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lunes, 21 de enero de 2013

Escalera de corazones: La huida


Roberto colgó el teléfono, asqueado.

Hakim sonrió al verlo y le dio otra calada a su canuto.

  • ¿Marcos?-. Preguntó.
  • Marcos-. Respondió Roberto suspirando.


La cabeza del pobre muchacho estaba hecha un lío y su amigo Roberto estaba harto de ser su confidente. Lo sería siempre que hiciera falta, para eso era casi su hermano, pero eso no quitaba que se sintiera exhausto de compartir sus problemas sentimentales.

  • Pero, ¿no estaba pillado por la poli esa que vino a buscarte?-. Preguntó Hakim, incapaz de comprender la complejidad del asunto –Ya la tiene aquí, qué más necesita.
  • Es que no es tan fácil. La relación entre ambos se enfrió, y mientras, él conoció a otra chica. Ahora ha aparecido ésta de nuevo, y claro, no sabe qué hacer.
  • Pero con la otra no estaba saliendo-. Insistió el magrebí -¿O sí?
  • No-. Roberto volvió a resoplar –La otra en cuestión tiene pareja, aunque andaban mal cuando apareció Marcos. Ahora ella no sabe qué hacer, ni Marcos tampoco, y entre medias está la poli.




El camarero no veía la hora en que Marcos se largara de su bar para poder echar el cierre.

Las dos últimas noches, el joven había cogido gusto al lugar, a pesar del tabernero, el cual maldecía su suerte pues, pese al incremento en la caja, tener a Marcos allí significaba volver a casa tarde.

En esta ocasión, acababa de dejar a Sofía en el céntrico hostal donde se alojaba y había vuelto a ese bar, que pillaba de camino a casa, para buscar en un vaso la solución a su dilema. Desde que se cruzó con Margarita, su única meta era que ésta se decidiera a romper con su novio y pudieran estar juntos. La marcha de él había facilitado las cosas, pero Margarita se sentía culpable y no veía con buenos ojos empezar una relación cimentada sobre una traición. Necesitaba tiempo. Marcos estaba dispuesto a dárselo, pero la llegada de Sofía lo había trastocado todo.

Ahora, no podía dejar a Margarita después de que ella se hubiera sincerado con su pareja y se lo hubiese contado todo, pero tampoco quería perder a Sofía. En el fondo, si sólo sintiera algo por la segunda y se viera en deuda con la primera, la cosa tendría más fácil solución, aunque fuera poco elegante. El problema era que Marcos también sentía algo por Margarita. Era tan parecida a Carmen, su amor del instituto, que era como lograr un sueño anhelado desde la pubertad. Sabía que eso tampoco dejaba de ser una mentira hacia Margarita, pero era lo que había: la quería por lo que representaba, no por lo que era.

Con tantas tribulaciones en la cabeza, no era de extrañar que buscara anegar sus ideas con licor para que se callaran y lo dejaran tranquilo. Las tenía casi ahogadas a esas horas, pero era momento de darles un respiro, pues el bar cerraba. Pago la factura y se marchó a casa, a dormir una borrachera que poco lo había sacado de sus penas.



Sofía no lograba pegar ojo en aquel sencillo hostal de ciudad. Era la segunda noche que Marcos la acompañaba hasta la puerta y la despedía con un casto beso en la mejilla. Ella había intentado convencerlo de que subiera a la habitación. Era la oportunidad perfecta para estar a solas y convertirse en uno, pero Marcos siempre había puesto a sus padres como excusa. Decía que no lo dejaban llegar tarde. Ella era policía y sabía que el perfil de su chico no encajaba con el de niño sujeto a férreos horarios en casa. Al contrario, de haber vivido en un hogar tan estricto, Marcos sería de otra forma y, si era así precisamente por rebelión contra la dictadura familiar, no se preocuparía tanto de la hora de entrar en casa. Había algo más, era obvio, no sólo por esto, sino por la actitud distante que había mantenido desde que se encontraron en aquella cervecería. No sabía a qué podría deberse, pero sospechaba que podría haber otra mujer de por medio. Necesitaba saberlo, aunque preguntar a Marcos se había demostrado inútil.

La solución era su mejor amigo, Roberto.



  • ¿Otra vez aquí?-. Roberto abrió la puerta de mal humor y, al comprobar que era ella la que llamaba, la dejó abierta para que pasara y se dirigió al salón, a sentarse en el sofá, invitando a Sofía a hacer lo mismo, aunque sin decirlo expresamente.


La muchacha captó el sutil ofrecimiento y se adentró en el piso. Cerró la puerta y se fue hacia el salón, donde optó por sentarse junto a Roberto, bien cerca, como si de un interrogatorio se tratase, para invadir su espacio, incomodarlo y forzarlo a ser sincero. Aunque como antidisturbios apenas participaba en interrogatorios, su paso por la Academia le había dejado algún recuerdo.


  • A Marcos le pasa algo, lo sé-. Hablaba muy tranquila, estudiando en todo momento la reacción de Roberto, que desviaba la mirada continuamente y demostraba, de ese modo, saber a qué se refería –Está muy raro, casi no me hace caso y parece preocupado. Sospecho que es por otra mujer, pero no consigo que me lo diga. Necesito saberlo. Tal vez yo pueda ayudarlo y, si es que hay otra, me podré marchar y dejarle el campo libre.
  • Son casi las dos de la madrugada-. Roberto pronunciaba con desgana, frotándose continuamente los ojos. Se veía realmente cansado –Díselo a él, yo no tengo nada que ver con vuestros líos. Si no te lo quiere contar, no esperes que yo sea el chivato de turno, madera. Suéltale a él todo este rollo y a lo mejor te lo dice, pero no me metas en esto. Además, es muy tarde.
  • Huele a hachís-. Dijo ella, ladeando la cabeza en un gesto de fingida decepción.
  • ¿Qué? ¿Pero tú de qué vas?-. Roberto estaba indignado, mas no asustado –A mí no me vengas a acojonar como hiciste el otro día con el pobre Hakim, matona. Ahora mismo te largas de esta casa y, si quieres empapelarnos por cuatro porros, te presentas con una orden de registro, seguro que el juez al que se la pidas se descojona. Y no te denuncio por lo del otro día por respeto a Marcos. ¡Fuera!
  • ¡Imbécil!-. Roberto no entendía nada. Quería ayudar a su amigo, pero él no le dejaba con esa maldita actitud hacia cualquiera que tuviera algo que ver con las fuerzas del orden.
  • ¡Vuélvete a Neptuno a apalear manifestantes!-. Zanjó el muchacho. El portazo que vino a continuación retumbó por toda la escalera.




Al día siguiente, Sofía esperó en vano la llamada de Marcos. Al caer la tarde, decidió telefonearlo, pero nadie descolgó. Pareciera que no quería hablar con ella. Todo aquello la tenía bastante mosqueada.

Un día después, el último que le quedaba libre antes de tener que volver a Madrid, decidió recorrer los lugares por los que habían estado últimamente, o aquellos que sabía que Marcos solía frecuentar. La capital de provincia en la que se encontraba no era tan grande, de modo que no tardó mucho en recorrerlos, aunque sin suerte. Al final de la jornada, se encontraba agotada y defraudada, dando por perdida una relación en la que había empezado a creer de veras.

Para reponer fuerzas, y a modo de despedida de la ciudad, volvió a la cervecería del primer día, en la que se reencontró con Marcos. Era la última bala que le quedaba. Si no estaba allí, se volvería al hostal a hacer la maleta, con el corazón hecho jirones.

Parecía un Déjà vu. Sentado en la barra. Roberto disfrutaba de una suculenta pinta de cerveza tostada de trigo. En aquella ocasión, Marcos estaba en el servicio. Deseó con todas sus fuerzas que así fuera de nuevo.

Pero no tuvo esa suerte.

Al verla entrar, Roberto dejó su vaso y se puso de pie, con la cara muy seria, incluso triste. Ya no se mostraba hostil, sino compasivo y, al dirigirse a ella, no podía evitar desviar la mirada para no toparse con la suya.

Marcos se había ido.

Incapaz de enfrentarse a la realidad, había optado por huir. No podría estar con Margarita mientras ella siguiera sufriendo por su todavía novio. En el escaso romance que habían mantenido, él siempre había estado presente, y era una presencia demasiado incómoda para que la relación tuviera futuro. Tal vez dentro de algún tiempo, si ella se deshacía de sus recuerdos, la cosa pudiera funcionar, pero no estaba dispuesto a mantener un triángulo amoroso con un mártir que, con su dignidad a la hora de afrontar los cuernos, había dejado a Margarita herida en lo más profundo de su conciencia, como si tuviera una deuda que la atormentaría a cada segundo, cada vez que estuviera con otro hombre. Ese estigma era la peor venganza que aquel tipo habría podido urdir.

Y, desde luego, con tal rompecabezas sentimental, pensar si quiera en mantener una relación con Sofía era una locura que además la joven no se merecía. Por todo, y aunque sentía algo por las dos, consideraba que no podía estar con ninguna. Era también su particular castigo. Por haber jugado con las dos, ahora se veía sin ninguna, y la situación era demasiado dolorosa para afrontarla como un caballero. Sabía que era de cobardes y egoístas, pero se vio incapaz de dar la cara y despedirse. En su defecto, sería Roberto quien asumiera tan desagradable tarea.

Dolido por la marcha de su amigo, que a esas horas debía estar camino del sur de España, y compadecido del sufrimiento de Sofía, se ofreció a invitarla a una cerveza.

Juan Martín Salamanca
La bella agente sonrió. No aceptaría ese trago, pues tenía que irse al hostal cuanto a antes a preparar su viaje y llorar su pérdida. Pero en la dulce mirada con que rechazó el convite, Sofía le mostró a Roberto toda su gratitud. Sabía que, a pesar de sus diferencias y de que no la hubiera ayudado, el chico sufría por ella. No importaba que fueran enemigos y que cada vez que se veían el desprecio brotara. Ambos eran humanos y compartían el dolor del otro.

Para los dos empezaba con la aurora una nueva vida sin Marcos.

Continuará…

18 comentarios:

  1. Anteriores relatos de la saga:
    1- http://larevistadetodos.blogspot.com.es/2012/09/que-lastima-ser-un-cobarde.html?spref=tw

    2- http://larevistadetodos.blogspot.com.es/2012/10/25-de-septiembre.html?spref=tw

    3- http://larevistadetodos.blogspot.com.es/2012/10/viejas-amistades.html?spref=tw

    4- http://larevistadetodos.blogspot.com.es/2012/11/escalera-de-corazones-la-ultima-cena.html?spref=fb

    5- http://larevistadetodos.blogspot.com.es/2012/11/escalera-de-corazones-la-busqueda.html

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  2. UN INTERESANTE RELATO en el que se percibe que no existe un amor verdadero por el que se puedan afrontar retos y realidades que salen del propio corazón. Es un laberinto de sentimientos, el qe impulsa la trama, que a medida que se va leyendo, igual, va cautivando. Felicitaciones!

    TRINA LEÉ DE HIDALGO

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    1. Muchas gracias por estas bonitas palabras. A veces no es tan sencillo decantarse por la persona adecuada y hay quien trata de escapar, como aquí Marcos.

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  3. buen relato, bien estructurado y sabiamente relacionado el diálogo.

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    1. Muchas gracias, Nuria, me alegra mucho que te haya gustado.

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  4. Juan: este capítulo de "la huida" es un tramo de puntos suspensivos que me deja a la expectativa de una concreción: ¿cómo es en realidad Marcos? ¿Lo dirás o tendremos que descubrirlo a través de tu relato? Muy buena pluma, sugerente. Espero el 22 de marzo.
    Ana Noreiko.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, Ana. Es una muy buena pregunta, pero me temo que habrá que desentrañarla a lo largo de próximas entregas. Un abrazo fuerte.

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  5. Por lo que veo se trata del capítulo de una histora ya comenzada, sin embargo me ha gustado mucho pese a no conocer más que lo que aquí narras. Los próximos deberes serán los de leer la historia de Marcos para conocerlo algo mejor.

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    1. Muchas gracias, Rakel. Encima de estos comentarios están las url con las primeras entregas. Me alegro mucho de que te haya gustado.

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  6. Enhorabuena Juan. Los triángulos, los rectángulos y todas aquellas relaciones humanas con tantas aristas y vértices tienen eso, complicadas soluciones. Me gusta mucho. Tendremos que esperar al desenlace, pero promete. Un saludo

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    1. Muchas gracias. De eso se trata en realidad, ahondar un poco en esa complejidad, me alegra que te hay gustado. Saludos.

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  7. Respuestas
    1. Muchas gracias, trataré de que no perder el interés. Un saludo.

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  8. Me ha gustado mucho, me tendré que poner con los episodios anteriores!

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    1. Muchas gracias, espero que también te gusten las entregas anteriores. Un abrazo.

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  9. Me emociono...
    UN ABRAZO.
    Manuel Barranco Roda

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  10. Es un cierre de arco interesante con un giro. Lamentablemente uno no sabe como concluyen las relaciones, y más de las veces perdemos la perspectiva o nos perdemos a nosotros. Un relato muy actual de como se tejen las relaciones, con un apropiado título.

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