Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

jueves, 29 de agosto de 2013

No sueño.




             A Blanca

          Sentados en una terraza de verano. "El adiós salvaje" de Deneuve sonando de fondo. Luces, sonidos, calores, minifaldas, sandalias de tacón, alcoholes, burbujas, estrellas, luna, conversaciones, silencios también, sonrisas, lágrimas también... Una última copa de ebriedad... Una mirada y un lamento continúo en tus ojos... Y te levantas y yo a la par tuya... Y caminas calle abajo en dirección a la playa... Yo por detrás, contemplando tu caminar sereno, tus piernas tan bien torneadas baja tu falda corta, sobre tus tacones altos... Andas, andas, andas, andas, andas, andas, andas, andas, andas, andas, andas, andas una docena de veces... Ando, ando, ando... Con tanta diferencia de ritmo que apenas si te distingo a lo lejos... En la lobreguez nocturna... En el alejamiento progresivo... Pero sé que sigues andando, andando, andando, andando, andando, andando, andando, andando, andando, andando, andando, andando otra docena de veces... Mientras mi cadencia tampoco decae... Ando, ando, ando... Hasta perderte... Ahora soy yo el que suda llanto por mis venas... A ti no te veo... No sé... Posiblemente... Pero sí sé que te huelo y te siento por tanto... Vas por delante de mí quinientos metros, ochocientos, mil cien, mil cuatrocientos, mil setecientos... Ya debes haber alcanzado la arena... Quiero acelerar mis piernas paralizadas... Encontrarte esperándome en la orilla... Volver a abrazarte, besarte, acariciarte, desnudarte, amarte como hasta ayer mismo... Siempre sonriente... Y corro en mi equilibrio abochornado... Corro, corro, corro... Y alcanzo el sonido regular del oleaje cerca de mis pies... Sin verte... Sin dejar de olerte ni de sentirte... Iluminado por las dos mil estrellas del firmamento... Sin dejar de gritar tu nombre al viento, devuelto en los susurros de las aguas que mueren en la orilla... Y oteo el horizonte en tu búsqueda... Y me siento en el suelo a contemplarte allá a lo lejos... Sin verte... Sólo sintiéndote, oliéndote... Mis pies se humedecen, igual que mi mano acariciando la cálida espuma... Manipulando el interruptor instalado sobre la arena... Apagando sucesivamente las luminiscencias de Sirio, Arcturo, Vega, Capella, Rigel, Procyon, Betelgeuse, Altair,  Aldebarán, Antares,  Espiga, Pollux, Fomalhaut, Deneb,   Régulo,  Adhara, Cástor, Bellatrix, Shaula, El Nath, Alnilam, Alnitak, Alioth, Mirfak, Kaus Austral, Dubhe, Benetnash, Girtab, Wezen,  Menkalinan, Alhema, Mirzan,  Estrella Polar,  Alphard, Hamal, Diphda,  Mirach,  Mizar,  Nunki,  Alpheratz,  Algol, Saiph,  Kochab,  Ras Alhague,  Alamak ... Y quedarnos definitivamente a oscuras... Ya no veo nada... Detrás la ciudad también ha desaparecido en la penumbra... Sólo tierra y agua... Inmenso desierto junto a un oasis donde desgañitarse es absurdo... Nadie puede escucharme... Puede que tú sí... A la que continúo sintiendo y oliendo allá al fondo... Reducida a una mínima llama de esperanza casi pérdida en la inmensidad del océano... De las aguas que nos separan... Y me llamas y me levanto y me lanzo al agua, sólo nadando por la fuerza de la promesa de reencontrarte... Y continúo desplazándome por el agua metros y más metros de profundidad y de distancia... Sin alejarte más... Cada instante más próxima... Irradiando perfumes orientales y la dulzura de un rostro invadido por las lágrimas de minutos antes... Y nado, nado, nado... Continúo nadando, nadando, nadando... Perdiendo el miedo a la hondonada que me cubre, que me conduce al fondo de lo indeterminado, al final de la vida, al principio de la nada, al exterminio del nosotros... Y esa fuerza y ese valor y esa determinación me acercan a los efluvios de tu cuerpo... Siento como te alcanzo con mis brazos extendidos, con mi cuerpo destrozado por el esfuerzo... Como poseo tu aura de belleza inextinguible... Para terminar en la lucha, allá abajo, en el fondo, empujado por la fuerza de tu rencor...

          Ya no puedo seguir soñando...
 
 
José Acevedo

4 comentarios:

  1. Bueno, el texto está difícil de leer, aunque se entiende la intención del autor de dar la pausa para hacerlo parecer un sueño. Ese es su único bemol, José. Gracias por compartir.

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  2. Hay muchas formas de concebir la literatura... para mí es una forma de hacernos conscientes de nuestra posición sobre la tierra. Es pensar, sentir y poner en práctica un sentimiento.
    Jose Acevedo

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  3. Interesante manera de hacer literatura, algo denso y a mi me resulto un poco estresante las repeticiones, Saludos!

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  4. Cuando se han acabado los nombres de todas esas luminiscencias, se ha encendido mi tristeza, se ha creado dentro de mí un universo oscuro silencioso y muy negro donde solo encuentraba esas pisadas en la arena, ahora ya también oscura y negra. Las borraban. Pero, lo curioso, es que antes de que marcharan esas luminiscencias, tú ya no veías, tú ya sentías muy lejos a tu amor... También curioso ese equilibrio tuyo del que hablas, como si tu amor siguiera firme, invariable. El suyo, desequilibrado y cada vez más distante, por su rencor. Cuán la persigues en sueños... Me has emocionado profundamente, José. Mil gracias por tus palabras, que entiendo y siento,

    María José Cabuchola Macario

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