Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

domingo, 28 de abril de 2013

Comunicado de La Revista de Todos.


          Antes de seguir escribiendo el motivo del por qué me pongo en contacto con vosotros mediante unas cuantas letras, he de desearos un Feliz día de Sant Jordi. 
 

          No podía dejar de dedicaros unas palabras, ya que alimentáis nuestra Revista con vuestras visitas, haciendo que nuestro trabajo sea conocido.          

          ¡Gracias! De todo corazón. 

          En ésta época en la que España es una barca a la deriva sin capitán que sepa dirigirla, es positivo ver como las letras unen países, lenguas, y culturas, en una misma dirección: 

         —Alimentando nuestras almas, enriqueciéndonos de la cultura, para podernos revelar a lo que ocasiones pinta a ser una dictadura—. 

         Cuando cree este blog, —el pasado 30 de Agosto del 2012— nunca hubiera imaginado que llegaría a ser tan visitado. Es más, pensé que lo que empezó como un sueño, terminaría siendo una utopía.  

         Ese sueño, esa utopía, es hoy una flamante realidad, gracias a vosotros.

         Por norma general me gusta anunciar las estadísticas de la Revista, porque lo que quiero es ofreceros transparencia, claridad, y honestidad; como lo soy yo.  

         Y hoy me he llevado una grata sorpresa al ver como en unas horas, La Revista de Todos, ha pasado de tener, —Ayer 22/04/2013 a las 12:20 24.814 visitas a hoy 23/04/2013 a las 14:28, hora en la que estoy escribiendo la carta, 25.539 visitas—. ¡727 visitas más! No tengo palabras sinceramente.         

         No sé como agradeceros vuestras visitas y no sólo de España, sino de fuera.

         Me ha llevado un buen rato colgar las estadísticas, pero por vosotros vale la pena sacar tiempo.
 
 

         Quiero aprovechar la ocasión para invitaros a que me digáis en qué podemos mejorar, que incluiríais, que sobra, etc. O simplemente si os queréis poner en contacto con algún escritor. ¡No dudéis que les haré llegar vuestro correo! 
        
         Os dejo la dirección donde os podéis poner en contacto conmigo:  el_rincon_de_eva@hotmail.com

         Nos alimentamos de vuestros comentarios, para nosotros es importante el mejorar para cuanto menos... haceros soñar. 

         Por hoy me voy a ir despidiendo, pero no sin antes agradeceros vuestra fidelidad, que al igual que la mía hacia vosotros es inquebrantable.

 

Salud y suerte. 

Gracias 

Eva Mª Maisanava Trobo

sábado, 27 de abril de 2013

La inspiración dormida.


          Sobre el viejo lecho de seca paja se encontraba bella, hundida y reposada la Inspiración dormida. 

          Eran tiempos de color malva y el silencio en medio de la clara noche, callaba. Un silencio roto por los claros rayos de un principiante alba. 

          Su suave energía desprendida, aportaba la estabilidad, la sabiduría, la creatividad, la independencia y la dignidad, era… un espectro lumínico digno de sentir y admirar; todo lo que ella alcanzaba y lo que a su paso tocaba, lo hacía vibrar. 

          Silenciosa y bella, cada día la inspiración dormida se vestía de la magia y el misterio.  

          Fueron tiempos de color malva los que sin querer la envolvieron, fueron nostálgicos y románticos tiempos como relámpagos vividos. 

          Hoy la he visto de nuevo, los tiempos habían cambiado y sus colores con ellos, pasando del malva a un dorado bruñido. 



http://mariadelcarmenaranda.blogspot.com/

          Hoy por fin, la Inspiración dormida ha despertado desvelando sus secretos.  

          Atrás dejo el viejo lecho de seca paja, y sus prendas… sus prendas ya no son de misterio y magia sino de corrientes de vientos y aires frescos. 
 
     

"Las ventanas del mundo"

        Inspirado en hechos y acontecimientos reales, entremezclados con la imaginación, la fantasía y la visión de un futuro incierto.
 
        Una crítica llena de potencia y cargada de verdad.
 
        Una denuncia a esta gran obra teatral dirigida por los “grandes gobernantes del planeta”, en la que su esperpéntica representación roza la locura, consiguiendo llenar sus teatros día tras día, sin percatarse los espectadores que son los manipulados.
        Las continuas interesadas e ineptas decisiones de las llamadas manos invisibles darán lugar al resurgir de dos nuevas civilizaciones: “Los espirituales Toekom” y “Los tecnológicos Temuranos”. Ellos nos desvelaran sus nuevos sistemas de vida en un futuro visto desde el presente.
       
 
María del Carmen Aranda, madrileña y viajera incansable, le preocupan los temas de la Naturaleza y el futuro de nuestro Planeta.

Las vivencias de sus viajes le han ayudado a plasmar sus ideas en sus libros. En 2008 publicó la obra “Flores entre Escombros” y en 2010 edito “La quinta clave. Encuentra lo que siempre has buscado”, ambas en Éride ediciones y con gran acogida por parte del público. Actualmente es columnista y colaboradora en la revista “Otro Mundo es Posible” en su espacio “El Rincón de Carmen”. 
 
 

 
 

 

lunes, 22 de abril de 2013

El perdón.


Escuché el chasquido del cerrojo, volvió, finalmente volvió. Semanas fueron las que no era él, días interminables en las que me preguntaba qué ocurría, qué le ocurría. Se acercaba, caminó por el pasillo, cada pisada suya hacía que me acelerara el corazón más y más. Le estaba esperando y aún así, no quería hablar con él.

Cientos de sospechas, miles de temores tendrían fin aquí y ahora. Pero tenía miedo, ojala me equivoque, ojala me mienta.

Fue valiente, hay que reconocerlo. Respiró profundamente sentándose a mi lado y acariciando mi mano. Habló pausadamente, relatando detalle a detalle, momento a momento. Agradeció que le dejara explicarse, pero no era eso, yo no podía hablar. 

Creí que me quería, creí que lo nuestro era más fuerte que esto. Pero me equivoqué, encontró otra mujer. Sentí cómo el corazón se me partió en mil pedazos, cómo las lágrimas se deslizaban por mis mejillas quemándome la piel.

Arrepentido, se muestra arrepentido. Necesita mi perdón, necesita otra oportunidad. No puedo escucharle. La voz de mi consciencia me aconseja, me dice que puede que sólo sea un error realmente que puedo superar esto. Cierro los ojos y dejo de escucharle, me escucho a mí misma. Por mi memoria desfilan todos esos momentos en los que me arrancó una sonrisa, en los que me acariciaba como si fuese una pompa de jabón, en los que me juraba que me amaría siempre. Le quiero, a pesar de todo aún le quiero y eso me duele más.

Quiere abrazarme, besarme… pero no puedo. No paro de preguntarme si la piel de ella es más suave que la mía, si sus besos son más cálidos y tiernos o sus abrazos más reconfortantes. Mi cuerpo tiembla rebosado de miedo, ira y decepción... No puedo, me aparto de él.

Hablamos hasta que el alba despuntó la mañana. Él arrepintiéndose suplicando un perdón. Yo preguntándole por mis errores, qué fue lo que hice para apartarlo de mi lado, para empujarlo a los brazos de otra mujer. Nada, él dice que no hice nada, que él es el único culpable. Que todo comenzó como un juego tonto, poco a poco ese juego le fue absorbiendo hasta que fue demasiado lejos y no supo frenarlo. No supo decir no.

Finalmente le miro a los ojos, en algún lugar de su mirada opaca puedo ver al que me prometió el cielo aunque me arrojó al infierno; puedo ver al que me prometió la vida aunque me la arrancó con esas frías palabras; puedo ver al que me decía que me quería y aún me quiere. En el fondo de su mirada puedo ver que aún me quiere.
 
Me promete, me jura que luchará por mí, que volverá a conquistarme. Yo le escucho desde la lejanía, cada vez me siento más hundida en mi dolor. Puede que sea un resbalón en el destino, puede que sea una prueba que debemos superar.
Le cojo de las manos, las mías están frías. ¡Dios, cómo le quiero!. Le suplico que luche, si realmente me quiere que luche porque no se lo pondré fácil. Tiene que demostrarlo día a día, palabra por palabra. Y algún día, ¿quién sabe?, cuando vuelva a mirarle como lo hacía, cuando vuelva a besarle como antes, entonces lo sabrá. Entonces habrá llegado mi perdón.


Escrito por:
Sylvia Ellston
 

La Familia Helviana. La Batalla del Templo


Yasfryn se encontraba alterada. No era para menos, la alarma general de ataque había sonado por un largo rato. Frecuentes temblores en el interior de la cueva, los gritos y los cruces de espada que escuchaba en el exterior de su habitación eran clara evidencia de que el templo se encontraba bajo ataque. Por esto, ella aspiró profundamente y se relajó al exhalar. Una mediana le ayudaba a calarse su cota de malla, por lo que se volvió a ella y le preguntó.
—¿Cuál es la situación, Gedriel?
—Es mala. Dos regimientos de la ciudad han invadido la cueva usando teleportación y han ocupado completamente el atrio principal. Quince hermanas han caído, veinte heridas, seis desaparecidas. Las tropas han entrado al recinto sagrado y a las celdas del claustro. Todavía tenemos control de los corredores, así que si podemos sostenerlos los podremos usar para evacuar.
—Llama a las hermanas superioras. Resistiremos en los corredores. Es nuestra única opción.
La mediana terminó de ajustar la última correa de la cota de malla de Yasfryn, luego se retiró de su vista. A prisa la herrera se revisó y confirmó que la armadura estaba bien sujeta en torno a su cuerpo. De inmediato tomó los guantes, se los puso, recogió un enorme espadón de la pared y se lo colocó en su espalda. Cuando la mediana regresó y aceptó con una sonrisa, la elfa oscura se paró frente a la puerta y esperó a que se abriera para mostrarle lo que sucedía en el exterior.
El espectáculo era sobrecogedor. Al asomar la cara, una enorme bola de fuego iluminó el corredor y la cubrió de llamas. Eso no amilanó. Lo único que hizo fue colocarse en frente y su cuerpo disipó las llamas, lo que confirmó el origen arcano del fuego. Ilesa, ella sacó la espada de su funda, la sujetó con ambas manos, gritó y corrió en dirección al mago que había proferido el hechizo al final del pasillo.
Él no tuvo oportunidad. Un golpe con el pomo lo hizo caer y un tajo le arrancó la pierna. Su horrendo grito alertó a sus protectores, los monstruos que le servían de inmediato la rodearon. Pero todos desconocían su habilidad para pelear. Con dos felinos movimientos que involucraron todo su cuerpo todos cayeron en un parpadeo, sin oponer resistencia. El mago, horrorizado, trató de retroceder; pero ella introdujo la espada en su pecho y sonrió perversamente por el acto que había cometido.


Definitivamente era malo. Hacía tiempo que no había sentido la pasión de la pelea, el orgullo de blandir su arma, de matar gente. Hacía más de un siglo que había prometido que no se iba a dejar llevar por el combate, por la batalla, por el horror de la lucha, por los gritos de sus víctimas. Pero era innegablemente placentero matar a sus enemigos. Era innegable que sentía un enorme placer al asesinarlos, para mostrar sus pechos abiertos al aire, para poder extraer sus corazones y ofrecerlos en sacrificio.
¡No!
Sabía que esa era su antiguo ser, la loca que vivía y respiraba para honrar a la Reina, que quería dominarla de nuevo. Ella extrajo la espada con rapidez y la clavó en el piso. Al observar a su asistente correr hacia el otro extremo del corredor, ella llevó a cabo una serie de movimientos arcanos, respiró y exclamó —¡Hermanas! Fuerzas militares de Xillander’kull han invadido el complejo del templo. Esto no es un simulacro. Todas las hermanas evacuen hacia la habitación del portal, ahora.
Ella volvió a sujetar su espada y corrió en dirección contraria a la de la mediana, al otro extremo del corredor. Al llegar al arco por donde se ingresaba al Cuerpo Principal del Templo, ella mostró su pulgar, lo que fue confirmado por la mediana en el fondo del corredor. Acto seguido, ambas pasaron sus palmas y mostraron la muñeca derecha frente a un agujero en la pared, lo que comenzó a cambiar la forma del corredor, cerró varios de sus accesos y lo ensanchó notablemente. La mediana de inmediato se montó sobre la división del arco con una resortera en la mano y apuntó al corredor, mientras Yasfryn esperaba por su cuenta en la entrada.
En un parpadeo el corredor se llenó. Una marejada, casi en su totalidad compuesta de mujeres, de todas las edades y razas, corrían despavoridas seguidas por numerosas luces y temblores que daban idea de la magnitud del ataque del que eran objeto. Conforme movía sus manos en dirección a la puerta, Yasfryn calmó a las mujeres, que comenzaron a avanzar a prisa pero en orden, e ingresaban al pequeño cuarto que vigilaba la mediana.
De un momento a otro, un par de zumbidos alertaron a Yasfryn. Dos sonidos sordos en la oscuridad acompañaron a una voz que gritó a todo pulmón
—Ahí vienen señora.
Yasfryn avanzó sin temor hacia el frente. Dos religiosas que usaban pechera la siguieron con sendos espadones e igual determinación. Frente a ellas, un sorprendido escuadrón que intentaba abrirse paso se vio frente a una pared de acero que defendió fieramente el corredor. La experiencia del trío se impuso y los integrantes del escuadrón murieron sin poder alcanzar la entrada y parar a la congregación en fuga.
Mientras guiaba a las mujeres, Yasfryn sintió un dolor terrible en su antebrazo izquierdo. Una de las abominaciones de la Reina estaba tratando de abrirse paso frente a ella. Como no podía verla, movió sus manos, que se iluminaron con un destello plateado y acompañaron su voz entre los gritos y las voces del corredor. Su símbolo sagrado en su pecho se encendió en plata, lo tocó de inmediato y se llevó los dedos a sus ojos. Cuando volvió a abrirlos, pudo observar con detalle el corredor y encontró a una elfa oscura con apéndices de araña en sus brazos y piernas colgada del techo. Ambas se observaron por un instante, pero furiosa por su intromisión Yasfryn lanzó una estocada firme hacia la criatura, que la expuso a los ojos de sus compañeras, la hizo perder el equilibrio y cayó.
En un instante sus compañeras la destrozaron. Todas suspiraron con tristeza por la tensa situación en que se encontraba. Pero Yasfryn no se pudo unir a su agotamiento. Su cuerpo temblaba. La vista de la sangre y los restos le provocaba regresiones e ilusiones. Su brazo izquierdo ardía de verdad. Ella se apoyó contra la pared, sudaba frío debido a la maldad que la rodeaba. En su dolor, levantó la vista y observó como otro mago muchachas concluía un hechizo que reconoció de inmediato. Era la Cadena de Rayos.


Ella no titubeo, avanzó hacia el frente cuando el mago señalaba a sus compañeras y exclamó con solemnidad—: Sagrada señora, gran Doncella Oscura, permite a esta tu sierva la capacidad de rechazar la magia que nuestros enemigos usan contra nosotras.

Yasfryn extendió la mano libre justo cuando el rayo se disparó en contra de sus hermanas. De inmediato, en torno de sus manos se formó un escudo que desvaneció el conjuro en el aire. Ella no titubeó en su propósito, todavía conservaba la espada en la otra mano. De inmediato la sujetó con las dos manos, corrió hacia el grupo que se encontraba frente a ella y con una serie de movimientos elegantes, hermosos y letales sus enemigos cayeron. Habían sido destrozados para el horror de quienes presenciaron su habilidad.
La religiosa en cota de malla vaciló por unos instantes. Sus dos compañeras de lucha y otras hermanas se le acercaron con una mezcla de terror y confusión. Porque ella estaba cubierta de sangre de pies a cabeza. De inmediato dos jóvenes se acercaron para curarla, pero se sorprendieron al percibir que su cuerpo no sangraba ni tenía heridas.
—¿Dama, está usted bien?
—Si— repuso con cansancio la mujer—: estoy bien.
—Pero ¿cómo puede ser que usted no se encuentre herida? Eran más de veinte hombres los que enfrentó. Le acertaron golpes más de una vez.
Yasfryn se recostó contra la pared e ignoró a la muchacha. Pero su entrenamiento en combate le permitió notar que el corredor se encontraba parcialmente vacio. Encarando a su interrogadora, una híbrida entre elfa oscura y humana, ella sonrió y respondió—: Hermana… hermanas… no se preocupen por mí. Corran al portal. Yo cuidaré el corredor.
Las muchachas corrieron hacia el fondo del corredor, lo que le permitió descansar a Yasfryn. Ya no era tan joven como antes, pelear la cansaba. Pero no había perdido la mayor parte de su toque a la hora de pelear. No era tan fuerte, pero su destreza se encontraba intacta. El hecho de no haber resultado herida a pesar de enfrentar a tantas personas demostraba que de verdad había avanzado enormemente. Que no era necesario estar atada a la Reina de las Arañas para desarrollar su potencial. A pesar de todo, lo que decía la Doncella Oscura es correcto. Existe otro camino, otra forma de actuar. Había fortaleza en preocuparse por los demás y proteger al más débil.
—Dama… ese fue el último grupo.
Ella devolvió su mirada a la mediana y suspiró aliviada. Luego se volteó, se regresó por el corredor y observó a las últimas hermanas abandonar el templo por medio del portal. Ya en el suelo y con su mano extendida, la mediana repuso con urgencia —Sólo falta usted, señora.
—No, Gedriel— repuso con una sonrisa la religiosa principal de la congregación—: No puedo ir amiga. He pasado mucho tiempo huyendo de mi destino, debo enfrentarlo ahora. Además, alguien tiene que cerrar el portal.
Ambas se abrazaron en una sentida despedida. Con lágrimas en los ojos, la mediana respondió con orgullo —¡Yasfryn! Yo sé lo que fuiste en el pasado. Yo te conocí cuando fuiste capturada. Pero debes creerme cuando te digo que ya no eres la misma loca que se pudrió en los calabozos colgantes de nuestro templo principal… has cambiado realmente, todo ha sido para bien. Lleva con orgullo esto que te digo. Eres una verdadera y fiel seguidora de la Dama de Cabellos de Plata. Nadie te puede decir lo contrario. Recuérdalo siempre mientras vivas, mi querida amiga.
Ambas se despidieron con lágrimas en los ojos, y la elfa oscura confirmó como el último grupo de fugitivas desaparecía tras de ella. Luego ella tocó un acceso en la pared, abrió el panel lateral y extrajo un enorme ariete de su interior. Sujeto con sus dos manos, ella golpeó con firmeza la enorme estructura circular que servía como base para el portal y su interior con apariencia líquida. De inmediato el aparato se resquebrajo y se quebró en miles pedazos.
Yasfryn Helviana.
Arte: Alx Palacios Color: Yonan Montalban
Ella dejó caer el ahora inservible ariete, sujetó con firmeza el símbolo plateado en su pecho, cerró sus ojos y rezó para sí misma. Mi señora, esta es tu humilde sierva, Yasfryn. Antes fui tu gran rival, y sinceramente busque tu apoyo por el poder que ofreces, ya que la Reina de las Arañas me abandonó luego de que fracasé abiertamente en erradicar tu culto. Pero, en este momento, suplico por tu fuerza. Dame tu fuerza para enfrentar a mis enemigos. Dame de tu poder, para hacerlos pagar por la invasión que han montado en nuestra contra. Que tu furia se transfiera a mis brazos, que tu justicia se imparta entre aquellos que no quieren verla. Al final, cuando venga mi muerte, pueda ser digna de verte a los ojos.
Al terminar la oración la mujer volvió a esgrimir su espada. Conforme volvía su vista al corredor, observó a un grupo de soldados que avanzaban con temor. Sin decir nada ella extendió el arma frente y se lanzó en su contra con un poderoso grito de guerra.

Carlos "Somet" Molina

-Sortilegios-

En tus pliegues
vuelan los sortilegios.

Se arrastran
estremeciéndose como mariposas.

El agua duerme en la noche
con la muerte caprichosa y cautivante.

-Antes y después-

El viento esparce las cenizas
de mis huesos calcinados.

Una caricia sutil
luz de luna.
Una caricia helada
oscuridad.
Una caricia candente
fuego en el cielo.
-Reflexiono-

En un solo aliento
sin promesas,
del anonimato,
de los sentimientos,
de la hora en que el crepúsculo
llama a mis entrañas
en el perpetuo silencio
donde te guardo.

En antes y después
del éxtasis exiliado
y todo lo que poseo
es mi esencia
para saldar la deuda.

-Imagen difusa-

Las estrellas cobijan este cuerpo
en medio del frío intenso.

El aullido del lobo se escucha
calmando las sensaciones,
que revolotean en mi interior.

Olor a tierra mojada,
luna que ilumina mi pensar.
Rosa de invierno,
jazmín de otoño.

Hojas esparcidas por el viento,
imagen difusa en la selva de concreto.



Juan Magdaleno Flores

Terapia de Machos. Episodio 2: “Perfume. Control Remoto. Sacacorchos. Matrioshka. Micrófono. Atrapasueños”.


-Personalmente considero que la impuntualidad de este muchacho es una falta de respeto hacia todos nosotros. Deberíamos empezar sin él.
José Francisco expresó su sentir en voz alta, haciéndose eco del malestar que compartían todos los participantes del grupo debido a la demora de Damián (la estrella del Pop en ocaso).
Guillermo echó una mirada panorámica a sus nuevos pacientes. Estaban todos sentados en círculo en el piso, sobre la alfombra de seda con la cara de Buda y descalzos ya que les había hecho quitar los zapatos antes de entrar al espacio de la terapia.
“Qué farsa, Dios Mío: Quién me ha visto y quién me ve” pensó Guillermo mientras observaba su puesta en escena.”Lo que hace la necesidad…”

El primero en llegar había sido-obviamente- José Francisco, con su pulcritud habitual, quince minutos antes de la hora indicada. Vestía sobrio, como siempre, con una camisa blanca, pantalón gris y un blazer azul, en cuyo bolsillo superior estaba estampado el escudo de alguna universidad o colegio o familia de linaje. El pelo canoso muy bien peinado para atrás. De algún modo, daba la impresión de un Lord Inglés, o un Profesor de la escuela de Harry Potter pero de cabotaje. Parecía increíble que ese hombre tan flemático, tan pulcro y tan controlado hubiera envenenado a tres personas.
 Alejandro cayó luego, con unos vaqueros gastados, una chomba verde y los cabellos peinados con gel. Olía mucho a desodorante de hombre y a jabón de pino, como si tratase de aumentar su ya evidente masculinidad.  Al darle la mano, Guillermo notó que el mecánico todavía tenía algo de grasa en las manos, que se ve no había logrado sacarse del todo. Sin embargo, lo que más le había llamado la atención era el descomunal bulto que se le marcaba en el jean, a la altura de los genitales. Guillermo no se sentía atraído por los hombres, le gustaban mucho las mujeres y jamás había tenido fantasías homo-eróticas (bueno, salvo aquella vez de adolescente cuando tenía el sueño recurrente de que sodomizaba a Axl Rose. Pero... ¿Quién no lo haría con ese culo? Si Axl Rose tenía mejor culo que ninguna mujer en el planeta, por más steps y aerobics que hicieran), pero el prominente bulto de Alejandro era algo evidente que llamaba la atención a cualquiera. Además, se lo acomodaba a cada rato, lo cual ponía más incomodo al psicólogo.
“Excesivo refuerzo de su masculinidad” pensó Guillermo que tendría que anotar en su libreta.

Darío, Fausto y Robertino habían llegado al mismo tiempo y se habían cruzado en el ascensor. Les sorprendió que todos fueran al mismo piso y luego se dieron cuenta que eran compañeros de terapia. Luego de un incomodo silencio y unas risitas nerviosas, de repente surgió como una especie de complicidad entre ellos, como si en vez de ir a una sesión de terapia grupal fueran a un partido de fútbol o un club de putas.
Robertino era un chico delgado, con cara de adolescente y con los cabellos castaños claros perfectamente “revueltos” en un corte moderno, que lo hacía ver como si recién se levantara de dormir. Sus ojos verdes transmitían a la vez una rara mezcla de entusiasmo y tristeza e inclusive algo temeroso. Su cara tenía un par de cicatrices ya casi imperceptibles gracias a las propiedades de las cremas cicatrizantes de su madre, que le habían quedado como secuela del accidente que había tenido años atrás. Vestía una remera roja y verde a rayas, jeans y zapatillas de marca. Parecía uno de esos adolescentes modernos de las publicidades de gaseosas.
Fausto todavía conservaba su aire ejecutivo, que le daba un aire de ganador. Estaba de traje, ya que ese día había tenido una entrevista de trabajo, otra de las tantas en la que le habían dicho “lo llamaremos” y seguramente nunca lo iban a llamar. A pesar de estar con un poco de sobrepeso y  “una barriga que empezaba a salir”, se notaba que era un hombre atractivo, y muy simpático, con una eterna sonrisa que si uno le observaba bien, por momentos parecía algo fingida, quizás producto de sus tantos años en el Marketing. Su personalidad destilaba seguridad, daba confianza y de no haber sabido su historia, cualquiera hubiera pensado que Fausto era una de esas personas a las que absolutamente TODO le salía perfecto.
Darío, el futbolista gay, venía de entrenar a sus alumnos de fútbol, así que estaba con un chándal negro brilloso de marca y un buzo  también negro haciendo juego, encima de una remera de la selección alemana. Darío era apasionado por coleccionar camisetas de fútbol de equipos del mundo entero. Aunque todavía era joven, la mitad de sus cabellos estaban entrecanos. Era delgado pero ancho de hombros, con los bíceps marcados y el pecho firme. Todo en Darío daba la impresión de tener una energía contenida, reprimida, como si fuera un volcán a punto de explotar. Inclusive cuando sonreía, su sonrisa parecía reprimir una furia interna contenida.
“No lo quisiera ver enojado” pensé Guillermo y sumó “¿Formación Reactiva?” A su lista de preguntas sobre sus pacientes, al lado del nombre “Darío”.

Si bien ya era bien pasada la hora de comienzo de la sesión, aún faltaba Damián, por lo que Guillermo-para hacer tiempo- invitó a los demás a que se sirvieran café mientras esperaban al último miembro del grupo y de paso, para que rompieran el hielo.
Quería que todo saliera perfecto y por ese imbécil drogadicto ponía en juego su grupo de los Jueves. Guillermo se vio a si mismo diciendo mentalmente “imbécil drogadicto”. Qué poca falta de empatía para ser terapeuta, se auto-criticó, pero si había algo que le costaba era conciliar sus dos roles en uno; el de persona y el de terapeuta. No por nada había elegido dedicarse a los Recursos Humanos, donde todo tenía normas, leyes y no había grises.

-Personalmente considero que la impuntualidad de este muchacho es una falta de respeto hacia todos nosotros. Deberíamos empezar sin él.

La frase de José Francisco había servido como un mantra mágico, ya que-acto seguido-Damián entró por la puerta, que había quedado entreabierta.

Damián parecía un personaje escapado de alguna película ochentosa: era un hombre robusto, pálido, con los cabellos con reflejos, todos revueltos y estaba sin afeitar, con barba de algunos días. Vestía una remera rosa con unas inscripciones en plateado, unos chupines que encajaban a presión en sus piernas macizas, anteojos negros que escondían sus profundas ojeras, tres aros-dos en la oreja izquierda y uno en la derecha-, un piercing en la ceja derecha y acompañaban el “look” un sombrero y un sobretodo, a pesar de que apenas comenzaba el otoño y ese día no hacía para nada frío.

Por más que intentó dar excusas, Guillermo lo cortó en seco y le dijo:

-Únete al grupo, por favor.

Damián dijo un “Hola” general levantando la mano y se sentó en el único almohadón que aún quedaba libre, en la punta entre Robertino y Alejandro.

-¿Qué fue más importante que estar acá puntualmente?-lo increpó Guillermo tratando de contener su rabia y sonar humanista y empático. Si esto hubiese sucedido años atrás cuando él era Gerente de Recursos Humanos, seguro lo hubiera sancionado a Damián. Aunque de hecho, lo más seguro era que Damián jamás hubiera pasado su rígido y tenaz proceso de selección.

-Bueno chabón, no me tires mala onda. Anoche vinieron unos amigos y se quedaron hasta tarde, quedé fusilado, me dormí una siesta y…

-¿O sea que llegaste tarde y te cagaste en todos nosotros por dormir una siesta? Lo interrumpió Darío sonriendo irónicamente, con una sonrisa forzada que apenas parecía esconder algo de indignación.

Fausto miró su reloj, con un dejo de impaciencia.

-¿Podemos empezar? No le avisé a mi mujer que iba a llegar tarde.

Y cuando vio que, debido a su comentario, acaparaba todas las miradas, sonrió con su sonrisa de publicidad de pasta dental y agregó:

-No sé si todavía estoy preparado para decirle que hago terapia.

Alejandro se acomodaba cada tanto el bulto, como era su costumbre y no emitía palabra. Era parco, tímido e introvertido, todo al mismo tiempo. Claro, salvo a la hora de acomodarse el paquete.

Qué raro qué es este chico” pensó “Tiene mucho más perfil de asesino serial ÉL que José Francisco”.

Guillermo procedió a marcar el encuadre de la terapia, qué tenían que ser puntuales, respetar a los compañeros, la bendita confidencialidad y bla bla bla y para romper el hielo, propuso hacer una dinámica.  Colocó una bolsa blanca de lona en el centro del grupo y cada participante tenía que ir pasando y sacar-sin mirar -un objeto que encontrara dentro. Todos metieron la mano y sacaron su objeto. La consigna, finalmente, era presentarse pero no como ellos mismos, sino como el objeto que habían sacado.

Cuando todos tuvieron su objeto en la mano, Guillermo cual águila que busca su presa, volvió a hacer un paneo general, chequeando que había sacado cada uno.

Perfume. Control Remoto. Sacacorchos. Matrioshka. Micrófono. Atrapasueños.

-Bueno-dijo Guillermo entusiasmado, ya más relajado y con un aire de triunfo-¿Quién se anima a empezar?
Continuará…

Luchadora




Hoy la luna se pintará de ti
Sí madre… de ti

Porque te debe todas aquellas noches
que la acompañaste sola
mientras buscabas agua y pan para nuestras bocas.

¡Eres mi luchadora!
Te cantaban las estrellas
que respiraban las huellas
de la vieja Andalucía.
¡Ay!... aquella vida.

Te debe tanto aquella tierra
desde entonces parece muerta,
¡Porque nunca más volvió la primavera
se quedó dormida esperado que volvieras!

¡Eres mi trabajadora!
Te susurraba a todas horas
la palabra libertad,
pero tu nunca la escuchabas de verdad.

Tus manos … ¡Madre!
Son hoy raíces interminables,
llenas de surcos y el dolor
de las lágrimas que se dejó el Sol
de tantas veces que secó tu sudor.

¡Ay madre!
Te debe tanto ese aire…
Sí madre… ese que no es de nadie
el que peina mi Andalucía
y te ha arrugado la piel
el que te llevaba de oliva a oliva
y llenaba tu boca de alegría.

¡Y te debe tanto el tiempo madre!
¡Eres la eternidad!
Te gritan todos los relojes.
Mi corazón me dice que llore
porque te mereces tantas cosas
… y quizás te di muy pocas.

 
 
 Escrito por: 
Jose González

Cartas a un amigo. IV parte.


IV

Mi querido amigo, de nuevo estoy aquí escribiéndote unas líneas, esta carta inconfesa que nunca acaba, la necesidad de expresarme como hablando en voz alta, declamando a los cuatro vientos, para que mis palabras vuelen hasta tus oídos, me perdonaras este atrevimiento mío, querido amigo.
 
A veces me miro al espejo y no me reconozco, me pregunto ¿Quién es esa personita que asoma al espejo?, espejo que vas quemando las horas y los días, consumiendo mi tiempo, tiempo infame, cruel y despiadado que vas borrando las huellas de mi pasado, ¿Dónde se ha quedado mi aflorada juventud? Quien volviera a tenerla entre mis manos y jugar con ella para luego devolverla a su tiempo y a su lugar, espejito que no sabes perdonar ni una vuelta al reloj.
 
Ya nadie me espera ni en la esquina de mi casa, ni en mi calle nadie ronda por mi ventana, ¿Dónde quedó aquella niña flacucha y renegrida por el sol?
 
Solo sombras de un ayer, esa prisa que tenía por vivir ya se me ha aflojado, ahora quiero que el tiempo pase muy lentamente, tan despacio que ni tan siquiera aprecie que las agujas del reloj se mueven, para ir saboreando poco a poco los pasos que voy dando, ya el trayecto es corto, queda menos camino, este camino que nunca nos da la segunda oportunidad de volver a recorrer, tan despacito que voy contando las piedras del mismo. Avanza el tiempo implacable y sin detener su marcha, trato de retrasar las horas que el reloj marca y hago trampas a la vida pero es la vida quien gana, en este caminar, nunca sola siempre acompañada, trato de analizar cada momento vivido y de llevarme lo mejor de cada amigo.
 
Y te preguntaras porque te cuento todo esto, ahora lo averiguaras, es sencillo, mi pregunta ¿Tú me acompañas en este último tramo? Dame tu mano y tu presencia en mi camino dará aliento a mi vida y para que el amor perdure nuestras manos siempre unidas.
 
Viento del norte que soplas sin piedad, llévate esta carta y a mi amor se las ha de dar, esta que te quiere siempre Vera.
 
Escrito por:
Manuela Carrión


Día del libro.


 
Escuché hojas inconexas 

y armé letras bajo 

manos ateridas de dudas.

 
Volteé páginas amargas

y sorteé versos eternos

en la gruta de mis pensamientos.
 

Un libro es más que

un amigo tendiéndome una mano:


Es un preámbulo

en medio del desierto,

es un argumento

que enlaza vidas ajenas.

 
Es un final 

cuando la muerte espera.
 

Escuché hojas amargas 

y armé letras bajo 

ojos manchados de tierra.
 

Volteé páginas inconexas

y sorteé versos eternos

en la barricada de mis olvidos.
 

Leí un libro, dos, tres, 

mil y renuncié a mi historia en pos 

de la Historia Verdadera. 

 

Escrito por Nurya Ruiz

El juramento.


 
 
Alguien ha llamado

a mi puerta,

y he dejado que entrara,

y al mirar para ver quién era,

estabas tú...,

tan sonriente como siempre,

tan dulce como te recordaba,

por un momento se me paró

el corazón,

creí que no podía respirar,

y en un minuto pensé que me moría.

Amor,

si tú supieras lo que yo siento

realmente por ti,

pero nunca lo sabrás,

me juré a mí misma

que nunca lo sabrías,

por no hacer daño a otra persona,

que te quería y se me adelantó.

Sufrí mucho cuando te fuiste

con ella de la mano,

y ahora que ha pasado el tiempo,

mi herida se vuelve a abrir.

No sé que te ha hecho volver,

pero quiero que te vayas cuanto antes,

porque sé que si te quedas

no habrá consuelo alguno para mí.

 

Luz Begoña Delgado Santano
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