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viernes, 21 de junio de 2013

La Familia Helviana. La indiscreción.

A diferencia de las mayores casas de la ciudad, la casa Barrizynge’del’Armgo no era uno de los poderes a tomar en cuenta entre la sociedad que gobernaba Xillander’kull, pero en cambio era un gran poder en la infraoscuridad en general. Nacida de la fusión de varias familias luego de una cruenta guerra de casas años atrás, la casa se originó en la ciudad favorita de la Reina de las Arañas y fue extendiendo sus ramas a otras ciudades; donde sus secretos, la fama de sus luchadores y la versatilidad de los estilos que enseñaban los hacían brillar como los más fuertes de la sociedad.
Ese añejo respeto que había corrido de boca en boca a lo largo del enramado de cueva le permitía a la casa conservar una sana distancia sobre sus rivales a lo largo de la ciudad, un respeto que había nacido de un hecho que no pasaba desapercibido. Los hombres y las mujeres de esta casa poseían la misma escala de rangos en su interior. La igualdad entre ambos sexos, extraña en una sociedad predominantemente matriarcal, se debía más que todo a que la especialidad de la familia era el combate y no las normas de fe que regían la sociedad. Por lo tanto, en el seno de la familia los guerreros y las religiosas tenían que probar su valía en combate para poder ascender en las escalas de la familia. Eso igualaba la tabla de valores y provocaba una fuerte tensión sexual entre sus miembros.
La principal habitación del patio de armas del gueto de la familia era por su puesto la arena de entrenamiento. Allí, los mejores guerreros disputaban por medio de un eterno combate la supremacía de la casa con el Maestro de Armas, a la vez que este los entrenaba en el arte de combatir a sus enemigos y a sus amigos. Allí, fue donde el Zeknarle conoció por primera vez a Eorel. Allí fue donde por primera vez el probó el desagradable sabor de la arena al ser reducido en corto tiempo por el luchador más poderoso que hubiese conocido. Esa arena fue el sello de su incipiente amistad, para la cual habían invertido tiempo y esfuerzo.
Zeknarle recordó esto mientras veía a los jóvenes de la casa entrenar. Su vista de inmediato se enfocó en Eorel, que vestía su ropa vieja y gastada, como lo había hecho desde que lo conoció. La venda de su brazo derecho estaba enrojecida, signo inequívoco de que había pasado la mañana entrenando junto con sus hombres. Pero lo que más llamó la atención de Zeknarle fue contemplar sus pies descalzos. Eorel entrenaba sin calzado en la arena. Era uno de sus rasgos distintivos.
—Eorel… Tanto tiempo sin verte. ¿Qué te habías hecho?

El estoico elfo oscuro no devolvió el saludo de inmediato, detuvo la sesión de fundamentos de combate y exclamó con fuerza. —Está bien, muchachos, descansen diez minutos. Ahora vuelvo.
Su orden fue obedecida de inmediato. Tal como era su costumbre, él guardó la espada en su funda. Pero, al acercarse a su amigo, no pudo evitar su sorpresa. Su vista se enfocó de inmediato a la cara, donde el otrora rostro sin falla ahora poseía una cicatriz que recorría su pómulo y ceja, cubierto por un parche oscuro sobre su ojo. Sin cambiar la expresión, ambos se saludaron y se hermanaron en un abrazo cauteloso.
—Felicidades por su ascenso, mayor. Pero tuviste que sacrificar algo para conseguirlo.
—Te refieres a mi ojo. Bueno, esas cosas suceden. ¿Por lo demás, Eorel, que te habías hecho? Estuve buscándote como loco desde la celebración de la nueva casa.
—Sabes que no me interesan esas cosas. La casa tuvo que encargarse de un asunto espinoso. Por esas fechas se perdió una de las caravanas comerciales que patrocinamos. Tuve que reunir a los mejores guerreros de la casa y partimos a la Baja Infraoscuridad para encargarnos. Todo quedo solucionado satisfactoriamente, para la honra de esta casa.
—¿Cariño, no me presentas a tu amigo?
A la voz de la muchacha, Zeknarle sacudió la cabeza, sonrió y con un movimiento de su mano adelantó a la joven que los había interrumpido—: Que torpe que soy… Eorel, te presento a mi nueva amiga, Zilvryne de la casa Hun’Arabath.
La expresión de Eorel cambió a una de desagrado. De figura menuda aunque sugestiva, las dagas que poseía en el cinto llamaron su atención. Pero el pendiente de la araña con cabeza de mujer en mitad de su pecho destacaba. Era una sacerdotisa.
Ella extendió la mano, pero el guerrero dudo por un momento si respondía al saludo o no de la joven. Al final, sólo se rindió ante el protocolo y sujetó su brazo con fuerza.
—Mucho gusto, señorita
—¿Cariño, nos podríamos disculpar por favor?
Ante la sugerencia de Zeknarle, la muchacha respondió afirmativamente con la cabeza y le permitió a ambos hombres conversar en privado. Con este permiso, el Maestro de Armas de la casa aprovechó para separar a su amigo de su influencia, a la vez que satisfacía su curiosidad
—Zeknarle… ¿Qué sucedió con Berlashalee? ¡Pensé que iba en serio!
—Yo también… pero tú sabes cómo son las bailarinas. Una buena noche se aburrió y siguió su camino. ¿Qué puedo hacer al respecto? Zin es mucho mejor partido.
—Supongo— espetó Eorel sin poder ocultar un dejo de insatisfacción ni quitar la mirada sobre la nueva conquista de su amigo —¡Pero no vienes a presentármela, amigo!
—Supones bien. Léelo… te interesa.
Eorel tomó el rollo, rompió el sello y lo extendió para leer su contenido con atención. Durante el largo rato que lo estudió no emitió ningún gesto. Al terminarlo, lo arrolló de nuevo y se lo devolvió a Zeknarle, que se sorprendió al comprender la reacción —Es tentadora la oferta. Pero la nueva casa es una que no durará mucho tiempo. Prefiero quedarme en esta. Gracias por tomarme en cuenta.
—Acepta, tonto. No te quedes en esta casa sin futuro. Busca una mejor posición, como lo hacemos todos.
¡No!
—Te arrepentirás de no haber aceptado esta oferta, Eorel. Eso te lo garantizo.
—No lo creas, amigo. Tengo razones de peso, razones que no creerías, por las cuales no puedo aceptar tú oferta. Así que si me disculpas, tengo clases que impartir.
Zeknarle y su amante salieron de la arena de entrenamiento sin mencionar más palabra, sin voltearse a verlo siquiera. Eorel ignoró su indiferencia y desprecio, signo inequívoco de la muerte de su amistad. Luego de que salieron por la enorme puerta de la edificación, este se sujetó correctamente su sombrero, llamó con sus manos a los jóvenes, dispuesto a continuar con el entrenamiento sin importar las consecuencias. 
A pesar de encontrarse en una de las mazmorras más profundas del templo, en la antesala de la muerte más horrenda reservada para un elfo oscuro, la familia Helviana se logró adaptar a la vida en su prisión. Luego de limpiar y ordenar el piso, Berlashalee había logrado darle un aspecto más llevadero a su vida. La guardia del templo les había entregado algo de ropa, con la cual ella había logrado reemplazar sus harapos y los de su madre; su alimentación no se vio descuidada de ninguna manera, es más comía mejor que antes y el trato hacia ambas resultaba cortés y respetuoso por razones que desconocía.
Largos meses transcurrieron hasta completar los doscientos días. A pesar de la situación en que se encontraban, la joven había adoptado una actitud más alegre y positiva hacia lo que quedaba de sus vidas. Porque el vientre de Berlashalee comenzó a hincharse. Su madre le confirmó que estaba embarazada. Esto pareció alegrarla, pero ambas estaban condenadas. Ellas esperaban con paciencia, oraban, hacían penitencia y entraban en profundos trances que incluso sorprendían a los guardias por su piedad.
Pero la hora no llegaba. Pasaban los días, las semanas y los meses; la hora de su partida no llegaba. Este se postergaba constantemente. A pesar de esto; Berlashalee sonreía, murmuraba canciones y mantenía su ánimo en alto. Como toda buena artista, ella sabía que tenía que dar una actuación memorable en su última presentación. No podía dar lo mejor si se encontraba deprimida.
Ese día fue distinto a los demás. En compañía de dos de las guardas, la religiosa que se había confesado sobrina y discípula de Yasfryn se presentó ante ellas. Ingresó sola a la celda, tomó asiento frente a las mujeres y con un gesto les ordenó sentarse. Luego de sentarse la torcida sacerdotisa tomó la palabra.
—¿Sabes por qué me presento ante ti, maestra?
—Supongo que lo sé. Yo le hice la misma visita muchas veces a quienes iban a morir por mi mano. Deseas ver si nuestro espíritu se ha quebrado, si nuestra esperanza ha disminuido. Lamento decepcionarte, pero no lo hemos hecho, Jhaelxena Elisana. Por lo demás, mi hija y yo estamos listas para la hora de nuestro sacrificio.
—No puedo esperar que la Gran Sacrificadora y su hija se derrumben. Después de todo, usted ya ha jugado este juego. La tía Berlashalee estuvo encerrada en esta misma celda, antes de que la sacrificaras. Pero esto no es lo que me trajo aquí hoy.
—¿Entonces?
Jhaelxena negó con su cabeza entre risitas y repuso con una seriedad fingida para herir el ánimo de su interlocutora —Querida maestra, dígame.¿Por qué no sacrificó a su hermana en cuanto ella cayó en sus manos?
—Porque no era el deseo de Reina de las Arañas. Un sacrificio de tanta importancia no era para tomarse a la ligera. Debe ser realizado como agradecimiento a una acción exitosa de varias casas en conjunto.
—Correcto.
La sonrisa de la mujer provocó que Yasfryn tragara grueso. Por un momento, se sintió muy cansada, lo que la motivó a colocar su cabeza entre sus manos. Trataba de digerir todo lo que había sucedido durante su captura. Numerosas preguntas la rondaron. ¿Por qué, si la religiosa de una de las casas principales había participado en su captura, la casa no había tomado crédito de la captura? Por el éxito de la operación (había escapado buena parte del clero de la Doncella Oscura) se armó un gran espectáculo. Pero al encajar las ideas en su cabeza ella encontró la respuesta. Se volteó hacia su sobrina y exclamó
—Eres… una maldita, Jhaelxena. No lo había comprendido hasta ahora.
—Desearía saber la conjetura que cruza por su cabeza, maestra.
—La familia Elisana, una de las cinco grandes de la ciudad, pretende lo mismo que todas las demás familias, el poder total. Pero existe un tenue equilibrio de casas que lo impide. Así que para obtener la posición que desea, que deseas, has infiltrado gente en las casas menores para que hagan tu voluntad. Es por eso que la familia Arabath no hizo esfuerzo alguno en limitar mis movimientos. Porque tú sabías que había vuelto a la ciudad, sabías que había dejado de ser sacerdotisa de la Gran Tejedora.
—Continué.
—Como líder del templo, deseas el puesto de tu madre para unificar ambas sillas ante tu puño y voluntad. Pero mi hermana política es una mujer experimentada, versada en las artes de la traición y el engaño. Eso le permitió heredar la base de poder de mi familia y renombrarla a su voluntad después de mi fracaso. Para no levantar sospechas usaste como excusa el ataque a nuestro templo para que el consejo unificara a las tres familias en las que tejiste tus redes. Esto formó un solo bloque que responde a tu voz, te permitirá colocarte en posición de enfrentarte a tu madre en una pelea de iguales, sin atacarla directamente.
—Va muy bien. ¡Siga!
—Si no falla mi razonamiento, necesitas obtener una victoria sobre otra casa. Una que exponga una traición que hayan cometido contra nuestro estilo de vida. Luego de esto sacrificarás a los prisioneros de ese ataque… junto a nosotras.
—¿Y?
—Por supuesto… mi sacrificio es extraordinario. Reunirá a todas las matronas y nobles hijas de cada casa en la ciudad. Será sencillo para tus asesinos disponer de ellas luego de que se complete la ceremonia. Con las fuerzas de la ciudad a tu disposición, podrás someter a tu casa una vez que se queden sin sus principales líderes.
—Excelente— respondió Jhaelxena con una sonrisa de realización — Veo que no has perdido la capacidad de intrigar que tanto te admiraba cuando yo era tu aprendiz. Eso resulta impresionante, pero es un desperdicio que hayas cambiado tus afectos religiosos.
—¿Sólo existe algo que no comprendo? ¿Cuál casa escogerás para sacrificarla?
—Tiene que ser una casa menor, que no represente un gran peligro. Una casa que no cumpla con todos los requisitos que nuestra sociedad dictamina. Una que haya cometido un acto terrible de traición, que no pueda ser perdonado. Una casa hereje, una casa que conviva con la traición en sus filas, que...
Eorel

El leve susurro de la Berlashalee volteó los rostros de su madre y su prima hacia ella. La joven bailarina supo de inmediato que por segunda vez había comprometido a alguien que conocía por otro comentario torpe. De inmediato se tapó la boca con sus dos manos. Pero era demasiado tarde. Jhaelxena se abalanzó encima de ella. Con su fuerza superior la tomó de la cabeza con sus dos manos y fijó sus ojos sobre los suyos, ojos que observaban en la profundidad de su ser. Luego de un instante, el gesto de incredulidad se transformó en uno de inmensa alegría. Porque los recuerdos de la joven bailarina la traicionaron. En la parte más profunda de su ser, yacía la evidencia de la verdadera naturaleza de Eorel como elfo claro, la traición de la familia del’Armgo al acogerlo como uno de los suyos aunque conocían su secreto y el arma que ocupaba para llevar sus planes de una buena vez por todas.

Carlos "Somet" Molina


6 comentarios:

  1. Excelente me gusta como se va desarrollando la trama, teniendo todos los ingredientes, para mantener el interés, Saludos!

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    1. Muchas gracias Don Juan. Perdón por contestar hasta ahora pero he estado un tanto atareado. Estamos en contacto.

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  2. Me encantò leerte y adentrarme en ese mundo de aventuras. Felicitaciones. Espero seguir leyèndote. Un fraternal abrazo desde mi querida Venezuela.

    TRINA

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  3. Me gusta bastante la trama de la historia. La forma de narrar me ha hecho fácil la lectura. Un saludo

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    1. Gracias Don José. El próximo va a ser más corto y con más combate. Estamos en contacto.

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