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sábado, 21 de septiembre de 2013

Una diosa se enamoró de mi.

 
Es difícil de explicar lo que ocurrió a quién no lo pudo ver por sí mismo. Es complicado de aceptar, cuando los ojos de los demás han de hallarse apartados de un hecho tan inusual como lo es ese, por las malsanas envidias que llegará a provocar y por los celos ofuscados que generará por tan mala baba como hay suelta. Solo acertará este milagro a confortar el alma de los que sí lo aceptan y lo celebran como si les hubiese ocurrido a ellos.
 
La diosa vino a mi sin previo aviso, sin llegar yo a imaginarlo siquiera por ser ya tan tarde y por haberse consumido gran parte de la llama de mi vela.
 
Desde la espalda de la luna, dónde las hadas y las leyendas preparan en secreto sus historias, cuando más brillante estaba la cúpula del cielo por tanta estrella cómplice, la diosa extendió una mano suave y tierna hacia mi, impregnada de fragancias de menta y romero y me tocó suavemente el rostro, con la íntima dulzura que solo las diosas saben imponer a sus actos.
 
Y yo, pequeño mortal anhelante de cuánta magia pueda dispensarme la vida, levanté la vista para comprobar quién era quien me tocaba con dedos de amor y aliento de brisa de mar, y quedé cegado por la belleza que descubrí en su rostro y por el inmenso amor que me trasladaban sus ojos.
 
En un ser humano abatido de amor quedé convertido. La arena ardiente bajo mis pies dejó de quemar mis plantas y el abatimiento que me acosaba desde tanto tiempo atrás, desapareció a través de los poros de mi piel como por ensalmo.
 
Miré mis manos y mis piernas y las vi recompuestas de anteriores trabas y de escaras de amores muertos. Mi cara se reflejó a pesar de la oscuridad reinante, en la misma piedra pulida con la que anteriormente tantas veces había tropezado, y todas juntas, todas esas señales inequívocas que me ilustraban me advirtieron de la inminente llegada de la felicidad soñada, de la arribada del gran amor de mi vida que tanto tiempo había esperado.
 
La diosa de la Luna abrió la boca y sus labios sensuales y húmedos susurraron mi nombre, acariciaron mi oído con su leve roce. El cielo se abrió de par en par entonces y la mujer más bella que nunca hubiese imaginado poder observar, deslizó su divino cuerpo por entre los escasos nimbos blancos y algodonosos que jalonaban la noche en dirección a mi, con los brazos abiertos, hambrientos de mi cuerpo y dispuestos para el feliz abrazo que me ofrecían.
 
Yo no puse barrera alguna entre su camino y mi persona y abrí mi camisa dejando mi mortal pecho al descubierto, pues mi eterno sueño largamente forjado en lo más recóndito de mi corazón había comenzado a materializarse.
 
Me esperaban cálidas noches de ensueño y hermosos días de auténtica gloria, pues la diosa se me había manifestado, prometiéndome entre besos tiernos y pausadas caricias su amor eterno. Yo le creí sin dudar y puse en sus manos todo el amor que poseía, lo derramé a paletadas y vacié de escombros las alforjas de mi corazón, en sus ojos claros y en su piel de seda y gasa.
 
Ahora soy un hombre nuevo, que ama a una diosa con locura total de la que no me arrepiento y que se siente amado de igual manera por ella misma. Una diosa, que al parecer, solo vino a este mundo a cumplimentar mi llamada, a dotarle de una vida infinita al sueño de un mortal caducado pero ahora señalado por la fortuna, un mortal que soy yo y con el cual me identifican.
 
Mi vida ya no depende de mi, pues se la entregué a quién vino desde la espalda de la luna a iluminar mi cielo con sus haces de luz blanca y transparente, con su corazón de ahora, humano y palpitante, una vez posó los pies sobre la blanda tierra y el verde césped.

                                                        
                                                                                                             copyright©faustinocuadrado

20 comentarios:

  1. Es una preciosa historia, llena de encanto y armonía. Es en pocas palabras, todo cuanto muchos anhelan y pocos consiguen.
    Chapó.

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    1. Gracias Sylvia, es a lo que todo el mundo aspira en algún momento de su vida, a una pasión irrenunciable, y cuándo ésta llega (si es que llega) toca zambullirse de lleno y bucear hasta el que aire se agote.

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  2. Es preciosa, sugerente y fantástica. Me recuerda un poco a Bécquer, quién no se ha enamorado alguna vez de un rayo de luna

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  3. Muchas gracias Juan por la comparación, ojalá fuera así y escribiese de la misma manera. Efectivamente, todos deseamos un rayo de luna que algún día nos enfoque de lleno.

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  4. El amor nos hace etéreos, eternos y grandes como dioses. Siempre somos diosas -y dioses- cuando nos enamoramos, y también cuando alguien se enamora de nosotros.
    Preciosa prosa poética. ¡Enhorabuena, Tino, por este bello texto!

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    1. Gracias Yoly por tus palabras. El amor, ese eterno denostado y tan añorado cuando nos es esquivo. Estoy encantado de que te haya gustado. Un saludo

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  5. Muy bello texto. Quien pudiera ser tocado por esa Diosa. Y es cierto que recuerda un poco a Bécquer. Slds.

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    1. Gracias Gontxu, hay quien tiene esa suerte y la cuenta. Es algo así parecido a lo que escribo. Un saludo

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  6. Selene es la inspiración de muchos, porque desde el pasado ha sido la inspiradora de muchos de nuestros deseos y la mayor de las virtudes. Verla tomar cuerpo y adueñarse del espacio es algo muy destacable. Muy bueno Faustino, muchas gracias.

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    1. Gracias Carlos, la Luna es la personificación del amor y el deseo. Bien vale un homenaje y un brindids por ella. Un saludo

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  7. ¿Por qué una mano con fragancias de menta y romero? si son tus fragancias favoritas... es afirmable: la diosa forma parte de los deseos de los hombres, tan real e imposible la describes... las personas hacemos el deseo por el amor algo material y palpable como esa diosa de luna que te abraza, y eternizas el amor en la divinidad, inmortal por sí mismo, ese es el amor que puede llenarnos por completo.

    Un abrazo,


    María José Cabuchola Macario

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    1. Maravillosa reflexión María José, muy acertada a mi juicio. Porque el amor a veces aparece imposible le pintamos a menudo la cara de la luna, o del sol o de cualquier otro astro. Pero cuando al final se logra, se agradece más, se hace más inmortal. Muchas gracias por tu comentario. Un saludo

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  8. HERMOSO RELATO, PLETÒRICO DE FANTASÌAS Y UNA EXCELENTE REDACCIÒN LITERARIA, ASÌ COMO LAS IDEAS SECUENCIALES, FELICITACIONES.

    TRINA LEÈ DE HIDALGO

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    1. Muchas gracias Trina, viniendo de ti, una poetisa maravillosa, es todo un halago. Un saludo

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  9. Una diosa se enamoró de mí, es un relato donde el autor muestra su talento, su intelecto y magia.
    La diosa de la luna cuando aparece , borra el abatimiento del autor para transformarlo en felicidad soñada y lograr culminar en ese engolosinamiento de dos cuerpos con la necesidad de amarse, transformados en la fusión de uno.
    Lo imposible se hizo posible, surgiendo del amor suceden cosas maravillosas. María Angélica Linares. Colombia.

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    1. Así es María Angélica. Está basada en un hecho real, a pesar de las apariencias. La diosa existe y es cuerpo y piel y ahora los protagonistas son solo uno, un único y verdadero amor. Gracias por tus comentarios. Un saludo

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  10. Buen texto, me gustan las metáforas que utilizas, historia mágica donde gana el amor!
    Saludos!

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    1. Gracias Juan, las metáforas a veces, toman cuerpo físico y se plantan entre nosotros. Este es el caso...Un saludo

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  11. Ojalá nos pudiese tocar una diosa, y conseguir todos nuestros anhelos. Preciosas metáforas, en una redacción cuidada y elegante. Enhorabuena.

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  12. Gracias Dioni, que se conviertan en realidad las métáforas también depende en gran medida de nosotros, de que lo deseemos realmente. Un saludo. Gracias por tu comentario y tu opinión.

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