Una revista de literatura, donde el amor por las letras sean capaces de abrir todas las fronteras. Exclusiva para mayores de edad.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Tres vidas

         
          Hola: 

          La historia que os voy a contar es inverosímil, pero autentica, por lo menos para mí, es verdadera. 

          Yo, he muerto tres veces. La muerte es parte de la vida, todo lo vivo muere. En mi tercera muerte se paró mi corazón, vi pasar mi vida en diapositivas, como si fuera una película, pero para mi sorpresa, cuando acabó la película de mi tercera vida, empezó otra en la que yo era el protagonista,  pero esta transcurría en otro tiempo, en el mismo lugar y con las mismas almas. He vivido tres vidas. He visto pasar mis vidas en diapositivas. Las diapositivas flotaban en un elemento transparente como una burbuja de jabón que desprendía una luz  ultravioleta era invisible que se hacía perceptible, cuando el alma abandonaba mi cuerpo. 

          Yo le hice un guiño a la muerte. Los médicos me volvieron a la vida. Estuve  mucho tiempo pensando en mis otras vidas:

¿No sería un sueño?

          Y llegué a una conclusión: El alma es energía, la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma en materia. Todos los seres vivos tienen alma y para mí nuestro planeta, Tierra, esta vivo.
          Al morir nuestra energía se adhiere al alma de La Tierra, y la naturaleza convierte esta energía en materia, en seres vivos. Siempre  son las mismas almas.
          Los humanos somos viajeros del tiempo sin memoria. A mí, mi tercera muerte me hizo recordar. Yo, en mis otras vidas he estado enamorado de la misma alma, porque el amor sobrepasa al tiempo.
          Es mi alma gemela y nos topamos en distintas vidas, distintas épocas de un mismo lugar. Nuestro destino es estar juntos como energía o materia.
 
          Mi primera vida:
          Lo primero os voy a situar. El lugar es Grañén y el tiempo la prehistoria. En esta época, este lugar era un valle con grandes bosques e inmensas praderas de margaritas. Mi vida fue corta pero intensa. Yo era el mago de una tribu de Cromañón, salíamos a cazar jabalís y pequeñas aves. Un día en una trampa había una presa que no era comestible, era una mujer, los cazadores pensaron sacrificarla, pero yo no se lo permití. Nada más verla me enamoré de ella. Me hice un corte en la mano con un hacha de sílex y con mi sangre manche su bella cara, para demostrar a los cazadores que la extraña mujer me pertenecía. Ella gritaba porque no entendía lo que pasaba, era de otra especie, era Neandertal. Yo en mis sueños ya la conocía.
          Era la mujer de mi vida. Ella sabía que yo no la iba hacer daño, sino todo lo contrario. Todos los días nos íbamos al bosque a recolectar frutos.
          Ella recogía margaritas y luego las colocaba en nuestro lecho dentro de la gran cueva, donde disfrutábamos de nuestro amor. La gran cueva de nuestro poblado estaba situada en la orilla de un riachuelo, donde pescábamos y del que obteníamos el agua para beber.
          Todos los hombres íbamos a la caza. Un día, cuando regresamos con la caza, la tierra empezó a temblar. Yo, me quedé  sorprendido, porque la tierra no debía moverse: ¿La Tierra estaba viva?. Sobre mí  se precipito un árbol y me hizo una herida mortal.
          Yo… sólo podía pensar en ella.
          El poblado estaba destrozado y algunas mujeres heridas. Mi mujer me estaba esperando en el lecho de margaritas, pero la cueva se hundió sobre ella. A los dos se nos acabó nuestra primera vida. 
 
La muerte no es el final sino el principio
          Mi segunda vida:
          También estamos en Grañén, pero en siglo XIX. Esta historia es más extraña, porque en esta vida no soy humano, sino un ave, una cigüeña. La naturaleza convierte la energía en materia, en seres vivos. El alma no cambia, pero sí la materia, por lo que esta vez la naturaleza me ofreció esta vida. ¿Por qué no iba a aceptar su oferta? 
          En esta vida encontré a mi pareja en un riachuelo que estaba  cerca de una pradera de margaritas, dónde podíamos cazar ricas serpientes de río. Nuestro nido de amor estaba situado en el campanario, desde el que podíamos visualizar todo el pueblo y a los grañenense de antaño y sus costumbres. En el campanario susurramos  lo bonito que era este pueblo:
          - Es un pueblo de un insólito clima. Por eso pasan los trenes de verano llenos de aventureros que vienen a este pueblo, porque a dos  kilómetros de la estación, hay un vivero de oxigeno sacudido por las cuevas del Pedro de Aponte, que ha curado muchas enfermedades. Es un pueblo culto y limpio y los grañenense son gente elegante. Hay praderas de margaritas y de violetas, hay calles de rosales, árboles del paraíso. No hay ningún lugar en los alrededores de Hueca que se le parezca.
          Las cigüeñas somos fieles por naturaleza. Cuando vi a mi pequeña Neandertal me di cuenta que a esa cigüeña ya la conocía de otra vida. De momento, mi segunda vida era más tranquila. No pensaba en otra cosa que mi pareja, en darle el amor que no habíamos podido disfrutar en la vida anterior. Cuando  llegaba el frío emigrábamos a otros campanarios más cálidos, pero no eran igual que mi pueblo. Mi pequeña Neandertal murió de vieja, pero feliz, teniendo una vida plena.
          Yo, en cambio me morí de pena, deje de ir a la pradera de margaritas a alimentarme. Tenía que volver a oír  cálido murmullo del canto de la cigüeña.
 
La muerte no es el final sino el principio
          Mi vida actual:
          Estamos en el presente, en el mismo lugar. Ya os he dicho que yo, le hice un guiño a la muerte. Por eso os estoy contando esta historia.
          En la vida actual, cuando era niño me gustaba ir al campanario  a ver a las cigüeñas, me quedaba horas y horas, no sé porqué. Desde el campanario se escuchaba cálido murmullo del canto de la cigüeña. Al lado de mi casa había un parque donde iba a jugar. Este parque tenía un riachuelo, en sus orillas florecían  margaritas. Yo las recogía y me las llevaba a mi cama, con su esencia me dormía relajado. Siempre tenía el mismo sueño.
 
-Una mujer que se transformaba en cigüeña,
Que cantaba una cálida balada,
Y su voz era un murmullo de mi alma,
Y hacíamos el amor en un lecho de margaritas,
Y otra vez la cigüeña se transformaba en mujer.
 
          A los dieciocho años de mi actual vida:
          Me dio por beber, porque me faltaba mi alma gemela. Yo todavía no tenía memoria de mis vidas pasadas. Un día el alcohol me pasó factura, me dio un coma etílico, además estaba obeso, mi corazón no lo soportó y me dio un ataque cardíaco. Los médicos me volvieron a la vida. Yo vi pasar mis vidas en diapositivas. Yo iba al campanario a pensar. Estuve  mucho tiempo pensando en mis otras vidas:
-¿ No seria un sueño?
 
          A los veintiún años de mi vida actual:
          Una mujer salió de la iglesia, le pregunté la hora:
                         
-¿Qué hora es?, Ella: -¿No me conoces?,
-¡No!
-¡Me he confundido, perdóneme!
          La miré a los ojos fijamente, me quede inmerso en su iris. Era ella, mi cigüeña, la volví a encontrar de nuevo con otra cara, otro nombre, otro cuerpo diferente, pero era ella. Esta vez la naturaleza se había superado, porque estaba más bella que en las otras vidas. Su pelo era una sábana de terciopelo, que cubría ligeramente sus hombros. Su piel era suave como de melocotón y sus piernas eran un paraíso para mis manos.
          Su cuerpo tenía una simetría perfecta, excepto algún lunar que dibuja uno de sus pechos. Su mirada hacia florecer en mí recuerdos de mis vidas pasadas. Su voz hacía que mi alma aflorara fuera del cuerpo, para poder sobrevolar la pradera de margaritas.
          Era una viajera del tiempo sin memoria. Volvimos a coincidir en el campanario, yo la entregué un ramo de margaritas. Planté una margarita en una de sus orejas y la cogí de la mano:
-¿Cómo sabes que son mis favoritas?,
- Sé muchas cosas de ti, ¡estás en mis sueños!
          Los dos de la mano anduvimos sin dirección,  nuestras almas nos llevaban al riachuelo, casi seco, en su orilla había una pequeña praderita de margaritas. Nos  abrazamos y los dos a la vez nos dijimos:
-¡Te amo! ¡Te amo!

          Las miradas se cruzan, las caras se acercan, los labios se rozan, las almas se sueldan, nos dimos nuestro primer beso. Duró unos segundos, pero lo suficiente para estar vivo. De nuevo estábamos juntos. Tuvimos varios años de felicidad, pero una tormenta de odio  nos separó y delante de nosotros levantaron muros de fuego, que nos impedían acercarnos él uno al otro. Yo ya sabía que te volvería a perder y volvería a sufrir. Porque vivir también mata.
 
          A mi querida cigüeña:
          -Mi primera margarita es para mi cigüeña, mis primeros pensamientos del día son para mi pequeña Neandertal. Sueño con el lecho de margaritas, sueño con sobrevolar la pradera de margaritas, sueño con el primer beso que me regalaste en cada una de nuestras vidas; sueño con la próxima vida.
          Que la naturaleza fusione nuestras almas y al transfórmala en materia nos convierta en un árbol para poder estar contigo mil años. Me gustaría nacer en la orilla de un riachuelo al principio del bosque, para poder ver la pradera de margaritas, ver jugar a las niñas de mi cuento, ver a las cigüeñas volar. Me gustaría que mis frutos dieran de comer a las Hadas y a los Duendes del bosque y en mis ramas los colibríes puedan descansar.
          Tu serás la savia que fluya por mis venas, yo seré el tronco que te sustenta felicidad espero que echemos raíces, y  que las raíces sean profundas, para que se amamanten del alma de La Tierra.
 
La muerte no es el final sino el principio.
          La vida, es un círculo, al que hay que dar la vuelta para vivir. Las sumas de muchas vidas hacen que el círculo se convierta en esfera. Para que pueda nacer una vida otra debe de morir. Las otras almas quedan a la espera, junto al alma de La Tierra, para nacer.
          El alma es energía, la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma en materia. Todos los seres vivos tienen alma.
          No sé cuantas vidas voy a vivir, pero espero verte en todas porque el amor sobrepasa al tiempo. Nuestro destino es estar juntos, como energía o materia. 
          Este relato esta dedicado a mi alma gemela, de tu aprendiz de poeta. Te espero en la pradera de margaritas en un futuro. No te preocupes, porque tenemos todo el tiempo del mundo. Mientras yo, voy ir al campanario a escuchar cálido murmullo del canto de la cigüeña.

Manuel Barranco Roda

4 comentarios:

  1. Manuel, Que relato tan lindo y poético. Me gusta especialmente el siguiente párrafo: "...estaba más bella que en las otras vidas. Su pelo era una sábana de terciopelo, que cubría ligeramente sus hombros. Su piel era suave como de melocotón y sus piernas eran un paraíso para mis manos"
    Buen trabajo, felicitaciones.

    ResponderEliminar
  2. Inspiras creer en otras vida. Admirable y poética crónica de un viaje en el infinito.

    ResponderEliminar
  3. No soy muy creyente de la reencarnación, tampoco de la asociación entre especies diferentes. Es una exposición interesante de tres diferentes vidas, a la cual deberíamos poner atención. La metáfora usada es impecable, por eso sólo puedo aplaudir. Muy buen trabajo.

    ResponderEliminar
  4. Hola tocayo: Yo ando inmarso mas EN POEMAS que en la PROSA en sí, pero aquí en este tuyo he visto como aflora poesia en su alma, tiene infinidad de expresiones que te calan, por lo que te doy la enhorabuena por ello, me gusta el conjunto...

    ResponderEliminar

Gracias por dejar vuestros comentarios.

Mi lista de blogs