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miércoles, 13 de febrero de 2013

ODETA. La Rosa de los Vientos.

!Toño está suelto, señor! Cuídese mucho, porque no importa lo que haga, Toño lo alcanzará...

La advertencia críptica de Laura Chamorro se transformó en una terrorífica realidad cuando Adón Etxeberría ingresó a sus cuarteles de comando en el suroeste de Colombia, a principios de diciembre del año anterior. Para su sorpresa el líder del grupo paramilitar “Los Patricios” lo esperaba desde hacía horas sentado en su silla dentro de su cuarto. A pesar de la estricta vigilancia en la base militar, el ingenioso guerrillero conocido como “Toño” no solamente se había infiltrado en su cuartel por segunda vez, sino que además tuvo el descaro de tomar asiento en su centro de comando, en la base militar de la jungla colombiana contigua a Ecuador donde se había estacionado "por seguridad".

El joven supo de inmediato que estaba en sus manos. Para su alivio, el peligroso y escurridizo guerrillero sólo quería conversar. Después de cerrar la puerta, ambos tomaron su tiempo para hacerlo, en especial del deseo del terrorista de cambiar sus afiliaciones y lealtades a cambio de “libertad de acción” para llevar a cabo sus negocios. Fue durante esta conversación que él le confesó su verdadero nombre, Antony McDysse, antiguo comandante de la IPLO (Irish People ‘s Liberaton Organisation). Luego de la purga llevada a cabo por el IRA en 1992 (llamada la Noche de los Cuchillos Largos), muchos de los miembros que no se sometieron a la autoridad del Ejército Republicano Irlandés escaparon de la isla y se refugiaron con sus aliados en el Norte de África. Allí fue donde adoptó el seudónimo de “Toño”. En ese lugar, en algún lugar perdido del África Trans-Sahariana conoció por primera vez a Laura. Allí fue donde la entrenó.

Como representante de la ODETA, él tuvo que aceptar los términos del terrorista. Estos resultaron ser bastante más ligeros de lo que esperaba. Lamentablemente, a pesar de que representaba a una agencia del orden, sabía que debía hacer concesiones para garantizar su supervivencia y conseguir información, especialmente del otro lado del Atlántico. Pero la siguiente pregunta que este le hizo lo ha perseguido desde ese día. Porque aunque es febrero, todavía sigue taladrando su mente como si fuese una horrible pesadilla.

¿Cómo está Laura?

¡Laura! A pesar de que ella había desobedecido una orden directa y logró rescatar a su amiga de las garras de “Toño”, no salió ilesa de la misión. Una herida de bala, que ingresó a la altura de su hombro izquierdo, la atravesó, destrozó su clavícula y abrió un agujero enorme en su hombro. Ella pudo haber quedado deshabilitada por el resto de su vida si no hubiese hecho algo rápido. La pregunta del terrorista le indicó con claridad que él estaba preocupado por la salud de su mejor ex alumna. Sí, porque él se lo confesó todo. Laura había sido su estudiante, él la había entrenado y modelado como la excéntrica e improbable asesina que es ahora. Como profesor estaba preocupado, aunque sospechaba que era él quien la había herido.

De inmediato, “Toño” le exigió que la joven debía recibir la mejor atención médica que pudiese pagar. Aunque no lo hizo en tono de amenaza, el joven obedeció al Señor de la Guerra. Por eso es que desde diciembre se encuentra en España. Por eso es que está en Madrid.



Un leve sonido en su bolsillo izquierdo. Es su celular. Aunque existen aparatos más de moda, nada reemplaza al BlackBerry en cuanto a disponibilidad de agenda, planeación ejecutiva y SEGURIDAD. Pero la realidad es que la advertencia de la agenda es una de las que se activa períodicamente, en especial cada cuatro horas. De inmediato él se vuelve a su lado izquierdo y exclama—: Laura… Tus medicinas.

—Gracias, señor.

El mes y medio que había pasado la joven en el Centro Médico Deyre lo prepararon para estas eventualidades. Con un leve movimiento, él extrae una cápsula roja que contiene al menos cinco pastillas. La joven extiende su mano derecha para recibirlas y llevarlas a su boca. Después, con mucho esfuerzo ella abre una cantimplora mientras la sujeta entre sus piernas envueltas en el pantalón vaquero que ha escogido para viajar. Una vez que se las ha tragado, la cierra y vuelve a acomodarse en el incómodo asiento ergonómico donde descansa.

Gracias al esfuerzo llevado a cabo en el Centro Médico, Laura se encuentra en franca recuperación. Aunque todavía tiene vendajes que cubren su hombro izquierdo y su brazo descansa en una canasta atada a su cuello, la joven ya se ha acostumbrado a los movimientos y soportaba mejor el dolor. Pero, mientras ella luchaba por cerrar la cantimplora, tuvo que bajar la cabeza y el hombro levemente. Eso pone en evidencia que debajo de la blusa de tirantes que usa para mantener aireada la herida no lleva nada más puesto. Él puede observar este detalle a través de su escote (además de espiar sus senos) y no evita fijar su vista en ese punto.

—¡Señor! ¡¿Adón?! ¿Encontró algo que le gusta, señor?

Adón de inmediato voltea la vista. Puede notar con el rabo de los ojos que la joven sonríe, por lo que no evita sonrojarse. Después de todo, la forma en que se conocieron no fue accidental. Él la había seleccionado a ella para ser su guardaespaldas en una actividad de presentación de su organización de su país. Desde entonces, ella lo ha acompañado a cada lugar que ha visitado en los últimos seis meses. Inclusive ahora, lo acompaña de regreso a casa aunque continúa herida.

Su atención por favor. Pasajeros del vuelo 3124 con destino a Bilbao. Debido a condiciones meteorológicas su vuelo será suspendido hasta nuevo aviso. Repito, a los pasajeros del vuelo 3124, su vuelo será suspendido hasta nuevo aviso.

La amable y delicada voz en los altavoces trae esta inesperada noticia. Con una vista sobre su BlackBerry en sus regazos, el joven suspira de tristeza. Como claramente informa, todavía es el 14 de febrero del año en curso, pero por poco tiempo. Como el dispositivo se ajusta al huso horario de forma automática, este marca las 20:05, aproximadamente las ocho de la noche. Al volver su vista a la derecha, el enorme vitral de la sala de espera en el Aeropuerto de Barajas le indica que el clima está parcialmente nublado. Pero él sabe perfectamente que este puede ser cambiar de un lugar a otro de la Península Ibérica. Algún frente frío habrá llegado primero al País Vasco, que combinado con la Corriente del Golfo puede provocar una tormenta invernal que ha cerrado el aeropuerto de destino. Con un suspiro, el joven baja la cabeza y baraja sus posibilidades.

La verdad es que no tiene prisa de regresar a casa. Su ausencia con permiso todavía le permiten dos meses de libertad operativa para hacer lo que desea. Además, de reportarse en los cuarteles generales de la organización en Bilbao puede reprogramar su tiempo de la forma en que le plazca (uno de los beneficios de su posición como heredero y presidente de una de las ramas de la organización). Pero lo que ocupa su mente en ese instante es su compañera. Ella también conoce el número de vuelo, sabe que será imposible embarcarse y llegar a la hora planeada a su destino. Esto parece haberla puesta nerviosa; porque comienza a contar con los dedos, con cálculos mentales indescifrables para él.

Cuando termina, ella suspira tristemente, toma su cartera y usa su brazo izquierdo como apoyo. Luego de abrir el cierre, ella busca con inquietud y suspira de nuevo al encontrar el objeto de su búsqueda. De inmediato se vuelve hacia él, extiende su mano derecha y reclama.

—Yo esperaba darle esto al llegar a Bilbao… Pero será demasiado tarde si espero… Así que… Feliz Día de la Amistad, jefe.

Adón no puede evitar el gesto de sorpresa y consternación que le produce la confesión. Allí, con la mano extendida, la joven le presenta una caja de madera pequeña que cabe en su palma. Con temor, él la toma y la abre. En su interior, un par de gemelos y un sujetacorbatas lo esperan con asombro. Las tres piezas, talladas en metal y recubiertas de plata, muestran un yelmo de justas como única decoración o distintivo.

—Le pregunté a la enfermera que me atendía en el Centro sobre cuál sería el mejor regalo para un Presidente Ejecutivo. Ella me recomendó algo útil. Además, como es aficionada a la heráldica, me sugirió que le regalara la figura con forma de yelmo, porque es la imagen en el escudo de armas de su familia. Espero que le guste, señor.

El joven de inmediato quedó congelado. Lo había olvidado. Es 14 de febrero, el Día de San Valentín. Por el tiempo que había dedicado a la atención de Laura, a los asuntos con “Toño” y a otros entuertos, había olvidado por completo la fecha. La mayoría de sus conquistas casuales y sus amiguitas lo iban a matar por ese descuido. Pero, lo que encendió los colores de su rostro, es que su compañera al lado si se había acordado. Aunque estaba herida, adolorida e inválida, ella se había acordado.

—Discúlpame un momento, Laura.

¡JODER!

Es malo. Es malo. Es muy malo. De golpe el cierra la caja y la guarda en su bolsillo. De un salto se levanta de su asiento, ignora el reclamo de su compañera y comienza a caminar en dirección al corredor. Con un súbito movimiento, extrae su BlackBerry y pulsa el número de contacto automático. Mientras se marcan los números y da tono, el joven camina en dirección al corredor, mientras acelera el trote acelerado.

Residencia Echeberría, aquí Daniela Lima. ¿En qué pueo servirle?

Su corazón descansa un poco al escuchar la voz al otro lado de la línea. Conforme corre a través del corredor, él grita —Nana… ¡Ocupo ayuda!

Oh! Niño Adón… Que gusto me da oírlo. Que pueo hacer por usté.

A pesar de todos los veinte años que tenía de vivir en España, su nana no perdía ese fuerte acento caribeño que caracteriza a los habitantes de las Islas. Pero eso no importa. Sinceramente está contento de que ella le conteste en esta emergencia. Conforme evita a una pareja en el corredor, él reclama—: Nana… Olvidé que hoy es Día de San Valentín…

Que mal mi niño… Usté sabe que no creo en esas cosas. Son puras patrañas capitalistas para aumenta la cuota de mercao...

—No tengo tiempo para discutir de política, Nana… Dime que regalarle a una muchacha. ¡AHORA!

El silencio del otro lado de la línea abarca un breve instante. Ella está pensando. Durante todo ese tiempo, él puede llegar al área libre de impuestos del aeropuerto. Pero al encontrarse en ella, su corazón da un vuelco. No porque los locales estuviesen cerrados. Sino porque hay mucho de donde escoger.

¿No ha pensao regalarle flores, mi niño?

El joven se lleva la palma de la mano libre de golpe a la frente. De inmediato responde—: No, nana… No se me ha ocurrido regalarle flores, porque ESTAMOS EN INVIERNO. Además estoy en Barajas. No creo que nos dejen abordar con flores.

Él mira por todas partes angustiado, mientras el silencio en la línea lo hiere con su indiferencia. Hay tantas cosas que puede regalarle a Laura, pero la verdad es que conocía poco de ella. En los seis meses que tiene su relación, esta no ha pasado a un nivel personal. Ella siempre lo trata con mucho respeto, como debe hacer una empleada y una guardaespaldas. Lo más extraño es, que por alguna extraña razón, se siente seguro junto con ella, mucho más que con otras mujeres y hombres que conoce.

¿Y cómo es ella mi niño?

La pregunta lo planta donde se encuentra. Por un momento, su mente visualiza la imagen de Laura. Él es alto, pero la joven lo supera en estatura por dos centímetros. Su rostro es amable y fino, con rasgos latinos producto de centurias de cruce entre razas que se notan a través de su piel canela, sus ojos afilados y sus labios carnosos. Aunque es corpulenta, de hombros más o menos anchos debido al entrenamiento y su empleo; su cuerpo es simétrico, con senos que aunque no son prominentes despiertan el deseo en quien los observa. Pero sus mejores atributos se encuentran por debajo de la cintura. Ese hermoso trasero y sus largas piernas son los que le han quitado el aliento desde que la conoció por primera vez.

De pronto, cuando se hizo a la mente, cuando la recuerda desnuda en su baño, donde la había grabado junto con sus otras conquistas; él de inmediato la relaciona con otra persona que se ajusta a esa descripción. La que ha sido como su madre todos estos años. Con quien está hablando ahora.

—Ella es como tú, nana.

Un silencio sepulcral acompaña por largos segundos al joven mientras observa con atención los locales. Frente a él; varias boutiques y una licorería es lo que tiene más cercano. Con la duda en su mente, este quiere reaccionar pero la voz del otro lado de la línea exclama al instante.

Una Rosa de los Vientos. Si es como yo, regálele eso mijito.

—¡Nana, eres un sol! Gracias.


Él cuelga de inmediato, sin saber la respuesta de su interlocutora. Tiene que hacer una compra rápida. Una brevísima conversación con un guardia lo lleva a Les Boutiques. Como alma que lleva el diablo ingresa a la tienda, encuentra el área de joyería y antes de que la amable vendedora lo atienda él le grita.

—Ocupo una Rosa de los Vientos. ¡AHORA!

—Claro señor, con todo gusto. Justamente nos ha llegado esta pieza exquisita de plata 925 de Perú. Como puede notar…

Adón no escucha a la vendedora. No escucha las maravillosas propiedades del collar de plata que posee tres dijes diferentes uno al lado del otro. A la izquierda se encuentra el gallo, el símbolo principal de la Rosa de los Vientos. En el centro, la imagen de la Rosa en plata con decoración en vitrocerámica de colores turquesas, magníficamente rematada con incrustaciones hechas en oro de 18 kilates. A la izquierda, una talla de plata de una carabela engastada en delicadas piedras turquesas completan el conjunto. Él tampoco escucha el precio. De inmediato saca su billetera, extrae una tarjeta dorada y reclama—: Me la llevo.

Aunque la empleada le comenta que puede envolverla en una caja si puede esperarla, él se niega. Se ha ausentado veinte minutos del lado de Laura. Lo que menos quiere hacer es preocupar a la joven, que se levante y que su herida se abra. Luego de arrancar el grosero sobre de papel de las manos de la vendedora, él corre como si no hubiese mañana. Con su último aliento logra llegar hasta su compañera de viaje, la cual le muestra su molestia al quedarse sola.

—¿Qué se hizo, jefe? ¿Dónde estaba?

La pregunta lo golpea con su tono sarcástico, pero él no le hace caso. Luego de recuperar el aire, acomoda con su mano derecha su cabello rubio que cae frente a su rostro. Cuando tiene suficiente capacidad pulmonar para hablar, él extiende su mano izquierda y reclama.

—Feliz… Día… de la Amistad… Laura….

La joven no oculta su sorpresa ante la muestra tan simple y precipitada de aprecio. Con cuidado toma el sobre con su mano derecha, lo coloca sobre sus regazos y extrae su contenido. Pero no puede continuar. A la vista de la joya, ella se lleva la mano a su boca y exclama en un tono callado.

—Yo… Yo no… No puedo aceptarlo, señor. Esto… Es precioso. ¿Cuánto le costó?

Adón recupera el aliento, por lo menos lo suficiente para poder interactuar con ella. Con una sonrisa, se arrodilla frente a la joven, toma el collar y lo abre frente a ella.

—Mereces esto y más por la forma en que me has cuidado, Laura. Muchas gracias… por todo.

Él toma su tiempo para acomodar el collar en torno a su cuello. Cuando termina, se sorprende. La joven no puede evitar las lágrimas. Con una sonrisa sincera ella acaricia su rostro mientras se trazan surcos en sus mejillas por la alegría que siente.

—Gracias a usted, señor. Por la oportunidad. Por la confianza. Por todo.

Ninguno de los dos logra estimar cuanto tiempo se contemplaron el uno al otro en esa extraña pose, ella sentada en el incomodo asiento el aeropuerto, con una delicada y firme sonrisa; él arrodillado frente a ella, con su mano acariciando su rostro. Los breves comentarios y rechiflas de los casuales observadores los devuelven a la realidad, exactamente al lugar donde se encuentran. De inmediato Adón vuelve a su asiento, y la pareja permanecen en su sitio sin comentar nada entre sí. Esto hasta que la alarma del teléfono del muchacho les vuelve a avisar que han pasado otras cuatro horas desde que arranco todo el incidente.

Carlos "Somet" Molina

12 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias. Me dieron ganas de hacer algo un poco más gracioso y pícaro, de una historia que trabajaré en cuanto termine la Familia Helviana. Después de todo, los hombres olvidamos más en promedio.

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  2. buen relato, bien estructurado y un tema emocionalmente atractivo.

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    1. Gracias Nuria. Perdón por responder tan tarde, pero hasta hoy tuve tiempo después del breve atisbo el 14.

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  3. Bravo Carlos. Un relato firme pero al mismo tiempo, atractivo.La fuerza y la sutileza juntas. Buena pareja.

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    1. Gracias. Trate de darle un giro al San Valentín normal. Porque la mayoría habla del amor y el desamor, pero muy pocas veces se habla del amor que nace como una relación casual, el que apenas florece. Y ese muchas veces se ve rodeado por la vida que lo revuelve todo.

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  4. Y bien que ya quiero que la sigas... Me da toda la impresión de Tony Stark y "Pepper"

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    1. Jaja! Yo espero iniciar este relato en cuanto concluya de forma satisfactoria "La Familia Helviana". Pero les dejo como adelanto a los dos personajes principales, sus enredos y entuertos en una vida que combina corporativismo, trabajo y amor.

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  5. Me encanta la ambientación que haces y que conecta con la realidad de nuestros países hermanos de Latinoamérica. Enhorabuena.

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    1. Pues, Latinoamerica no es un lecho de rosas. Vivo en un país que por abolir el ejército ahora es parte del puente de drogas hacia Estados Unidos y la autoridad a veces se hace la "vista gorda" con ciertas cosas. Y Colombia no nos queda lejos. Gracias Juan, me alegra mucho que te haya gustado.

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  6. Interesante relato, que motiva y despierta la curiosidad, esepcialmente, en la parte final, con la selección del obsequio para el día del amor y la amistad. Felicitaciones!.

    TRINA LEÉ DE HIDALGO

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    1. Trate de no hacerlo ajeno al hecho de que aveces olvidamos ese día. Gracias Trina.

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