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lunes, 22 de abril de 2013

La trampa.

          Después de haber pasado la noche en vela, Alicia seguía esperando noticias sobre su hija. Desde aquella llamada de la tarde, en la que una voz confusa le comunicaba su secuestro, sufría sola la angustia, la desesperación y el miedo.
 
          Sonó el teléfono y se lanzó sobre él, temblando. La voz le exigía un rescate y le anunciaba una próxima llamada, con la misma amenaza de no ver más a su querida Paula, si contaba algo.

          Su marido estaba de viaje y maldijo la hora en que ella misma le animó a embarcarse con sus amigos en una aventura por él tan deseada desde hacía tiempo, que lo mantendría incomunicado durante varios días. No podía ponerse en contacto con quien podría compartir la tragedia ni disponía de la cantidad reclamada, ya que su esposo era quien se encargaba de los negocios y ella no sabía cómo conseguirla.

          Pasaron dos horas, durante las cuales Alicia no sabía qué hacer. No se atrevía a avisar a la Policía por temor a que se cumpliese la amenaza: solo pensarlo la estremecía. Nunca se había sentido tan sola y tan vulnerable. Paseaba por su casa, de habitación en habitación, intentando encontrar una solución que no llegaba. Lo único que podía hacer era tratar de explicar la situación a los secuestradores; pero pensaba, al mismo tiempo, que contrariar a personas como aquellas, sin escrúpulos para hacer lo que estaban haciendo, podía ser muy peligroso para su hija. Engañarlos y simular que llevaba el dinero a donde le ordenasen le parecía muy arriesgado, porque, sin duda, antes de liberar a Paula, comprobarían que ella había cumplido su parte del trato. Solo podía decir la verdad: era lo único que tenía.

          Se produjo la nueva llamada. Alicia se armó de valor e impuso saber que su hija estaba viva, pero el secuestrador era implacable y le respondió con “un lo toma o lo deja”. La respuesta aumentó su indignación. Controló su rabia y relató lo que ocurría. Oyó una especie de murmullo, después del cual la voz dijo secamente que se pondría en contacto nuevamente con ella y colgó.

          Le extrañó esta reacción, pues esperaba una contestación airada y desafiante. Se dio cuenta de que el sonido era más claro, como si el secuestrador hubiera olvidado fingir aquella afonía que hacía difícil entender las palabras. Entonces pensó en la posibilidad de que no fuesen profesionales; pero si no lo eran, ¿qué podía hacer? Se encontraba de nuevo como al principio.  

          Se sentó en la cama de Paula y tomó su retrato, que descansaba, con un marco, encima de su mesa de estudio. Los recuerdos acudieron a su mente y avivaron su dolor. Era una jovencita de diecisiete años bastante rebelde y últimamente estaba nerviosa e irritable. Ante sus ojos enrojecidos por el llanto y el cansancio, apareció su diario y lo apretó contra su pecho. Por un impulso inexplicable intentó abrirlo, pero sus secretos estaban allí escondidos bajo un pequeño candado. Siguiendo ese impulso, acudió a la cocina y con un cuchillo lo forzó: comenzó a leerlo. Se quedó paralizada.

“Día 4: el plan sigue en pie, todo está bien calculado, tendremos el dinero”.
“Día 8: llegó el día, estoy nerviosa, pero saldrá bien. Podré al fin vivir con Nacho.”.

          La libreta se cayó de sus manos en el preciso momento en que el teléfono volvió a sonar. La amenaza salió esta vez de la boca de Alicia:

          -Nacho, quiero a ver a Paula inmediatamente en casa o te verás en problemas.

          A los quince minutos estaban juntas. Lo que pasó después ya es otra historia.


 
 
 
 
 
 
 
Escrito por: Carmen Novo Colldefors.

14 comentarios:

  1. Madre mía, qué historia, me ha tenido en vilo hasta el último momento. Leer el final me ha supuesto un encuentro de sentimientos entre alivio e indignación.

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  2. una historia perfecta. Se ha mantenido la intriga hasta el final.¡enhorabuena! no conocía a esta escritora pero le mando mi completa admiración.

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  3. Juan Carlos Muñoz22 de abril de 2013, 23:56

    Sobre todo me ha encantado el final, no me lo esperaba, perfecta la historia.Enhorabuena Carmen.

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  4. Muchas gracias a los tres. Me hacéis feliz con vuestros generosos comentarios y me animáis a continuar en este difícil y, a la vez, maravilloso empeño. Un abrazo para cada uno.

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  5. ¡Ah!, por supuesto, también mil gracias a Eva, la directora de esta revista, por contar conmigo. Un beso.

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    1. No me tienes que dar las gracias. Ya sabes que La Revista de Todos, es tu casa y cuando quieras puedes mandarme una aportación para que la publique. Besos.

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  6. Me impresiona la forma en la que lo corto del relato no corta el manejo de la angustia. Muy buen final.

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  7. Jaja! Un climax que te pone de golpe la verdad ante la angustia de la pobre madre sufrida. Es una historia muy sabrosa con un giro bastante drástico. Porque no hay nada como el instinto materno para comprender las cosas. Felicidades!

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  8. Difícil es el arte del suspense, manejar sentimientos encontrados. En un corto relato, has encuadrado un montón de sensaciones diferentes. Muy buen trabajo compañera. Un saludo

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  9. Sobre todo me encanta la última frase, eso de "ya es otra historia", deja un buen regusto y ganas de paladear más.

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  10. Muy bueno, lo mantiene a uno a la espera de que todo salga bien, y hasta la respiración se aguanta! Saludos!

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  11. Hola Carmen, me gusto mucho tu relato. Se ven esas imágenes de la Madre, que le dan sentido del porque una Madre hace lo que hace y nos conoce mejor, que nosotros mismos.
    Un Fuerte abrazo.
    Manuel Barranco Roda

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  12. Una intriga hasta el final, muy bueno el final, ¡suerte del diario! un abrazo

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  13. Una historia que engancha, no hay duda. ¡Las madres! a veces tenemos que hacer cosas que luego irremediablemente se vuelve en contra de nosotros, pero siempre pensando en el bien de los hijos.
    Una buena historia, un saludo.

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