viernes, 21 de diciembre de 2018

Qué pido al año nuevo


Foto cedida por Carlos de Miguel


Ya pasó Navidad.
Mañana es Año Nuevo.

Dicen que hay que pedir
un deseo a las doce…

¿Y qué quieren que pida?
Si ya no espero a nadie.
Si ya no espero nada.

Me basta,  en este invierno,
la certeza inmutable de la nieve
que cubre el Guadarrama.
Después, en primavera,
bajará derretida en regatos de agua
que irán a remansarse
en lagunas solanas y,  a su orilla,
se adornaran las zarzas en verano
con pendientes de moras
y con chales de seda
que tejen las arañas.



Y otra vez reinará en el hayedo
el cálido silencio conocido,
apenas roto por el silbo del mirlo
y la paciente esquila de las vacas.

En otoño,  la rebusca de setas
entre las hojas húmedas y blandas.

¿Qué más quieren que pida?
No necesito nada.

Aunque… quizás…

esperar la llegada
de un Año Nuevo más,
leyendo un viejo libro.
Alfajor de canela,
aguardiente de endrino y,
ante la chimenea
donde crepite,  hipnótica,  la llama
del  inmolado brazo de una encina,
celebrar,  con mi gata,  su llegada.




Luz Macías





El mejor regalo de mi vida

Era la navidad de 1965, mi papá se encontraba como siempre fuera, trabajando, trabajaba mucho.  El había prometido que pronto estaría con nosotras. Yo quería mucho a mi mamá; pero a mi papá también y tenia muchas ganes de verlo. Según mi mamá llevaba más de un mes fuera de Cataluña trabajando. Mi primo, al que quería también mucho siempre tenia a su papá cerca y ya estaba contando los días para ver los regalos que sus majestades los reyes de oriente le traería.

El piso de mi primo era muy grande, en cambio el mío era muy pequeño, una sola habitación; aunque bueno, así estábamos más juntitos. Yo no sentía envidia de mi primo, eso estaba muy feo, lo decía mi mamá y si ella lo decía por algo sería...
Como no tenia hermanitos me entretenía sola, mi mamá apenas jugaba conmigo, ella hacía cosas más importantes y disponía de poco tiempo para jugar.  A mí no me gustaban las muñecas, eran muy sosas, ni decían ni hacían nada; prefería construir mis propios mundos con un juego que me regaló mi papá. Me sentía muy importante montando aquellos grandes armatostes, desde un coche a un pájaro gigante.

Esta tarde dice mi mamá que regresará mi papá, que ganes tengo de verlo; aunque ya se está haciendo de noche y no viene. Parece que llaman al teléfono, mi mamá se ha puesto muy seria y está a punto de llorar. A mi papá le ha sucedido algo malo y se lo han llevado al hospital. Yo quiero ir a verlo; pero no me dejan. Mi mamá me ha dicho que me quedaré con una vecina.

Parece que mi papá no se va a morir, ahora el pobre no se encuentra muy bien y no se puede mover de la cama. Me ha dicho mi mamá que cuando esté mejor lo podré ir a ver. Ya cuento los días.

Estoy mucho tiempo con la vecina, yo quiero estar con mi mamá, Mañana es navidad, mi mamá me ha prometido que podré visitar a mi papá.
—Pasa no tengas miedo tu papá tiene muchas ganes de verte, para él tu eres el mayor regalo que le podemos hacer.

Me da miedo, tiene la cara vendada y no habla mucho. Me ha abrazado y me ha dicho que me quiere, yo también lo quiero mucho y no quiero que le pase nada, y ano tengo miedo. Todo el rato me ha tenido cogida de su mano, ya me dolía el brazo; pero no me importaba, estaba con él.

Hoy es el día de reyes, y no me han traído muchos regalos, solo un poco de ropa, y de lo que pedí nada.
Parece que oigo la llave. — ¡Qué alegría, es mi papá, ya está bien!— Me abraza muy fuerte y me da un regalo; sin embargo no me importa el regalo, lo tengo él, a mi papá, lo demás que más da.
Él insiste en que lo abra, le quito el papel con un poco de ansia, he de reconocerlo. Veo una cosa muy rara, parece un platillo volante. Mi papá lo coge y lo pone en el suelo, entonces unas luces de muchos colores comienzan a encenderse y apagarse, mis ojos no pueden dejar de mirar aquel juguete tan extraño, pero a la vez tan bonito, va acompañado de un sonido y no para de moverse.

Toda la tarde he estado jugando y si queréis que os diga la verdad.  Estos reyes han sido los más bonitos de toda mi vida, porque por fin comprendí que nada importa si no tienes a tu familia contigo, y en ese momento fui la niña más feliz del mundo.



Carmen Andújar Zorrilla

Vuelve Navidad


No has venido todavía,
¿No vendrás para luego…?
Es que esta pena mía
Nos separa del sueño...
del sueño de las luces, del champán y el turrón

Vuelve aquí Navidad,
ya te echo de menos,
como a los que no están,
como a los que ya se fueron.

¡Ay! Ya veo una luz, unos niños corriendo.
Vuelve, te espero,
un brindis entre tú y yo,
una mueca de complicidad...
¡Vuelve... por fin, Navidad!






Una cita para Navidad

     Después de su incorporación a la Alianza Unida de Planetas, el planeta terraformado de Tara se transformó en un importante centro turístico, punto de visita obligado para las tropas destacadas en el Paso L’Fent. Esta amistosa invasión de personal de todas las especies fue aceptada con paciencia y alegría por la población nativa. Pero la Guerra del Borde Interno vino a interrumpir dicho flujo. Durante cuatro años la órbita de Tara y de los mundos gaseosos se convirtió en un campo de batalla entre el Reino Irezumi y el Dominio Kumpala. Años en que el planeta sufrió de bombardeos ocasionales e incomodidades por las medidas tomadas por el Reino para garantizar la seguridad de sus operaciones militares. Pero en general, esos años pasaron con relativa tranquilidad a diferencia de otros sectores. Sectores que sufrieron la persecución y el genocidio, especialmente en las colonias. Los nativos tenían mucho en común con los habitantes de las colonias, ambos pertenecían a la especie humana.
   
     Fue un momento de gran regocijo cuando el Dominio Kumpala cambió de bando en la guerra, lo que la transformó en la Guerra de la Triple Alianza. Fue motivo de mayor alegría la serie de victorias obtenidas a mediados del año, que expulsaron a todos los enemigos de las inmediaciones de Tara, reconquistaron el Paso L’Fent y dieron por concluido el estado de guerra en el sector. Debido a esto, un inmenso contingente irezumi invadió amistosamente Tara, en busca de diversión, descanso y entretenimiento; mientras sus líderes militares decidían el siguiente paso en la guerra. Jastarnia fue una de las muchas ciudades que recibió esa invasión. Asignada como destino vacacional de la Fuerza de Tareas 3-840; miles de jovencitas aprovecharon las enormes playas de arena blanca, las aguas templadas de la bahía de Puck y los centros turísticos esparcidos estratégicamente en la ciudad. Como consecuencia de la interacción entre los nativos varones y las jóvenes las visitas a las clínicas de ginecología aumentaron de forma exponencial, porque corrían rumores de que todas las flotas serían reasignadas a principios del próximo año.

     Una docena de muchachas esperaban impacientes a ser llamadas en una de estas clínicas, algunas sentadas y otras de pie. La mayoría estaban solas, pero una pareja destacaba justamente porque se tomaban de las manos. La mayor estaba al final de sus veinte y no podía ocultar su pasado como trabajadora social. Era muy hermosa, usaba un vestido elegante hasta la mitad de las piernas, pero el exceso de maquillaje la ponía en evidencia. La menor parecía una niña, vestía de forma muy conservadora, pero algunas características ponían en evidencia que no era humana. Si uno entendía el lenguaje de las parejas comprendía que existía algo entre ambas.

     [Alferez Aika Saito, favor pasar al consultorio C… Alferez Aika Saito, pasar al consultorio C]

     La pareja no ocultó su impaciencia. Pero mientras regresaban su vista al frente, se tropezaron con una joven uniformada, que preguntó con incredulidad.

     —¿Jin?

     —¡Ayaka!

     Las jóvenes se hermanaron en un abrazo largo, tras lo cual prosiguieron su conversación.



     —¿Qué te habías hecho, Jin? La última vez que te vi tomabas el sol en la playa, hace dos decenas.

     —Es que… Conocí a una amiga… Ayaka, te presento a la señora Janina Ostorock.

     —Jefe Técnica Ayaka Kirogame, Fuerza de Tareas 3-840, adjunta de la Tercera Flota Irezumi. Es un placer conocerla señora.

     —El placer es todo mío.

     —Conocí a la señora Ostorock… Digo a Janina… Ese día en la playa. Ella estaba paseando con su esposo cuando les llamé la atención y se pusieron a conversar conmigo… Ayaka… ¡Ayaka!

     Ayaka no puso atención al llamado por un instante, su vista estaba concentrada en la recepcionista. Sin embargo, cuando esta escribió unos datos se disculpó.

     —Perdón, estaba pidiendo una cita.

     —Esos poderes que tienen ustedes son una maravilla. Eso que uso fue telepatía, ¿verdad?

     —Así es. Pero lo mío no es nada comparado con lo que puede hacer Jin.

     —Ya lo experimenté en carne propia. Fue inquietante no tener control sobre mi cuerpo.

     —Y dime Jin, ¿qué es lo que haces aquí?

     [Cabo Jin Chu’i Xuan, favor pasar al consultorio D… Cabo Jin Chu’i Xuan, pasar al consultorio D]

     —Es mi turno.

     Ayaka quedó perpleja. Por un momento no pudo digerir lo que había sucedido. Ella vio como su amiga se despedía de su acompañante. Conforme entraba al consultorio su acompañante la tomó de la mano y la hizo sentarse a su lado.

     —¿Impactada?

     —Perpleja… Pensé que nunca lo haría con un hombre… Después de lo que le hicimos.

     —¿Es por eso que se vomita cuando ve el paquete de un hombre? ¿Qué le hicieron a esa pobre niña para que tenga esa reacción tan adversa?

     —Bueno… Hace tres centenas, uno de sus años, las integrantes del puente de la María Dolores queríamos espiar lo que hacía la Almirante Sima con su amante, así que la segunda oficial y yo nos coordinamos con Jin para que todas pudiésemos verlo todas. Pero a ella jamás le habían explicado sobre el sexo oral, así que cuando lo observó por primera vez…

     —Entiendo.

     —Pero su caso también es peculiar. Su esposo es cuarenta años mayor, a usted sólo le gustan las mujeres y a su esposo las niñas… ¿Sabe que Jin es adulta, a pesar de su cuerpo? ¿Sabe que los embriones que tengan serán puestos en suspensión? ¡Porque todavía está en servicio!

     —Veo que además de meterse en las mentes de los demás las irezumis también sienten celos—, reclamó Janina en compañía de un suspiro. —Es cierto, mi esposo me recogió de las calles cuando entraba en la adolescencia. ¿Qué iba a hacer? ¿Negarme a un techo, comida y seguridad para mi y el hijo que esperaba? Mi esposo es un buen hombre, sólo tiene una fijación sexual, muy peligrosa.

     —¿Así que aprovecharon el influjo de irezumis para reactivar su vida sexual?

     —¡Acertó! Jin fue a la cuarta irezumi que abordamos ese día. Es una chiquilla tímida, pero curiosa. Le fascinó la idea de estar conmigo, pero tenía miedo de mi marido. Fue sincera y se lo agradezco.

     —¿Y cómo logró que ella y su marido… ya sabe?



     —Fue difícil, vomitó la primera vez que lo vio. Luego de confesarnos su problema; primero ambas tuvimos relaciones sin mi esposo presente. Después le vendé los ojos e invité a mi marido a que se integrara. Procuramos que no tuviese contacto visual con su miembro. Mientras estábamos en el acto, descubrimos su habilidad. Ella entró en nuestras mentes, controló nuestros cuerpos por instantes, trataba de saber que era lo que pasaba. Parece que las sensaciones combinadas le gustaron, porque se quedó con nosotros todo este tiempo.

     —¿Y cómo se siente usted?

    —Celosa pero feliz. Jin no sólo es una muchacha muy dulce, su habilidad nos permitió gozar como pareja por primera vez en una década. Fue maravillosa, por eso le estoy tan agradecida. Fue un regalo de Navidad magnífico para nosotros.

     —¿Por eso es que la acompañó hoy a la cita ginecológica?

    [Marquesa Umiatowska… favor pasar al consultorio A… Marquesa Umiatowska, al consultorio A]

     —No. Yo también vengo a una cita. Fue un placer conocerla Ayaka. Cuide mucho a Jin, es muy especial. Por cierto, sé que no lo celebran, ¡pero le deseo una Feliz Navidad!

     La joven oficial quedó boquiabierta mientras la mujer se contoneaba sensualmente en dirección a los consultorios. Tardó mucho en digerir lo que había sucedido con su amiga durante el tiempo que no se vieron. Cuando logró conectar los puntos, ella se río escandalosamente. No era una risa normal; río hasta llorar, con una combinación de alegría, impotencia y celos. Fue tal el escándalo que cuando salió de su cita; Jin tuvo que devolverla a la calma, acompañarla a su cita y llevarla de nuevo a su residencia. Sólo hasta que conversaron en privado, Ayaka recuperó la paz.




Noviembre en el otoño del recuerdo.





Fotografía Pedro Ignacio Fernandez



La mirada un poco perdida
en el paisaje que dibuja ante mí el viento
que acaricia mi cara con su aliento
y me atrae hacia el escalofrío del invierno
con su amor de memoria fría.
No hay visitas para muchos de los muertos.
El moho cubre la piedra de las lápidas
en mi paseo de camino entre silencios
y solo escucho lo más triste de este ruido
del callado descanso de los cuerpos
en el olvido de la memoria de la piedra.
Las flores ya no brotan de mi pecho.
Ahora se que no hay muertos sin memoria,
que la historia les guarda siempre un recoveco,
que una losa pesa tanto como un muerto,
y que todos tenemos recuerdos.
Sólo es cuestión de tiempo.

Del Poemario Inédito de Ferran Garrido






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