Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

viernes, 30 de agosto de 2013

De recuerdos infantiles.


(De Recuerdos Infantiles)

1

Otoño cálido. En el hospital zangoloteaban las camillas

Por pasadizos con olor a medicina.

Su carga: humanidad mugrienta.

Unas llevaban botellines de suero,

Bandejas con burbujas de plasma.

Y calmantes en ningún sitio, todas.

La apertura del vientre despertó el dolor

Y los quejidos fueron malestar respirado durante días.


El morbo rompió los esquemas de la decencia

Observando el remuevo del borracho muerto en la calle,

Desde la atalaya, en la cuesta de la soledad.

Fue un altibajo del piso quien le hizo trastrabillar,

Besar el suelo, aunque no cerró los labios.

Se los clausuraron.

Como los ojos y la vista a la ciudad.

Nadie se había de enterar.

Aquí no pasa nada.


Detrás, conteniendo a los curiosos, el Padre Serrado,

Repartiendo bendiciones e hisopazos por doquier,

Como queriendo espantar la maldad de la vida diaria.

Era su ambición rociar con perdón líquido al mundo entero.

Lo apetecía su ánimo misionero.

 
“Que estaba borracho, padre;

Que estaba chispo y lo completó un coche…”

Alguna gota de agua salada cayó encima del jersey sanguinolado.

Pareció respirar al ver la prenda rociada por agua bendita:

“Ya está libre de culpa,

Y puede entrar en el cielo…”,

Comentó Sor Caridad.

Hija de Jesús lloraba

Y desde una esquinita rezaba

Silencio y fraternidad

Para todos.

Paraíso universal.

 
En otra dirección, y llamando a gritos al médico de guardia,

Corría Sor Inés con un infante en las manos:

“No respira, no respira”.

“Pronto, que muere, pronto, auxilio.”

La voz gritó agarrotada

Cohibida por el pánico.

Como si fuera hijo suyo.

 
“Pero no es posible”,

Comentó el galeno auscultando al niño de once otoños

Que presentada quejumbres con el bajo vientre abierto.

“Es imposible un apéndice inflamado, tan niño…”

Todo el verano lo pasó rumiando el sueño de los dolores

Sobre manojos rubios de trigo apilado en el campo.

Acompañaba a la madre a segar, de madrugada.

No había otro medio de subsistencia.

Al perforar el vientre para extirpar lo malsano

Estaba ya putrefacto.

Algo de más tiempo dilatorio

Y hubiera acompañado a las malvas.

Crecen fructíferas en la última mansión popular,

Camposanto de cruces roñosas.

Algunas ya caídas, homenajeando a la gravedad.

No sé si honrando a la alta hierba del suelo

O saeteando la ruta de los huracanes.

Y todas casi cubiertas con altos yerbajos y cardos secos.

¡Enorme facilidad para obtener el título sanitario!

O, tal vez, fue regalo de la beneficencia.

 
Recuerdos de mañana

2

Aquel mes de mayo poseía un encanto especial en la primera enseñanza.

Hacía compañía el tiempo a los trazos de la estación.

El recuerdo de la práctica mariana

Con las flores y cándidos entonos

Llenaba de alegría el alma.

 
Los chorros de otra luz estallaban en las ventanas

De la escuela, adormecida la chiquillería al socaire.

Casi levitando en añoro de juegos

Y deseo de mayoría física,

Echarse novia y lucir lo impropio para aquella edad.


También en el templo reverberaba,

El fervor de lo humilde bruñido en las casas de aldea.

Eran inocentes las buenas intenciones infantiles.

Como los campos inmensos de trigo y hierba verde.

En el artesonado cristalino de los sueños,

 
Reflejos irisados

Pintaban de ilusión el transcurso de los días

Y su resbalo reposado.

Y sin noción por alcanzar el siguiente,

Aunque anunciaran algún nacimiento

O alguna muerte…

 
Transcurrían los días casi sin percibirlo.

Me iba haciendo el hombrecito serio que deseaba la madre

Para desempeñar pronto

Labores inacabadas que empezaba la cabeza familiar

Y nunca concluía a tiempo.

 
Don Severino, el maestro cojo, sabía mucho y enseñaba mejor:

“La vida hay que tomarla despacio y no dejarse arrastrar por nada;

Sea cual sea el signo que distingue al evento.”

“Flores a María”, que no faltase la ilusión coloreada a sus pies,

Ni los rezos aspirando mejor comportamiento

 
De uno propio y de los demás. Para que la vida fuera feliz

Y todo el mundo hijo de Dios para siempre.

“Porque Dios y la Virgen somos todos.”

Si bien algunos lo pasaban mal solo con rezos,

Sin trabajo y tuvieron que buscarlo en el extraño alejamiento.

 
Hoy es distinto. Nos visitan extraños como turistas de lujo,

Con las manos en los bolsillos

Y tan solo una palabra conocida del idioma de Cervantes:

“dame, dame, dame…”


Y los políticos les quitan a los legítimos dueños,

Los aportadores de impuestos al fisco

Para que lo manduquen en Paraíso ajeno los foráneos.

Y enarbolan miseria de origen a cambio de pesebre gratuito.

 
Algún día se enterarán que el dinero se consigue trabajando,

Cuando llegue un gobierno neutro

Que los tenga bien puestos.

 
Nada de generosidad universal

Ni demagogias internacionales.

O ser del bien parecer ante todo el mundo,

Caer bien a la opinión pública propia y ajena

Intentando estirar una caridad sin Dios que nunca llega.

O valores imposibles, hueros.

 
Lo ideal es aumentar la masa aborregada de analfabetos

Que les nombren sin criticarles, bicoca eterna,

Estómago agradecido.

Pero entonces los inmigrantes ya tendrán derecho a voto

Y devolverán el favor

Haciéndonos tascar la hierba del monte.

 
Mientras, se asienta y crearán su propio partido político

Y se llevan España por votos en la subasta electoral.

Más que ahora, es el comienzo fallido de los ilusos.

 
No sé si volverá el encanto pasado de los meses

Y las flores muertas, destripadas al paso del ganado:

Han arramblado todo.

 
Por algo concedieron permiso para envenenar el cielo

Y el aire a respirar a cada instante, la buena voluntad

De los creyentes aceptando hasta la falsa identidad.


Fomentando nuevos Mesías de cloaca;

Rateros de arrabal,

Chuloputas algodonados,

En trajes de impecable calidad.

Les dejan pisar pasillos y alfombras

Propios, sin rechistar.

Admiten hasta el ántrax en la manada

Solo por figurar…

 

(Hasta aquí para: La Revista de Todos, julio 2013)
 
 

4 comentarios:

  1. Bueno, recuerdos infantiles de hechos muy crudos de la vida. Es algo atrevido con su estilo, Virgilio. Porque a esas edades expresaste muy bien las cosas que pasan y como se toma la muerte de confusa en esas chances de la vida.

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  2. Una excelente aportación, sincera y dura. Me ha gustado, Virgilio. Sensible y emotivo, has sabido empatizar con una edad difícil y de una manera maestra.

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  3. Fuerte ciertamente la inmigración acá es diferente a la de allá me parece, y yo coreo que la humanidad llegará a crecer cuando se conciba como una, no como clanes donde se pelea el bien individual! excelente aportación!

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  4. Buena crítica, muy dura y fuerte. Ese paraíso universal que mencionas en el silencio y fraternidad, es todo lo contrario a lo que los gobernantes de cada país postulan, en su palabrería vana. Cuánto se ha creído y qué poca fe existe ahora... Un abrazo,

    María José Cabuchola Macario

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