Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

jueves, 13 de febrero de 2014

"TERAPIA DE MACHOS".EPISODIO 9: "¡OH, L' AMOUR!"

Guillermo prendió, como cada Jueves a la tarde, las velas aromáticas que se encontraban diseminadas de manera estratégica por todo el apartamento, el cual a su vez le servía de consultorio. Mientras las encendía, pensó en su propia historia. Guillermo Macedo siempre había un hombre astuto, inteligente y rápido de mente y de actos, un verdadero “zorro” -inclusive su mirada chispeante tenía algo zorruno- y por lo general, siempre caía bien parado como los gatos. Pero estos últimos tiempos algo le había fallado: había perdido su trabajo como Director de Recursos Humanos de una gran empresa de gaseosas, su exitosa y atractiva novia con la cual habían estado juntos once años lo acababa de abandonar y allí se encontraba él, lleno de algunas dudas y muchas deudas. Pero su lema era “Siempre Qué Llovió; Paró”. Luego se le había ocurrido la genial idea de hacer una terapia sólo para hombres, “hombres que habían perdido su GPS” como solía llamarlos él. Parecía mentira pero ya habían pasado tres meses-exactamente trece sesiones- desde que sus “machos” como él los llamaba cariñosamente, se habían juntado por primera vez. Un grupo variopinto si se quiere…
El grupo había decidido hacer un hiato en su terapia a partir de las fiestas navideñas, hiato que se extendería por todo Enero y ahora retomaban a mediados de Febrero. Como todos los jueves a las siete de la tarde, uno a uno fueron llegando: Robertino, “el pendejo”[1], quien llevaba encima el peso de un accidente donde había sido el único sobreviviente; José Francisco, un flemático y formal bioquímico jubilado y ex convicto por haber cometido un triple crimen pasional, quien estaba tratando de reinsertarse en la sociedad; Fausto, un ejecutivo muy “Casa, Club y Familia”[2], a quien el éxito profesional y la seguridad económica ya no le sonreían y quien había perdido su estatus social y con ello, su autoestima, por más que se aferrara a su imagen de hombre compuesto y seguro de sí; luego estaba Alejandro, un joven mecánico muy vergonzoso con problemas graves de integración, que aún no develaba nada importante y decía las cosas de su historia con cuentagotas; completaban el grupo Damián, una estrella del pop en ocaso, adicto a las adicciones y con un carácter infantil y caprichoso y Darío, un futbolista gay con una personalidad controladora y obsesiva, que había sucumbido bajo los encantos de un adolescente perverso, sumiéndolo en una gran depresión existencial.

Como era la costumbre, se sacaron sus calzados al entrar (Robertino, unas zapatillas Converse rojas; Damián, unas modernas D & G abotinadas hechas en “patchwork”[3]; José Francisco, siempre formal, unos clásicos zapatos de vestir negros acharolados; Darío, unas zapatillas negras de cuero con el logo de Puma en blanco; Fausto, unos mocasines italianos color borravino  y Alejandro, unos borceguíes gastados que usaba para trabajar, que parecían dos veces su talle), se sentaron en circulo en los almohadones “extra-large” dispuestos en la alfombra de seda tailandesa que tenía impresa la cara de Buda, cerraron los ojos por unos minutos, respirando hondo con inhalaciones profundas, tratando de dejar el estrés del afuera y concentrarse en el aquí y ahora.

-Bienvenidos otra vez-les dijo Guillermo cordialmente y algo excitado con la vuelta de sus pacientes. –Se me ha ocurrido algo: hoy por ser el Día de San Valentín, vamos a enfocarnos en el amor...o en la falta de él.
Hubo risas y silbidos por lo bajo; Damián revoleó la mano por lo alto haciendo un gesto muy de cancha y tarareando el tema “Oh, L’Amour” del grupo Erasure.
-Para empezar,  les pregunto: Si tuvieran qué elegir una pareja que representara “LA” Pareja Ideal… ¿Quiénes serían?
Guillermo vio como las respuestas de cada uno de sus pacientes se iban mezclando en su mente con sus propios pensamientos al respecto. A veces, su mente pareciera tener vida propia.
Robertino : Harry Potter y Ginnie.
(¿Ginnie?! ¿Quién mierda era Ginnie en Harry Potter? ¿Harry no se la trancaba a Hermione?)

José Francisco: A mí me gusta mucho la ópera. Cuando estuve en prisión me las ingeniaba para conseguir cds de Opera. Así que mi pareja favorita sería Tristán e Isolda. Aunque si pienso en Elsita, mi ex mujer, ella era más parecida a la Carmen de Bizet. Esa fue su perdición.
Vos fuiste su perdición que la mataste!)

Fausto: Bill y Hilary Clinton, siempre apoyándose el uno al otro, a pesar de las dificultades.
(Aunque él se la dejara chupar por una pasante. La imagen ante todo, ¿no Fausto?)

Damián: Sid Vicious y su novia Nancy. Pero con final feliz.
(No hay final feliz para gente como Sid y Nancy. Tampoco lo hubo para Amy Winehouse, ni Jim Morrison, Ni Janis Joplin. Ni para vos, como sigas con esa vida)

Alejandro: Perón y Evita.
(Era obvio que iba a contestar eso. Como que dos más dos son cuatro)

Darío: Bette y Tina, de la serie “The L Word”.
El nombre de la serie le hizo hacer un clic. Guillermo recordaba que había visto un par de temporadas de la serie que trataba sobre un grupo de lesbianas pijas en Los Angeles. En realidad a Guillermo le importaba un cuerno la historia de las protagonistas, pero la serie tenía escenas de alto voltaje erótico y sáfico que a Guillermo le ponían y estratégicamente arreglaba todo para que la serie coincidiera cuando estaban con Sofía en la cama. Como Guillermo se excitaba como un animal en celo con las escenas lésbicas, terminaban haciendo el amor salvajemente. Erróneamente, pensó que la serie serviría de trampolín a su fantasía de lograr hacer un trío con Sofía y otra mujer, pero sus expectativas fueron en vano. Sofía, con su ácido sentido del humor, siempre le contestaba: “Está bien, pero si hacemos el amor con otra mujer, también lo hacemos después con un hombre. Y quiero que él te penetre. Pero bien salvajemente”. Y al pensar en tal situación, a Guillermo se le quitaban inmediatamente las ganas del ménage a trois.
-Notable que hayas elegido una pareja de mujeres a una de hombres-le devolvió a Darío, volviendo su atención a la sesión.
-Las lesbianas son mejores en eso. Son más fieles, más estables, les gusta estar en pareja.
-¿Te gustaría ser lesbiana, entonces?
Todos se rieron, menos Darío que no era muy afecto a las bromas, y menos  cuando era el objeto de ellas. Su quijada  cuadrangular se puso más rígida que de costumbre y si bien no contestó, le devolvió a su terapeuta una mirada casi furibunda.
-Bueno, sigamos: Ahora, Si ustedes tuvieran que contar su vida con una canción de amor..¿qué tipo de canción sería y qué tema elegirían para contarla?
-“Los Amantes” de Mecano, of course!-dijo Damián con entusiasmo. 
- Yo usaría un bolero-respondió José Francisco-Sería Perfidia…
Fausto, sentado erguido en posición de Loto en su almohadón, dibujó una sonrisa. No era la habitual sonrisa de pasta dentífrica que solía poner, sino una verdadera, provocada por algún recuerdo feliz.
-La letra no tiene mucho que ver, pero creo que sin duda sería el tema con el que Débora y yo entramos en nuestro casamiento. El dueto de Drácula, el musical…
Robertino dijo: “Without You” de David Guetta- luego de pensárselo mucho.
Alejandro-quien curiosamente solía siempre contestar en último lugar-se adelantó a Darío:
-“Si te agarran las ganas” de Leo Mattioli.
Por último, Darío dio su veredicto:
-Mi vida amorosa siempre fue un desastre. Y eso que me esmero en que la relación sea perfecta. Creo que en el fondo soy un idealista. Pero es como si siempre llegase demasiado tarde o demasiado temprano a la vida de la gente. O ya están en pareja y quieren que solo sea el amante o recién vienen de  una relación conflictiva y no quieren compromiso. O no están lo suficientemente maduros para una relación. Pero siempre o bien me terminan dejando o los termino dejando yo, porque la relación no se acopla a mi idea de una relación perfecta. Así que calculo que mi canción sería “Te Dejaré”  de Mijares.
-Ajá-asintió Guillermo-Vamos entonces a exorcizar nuestros demonios, nuestros amores perros. Vamos a hacer los siguiente: se van a parar y van  a empezar a caminar, recorriendo todo el espacio, repitiendo un par de versos de cada una de sus canciones, primero mecánicamente pero luego se van a ir conectando con sus sentimientos y pensando en una persona a la que se dedican. ¡Arriba!
Los seis hombres se incorporaron y comenzaron a caminar por el consultorio. Siendo el único que estaba en su salsa, al principio sólo Damián cantó fuerte. Su voz de barítono, musical y entonada, retumbaba por todo el salón.
-Yo soy uno de esos amantes, tan elegantes como los de antes, que siempre llevan guantes.
Los demás seguían caminando, pero las palabras que salían de sus bocas eran casi apenas susurros inentendibles, murmullos. Guillermo sintió un dejo de frustración. Mientras tanto, Damián seguía en una especie de éxtasis, cantando y haciendo coreos como si estuviera en un recital.
-“Y voy buscando por los balcones bellas Julietas para mis canciones y hacerles los honores…”
Hasta que de repente, José Francisco sacando una voz operística que parecía surgirle de las mismisimas entrañas, se puso a cantar.
- “Mujer, si puedes tú con Dios hablar, pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorar...”

La voz pop de Damián y la voz lirica de José Francisco se entrelazaron en el aire, como una enredadera a un muro. Rompiendo la armonía entre ambas voces, se escuchó a alguien imitando con sonidos onomatopéyicos el “punchi punchi” de la música electrónica  y una voz desafinada se unió a las otras. Era Robertino.
-“I am lost, I am vain, I will never be the same, without you, without you”.[4]
Para sorpresa de Guillermo, Alejandro que siempre era el último en hacer cualquier dinámica o en hablar de alguna cosa, se acopló a los demás con una voz dulce, que a Guillermo curiosamente le hizo recordar más a la de Gilda que a la voz áspera de Leo Mattioli.[5]
-“Y cierras los ojos si te agarran las ganas y soñemos los dos que estamos en la cama, 
haciendo cosas bonitas
…”
Fausto que seguía cantando en voz muy baja, se quedó callado. Cerró los ojos por unos segundos y cuando los abrió, recurriendo a sus varios años de concerts[6] en su  colegio alemán, se transformó en un personaje salido de algún musical.
-”No estás junto a mi ahora. Amor ¿Cuándo volverás? Perdón, pero yo sin ti, estoy tan perdido, siento que la vida se viste de gris”.
Finalmente, el duro Darío rompió su coraza y trató de cantar:
-“Te dejaré que vayas, tan hermosa como eres. Daré mi vida intentando sostenerte…”

Guillermo sonrió satisfecho. La dinámica estaba dando los resultados esperados. Las voces, las palabras, los versos de sus “machos” se mezclaban en el aire cada vez con mayor intensidad. Los diversos sentimientos hasta se podían palpar en el aire, de tan densos que eran.
-Sal ya, que este trovador…
-“La perfidia de tu amor…
-You! You! You!
-Yo te hago el amor enloquecido y perdido…
-Querer apurar las horas…
-Te dejaré que encuentres…
Un trueno se escuchó potente como un meteoro estrellándose en las inmediaciones. Súbitamente, la lluvia se desató sobre la ciudad en ese día de calor húmedo y pegajoso. Instintivamente, y como dando pie a algo más dionisiaco, Guillermo corrió las cortinas y abrió el ventanal de su balcón terraza (ventajas de vivir en el último piso de una torre moderna). La lluvia caía sobre las abundantes macetas y  plantas que Guillermo (y Sofía) habían improvisado y mimetizado como jardín.
Damián fue el primero en salir, seguido por Robertino. Se sacaron sus remeras y comenzaron a bailar y saltar bajo la lluvia. El contraste de los dos cuerpos, morrudo y con algo de panza el de Damián, muy alto, desgarbado y fibroso el de Robertino, ambos con tatuajes, se recortaba sobre la copiosa lluvia. En un impulso, Darío  se sacó su remera negra deportiva, develando un torso casi perfecto de deportista y salió a juntarse con sus compañeros, quienes ya estaban en ropa  interior. Fausto y José Francisco, quizás los más formales del grupo,  se miraron y con una sonrisa cómplice, se desabrocharon sus camisas, sacándoselas y corriendo a unirse con los demás. Fausto tenía cuerpo de deportista venido a menos y José Francisco un cuerpo delgado y fibroso, muy bueno para su edad. Guillermo pensó que inclusive en cueros, el bioquímico no perdía esa flema rígida de Lord Inglés.
 Alejandro se quedó mirándolos desde adentro, sin saber qué hacer. Una parte de él se moría de ganas de liberarse y bailar bajo la lluvia con sus compañeros de terapia pero su otra parte-aquella de Elizabeth María Eva, que todavía nadie en el grupo conocía- le daba mucha vergüenza. Si bien a fuerza de inyecciones de hormonas, testosterona y mucho entrenamiento en el gimnasio, había logrado un torso masculino y bien formado, aún tenía algo de ginecomastia (7) que le recordaba su otra vida.

Guillermo, al ver que el joven no se integraba, le tendió la mano como invitándolo.
-¿Venis, Ale?
_Bueno…pero…yo no me saco la camisa-dijo dubitativamente.
-Ok, no hace falta. Después te presto una camiseta mía para que te pongas.
Y finalmente se unieron al grupo. Siete hombres en cueros (bueno, todos menos uno) bailando bajo la lluvia, exorcizando sus demonios de amores perros.
Curiosamente, del departamento de al lado se escuchaba a Kylie Minogue cantar a toda voz su hit “All The Lovers”: Todos Los Amantes.

Continuará…





[1] Arg. Chico, joven.
[2] Expresión equivalente al  inglés “Boy Next Door”
[3] Tela hecha con pedazos de distintas telas superpuestas.
[4] Estoy perdido/ Estoy vacío/ Nunca Seré El Mismo /Sin Ti, Sin Ti.
[5] Gilda y Leo Mattioli: cantantes de música tropical argentina.
[6] Shows de fin de año, usualmente representaciones de musicales, que se estila hacer en los Colegios Privados.
[7] Exceso de pecho flacido en los hombres, asemejando los de una mujer.

4 comentarios:

  1. Definitivamente, la terapia de machos da un giro hacia el día más romántico. La escena de los encuerados es algo para recordar. Vamos a ver donde para, Gonzalo. Gracias.

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  2. Muy bueno, la historia se mantiene, y deja aun para más, Saludos!

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  3. Carlos y Juan, gracias por vuestros comentarios. La verdad es que nunca sé para donde va a ir la historia.Es la primera vez que escribo una novela sin tener un "plotter" previo, tan solo los conflictos por los que cada protagonista va a esa terapia. Lo bueno es que tampoco se COMO terminará, así que es toda una AVENTURA y un DESCUBRIMIENTO escribirla.

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  4. La aventura continua y sorprendiendo en cada capítulo. un abrazo

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