presentó a una audición para un programa de magia para la televisión. Para su sorpresa la contrataron, no por sus habilidades de baile ni su belleza, sino porque era una modelo alta de buena figura, algo que los productores ocupaban.

Las grabaciones del programa se llevaron a cabo durante tres semanas esa primavera en California. Para la dicha de ambos, la promoción de Aldus había planeado su cronograma de actividades de esa temporada en la costa Oeste. Luego de terminar el contrato, ella volvió a la carretera con Aldus. En el verano se transmitió el programa, que era Quebrando el Código, un programa para desenmascarar los trucos de magia más famosos del mundo. Su papel tal vez era pequeño, pero fue vital para el éxito del programa, porque su enorme tamaño llamaba la atención del espectador en la cámara. Con una sonrisa animada y atenta, ella estuvo satisfecha por su desempeño.

El verano dio lugar al otoño. Lamentablemente, la madre de la hija de Aldus comenzó a extrañarla. Como respuesta la familia Killburn había interpuesto una demanda para recuperar la custodia. Aunque pudo haber llevado el asunto a los tribunales y ganado por el documento que lo hicieron firmar que le daba la custodia total de la niña a cambio de renunciar a tener contactos con la familia; Aldus accedió a que la niña podría visitar a la familia cinco días de cada mes, a cambio de que se abriera un fideicomiso para su futuro.

Berly se entristeció mucho por el acuerdo, pero no tuvo tiempo de lamentarlo. Hacia finales del mes de octubre recibió una invitación del Gran Smarkand, uno de los magos más prestigiosos y populares del mundo, para que formara parte de su coreografía. Lo único que debía hacer era firmar, pero el corazón de la joven estaba dividido. El cronograma de actividades indicaba que habría un campamento de invierno. La temporada, que arrancaría a finales de enero del siguiente año, sería mundial, con sólo la tercera parte de las presentaciones en la Unión. Le tomó tiempo decidirse. Aldus la animó, era una oportunidad única. Luego de garantizarle que estarían bien él y su hija, de decirle que no traicionaba su confianza y animarla, ella no dudó más y firmó el contrato.

Faltaba poco para la Navidad. Luego de dejar a su hija en el aeropuerto, en manos de la desagradable tía Topacio para que pasara la Navidad con la familia de su madre, él regresó al cuarto de su hotel. Para final de año la promoción había pagado hospedaje de lujo en un casino de Nevada a diferencia de sus hogares habituales, un cambio que agradecía.

Era tarde en la noche. Luego de quedarse estudiando los videos de peleas de sus compañeros de promoción, Aldus se alistó para dormir. Lo único que tuvo que hacer fue quitarse la ropa, ponerse la ropa de dormir (que en su caso era una pantaloneta y una camisa vieja), quitar la sábana, acostarse y arroparse con la sábana. No se sentía sucio, hacía mucho frío y le daba pereza bañarse. Mientras cerraba los ojos en la penumbra de su cuarto, el peleador quiso conciliar el sueño, pero leves golpes en la puerta lo obligaron a levantarse.

Encendió la luz de su cuarto y vio a través de la mirilla de la puerta. Era Berly. ¿Por qué estaría usando esa gabardina tan caliente? Era una pregunta a la que no le puso la atención. Abrió la puerta bostezando y lanzó una mirada somnolienta a su amiga.

—Buenas noches, Berly.

—¿Puedo pasar, Aldus?

—Claro, pasa.

Él le dio la espalda a su amiga. Con la confianza que le daba su relación con ella, de dos años de vivir juntos, él se dirigió a la cocina.

—¿Quieres algo, Berly?

—Te quiero a ti.


¿Había escuchado mal? Él se volvió sorprendido, pero Berly no le dio tiempo de reaccionar. Un beso rápido fue lo que ocupó para dominarlo. Como no había metido los brazos en las mangas, bajó los hombros, la gabardina se deslizo hasta el suelo y expuso la reveladora prenda que había escogido para atraerlo, un babydoll. Aunque habían vivido juntos, habían dormido juntos y habían compartido dos años de vida juntos; esta era la primera vez que alguno de los dos tomaba la iniciativa. Él no ocultó lo que sentía por ella, la abrazó y comenzó a tocarla, deslizando sus manos por todo su cuerpo apenas estorbado por la tela transparente que la cubría.

A pesar de que había dado alimentado a su hija con ellos, los senos de su amiga eran preciosos, de mediano tamaño, firmes para permanecer en su posición pero suaves al tacto. La gravedad no había hecho mella en ellos, es más, podía apostar que de alguna forma la había beneficiado el embarazo, porque antes eran más tímidos y ahora eran más destacados en su cuerpo. Su vientre no era perfecto, pero poseía una prominencia leve, ovalada y discreta (perfecta), que le añadía más atractivo. Ella no usaba bragas, así que podía sentir sus piernas firmes y sus nalgas duras, producto de su afición por el baile.

No podía negar que había tenido oportunidades como esta antes. No era la primera vez ambos hacían esto, pero esta vez ambos lo deseaban. Excitado por el contacto, él no se lo ocultó. Luego deslizo sus dedos entre sus piernas y ella gimió de gozo mientras la acariciaba. En un instante, ambos cayeron sobre la cama. No supo en qué momento había perdido la pantaloneta, pero no tuvo la oportunidad de arrepentirse. Ella había comenzado, ella mandaba, por lo que se colocó encima de él y disfrutó la cabalgata mientras ambos estudiaban las formas de sus cuerpos con sus manos ansiosas.

No cambiaron de posición. Él terminó; ella se recostó a su lado agitada y sudada. Sabía que no había sido su mejor desempeño, había acabado muy rápido. Pero lo único que hizo ella fue devolverle una sonrisa y mirarlo cara a cara, recostada sobre la cama.

—¿Por qué, Berly?— fue lo único que se le ocurrió preguntarle.

—No puedo hacerlo cuando yo quiera.

—No eres así. En todo el tiempo que tenemos de convivir, es la primera vez que eres tan agresiva. Es agradable, pero me gustaría saber por qué.

Ella se molestó y le dio la espalda. Él la acarició con suavidad. Luego de un momento de estar en ese juego, ella contestó:


—Adelantaron la fecha del campamento. Me voy mañana en la tarde.

El joven no contestó nada. Cuando ella se volvió hacia él, en lugar de la expresión enojada y caprichosa que hacía cuando las cosas no le salían, su rostro se veía triste y perdido, a un paso de las lágrimas. Con las manos unidas frente a su boca, ella temblaba delicadamente.

—Aldus. Después de mañana, no volveremos a vernos. Pensé que tendría tiempo, tiempo para despedirme de ustedes. Pero, cuando me llamaron, me di cuenta de que ya no tenía más oportunidades. Hemos pasado muchas cosas juntos. Muchas alegrías y tristezas, más alegrías. Así que quise agradecerte por todo lo que has hecho por mí. Sólo que las gracias no bastan para expresar lo que siento por ti. Nunca me has preguntado, nunca me has reprochado, siempre me has apoyado. Si tan sólo me hubieras dicho que no querías que...

El muchacho puso su dedo índice sobre la boca de la joven. Luego acarició su rostro con su otra mano y limpio una lágrima perdida que bajaba con su mejilla.

—Berly. Cuando te invite a cuidar a mi hija, lo hice porque tenías el corazón roto y necesitabas algo a que sujetarte. Pero tu espíritu es libre. Eres como el viento, que no puede permanecer quieto en un sólo lugar. Te he visto sufrir a mi lado, he visto tu frustración, he visto tu dolor ante el rechazo de tu sueño. Tú amas bailar, más de lo que me amas a mí y a mi hija. Por eso jamás te obligaría a tomar una decisión que va en contra de lo que tú más amas.

—Pero... Me duele. No quiero dejarlos, Aldus. ¡No quiero! Quisiera que vinieras conmigo, quisiera que ella viniera conmigo. ¿Por qué no puedo ser feliz al menos una vez? ¿Por qué no puedo realizar mis sueños y deseos como yo quiero?

—Porque la vida no es justa ni es bonita. La vida es vida. Lo que menos hace es complacernos.

La joven quedó estupefacta con la reflexión. Luego de contemplarla por un momento, él comenzó a acariciarla y la remató.

—Yo siempre te he amado, Berly. Desde el primer día que te conocí en ese bar deportivo junto a Zek. Créeme que jamás haré nada para estorbar tus sueños. Sólo recuerda, aquí siempre tendrás las puertas abiertas si deseas regresar.

Berly sujetó con sus manos las de su amigo y con una sonrisa manchada de lágrimas, ella contestó.

—Yo también te amo.

Ambos volvieron a besarse recostados sobre la cama. Pero ahora, más calmada y relajada, le tocó a su compañero tomar la iniciativa. Él desató su lado libertino, exploró junto con ella todas las formas posibles de estimulación oral para el placer de ambos, así como adoptaron múltiples posiciones para hacer el amor. Al final, agotados por la lucha pacífica que los dos protagonizaron en su cama, ambos se percataron de que eran más allá de las dos de la mañana. Luego de desearse Feliz Navidad, ambos se durmieron juntos, hermanados en un abrazo, con el que ponían un fin amistoso a su contrato de dos años de convivencia.

Carlos "Somet" Molina

sábado, 14 de diciembre de 2013

Presentación de las aportaciones del próximo 22 de diciembre.


          La Revista de Todos, os presenta las publicaciones para el próximo 22 de diciembre.

          Esta edición esta cargada, una vez más, de diferentes apuestas literarias, pero todas ellas están escritas con un mismo objetivo, la ilusión y las ganas de haceros soñar.

          Como siempre deseamos que os guste. ¡Feliz Navidad, salud y suerte!

¡Gracias!



        

Presentación de los títulos que se van a publicar:

1.          Una despedida de Navidad. Carlos Molina.

2.          La triste historia de amor entre un hombre maduro y una joven mentirosa.
       Faustino Cuadrado.
3.          Eppur ti amo. Juan Martín Salamanca.

4.          Tus abrazos. José González.

5.          Navidad eterna. E. N. De Choudens.

6.          Mensaje navideño. Trina Leé de Hidalgo.

7.          Ambiente navideño percibido en un sueño.
       Manuel Mejía Sánchez Cambronero.

8.          Y el árbol me dijo. Mariano Padilla Bayonas.

9.          Historia de Navidad. Francisco Rodríguez Tejedor.

10.      TERAPIA DE MACHOS. EPISODIO 7-Damián: “El Hit Del Verano”. 
      Gonzalo.

11.      Sentimiento de libertad. José Acebedo.

12.      Una pequeña trampa. Yoly Hornes.

13.      El regalo navideño: La poesía. María José Cabuchola.

14.      Navidades rotas. Cristian Alemany.

15.      Navidad. Luz Begoña.

16.      La nevada. Luz Macías.

17.   Otra Navidad. Carmen Novo Colldefors.

18.      ¡Soy la amante de la nieve! Angustias de las Cuevas.

19.   El chubasquerito rojo. Tomás Martín Serna.

20.      ¿Para qué pensar? ¡Feliz Navidad!

jueves, 14 de noviembre de 2013

Escorts. Una semana en París. En breve editada por la editorial Seleer.


En Diciembre sale a la venta. Editada por la editorial Seleer.
 



 Sinopsis

           Giselle toma la decisión de dejar la profesión a la que se había dedicado buena parte de su juventud. Los años pasan rápidamente y está a punto de cumplir los 40 años, sabe que ha llegado la hora de abandonar antes de entrar en declive, pues su físico ya no es el mismo.

 
          Está decidida a tomar las riendas de su vida, a dejar el mundo de noches frías, de amargos sinsabores, de besos sin calor y de gélidas caricias.
 
          Quiere alejarse del lujo, del glamour, del atractivo mundo de la noche, de la gente "vip" y los photocalls.
 
          Desea llevar una vida anónima, empezar de cero, salir por la calle vestida de chándal, sin maquillaje, con sus zapatillas de sport y dejar a un lado los zapatos de tacón y la imagen frívola de una bámbola.
 
          Pero la enfermedad de su padre, unido a lo mal que ha administrado su propia economía, la empuja a tener que tomar la decisión de regresar.
 
         Una historia llena de humanidad, de solidaridad, de sensibilidad, de libertad, de sinceridad, de comunicación y sobre todo de apertura...donde se toca temas delicados como el de las trabajadoras sexuales, las relaciones íntimas entre mujeres, desde lo más hondo del corazón y la intuición; jamás encasillando a nadie. Y otros muchos temas, que tú mejor que nadie comprenderás.   

          Una historia que está escrita con la finalidad de demostrar que hay que conocer a las personas por su forma de ser y no juzgarlas por su profesión.

 
 

 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Comunicado de La Revista de Todos: "Especial Navidad"


 
            Ya lo había anunciado anteriormente, pero por si algunos de vosotros se ha despistado; os comunico que La Revista de Todos —vuestra revista—, prepara al igual que lo hizo el año pasado un especial para Navidad, por lo que ahora el 22 de Noviembre no se publicará. Lo haremos el próximo 22 de diciembre, día del sorteo de la lotería de Navidad. —Aquí en España—.
 
            Por este motivo todo aquel que ame la literatura y quiera participar en este especial. Tan solo tiene que enviarme su aportación —no más de 4 folios—, bien en poesía, prosa...
 
            El tema me da igual; eso sí, exijo que bien en el título o a lo largo del escrito se mencione la palabra "Navidad".
 
            Hacérmela llegar con una ilustración y una foto vuestra donde aparezcáis con un gorrito de papa Noel o bien con autorización para que os haga un montaje y os lo haga con un programa.
 
            Mandarlo a la siguiente dirección de correo electrónico:
el_rincon_de_eva@hotmail.com. En la casilla de asunto escribir "Especial Navidad".
 
            El plazo será hasta el 8 de diciembre, todo aquel material que reciba pasado este plazo, no será publicado.
 
            No olvidéis que nuestra mayor ilusión es escribir para haceros soñar.

 

                        Gracias a todos

Salud y suerte.

Eva Mª Maisanava Trobo

(Directora de La Revista de Todos)

Textos registrados

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