Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

domingo, 29 de junio de 2014

Segunda presentación de Escorts. Una semana en París.





¡Sí!, sé que todavía queda mucho, mucho tiempo. Pero la ilusión que se apodera de mí, hace que crea el evento ya. Tiempo habrá de ir recordándoos poco a poco mi motivo de felicidad, que no es otro, que mi hija "Giselle Bayma", la protagonista de Escorts. Una semana en París, editada por ediciones Seleer, será presentada el 15 de noviembre en la librería Ícaro. Esta librería esta situada en una de las ciudades con más encanto de España, la Granja de San Idelfonso.

Seré presentada por los dueños de una librería que apoyan a literatura y que me ha recibido con los brazos abiertos y donde en breve podréis adquirir en papel ejemplares de la novela.

Será un placer para mí departir sobre la novela, hablar sobre un tema del que todavía hay demasiadas críticas, donde el gran porcentaje de las personas se atreven a juzgar, sin ni tan siquiera por un ápice de segundo tener empatía con las personas y pensar... ¿Y si la vida me pusiera en esa tesitura? ¿Qué seríamos capaces de hacer por salvar la vida a los nuestros?

El ser humano, cuando es llevado a una situación extrema es cuando se da cuenta, que la gran mayoría de las veces los principios y el orgullo, han de ser relegados a un segundo plano.

Evidentemente estas palabras os sorprenderán si no leéis el contenido de la novela. Porque cualquier mujer y cualquier hombre, en definitiva, cualquier ser humano, puede llegar a comportarse como Giselle Bayma.


Os espero el 15 de noviembre en la Librería Ícaro, dispuesta a contestar a todo tipo de preguntas que queráis hacerme sin tapujos, sin tabúes y siempre con la verdad, mi mejor vestimenta.

https://www.facebook.com/events/1445929605666684/?ref_newsfeed_story_type=regular
 
Librería-Café Ícaro
Calle Real, nº 8
40100 La Granja de San Idelfonso
Segovia.
Tfno: 921 47 01 03



martes, 27 de mayo de 2014

María del Carmen Aranda, la madrina de la revista, firmará en la Feria del libro el 3 de junio. ¡Os esperamos!

Como ya sabéis La Revista de Todos, vuestra revista; siempre ha difundido todo lo que tenga que ver con la literatura y cuando la noticia incumbe al padrino de la revista, con más ganas damos a conocer la noticia.

¡Sí, María del Carmen Aranda, estará el próximo martes 3 de junio firmando en la caseta nº 159, de 18:00 a 21:30 horas!
 
 

Como siempre os espera con los brazos abiertos, los mismos que siempre tendrá la revista para difundir cualquier noticia que ella quiera dar a conocer por este medio.

Por desgracia no podré acompañarla, mi trabajo me lo impide; pero desde aquí la mando toda la energía del mundo, seguro que la tinta de los bolígrafos correrá.

¡No olvidéis difundir la noticia y el link de esta revista!


¡Pasaré lista!


Eva Mª Maisanava Trobo
 
 
 

sábado, 24 de mayo de 2014

Luis Anguita Juega, el padrino de la revista, firmará en la Feria del libro el 15 de junio. ¡Os esperamos!


Como ya sabéis La Revista de Todos, vuestra revista; siempre ha difundido todo lo que tenga que ver con la literatura y cuando la noticia incumbe al padrino de la revista, con más ganas damos a conocer la noticia.

¡Sí, Luis Anguita Juega, estará el próximo domingo 15 de junio firmando en la caseta nº 27, de 18 a 20 horas!

Como siempre os espera con los brazos abiertos, los mismos que siempre tendrá la revista para difundir cualquier noticia que él quiera dar a conocer por este medio.

Por supuesto, que servidora, la directora de la revista, estará ese día para cubrir el evento, si él me lo permite.

No olvidéis difundir la noticia y el link de esta revista. Deseo de todo corazón que se quede sin tinta en el bolígrafo. No olvidéis que la grandeza del padrino, reside en la sencillez de su corazón y en la humildad de su forma de ser.

Mi lugar, mi pequeño sueño, Siempre habrá un lugar para soñar, Donde está tu destino, son obras dignas de compras, además de tener la oportunidad de que su autor os dedique personalmente cada ejemplar.




¡Yo, no me lo pierdo!

¿Me fallaréis?; el padrino y servidora estará apoyándole durante un rato en un día tan especial para un escritor, como lo es el poder firmar en la feria de Madrid.

¡Pasaré lista!

Os espero

Eva Mª Maisanava Trobo



miércoles, 21 de mayo de 2014

¿Quieres participar en el segundo aniversario de la Rvt? ¡Contamos con vosotros!



Segundo aniversario de La Revista de Todos.

El próximo 30 de agosto, "La revista de todos. Revista de literatura", cumple dos añitos. Aunque es pronto, no quiero que luego me pille el toro, porque afortunadamente ahora tengo menos tiempo que cuando la cree; es por ese motivo que invito a todo aquél que quiera formar parte de este cumpleaños, en el que mi hija —vuestra revista, cumple dos añitos de vida— participando de la mejor manera que solo un amante de la literatura lo sabría hacer.


—¿Cómo? Muy sencillo; haciéndome llegar vuestra aportación (poesía, relatos, crítica literaria, reseña de una novela, sinopsis de una novela), junto con una ilustración y una carta dedicada a mí labor en la revista, que será publicada, tal y como me llegue.


Quien quiera participar, lo puede hacer enviando su aportación antes del 10 de agosto al siguiente correo electrónico:


larevistadetodos@hotmail.es o el_rincon_de_eva@hotmail.com


En el asunto tendréis que poner: "Colaboración aniversario revista"

¡Cuento con vosotros!


Un saludo

La directora de La Revista de Todos.

Eva Mª Maisanava Trobo













Sin preguntas, ni porqués; habitación 303.

          Llevaba tiempo encerrada en mi estúpido intento de dar vida a un relato. Escribía unas cuantas letras y las tachaba, ninguna maldita palabra colmaba de expectativas lo que quería decir en un relato. La pérdida de tiempo era cada vez mayor. Mi planteamiento de querer dejar esta locura por escribir cada día estaba más cercano. Sin querer, en lugar de disfrutar escribiendo, me había convertido en una esclava de mis musas, a la espera de que de alguna manera apareciesen en mi vida, como antes lo hacían.

          Pero, nada... Todo intento era inútil y la espera un sin vivir.

          Lo que anteriormente para mi era sencillo, se había convertido en una tortura que me estaba destruyendo por dentro; tal vez porque respetaba demasiado a mis lectores, y quería cuidar al máximo mis apariciones en blogs para no defraudarles.

          —¡Qué necedad de pensamiento! A fin de cuentas, muchos de ellos me querían, eran mis amigos, mi familia; no iban a juzgarme, ni a lapidarme porque la calidad no fuese la de antes. Pero no podía evitarlo. No quería que fuese un relato más, quería que fuese el único relato, aquél relato que aún leyéndolo más de una vez, consiguiera erizar cada vello de tu piel. ¡Y si, eso es lo que quiero!

          Intento ser menos exigente, pero no puedo. Me angustia la idea de haber perdido el buen hacer de hacerte sentir vivo, de hacerte dudar entre la mentira y la verdad, de hacer que tu pensamiento navegue a la deriva intentando averiguar que hay de verdad en el relato y qué de burda mentira. ¡Qué fácil me resultaba antes!

          Dicen que la experiencia es un grado.

          —¡Mentira! Si fuera así porqué ahora no puedo escribir, por qué no puedo escribir con palabras lo que me gustaría susurrarte al oído: ¿Por qué?

          La escritora que llevaba dentro ha muerto. Leo todo lo que escribí y me entran ganas de morir. Ya nada volverá a ser como antes, cuando escribía un relato y mi corazón temblaba; era tan grande la emoción que me embriagaba, que por momentos yo misma dudaba de si lo que te contaba era cierto o por el contrario una falsa.

          —¡Maldita sea mi estampa!—, nunca más volveré acariciar tu alma con mis palabras.

         

          Era inútil comerme más la cabeza. Tiré el folio a la papelera, me preparé una copa y me puse a navegar por internet, sin saber por qué lo hacía ni qué quería conseguir con ello. Tal vez olvidar, tal vez evitar de esta manera el suicidio de quien pudo ser una gran escritora.

          En estados de ansiedad, lo único que me calmaba era ver cuadros de mujeres desnudas, me daba paz; quizás porque en lo más profundo de mi ser, se encontraba sepultada una verdad que me daba miedo a reconocer.


          De repente vi esa imagen, a esa diosa desnuda y fue entonces cuando me acordé de él, de aquél hombre, de ése gran escritor.

          Hace muchísimo tiempo que no nos veíamos, tal vez desde que mi amiga presentó su novela de erotismo.


Desde aquél día que nuestras miradas se cruzaron,

desde entonces mi corazón estaba a la deriva.

Andaba perdida en mis recuerdos,

seguía siendo la musa de sus fantasías

y sin embargo, las mías, mis musas,

mendigaban  su atención,

con la esperanza de volverme a sentirme viva.


          Sentimientos dispares despertaba ese señor en mi, miedo, respeto, admiración, pero sobre todo, deseo. ¡Sí, deseo! Era imposible controlar mi deseo cada vez que le veía. Encender el ordenador, conectarme a las redes sociales y tenerle que vez como contacto, me enloquecía.

         

¡Qué difícil es controlar el deseo!

Que injusta es la vida,

que te pone la miel en los labios,

cuando tus labios rebosan vida.


          Y eso es lo que a mí me sucedía, quizás por eso estaba estancada entre dos océanos, sin rumbo y a la deriva.

          Amaba demasiado a mi pareja, tanto que el corazón me dolía cada vez que mi pensamiento —en contra de mi voluntad—, pensaba en él, en Roberto.



          Intentaba encontrar un equilibrio entre el deber y el querer, pero te juro, que no podía. No sé que me sucede con él, ni porque siento que todo me supera. Pero me atormenta reconocer, que sólo con él, que sólo al lado de Roberto, que sólo cuando estoy cerca de él, es cuando mis musas hacen su aparición de una manera insultante, tanto que me causa desazón. Puesto que me es imposible ordenar mis ideas, todas rebosan pasión y vida. Son ellas las que me convierten en esclava de mis letras, las que hacen que sin querer coja el móvil, busque tu teléfono, te mande un whatsapp con este contenido: Sin preguntas, ni porqués; habitación 303. El próximo día que nos veamos. Te espero como esta mujer que aparece en el lienzo: desnuda, sin miedo, convencida y con el deseo de acariciar el cielo entre tus brazos...


Una espera diferente


A pesar de ser un viaje que solía hacer con bastante frecuencia, ése día la espera en la estación de Atocha era distinta.

La exagerada puntualidad que me caracterizaba, hizo, una vez más que saliera con prontitud de mi casa, para que me diese tiempo a desayunar tranquilamente y luego coger el ave destino a Zaragoza.
Ése viaje iba a marcar un antes y un después en mi vida.


Llevaba un par de meses saliendo con un chico y estábamos en ese momento de la relación en la que la amistad se tiñe de respeto, de amor incontrolable y de planes, muchos planes...


Mientras que estaba sentada en un banco, esperando a que mi tren fuese anunciado por megafonía; observaba a las personas que a mi alrededor había, como jamás antes lo había hecho, con alegría y optimismo.

A saber de las historias dispares que se ocultaban detrás de todos los que allí estábamos; sin embargo, mi estado de felicidad hacía que fuese capaz de imaginar lo que poca gente imaginaría.


Quizás por ese motivo, me decidí a coger un par de folios y dar comienzo a un relato que tenía que presentar para la revista que dirigía.


Era curioso observar a aquella chica sentada, esperando... al que podría ser el amor de su vida, mientras que yo intentaba escribir un relato —lleno de sentimientos— como siempre lo hacía, pero con la incomodidad de escuchar por megafonía constantemente como anunciaban las diferentes salidas del Ave.

De repente, levanté la vista del folio y justo en aquél momento llegada él, un poco triste. Tal vez porque sabía que había hecho esperar a esa niña de mirada penetrante. Sosegada a veces como el agua de una balsa, y otras... agitada, inquieta, como las olas de un mar poderoso, rompiendo con sus olas todo lo que se encontraba a su paso.

Pude percibir como discutían, y eso me dolía. A simple vista parecían la pareja perfecta: jóvenes, apuestos y casi con los mismos objetivos en la vida.

Al rato se besaron dejando atrás toda esa sensación gélida que anidó en mi corazón mientras les observaba.

Se dirigieron a una cafetería. Mientras estaban desayunando, las miradas cómplices decían más de su relación, que la mejor declaración de amor; y es que se amaban, tímidamente, pero se amaban.


Les perdí de vista cuando entraron a facturar sus equipajes.

Ya no sé como terminaría esa historia o quizás si comenzaría una relación sólida e indestructible.

¡A saber que pasaría entre ellos! Por más empeño que ponga, nunca lo sabré...


Solo sé, que ahora me encuentro sentada en un asiento, rumbo a una ciudad que me tiene enamorada; llena de ilusión, con miedo, pero ilusionada.

A mi lado, esta él, aquél chico que entró en mi vida hace un par de meses; sentado, escuchando música y respetando mi vida de escritora...

Una espera diferente la de aquél día, porque es la espera, que llevaba esperando toda la vida.


Esa sensación de paz, de amor y de solidaridad.


—¿Qué será de esa pareja?

—¿Se amarán?

—¿Lucharán por su felicidad?

No lo sé, pero si puedo escribir lo que deseo que sea: el comienzo de una verdadera historia de amor.





Poemas a la luna 2014





En este ecuador de vida ya vivida,
donde caminos de ida y vuelta se hacen sombra,
una mirada cansada que se olvida,
y ese rasguño de miedo que te acecha.
Ni tan lejos, ni tan cerca,
el grito mudo se ha dormido,
el eco confundido se despierta.
Ni tan muerto, ni tan vivo,
el sueño roto se recuerda.

Y cae la noche, los sueños,
la soledad y el olvido.

Ni tan loco, ni tan cuerdo,
el silencio, el llanto de un niño,
el miedo, un ladrido.
Caen las palabras dormidas, los ojos cansados,
cae...un suspiro.
Yace en la tierra la espada dolida,
la sangre mojada, la verdad,
un latido.
Duerme una estrella, una lágrima,
una hoja y el frío.
Y escribo,
desde un tiempo que no me pertenece,
desde una hora que dejó de ser la mía,

ya no recuerdo cuando.

Si, observo, vivo y escribo en silencio.
Como una necesidad de evasión,

de ese sarcasmo diario que nos enfunda.
Como el aullido del lobo a su manada,

en un idioma que solo entendemos los menos cuerdos.
A la aguja que sin querer da vueltas,

y a la madera corroída que me escucha.
Por la compañía de la sombra de esta pluma ya cansada,

que conoce más de mí que yo misma, 
y de la que apenas… soy discípula.








Tonadas de Lluvia









Y entonces mi mano

empezó a deslizarse

en la inmensidad

de una hoja de papel…


Mientras el suave…

dulce y relajante golpeteo

de gotas de agua

anunciaban

hermosa…deliciosa…

y sosegante lluvia.


Cuantas veces

en otros tiempos…

su sonido resultó ser

ruido discordante y disonante;

incómoda e inoportuna

acción climática.


Hoy su sonido

asoma a mis oídos

despierta mis tiempos

despierta mi historia.



Hoy el agua discurre

en su acorde.


Me narra su historia

me narra mi historia

en cada sonido…

en cada tonada.


Se adentra en mis silencios

y los transforma en música.


Entonces y sólo entonces…


REDESCUBRO MI ORDEN


REDESCUBRO MI ESENCIA.







El lenguaje





Si no tuviera el lenguaje
y fuera un animal, como las gallinas,
hablaría con miradas interrogantes
entre cocoreos parpadeantes
la cabeza ladearía, entre sopesares,
entre pros y contras de la duda mía.
Me mecería en ritmos oscilantes
y muy quedamente, en un abrir de ojos,
graciosamente te respondería...
¡No hables!

Si no tuviera el lenguaje
y sí la cresta bien erguida, todos verían
mi gran pose admirable.
En silencio me observarían.
Dícese del silencio que es un arte...
¡No hables, galla María!
Si no tuviera el lenguaje,
otro gallo cantaría...





Es Tiempo de Marcharnos




La brisa salada y refrescante del océano sopla suavemente sobre el pequeño pueblo de pescadores, trae consigo la sensación de paz de un mar armónico. Una paz mezclada con la tranquilidad del inmenso cielo azul. El olor a peces, cangrejos y langostas es transportado por el viento delicadamente, viajando desde el puerto hasta los terrenos del cementerio donde muchos pescadores yacen enterrados en el sagrado lugar, donde un hombre solitario está mirando con tristeza la tumba que esta frente a él. Una tumba con los nombres de Roberto Pérez y Carlos Pérez grabado en la lápida de mármol que está sobre ella. Esos son su propio nombre y el nombre de su hijo.

Roberto está esperando a su hijo, después de su muerte Carlos desapareció. Se supone que debieron cruzar al otro lado hace unos días, pero Carlos nunca llego al cementerio y Roberto no va a cruzar sin él, va a esperar el tiempo que sea necesario. La espera no se prolongó más.

—Hola papá— Una voz dice a sus espaldas. Roberto se vuelve para ver a su hijo parado a su lado.

—Carlos, hijo, ¿dónde estabas? He estado esperando por ti, ya pasaron varios días— 

El padre de Carlos levanta sus manos y las pone sobre los hombros de su hijo.

—Yo estaba en casa, quería ver a mamá— Su padre lo abraza, Carlos lo abraza también.

—Oh Carlos, eso está mal, no se supone que fueras allí. Tenías que estar aquí conmigo, dispuestos a cruzar —silencio— Bueno ni modo, ya está hecho, ¿cómo está tu madre?

—Ella todavía está muy triste, pero lo acepta— Carlos mira al cielo.


—Tu madre es una mujer fuerte y ella siempre sabía que podíamos tener un accidente.

—Yo realmente la extraño. Papá, no quiero cruzar. Tengo miedo de este lugar, tengo miedo de no volver a verla. Quiero quedarme con ella.

Fundidos en un abrazo fraternal, padre e hijo recuerdan el último momento en el que los dos estuvieron juntos con la madre de Carlos. Ese día fue similar al de hoy, un cielo sin nubes, una suave brisa del océano, las olas casi ausente y el equipo de pesca estaba listo en el barco. Como todos los días, la Sra. Pérez preparó el desayuno para su esposo y su hijo. Curiosamente ese día preparo el desayuno favorito de su hijo, huevos revueltos con jamón y papas fritas caseras acompañadas de una taza de café recién colado al estilo de antaño, no con una moderna máquina de café.

—Mamá, este café esta delicioso. Puedo oler este aroma todo el día— Carlos respira profundamente sobre la taza de café.

—Te preparé un termo para que tú y tu padre puede beber mientras están pescando—

—Gracias Lisa, tengo la sensación de que hoy va a ser un gran día de pesca. El clima es fantástico— Dice Roberto.

—Van a tener un grandioso día. Aquí está el almuerzo para los dos— Lisa le pasa a Roberto una bolsa con dos emparedados de cerdo. Carlos ya tiene el termo de café en la mano.

Roberto besa a Lisa y se despide, Carlos hace lo mismo y los dos salen de la humilde casa. Lisa se da vuelta y comienza a limpiar la cocina. Padre e hijo caminan hacia el puerto, tratando de decidir en qué área van a pescar. Aún oscuro, las estrellas mostraban un cielo totalmente despejado. Sin viento y con un mar sin olas finalmente deciden ir a un banco de arena sumergido que está muy retirado de la costa. Es un lugar estupendo y muy productivo para la pesca pero por la distancia no es visitado con frecuencia por los pescadores del pueblo. Sólo unos pocos de ellos van allí y sólo en días muy tranquilos como este.

Es pasado el mediodía y el día seguía perfecto. Vieron otros dos barcos de pesca en los bancos pero ahora están fuera de la vista. El bote de Roberto es viejo, como la mayoría de los barcos del pueblo pero a pesar de ser viejo, el barco está en buenas condiciones y todavía muy fiable. Roberto siempre le está dando el mejor mantenimiento que puede.

Roberto y Carlos están sacando fuera del agua su red, arrastrando con ella un buen número de peces, están muy contentos por ello y no se dieron cuenta de las nubes negras en el horizonte. Unos minutos más tarde las olas comenzaron a ondular de una manera más pesada. El viento comenzó a soplar con más fuerza, la brisa fría y el olor de la lluvia anunciaron la proximidad de un mal tiempo.

—Papá, se acerca una tormenta— Carlos ve las nubes negras en el cielo.

—Lo sé, date prisa y terminar de sacar la red— Roberto comienza a revisar el motor.

Las olas crecen rápido, golpean el lado del barco y el agua entra con fuerza al interior. Con el viento en aumento, el barco se mueve estrepitosamente de lado a lado y las olas lo hacen brincar de arriba a abajo. Gracias al mal tiempo la extracción de la red es una tarea muy difícil de completar.

—Córtala— Grita Roberto. Estaba empezando a preocuparse seriamente por el clima.

—Pero papá, es nuestra única red.

—Ya basta Carlos, tenemos que salir de aquí ahora. La tormenta se acerca, viene directamente a nosotros y viene rápido.

—Casi la logro sacar papá, apenas unos minutos más y tendré la red fuera.

—Carlos, olvida la red, córtala ahora. ¡Ya basta de argumentos!

Carlos tomo el machete y cortó la red la cual desapareció rápidamente en el agua, Carlos miro con tristeza como su única forma de vida se desvaneció en las enfurecidas aguas del mar, por lo menos parte de ella. Él empieza a pensar en lo que pueden hacer con la parte que tienen en el interior del barco, por lo menos pudo salvar más de la mitad de la red, ya se le ocurría alguna idea. Roberto puede maniobrar la embarcación más fácilmente sin el pesaje de la red empujándolos hacia abajo. Acelera más para tener una mejor manera de luchar con las grandes olas. La tormenta ya está sobre ellos, pero el confía en estar fuera del peligro en pocos minutos. Entre la lluvia y el viento, un tornado de agua comienza a formarse a poca distancia. Una inmensa columna de agua que se elevaba hasta las nubes, un cono majestuoso y bello que conecta el mar con el cielo. Carlos puede sentir el agua salada del mar desafiando la ley de la gravedad gracias a la succión del embudo que está tirando hacia arriba el agua del mar, es una lluvia hacia arriba, una lluvia que va desde la superficie hasta el firmamento, es un mortal pero bello fenómeno de la naturaleza. Cuando un tornado se forma sobre el agua no dura mucho tiempo, pero esos pocos minutos son muy peligrosos. La columna en espiral engulle el barco de pesca antes de que Roberto y Carlos pudieran abandonar la zona. Ese día nunca regresaron al pueblo y los grupo de búsqueda comenzaron la desesperada tarea de tratar de encontrarlos. Fueron hallados dos días después por otro pescador. Sus cuerpos estaban flotando cerca uno del otro, mezclados entre los escombros del naufragio de su barco.

—Realmente voy a extrañar su sonrisa, sus besos, sus abrazos, su tierna mirada y su café.

—Hijo, yo también voy a extrañarla demasiado, ella nos va a hacer falta pero algún día vamos a estar juntos de nuevo. Ahora es tiempo de marcharnos.

—Quiero quedarme aquí papá, no quiero irme. Quiero quedarme con mamá. Quiero esperar aquí por ella.

Se abrazan de nuevo. Un grupo de gaviotas vuelan sobre ellos y una mujer camina hacia la tumba. Roberto y Carlos no se dan cuenta de la solitaria figura que camina en esa dirección. La mujer se detiene junto a ellos, el padre y el hijo sienten una explosión de emociones cuando la ven. Vistiendo un vestido negro, la Sra. Pérez está de pie al lado derecho de su hijo.

Ella mira el sepulcro por unos pocos segundos. Sus ojos tristemente revelan su dolor, sus lágrimas humedecen su rostro. Lisa coloca en el suelo una bolsa que trae consigo. Da otra mirada a la inscripción en la lápida, abre la bolsa y desde el interior saca un termo de café. Pone el termo en el suelo y busca de nuevo en el interior de su bolso. Esta vez saca una taza de café, la taza de Carlos. Padre e hijo la miran con ojos encantadores.

Ella abre el termo y el aroma del café recién hecho inunda la atmósfera. Toma el termo y la taza de café, poco a poco llena la taza. Cierra el termo y lo pone de nuevo en el bolso. Lisa se mantiene silenciosa durante un par de minutos, simplemente observando la taza con el café caliente sobre la tumba de su familia.

—Carlos, aquí está tu amado café. Esa tormenta salió de la nada y en un momento se llevó a los dos, más tarde se inició la búsqueda, pero no necesitaba esperar por las malas noticias, cuando ustedes dos no volvieron como de costumbre ya lo sabía. Después de la ceremonia del entierro no pude volver aquí porque tenía un profundo deseo de quedarse en la casa, el recuerdo de los dos, especialmente la memoria tuya hijo mío me mantenía en esas cuatro paredes— Roberto mira a Carlos. Carlos mira al suelo sin decir nada. —Pero ahora me siento mejor. Carlos lo siento por no venir antes, ahora tengo la energía y el deseo de venir aquí, a visitarte a ti y a tu padre. Voy a venir con frecuencia para traer tu café y voy a hornear tu pastel favorito para tu cumpleaños, después de todo, vas a tener dieciséis años en tres meses. Por favor, se paciente, voy a estar con ustedes algún día. Vamos a estar juntos de nuevo. Mientras tanto espero que tú Roberto lo cuides bien.

Lisa toma la taza y drena el café en el suelo junto a la tumba. Ella coloca la taza de nuevo dentro de la bolsa y se pone de pie. Se despide de su familia y se va. Se siente en paz, con espíritu. No más tristeza, ella sabe que sólo tiene que ser paciente también. Paciente hasta el día en que se reunirá con su hijo y su marido en el otro lado.

—Estoy listo para ir ahora papá. Ya no tengo más preocupaciones acerca de mamá, sé que nunca nos va a olvidar y por fin entiendo que algún día vamos a estar juntos de nuevo. La amo y te amo papá.

—Te amo hijo, así como a tu madre. Juntos vamos a esperarla en el otro lado.

—Roberto pone su mano sobre el hombro de Carlos, el sol brillaba, no hay nubes que cubran la inmensidad del infinitivo azul. Los pájaros cantan, las flores están radiantes con sus colores mágicos y los dos espíritus desaparecen en la belleza del día.



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