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sábado, 21 de diciembre de 2013

Historia de Navidad.


     Le habían encargado hacer aquel año el belén. Era un belén de musgo, verde y suave, de terciopelo, de los de verdad.
 
     Lo fue a buscar por las rocas de las veredas, entre regatos y escarcha.
 
     Cuanto lo tuvo creó con él  aquel paisaje de suaves colinas y de ríos con agua cristalina, que trajo de la fuente. Puso las casitas blancas de tejado rojo y, en el prado, los pastores con sus rebaños.  Tras una loma venían los tres reyes con su séquito y, en el centro, aquel humilde portal, hecho con cuatro trozos de corteza de pino, y un burro y una vaca de ojos fijos y brillantes, que daban su calor a aquella joven pareja con niño rubio.
 
     Fue inmensamente feliz cuando terminó aquel mundo en miniatura que ocupaba todo el aparador del salón. De premio, sus padres le dejaron, por primera vez, ir a la hoguera gigante de Nochebuena que hacían en la plaza. Nunca olvidaría aquellas vivas llamas que serpenteaban hasta el cielo, ni aquel cálido resplandor.
 
     Tal vez por eso, cuando fue haciéndose mayor, orientó su vida hacia la arquitectura, construiría nuevos mundos como aquel primero y todos los inviernos podría celebrar renovadamente aquella primera Navidad.
 
     Y así ocurrió, durante muchos años: Primero fueron unos cuantos chalets, luego un pequeño polígono en el barrio y, últimamente, una urbanización entera que se denominaría “La llamarada”, en recuerdo precisamente de aquella primera que sintió, y que por mucho que lo intentaba, no lograba equiparar.
 
     Hoy pasea, aterido de frío, por un esqueleto de andamios y grúas mudas, que rodean  a centenares de casas sin terminar. Los jardines, aquellos elegantes parterres vistosos de las maquetas hechos con verde musgo, son un desolado cementerio lleno de escombros, de ladrillos y cascotes por los que deambulan las ratas.  Y recorre con su mirada todo aquel mundo que él había diseñado y solo encuentra deudas, hipotecas sin pagar, ambiciosos y especuladores huidos precipitadamente y un tiempo de efervescencia, de descorche, de burbujas, que se acaba.
 
     Mañana será Navidad y, antes de abandonar el sitio, llegar al coche y cruzar las grandes puertas de entrada enmarcadas con muros de piedra, se detiene junto a ellas y, en la umbría, observa cómo un musgo de un verde intenso, de estreno, se cose a la pared con la ilusión de todos los años.
 
     Para él será la última Navidad, piensa, mientras se agacha y recoge el musgo de las piedras. Está acabado y sin fuerzas para continuar. Ya no habrá jamás navidades como aquella primera, que no ha olvidado, ni olvidará jamás.
 
     Así que cuando llega a su casa hace un belén pequeño con aquellos trozos de musgo y se prepara para pasar con los suyos aquella noche, como si fuera la última de verdad: no habrá tiempo para los recelos, ni las ofensas, ni las preocupaciones, sino solo para celebrar que están vivos y juntos, que se acuerdan de todo lo que les une y de los que ya no están…
 
     Y, quién sabe por qué, le va creciendo dentro el calor que le sube como una gran llamarada. Hasta que se cuelga en sus pupilas el espejo de aquel resplandor, de aquella lejana hoguera de cuando era un niño… 
 
     Mientras él se repite, una y otra vez, para no olvidarlo nunca jamás,  el secreto que acaba de aprender:  Celebrará siempre su Navidad como si fuera la última, tal vez lo sea. Ese cálido latido, especial y único,  que te acerca, por veredas de musgo verde y suave, a aquella primera Navidad.

 

Francisco Rodríguez Tejedor

Es autor de: El día que fuimos dioses. Victorita, Victorita…

Los mejores 101 momentos de amor

https://www.youtube.com/watch?v=xbq9O0uD2jI

12 comentarios:

  1. Pureza, inocencia y melancolía en este regreso a la primera Navidad, que carga las pilas para celebrar la última. Enhorabuena y Felices Navidades a todos.

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  2. Muchas gracias Infi por tu comentario. Quizá el secreto de la vida, como el de la Navidad, es poder regresar al comienzo el comienzo con la misma inocencia e ilusión en los ojos. Abrazos.

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  3. La Navidad más que una temporada de regalos es una de reflexión. Cuando pasamos por ella la primera vez es inocente y no comprendemos por completo su significado. Pero luego se va transformando y vivirla con la misma intensidad se vuelve más difícil. Gracias por el relato Francisco, espero que en alguna parte podamos encontrar de nuevo esa navidad perdida.

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  4. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices Carlos. La Navidad es, o debiera ser, un tiempo de reflexión. Sobre un año que se termina con su balance sumarísimo. Y sobre otro año que comienza con los sueños y los proyectos amontonándose en nuestra cabeza.
    A veces, la agenda está tan llena con las compras y los saraos navideños que, lamentablemente, tras ella, solo nos queda la resaca de las comilonas y la angustia de la cuesta de enero. Abrazo y Feliz Navidad.

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  5. El tiempo y la materia pasan....pero el amor es eterno....Gracias

    Cristian

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    1. Así es Cristián. O así debiera ser...Saludos y Feliz Año Nuevo.

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  6. De cuentos de Navidad vivimos a veces, para lo bueno y para lo malo. Cosas que pensamos en esos días, no nos acotemen el resto del año. Cambiemos la tendencia. Felicidades Paco, muy bueno.

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    1. Gracias Tino. La niñez para mí es una fuente inagotable en la búsqueda de la autgenticidad y de la inocencia. Y de ahí derivan la alegría y la ilusión. Feliz Año,Tino.

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  7. Uno de los mejores momentos de la Navidad, en mi opinión, son siempre los preparativos de la decoración, por eso me ha encantado el relato, a lo que se suma la acertada crítica a los años locos de la burbuja que ahora pagamos (salvo unos pocos). Buen trabajo.

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  8. Los preliminares casi siempre son lo más ilusionante. Y lo que más se recuerda, efectivamente. Ojalá tarde en aprecewr otra burbuja. Feliz Año y gracias, Juan.

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  9. Esas primeras Navidades siempre son inolvidables y a medida que pasa el tiempo y por mucho que intentemos igualarlas, nunca será lo mismo y la nostalgia, junto a la reflexión se apoderan de nosotros porque la época navideña no solo es magia y felicidad, también es una época para reflexionar.

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