Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

lunes, 22 de abril de 2013

El Dr. Paralel.



Paralel se había dado cuenta de que a pesar de encontrarse en un mundo paralelo, la situación no se enmascaraba de una manera irrevocable. Lo notó cuando metió la mano en la basura y percibió, de manera sorpresiva, que ésta se le calentaba; pues ya antes, frente al edificio de telefónica, había descubierto esa insensibilidad creciente a lo material, cuya evidencia venía a trastrocarse con esta prueba. Entonces acordó sacar partido de su nuevo estado. Necesitaba conocer, experimentar con las nuevas posibilidades creadas, averiguar un método científico o "mágico" -en su defecto-, que le ayudase a volver al momento anterior a su muerte. Porque ahora sí estaba tomando plena conciencia de que estaba irremediablemente muerto, a pesar del entorno familiar visible y de continuar sintiéndose él mismo, con toda la onerosa carga de su personalidad. Quizás estaba animado de cierta ingravidez, o volatilidad, que le otorgaba la ventaja de una sobredosis de ligereza, agilidad y penetración mental revalorizada, agudizada en extremo. Consultó con Max –su ayudante, muerto en un experimento anterior por causa de una explosión provocada por sus enemigos Magot y Preston- si él pensaba que se podría regresar al territorio físico de los no dobles –y no sabe la razón, se le vino a la mente la substitución del vocablo por “sino múltiples”; si existiría la oportunidad de borrar el pasado. Mónica y Julie –dos jóvenes difuntas/espectrales amigas de Max- lo miraron con un destello de esperanza dibujada en sus demacrados rostros. Ellas habían asumido con resignación esa condena de vivir en este nuevo territorio, tan diferente en esencia del otro lado, pues se requería un continuo bregar con la basura para no diluirse en la nada.
 
-No sé de nadie que lo intentase -replicó Max, por vía mental-. Hay cosas que puedo saber sin necesidad de planteármelas, analizarlas o de que me las soplen otros. Estoy sorprendido por el aumento de mis capacidades –añadió vanidoso.
 
-¿Y el tiempo? –indagó Paralel. Pero no obtuvo respuesta.
 
Lo que menos considera un “desterritorializado” son los relojes.
 
-Empiezo a sospechar que están en base a tus cualidades anteriores. No te vas a convertir de pronto, por arte de birlibirloque -así porque sí, sin más-, en un mochuelo sabio. Y lo que nos rodea, esta imantación, se habrá edificado en función de nuestras respectivas proyecciones de entes de aura libre.  ¿Tú me ves de colores?
 
-Ahora que lo dices…
 
Paralel se apoyó en la idea, nada descabellada, de que las chicas llevaban más tiempo “habitando” esta otra dimensión y que estarían por tanto mucho más duchas en averiguar el entorno, sumando todo lo experimentando en el transcurso del proceso. Entonces se dirigió a ellas y trató de sonsacarles todo lo que sabían acerca del nuevo mundo en el que se hallaban inmersos, rodeados de enigmas como los peces por el agua, pero revelándoles explícitamente el verdadero propósito de sus indagaciones.
 
-¿Estáis de acuerdo con la opinión de Max, acerca de la imposibilidad de abrir una brecha, una puerta por la que escabullirse? –les preguntó.
 
-Por lo que sabemos… es muy complicado. Hubo gente que lo intentó, pero sólo consiguió desintegrarse –replicó Mónica.
 
-¿Desintegrarse?
 
-Sí. De pronto desaparecían como el humo. Es lo triste… Estamos aquí, avistamos el otro lado, pero no podemos traspasar el umbral.
 
-¿Y no habéis observado, visto u oído algo raro, algo que os llamase la atención, que sea diferente a lo que normalmente estamos acostumbrados a tratar, tocar o sentir…,  un portento? Porque ahí reside la clave de este nuevo territorio que nos apresa.
 
Julie lanzó una mirada mezcla de curiosidad, temor e indecisión a Mónica, como si con esa actitud quisiera pedirle permiso para poder contar lo que conocían respecto del asunto. Al comprobar que su amiga no daba muestra alguna de inquietud o reprimenda para que callase, ya más serena, le confió a Paralel lo siguiente:
 
-Sí, se producen luces extraordinarias, como fogonazos blanquecinos, que encierran signos extraños que nadie puede descifrar.
 
Paralel exteriorizó de manera harto notoria su asombro al escuchar esta confidencia.
 
-¿Y existe el color cuando se presentan esos relámpagos o llamaradas, esos brotes luminiscentes?
 
-¡Claro! –se apresuró a remachar Mónica, ya más alentada por el interés bien dispuesto y batallador de Paralel. Y añadió entusiasta-: A veces hay mucha variación del color, la intensidad cambia e incluso se generan matices que no parecen reales...
 
-¿Esas manifestaciones de color ocurren extemporáneamente?, ¿o quizás se da un tiempo para que se produzcan? ¿Vienen precedidas de un aviso?
 
Mónica se demoró en contestar. Y, tras el titubeo, respondió ya más resuelta:
 
-Se siente como un goce íntimo –aseveró, llevándose con delicadeza la mano al pecho-. Otras veces arrancamos a reír como locas. Pero solamente lo sentimos nosotras –se apresuró a reseñar.
 
-Es verdad –se dio no menos prisa Max en recalcar-. Hay ocasiones en que les da por reír y yo en principio no caigo en el motivo, pero luego aparecen esas luces –dijo de manera ingenua-. ¡Maldita la gracia que me hacen…!
 
-Yo, a pesar de no sentir esa premonición, ¿puedo contemplar el color?
 
-En lo de ver los colores no hay problema. Ese hecho se produce para todo el mundo –perdón, todos los descarnados-. Todo se ralentiza, se paraliza casi, y todos se ponen a mirar en la dirección de la luminosidad que brota como el agua de un manantial. Es un bonito espectáculo: intuyes que significa alguna cosa misteriosa, pero no estás calibrado para desentrañar el secreto. Cuentas…
 
-¿Por qué dices “cuentas”? ¿Qué quieres decir con eso de contar?
 
Mónica dudaba esta vez en satisfacer la pregunta.
 
-Puedes contar mentalmente el compás con el que se mezclan las manifestaciones coloristas. Un sonido extraño, pero no desagradable, precede a todo cambio. Es como una melodía si se escucha de continuo. De hecho, sientes que estás obligada a prestar atención –se adelantó Julie a responder, viendo el azoramiento de su amiga.
 
A todo esto, Max no se perdía el hilo de la conversación que se estaba manteniendo. Y todo ello sin desplegar ni por un instante los labios. Unos y otros “hablaban” (es un ejemplo) comprendiéndose de una manera mental, como ya se dejó entrever. Aunque esta cualidad no les capacitaba para adivinar el pensamiento del contrario. En realidad, tampoco existía un “pensamiento”, sino que éste más bien se hubo metarfoseado en una especie de sensación inteligente, perceptible, casi alquímica, de los estados supra/racionales y anímicos.
 
Dejaron el camión de basura aparcado frente al águila ibérica, que movía la cabeza con tirones esporádicos, chispeando fuego por los ojillos enrojecidos, pero sin desplegar el vuelo.
 
Rodeados de muertos y vivos, paseaban silenciosos por la acera de la Gran Vía. Paralel caminaba cabizbajo, recapacitando sobre la información que se le acababa de proporcionar; figurándose seguramente la forma de cómo descifrar las señales lumínicas cuando se presentase la oportunidad.
 
Muchos vivos llevaban a cuestas muchos muertos, o al menos las piltrafas carroñeras que quedaban de ellos –cabezas difuminadas incluidas-, con la boca abierta chupando a chorros todo humor y vaho. Especialmente la sangre menstrua: si calentita, pues mejor. Mordían culos preciosos y sexos con toda impunidad, y se balanceaban en frondosas cabelleras colgados de los pelos de hermosas mujeres como macacos de las lianas de un árbol. Pegados como lapas a frentes sudorosas y mal pensantes (por torpes o perversas, quiero decir). Era la única posibilidad que les quedaba de seguir agarrados a su paupérrimo y corto pervivir.
 
La diferencia entre los vivos y los muertos residía, precisamente, en la intensidad de luz que unos y otros desprendían a su alrededor. La de los vivos era más opaca, a veces no superaba la fuerza de una bombilla de 25W, ni siquiera llegaba a malas penas a alcanzar el halo que proyecta una vela.
 
- ¿Sabes? –le interrumpió enardecido Max, lleno de arrojo, enviándoles un sms cable/toque tipo feisbus-, aquí me gustaría ver ahora a mi antiguo jefe X1 y a la arpía de X1a, esa gamba con cabeza de serpiente. Su veneno aquí es inofensivo, si es que lo almacenara en sus colmillos viperinos; aparte de que estamos inoculados contra la maldad –terminó orgulloso, alegre de sentirse a buen recaudo.
 
-No te fíes, Max –secundó Paralel-. No llevamos por estos lares el tiempo suficiente como para aventurar el cómo se cuecen las habas, a pesar de que en todas partes cuecen habas. Tú que eras detective, ojo al parche y avizor, porque no hay respiros sin suspiros ni vista que no se engañe: las sorpresas pueden aparecer en cualquier momento. No debemos confiarnos en la cultura que se nos ha impuesto, que hemos mamado como chorlitos y que hemos traído a hombros hasta el mismísimo estado post-mortem, que ya es decir bastante.
 
-Todavía lo soy…, detective –puntuó Max.
 
“Pareciéreme que ando poseído -¿poseído?- por la sombra caballeresca del de la triste figura”, reflexionó Paralel como en un aparte.
 
Max paró en seco su envalentonamiento. Acto seguido comenzó a mirar receloso a todas partes, desconfiando de cualquiera que se cruzaba por su lado. Incluso empezó a tener miedo de sí mismo y de su mala sombra. Instintivamente, aligeró su paso –casi en holandas- y se puso a la altura del todavía caviloso Paralel.
 
“Ahora comprendo claramente que mi existencia estaba abocada a la traición –se decía el Dr., rememorando de cuando hacía escasos instantes metió la mano en la basura por indicación del ya su buen amigo Max-. Te vas a encontrar lo que te pertenece por destino. Y el enfrentarte a ello…, es lo que te va a revelar la parte escondida del resto de tu vida. De la vida que creías haber vivido, pero que en el fondo acaba a partir de ese instante”.
 
De repente, se escuchó  un ruido aparatoso, chirriante, tremebundo: un turismo había perdido el control, invadido la calzada y se había lanzado intempestivamente sobre los transeúntes, arrollando a su paso a algunos, que quedaron tendidos sobre el suelo semi/inconscientes y, en algunos casos, gimiendo lastimosamente a causa del dolor. Se interrumpió el tráfico. Apenas transcurridos unos minutos desde el percance, tanto las patrullas policiales así como las ambulancias del Namur acudieron rápidas. Se apercibió una expectante enajenación general: un trasiego de camillas, de batas blancas, de botellas de sueros, de acciones precipitadas, intervenciones desesperadas… Y luego un silencio conmovedor, como de capa de amianto con la que se cubre un hueco, para destapar que los heridos desaparecieron entre acelerados coches provistos de sirenas destellantes y que el accidente había dejado tres muertos dentro del vehículo.  Al menos sus cuerpos unánimes eran harto identificables. Porque su silueta astral sí que se diferenciaba del resto de mirones acotados tras las cintas de seguridad. Salieron del auto como el que despierta por las mañanas: desperezándose, frotándose el rostro como gatos, entrenándose para lavárselo antes del desayuno que aguarda. Luego miraron a su alrededor y pusieron cara sorpresiva de lelos, así como de alguien que no entiende lo que está pasando en su alrededor ni tampoco qué hace allí, en medio de todo aquel inextricable fregado.
 
-¡Válgame el cielo! –transmitió Max con gesto de estupefacción, notando que exclamó “cielo”, donde se suponía que ahora residía sin, por el momento, pagar alquiler, o eso parecía-. ¡Pero si son nada más y nada menos que X1, X1a y Terelu, la chica del pub Diskebar! ¿Cómo es posible? “Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”, tarareó por lo bajini sin muchas ganas, un tanto apesadumbrado, la famosa canción de Juan Luis Guerra.
 
Apenas salía de su estupor, cuando captó que X1a se desaparecía del ambiente como humo mojado por la lluvia, como pompa de jabón arrastrada por el viento, que ya es imaginar.
 
X1 y Terelu se miraron, tras comprobar que yacían con los ojos cerrados dentro del coche desvencijado, chatarra partida en dos. Creyeron que se trataba de maniquíes para el rodaje de una escena accidental de alguna película de Alex de la Iglesia, o de Almodóvar. No parecían reconocerse… Fuera de la carcasa del cuerpo, ahora éste les resultaba al contemplarlo mucho más extraño y ajeno que el de un puercoespín, o que el de un calamar, cuando está vivito y coleando.
 
En un tris, como era la costumbre para el que traspasaba el dintel del ultramundo, las nociones básicas sobre su situación le fueron inculcadas de manera inexplicable. X1, enternecido, abrazó calurosamente a Max –al que vio allí de pie mirándolo sonriente-, y se disculpó en plan contrito una y otra vez por su malos tratos y peor saña infringidos cuando era su jefe: y Terelu se abrazó a todo el mundo, aterrorizada a la vez que feliz de seguir sintiendo y pensando en la medida de lo imposible.
 
Mónica y Julie adoptaron de pronto una pose repleta de gestos contradictorios reflejados en sus figuras. Mientras la una se contorsionaba debido a no  poder contener un ataque repentino y convulsivo  de risa, la otra se entregaba a una ensoñación casi mística al ver aparecer los primeros rayos de luz y unos sonidos que no se asemejan a nada terrestre, así que es inútil el intentar describirlos o compararlos con algo… Si acaso, a una reunión de todos los acordes salidos en tropel por la campana de una trompeta.
 
Muchos, en el nuevo territorio, se inclinaron asustados al escuchar las sonoras vibraciones y al admirar las circunferencias resplandecientes que despedían mil colores, aunque como obedeciendo a pautas de ensayo.
 
Luz y sonido influenciaban para una mayor superación de la inteligencia primitiva.
 
Paralel, que no participaba del temor o de la reverencia común, aprovechó el clima de elevada conciencia en aumento para intentar descifrar las señales que tan maravillosamente se le ofrecían de manera fortuita. Intuyó que si podía interpretar esos signos…, estarían salvados. Recordó sus tiempos primaverales de grumete, empleado allá en la compañía naviera ubicada en el querido Buenos Aires. Y le vino a la mente el Código Morse con el blinker que se utiliza para los casos de emergencia en los naufragios para prevenir el rescate de la tripulación o en las situaciones extremas de peligro, como instrumento de aviso para pedir SOS.
 
Si se tiene la cifra, los símbolos, aun los más intrincados, se pueden resolver e interpretar con los dedos de la mano.
 
Calculó con rapidez inusitada, en un momento de extrema lucidez, que los hechos equivalen a la materialización de esas intuiciones que la inteligencia es incapaz de calificar. Y la sutilidad del pensamiento vislumbra la realización. De modo que, incluso los actos más simples, mantienen su correspondencia con arcanos y principios que sobrepasan la capacidad de intelección.
 
-Ven, acércate, Max –exclamó tirando de la mano de su amigo-, no hay tiempo que perder. Ponte delante de nosotros y no te muevas: mira de cara a la luz, sin desafíos, para que se te vea bien ese 53 que llevas impreso en la frente; es tu número. ¡Ésa es la constante que nos falta!
 
¡Y vaya si resultó…! ¡Yeaaaaah..! Conforme iba descodificando las señas e imágenes ahora casi criptográficas, la otra puerta -¡oh, gate, gate!- se iba abriendo e iba despejando el paso al territorio de los cuerpos sólidos. Un sendero brumoso se iba desplegando, ampliándose y extendiendo a lo largo ante la atónita mirada de todos los presentes. Paralel temía que el tiempo no se prolongara lo suficiente como para consolidar su conjuro en una materialidad indestructible. Al final, bien la suerte o la buena voluntad del extraordinario fenómeno, o de la Mente maquinadora que lo facilitaba, permitió fabricar esa startgate escapatoria.
 
-¡Vamos! –Vociferó Paralel-. Démonos prisa en escapar.
 
Nadie ajeno al grupo pareció percatarse del hecho, aterrorizados o embebidos en la contemplación de sí mismos como estaban por causa de las luminiscencias y de los sones esclerotizantes.
 
Mónica se resistió al avance. Estaba paralizada por el miedo. No se atrevía a dar un paso. X1 y Terelu estaban aún demasiado penetrados – léase usurpados- por los acontecimientos recientes como para poder determinar o vislumbrar un mínimo qué era lo que estaba sucediendo ni qué quería significar ese “vamos” de Paralel. Así que solamente Max, Julie y el propio héroe de las termópilas –Paralel- huyeron del territorio de los dobles –de Ka-. Mónica movía la cabeza rechazando el querer liberarse del inframundo, ante la insistencia del resto de sus amigos, que la conminaban con vehemencia a que tomase la decisión de trasmontar el umbral.
 
Y más se alejaban nuestros valientes amigos del lugar, más se cerraba la puerta, difuminándose por términos.
 
De nuevo se vieron en la Gran Vía, justo en la plaza del Callao, pero con la ventaja de no ser advertidos por los ajetreados y celerípedos transeúntes, que parecían moverse en un mundo aparentemente dichoso. Captaron que estaban imbuidos de la extraordinaria facultad de atravesar los cuerpos o decidir alojarse en ellos como el que se monta en un tranvía. Y por la mente de los tres cruzó la más peregrina y fantástica de las ideas que en imaginación alguna pueda surgir: poseer a alguien para poder disfrutar plenamente de la vida del territorio físico.
 
Bien sabía Max que él aún seguía existiendo como “mortal” dignificado e investido del empleo de detective. Y masculló su venganza inaudita de meterse en el cuerpo de Pilotas, su malvada madrastra. Julie estaba decidida a usurpar a una amiga guapa del colegio, aunque un poco tontina, y convivir con ella hasta que la muerte las separase, o las dividiera. Y Paralel, enterado por Max de lo tremebundo y atroz de su asesinato perpretado por el diabólico Magot y Preston, el maléfico albino de ojos iridiscentes y medio bizcos, pasarse el resto de su flamante existencia cachondeándose de este par de malvados sinvergüenzas, saltando del uno al otro como niña a la comba jugando a las rayas y a las tejas.
 
-Sí, es verdad –se dijo el Dr. Paralel-: existen otras formas de vida.
 
Escrito por:
José Luis Benítez

11 comentarios:

  1. relato mezcla de Isaac Asimov, Don Quijote y arte filosófico. Difícil y controvertido. Como siempre Jose Luis ha sabido sacarle partido a su talento.¡enhorabuena amigo!

    ResponderEliminar
  2. Es un relato muy imaginativo. Aunque no soy gran partidario de las realidades paralelas (detalles con la Teoría de Hilos), el manejo imaginativo es muy bueno, haciendo sentir las capas que en las que el Dr. Paralel debe coexistir. Espero haberla comprendido bien. Gracias!

    ResponderEliminar
  3. Mezcla imposible de irrealidad y cordura. Buen trabajo.

    ResponderEliminar
  4. El estado de un mundo medio entre el real y el de las almas, me gusto la descripción, el análisis por Paralel y el de estar de nuevo el mundo de los vivos para hacer de las suyas, bien logrado, Saludos

    ResponderEliminar
  5. Muy original, aunque me ha resultado un poco caótico al principio al aparecer "de pronto" tantos personajes, solo ha sido por un tiempo breve. Me ha gustado el planteamiento y la idea de dos mundos paralelos y bueno, ¿quién sabe?

    ResponderEliminar
  6. LA imaginación es un prodigio en historias como estas, has manejado muy bien el paralelismo de los mundos y me gustaron en concreto las descripciones y ese atisbo de filosofía hilada en la historia. Felicitaciones.

    ResponderEliminar
  7. Me ha gustado la originalidad, la forma de describir, y la idea del mundo paralelo muy bueno.

    ResponderEliminar
  8. Me gusto mucho
    Existen muchos mundo paralelos y la imaginación nos lleva a ellos
    Después que lo escribas como tú lo haces ya es arte.
    Un saludo
    Manuel Barranco Roda

    ResponderEliminar
  9. El peralelismo está demostrado, situaciones paralelas existen, figuras de repetición es un paralelismo, ¿existen mundo paralelos? pues esa teoría en concreto aún no se ha demostrado...pero tu historia es imaginativa...un saludo

    ResponderEliminar
  10. Aunque con algo de retraso, miles y miles de gracias por vuestros comentarios!!! /Saludos

    ResponderEliminar

Gracias por dejar vuestros comentarios.

Mi lista de blogs