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miércoles, 21 de mayo de 2014

Es Tiempo de Marcharnos




La brisa salada y refrescante del océano sopla suavemente sobre el pequeño pueblo de pescadores, trae consigo la sensación de paz de un mar armónico. Una paz mezclada con la tranquilidad del inmenso cielo azul. El olor a peces, cangrejos y langostas es transportado por el viento delicadamente, viajando desde el puerto hasta los terrenos del cementerio donde muchos pescadores yacen enterrados en el sagrado lugar, donde un hombre solitario está mirando con tristeza la tumba que esta frente a él. Una tumba con los nombres de Roberto Pérez y Carlos Pérez grabado en la lápida de mármol que está sobre ella. Esos son su propio nombre y el nombre de su hijo.

Roberto está esperando a su hijo, después de su muerte Carlos desapareció. Se supone que debieron cruzar al otro lado hace unos días, pero Carlos nunca llego al cementerio y Roberto no va a cruzar sin él, va a esperar el tiempo que sea necesario. La espera no se prolongó más.

—Hola papá— Una voz dice a sus espaldas. Roberto se vuelve para ver a su hijo parado a su lado.

—Carlos, hijo, ¿dónde estabas? He estado esperando por ti, ya pasaron varios días— 

El padre de Carlos levanta sus manos y las pone sobre los hombros de su hijo.

—Yo estaba en casa, quería ver a mamá— Su padre lo abraza, Carlos lo abraza también.

—Oh Carlos, eso está mal, no se supone que fueras allí. Tenías que estar aquí conmigo, dispuestos a cruzar —silencio— Bueno ni modo, ya está hecho, ¿cómo está tu madre?

—Ella todavía está muy triste, pero lo acepta— Carlos mira al cielo.


—Tu madre es una mujer fuerte y ella siempre sabía que podíamos tener un accidente.

—Yo realmente la extraño. Papá, no quiero cruzar. Tengo miedo de este lugar, tengo miedo de no volver a verla. Quiero quedarme con ella.

Fundidos en un abrazo fraternal, padre e hijo recuerdan el último momento en el que los dos estuvieron juntos con la madre de Carlos. Ese día fue similar al de hoy, un cielo sin nubes, una suave brisa del océano, las olas casi ausente y el equipo de pesca estaba listo en el barco. Como todos los días, la Sra. Pérez preparó el desayuno para su esposo y su hijo. Curiosamente ese día preparo el desayuno favorito de su hijo, huevos revueltos con jamón y papas fritas caseras acompañadas de una taza de café recién colado al estilo de antaño, no con una moderna máquina de café.

—Mamá, este café esta delicioso. Puedo oler este aroma todo el día— Carlos respira profundamente sobre la taza de café.

—Te preparé un termo para que tú y tu padre puede beber mientras están pescando—

—Gracias Lisa, tengo la sensación de que hoy va a ser un gran día de pesca. El clima es fantástico— Dice Roberto.

—Van a tener un grandioso día. Aquí está el almuerzo para los dos— Lisa le pasa a Roberto una bolsa con dos emparedados de cerdo. Carlos ya tiene el termo de café en la mano.

Roberto besa a Lisa y se despide, Carlos hace lo mismo y los dos salen de la humilde casa. Lisa se da vuelta y comienza a limpiar la cocina. Padre e hijo caminan hacia el puerto, tratando de decidir en qué área van a pescar. Aún oscuro, las estrellas mostraban un cielo totalmente despejado. Sin viento y con un mar sin olas finalmente deciden ir a un banco de arena sumergido que está muy retirado de la costa. Es un lugar estupendo y muy productivo para la pesca pero por la distancia no es visitado con frecuencia por los pescadores del pueblo. Sólo unos pocos de ellos van allí y sólo en días muy tranquilos como este.

Es pasado el mediodía y el día seguía perfecto. Vieron otros dos barcos de pesca en los bancos pero ahora están fuera de la vista. El bote de Roberto es viejo, como la mayoría de los barcos del pueblo pero a pesar de ser viejo, el barco está en buenas condiciones y todavía muy fiable. Roberto siempre le está dando el mejor mantenimiento que puede.

Roberto y Carlos están sacando fuera del agua su red, arrastrando con ella un buen número de peces, están muy contentos por ello y no se dieron cuenta de las nubes negras en el horizonte. Unos minutos más tarde las olas comenzaron a ondular de una manera más pesada. El viento comenzó a soplar con más fuerza, la brisa fría y el olor de la lluvia anunciaron la proximidad de un mal tiempo.

—Papá, se acerca una tormenta— Carlos ve las nubes negras en el cielo.

—Lo sé, date prisa y terminar de sacar la red— Roberto comienza a revisar el motor.

Las olas crecen rápido, golpean el lado del barco y el agua entra con fuerza al interior. Con el viento en aumento, el barco se mueve estrepitosamente de lado a lado y las olas lo hacen brincar de arriba a abajo. Gracias al mal tiempo la extracción de la red es una tarea muy difícil de completar.

—Córtala— Grita Roberto. Estaba empezando a preocuparse seriamente por el clima.

—Pero papá, es nuestra única red.

—Ya basta Carlos, tenemos que salir de aquí ahora. La tormenta se acerca, viene directamente a nosotros y viene rápido.

—Casi la logro sacar papá, apenas unos minutos más y tendré la red fuera.

—Carlos, olvida la red, córtala ahora. ¡Ya basta de argumentos!

Carlos tomo el machete y cortó la red la cual desapareció rápidamente en el agua, Carlos miro con tristeza como su única forma de vida se desvaneció en las enfurecidas aguas del mar, por lo menos parte de ella. Él empieza a pensar en lo que pueden hacer con la parte que tienen en el interior del barco, por lo menos pudo salvar más de la mitad de la red, ya se le ocurría alguna idea. Roberto puede maniobrar la embarcación más fácilmente sin el pesaje de la red empujándolos hacia abajo. Acelera más para tener una mejor manera de luchar con las grandes olas. La tormenta ya está sobre ellos, pero el confía en estar fuera del peligro en pocos minutos. Entre la lluvia y el viento, un tornado de agua comienza a formarse a poca distancia. Una inmensa columna de agua que se elevaba hasta las nubes, un cono majestuoso y bello que conecta el mar con el cielo. Carlos puede sentir el agua salada del mar desafiando la ley de la gravedad gracias a la succión del embudo que está tirando hacia arriba el agua del mar, es una lluvia hacia arriba, una lluvia que va desde la superficie hasta el firmamento, es un mortal pero bello fenómeno de la naturaleza. Cuando un tornado se forma sobre el agua no dura mucho tiempo, pero esos pocos minutos son muy peligrosos. La columna en espiral engulle el barco de pesca antes de que Roberto y Carlos pudieran abandonar la zona. Ese día nunca regresaron al pueblo y los grupo de búsqueda comenzaron la desesperada tarea de tratar de encontrarlos. Fueron hallados dos días después por otro pescador. Sus cuerpos estaban flotando cerca uno del otro, mezclados entre los escombros del naufragio de su barco.

—Realmente voy a extrañar su sonrisa, sus besos, sus abrazos, su tierna mirada y su café.

—Hijo, yo también voy a extrañarla demasiado, ella nos va a hacer falta pero algún día vamos a estar juntos de nuevo. Ahora es tiempo de marcharnos.

—Quiero quedarme aquí papá, no quiero irme. Quiero quedarme con mamá. Quiero esperar aquí por ella.

Se abrazan de nuevo. Un grupo de gaviotas vuelan sobre ellos y una mujer camina hacia la tumba. Roberto y Carlos no se dan cuenta de la solitaria figura que camina en esa dirección. La mujer se detiene junto a ellos, el padre y el hijo sienten una explosión de emociones cuando la ven. Vistiendo un vestido negro, la Sra. Pérez está de pie al lado derecho de su hijo.

Ella mira el sepulcro por unos pocos segundos. Sus ojos tristemente revelan su dolor, sus lágrimas humedecen su rostro. Lisa coloca en el suelo una bolsa que trae consigo. Da otra mirada a la inscripción en la lápida, abre la bolsa y desde el interior saca un termo de café. Pone el termo en el suelo y busca de nuevo en el interior de su bolso. Esta vez saca una taza de café, la taza de Carlos. Padre e hijo la miran con ojos encantadores.

Ella abre el termo y el aroma del café recién hecho inunda la atmósfera. Toma el termo y la taza de café, poco a poco llena la taza. Cierra el termo y lo pone de nuevo en el bolso. Lisa se mantiene silenciosa durante un par de minutos, simplemente observando la taza con el café caliente sobre la tumba de su familia.

—Carlos, aquí está tu amado café. Esa tormenta salió de la nada y en un momento se llevó a los dos, más tarde se inició la búsqueda, pero no necesitaba esperar por las malas noticias, cuando ustedes dos no volvieron como de costumbre ya lo sabía. Después de la ceremonia del entierro no pude volver aquí porque tenía un profundo deseo de quedarse en la casa, el recuerdo de los dos, especialmente la memoria tuya hijo mío me mantenía en esas cuatro paredes— Roberto mira a Carlos. Carlos mira al suelo sin decir nada. —Pero ahora me siento mejor. Carlos lo siento por no venir antes, ahora tengo la energía y el deseo de venir aquí, a visitarte a ti y a tu padre. Voy a venir con frecuencia para traer tu café y voy a hornear tu pastel favorito para tu cumpleaños, después de todo, vas a tener dieciséis años en tres meses. Por favor, se paciente, voy a estar con ustedes algún día. Vamos a estar juntos de nuevo. Mientras tanto espero que tú Roberto lo cuides bien.

Lisa toma la taza y drena el café en el suelo junto a la tumba. Ella coloca la taza de nuevo dentro de la bolsa y se pone de pie. Se despide de su familia y se va. Se siente en paz, con espíritu. No más tristeza, ella sabe que sólo tiene que ser paciente también. Paciente hasta el día en que se reunirá con su hijo y su marido en el otro lado.

—Estoy listo para ir ahora papá. Ya no tengo más preocupaciones acerca de mamá, sé que nunca nos va a olvidar y por fin entiendo que algún día vamos a estar juntos de nuevo. La amo y te amo papá.

—Te amo hijo, así como a tu madre. Juntos vamos a esperarla en el otro lado.

—Roberto pone su mano sobre el hombro de Carlos, el sol brillaba, no hay nubes que cubran la inmensidad del infinitivo azul. Los pájaros cantan, las flores están radiantes con sus colores mágicos y los dos espíritus desaparecen en la belleza del día.



2 comentarios:

  1. Una historia esotérica de los espíritus que transitan hacia el lugar designado. Conmovedora y bastante fuerte. Gracias por compartir de Choudens.

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  2. Gracias Carlos, si es algo fuerte y profunda. Vemos como la madre pierde a sus seres queridos y como el espiritu de su hijo no desea separase de ella. Amor maternal e incondicional que supera a la muerte misma.

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