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viernes, 21 de diciembre de 2012

Cuento de fin de año. Pinceladas de colores desde la ventana.

          El vehemente aire del invierno abrió la ventana. Cohetes multicolor surcaban el suelo negro del firmamento incorporándose al manto de estrellas.
 
          Unos ojos redondos, de un extraño gris violáceo y de largas pestañas castañas, parecían a punto de llorar.
 
          Un cabello caoba, de extensos tirabuzones, rodeaba una fina cara casi de porcelana.
 
          Un escuálido cuerpo de niña-mujer, permanecía estático ante el ventanal de aquella anticuada casona tan siniestra que podía otearse en el horizonte.
 
          Unas manos blanquecinas aferraban  unas ruedas de fino caucho, balanceándolas hacia delante y hacia atrás, con titubeantes movimientos que hacía crujir el viejo suelo de madera.
 
          Unas adormecidas piernas, sobre un pequeño escalón de hierro, aunque inmóbiles, parecieron por un momento temblar bajo una mantita de cuadros azul y beige.
 
          Una espalda recta – el dolor no había logrado arquearla – apoyaba toda su historia sin pasado en el   respaldo de esa silla, especie de trono con ruedas.
 
          Y los cohetes con sus silbidos de felicidad, disparaban brazos de colores que descendían caóticamente, y antes de desaparecer en el infinito, sus terminaciones como ojos de cristal iluminados, la reclamaban a su lado y al explotar en la inmensidad, le decían: Ven...y algunas palabras más que se diluían en la noche.
 
          Abajo en la cocina, un rechinar de platos para la cena de fin de año se amontonaban en la encimera.
 
          De pronto, los cohetes desaparecieron y el silencio volvió a ocupar su sitio en la habitación de la niña. En el salón, la música sorteó los recovecos de la casa hasta llegar a sus oídos y en su soledad pensaba:- ¡cuánto me gustaría poder bailar!...¡cuánto me gustaría poder bajar al salón y decirle a mi papi: mira papá, mamá desde el cielo me ha ayudado a levantarme...!
 
          Un fin de año más, y ya van doce, y la niña vuelve a estar de nuevo en el dormitorio con olor a madera rancia, de nuevo vuelve a mirar las estrellas buscando los ojos de una madre que nunca conoció, de nuevo se quedará dormida en esa silla que desde siempre ha sido su cárcel sin que nadie venga a darle las buenas noches, ni a tumbarla en la cama con un cariñoso beso en la frente y de nuevo las risas y el baile del salón inundan su apagada mirada de tristeza.
 
  • ¿Hola?...¿Estás dormida? - le dice al oído un pequeño saltamontes vestido con frac, con una humeante pipa en un lado de su pequeña boca y una bufanda de franela alrededor de su estrechísimo cuello.
  • ¿Quién eres?....¿sabes hablar?...
  • Pues claro niña, desde siempre, lo que pasa que a veces nadie me escucha  y de un salto se posó en su regazo.
  • ¡Qué bueno que sabes saltar!...¿¡me gustaría tanto saltar contigo?!...
  • ¡Me gustaría...me gustaría! Así no niña, Me gustaría es un condicional y significa que será o no será, ¡pídemelo de nuevo! De otra forma.
  • Es que no sé.
  • Sí sabes. Di lo que quieres, no lo que te gustaría querer. Vamos, empieza de nuevo.
 
          Ella cerró los ojos y la boca para pensar pero no se le ocurría nada.
 
  • ¡Es que no sé! ...ayúdame pequeño saltamontes, por favor, y te prometo...que...que...si consigo andar...yo...yo...te regalaré mi casita de muñecas para que vivas en ella y te resguardes del frío en invierno...¿te parece?...
  • Bueno, bueno, vamos a ver niña – le decía el iracundo saltamontes mientras se pasaba la pipa de un lado al otro de la boca – dime ¿quieres bailar conmigo?...
  • Sí, sí, quiero.
  • Dime niña, ¿quieres correr conmigo por el jardín?...
  • Sí, sí.
  • Dime otra vez ¿quieres pasear por la arena de la playa?....
  • Sí, sí quiero – le contestaba la niña mientras aplaudía con sus pequeñas manitas -.
  • Pues ahora, dilo tú sola y después ¡HAZLO! - y desapareció.
 
          Las campanas de la iglesia empezaron su toque de queda de Fin de Año din...don...din...y mientras las campanadas sometían mentalmente con su himno anual las ilusiones de los paisanos, la niña recomponía y lanzaba al vuelo sus quiméricas palabras.
 
          Voy a andar esta noche y así conseguiré que mi papá, este año por fin, pasee conmigo por el jardín que a mi madre tanto le gustaba...
 
          De pronto, los cohetes con sus brazos de colores y sus ojos de cristal iluminados, empezaron a silbar y explotar, entretanto en el salón aplausos y risas desconocían que la niña, con sus débiles brazos forzaba su frágil cuerpo hasta abandonar la silla.
 
          El último cohete estalló en la madrugada con una cascada  multicolor que iluminaba el cielo.
 
          La niña, de un golpe, cayó al suelo. Sus raquíticas piernas no pudieron soportar el peso de su fantasía.
 
          Por la mañana, el ama de llaves la encontró tendida en el suelo.
 
          El conjurador saltamontes, sentado en una pequeña butaca de la casita de muñecas, sonreía mientras se balanceaba, fumando su pipa.
 
  • Pero nena ¿cómo estás en el suelo?...- le amonestaba su padre, agachándose para recogerla.
 
          La niña se desperezó y antes de que el padre pudiera ayudarla, se levantó como si nunca hubiese estado paralizada, giró su cabecita ante la sorprendida mirada de su padre y vio al saltamontes en su casita de muñecas, y éste, con un guiño de ojo, le dijo muy bajito: ¡Feliz Año Nuevo, niña!...te lo mereces.
 
          Y ella, por fin, sonrió.
 
 
 
 
 
 
NURIA RUIZ
28/12/2010

5 comentarios:

  1. Un cuento breve con una gran dosis de fantasía, pero con un mensaje claro. No debemos ignorar a quienes amamos, aunque estén mal. Gracias Nuria!

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  2. Hola Nuria. Ojalá pudiera ser así de real la solución de los problemas existentes en el mundo. Al menos, en el tiempo que he dedicado a leer tu relato, todo me ha parecido posible. Deseemos que en un futuro cercano, algunos de ellos igual de graves, tengan alguna solución. Gracias por tu mensaje de optimismo. Felicidades Nuria.

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  3. Amiga Nuria: Efectivamente tu cuento, con esas pinceladas de colores, van dejando al descubierto lo que encierra tu imaginación y que por suerte a través de esos toques de colorido nos transmites tu sensibilidad creativa, que es lo bonito del caso, gracias por la flexibilidad con que manejas a tu pluma para que deje su plasma latente en el papel, que a través del tictac de sus latidos nos llama para que leamos lo que plasmó con tu ayuda.
    La originalidad es,
    cosa que se hace notar,
    consiguiendo así lograr
    mostrar el haz y el envés.
    Si está claro lo que ves
    resulta bien comprensible,
    si no, resulta imposible;
    y esto te deja marcado;
    sin llegar a ningún lado
    que pueda ser entendible.
    ********
    ****
    Manuel MEJÍA SÁNCHEZ-CAMBRONERO

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  4. Gracias a Carlos y Faustino porque por unos minutos han visto la vida del mismo color que la veo yo y gracias Manuel por sus hermosas palabras y versos. ¡FELIZ ENTRADA DE AÑO A TODOS!

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  5. ¡Si, también la Navidad trae su propia fantasía, solo hay que aprender verla!
    Maravilloso cuento Nuria.

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